COLOFÓN |
Por Patricio Cavalli

Pablo Gowland
Foto: Gabriel Reig
Pablo Gowland se sienta cómodo en su sillón con vista al Río de la Plata. Las fotos que acompañan su entorno, remontan la tradición familiar a principios del siglo 19, cuando sus ancestros vinieron en 1807 a llevarse de vuelta a casa a los últimos prisioneros ingleses de la segunda invasión; y luego cuando vinieron –en la misma época que lo hizo José de San Martín– a establecerse definitivamente en el país, en 1812. Uno de sus asentamientos fue luego el pueblo que hoy lleva su nombre, en la provincia de Buenos Aires.
Su herencia y tradición le piden que innove y que se mueva. Su bisabuelo trajo al país el primer caballo de carrera, los primeros ejemplares de rosas y la locomotora La Porteña, a la que embarcaron desde Europa luego de que prestara servicio en la guerra de Crimea.
“Tengo 84 años –dice Gowland–. En un momento dije ‘Me retiro’, y al primer día de estar instalado en mi casa prendí la televisión, ví a Mirtha Legrand y me dije ‘Si ella sigue, ¿por qué yo no?’. Así que ahora soy presidente de Radio El Mundo y tengo una pequeña empresa de promociones, PromoStar. No puedo dejar de trabajar. ¿Que más me gustaría hacer ahora? Meterme en el tema del petróleo. Hace falta energía en la Argentina, en todos los sentidos”.
–¿Cuándo fue que se enteró por primera vez, de la aparición de una revista llamada Mercado?
–En un congreso en Londres, de la mano de Julián Delgado y Alberto Borrini, que estaban ahí por Primera Plana. Se consolidó nuestra amistad y de vuelta aquí me propusieron: ‘Hagamos algo; hace falta algo diferente en negocios, ¿te interesa?, ¿podés poner algo de plata?’. Dale, les dije, y salimos con Mercado (aunque al poco tiempo tomé distancia, para que no apareciera una agencia como la mía como socia de la revista referente del sector). A partir de ese momento, hay que decirlo, el que no estaba en sus páginas, no existía.
Después, el país se complicó y la pérdida de Julián [N. del A. desaparecido el 4 de junio de 1978] se sintió enormemente, porque él tenía la visión periodística de conjunto, y además porque nos achicamos, perdimos la confianza. Pero Mercado siguió adelante. Una revista seria, con artículos muy bien pensados, sin chimentos. Han salido desde ese momento muchas revistas, pero ninguna con la visión de Mercado.
–¿Cómo era en ese momento la relación entre el periodismo y las empresas; cómo era el país económico entonces?
–En los años 60 el país crecía. Había reglas claras para tratar con las empresas: todo se chequeaba; no se hablaba mal de nadie, a pesar de que si había que publicar noticias negativas, se las publicaba. Pero no había problemas. El país en 1969 en ese sentido era optimista y estaba en crecimiento; pero en el 75 y 76 empezó a caer. La Argentina es un país a corto plazo, que da para ciclos de cuatro años, no más.
Lo peor, creo, es que no hay gente interesada en el sector de la industria y la producción, le tienen terror. Todo lo que tenga que ver con contratar gente los asusta; el empresario argentino está acobardado. Pero un país sin industria ¿qué puede hacer?
–¿A quiénes recuerda especialmente de esa época; y qué cosas recuerda como sus grandes aciertos y su principal error?
–A David Ratto y Hugo Casares. Con quien hablo mucho es con Hugo Casares; somos muy amigos. Y hablamos mucho sobre cómo, por ejemplo el producto ha desaparecido de la publicidad. Antes, un aviso era bueno y punto. Ahora los gerentes de producto tienen una lista y chequean “A ver, el aviso cumple con esto, esto y esto… pero esto no lo cumple, así que chau, a hacerlo de nuevo”. Los jefes de producto han arruinado la publicidad. ¿Y con Internet? No creo que haya venido a reemplazar nada; con la radio y la televisión dijeron lo mismo. En cuanto a los medios gráficos, no creo que desaparezcan. En todo caso, lo bueno es que en cualquier momento, todo puede cambiar.
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Para saber más Pablo Gowland habló para la web de Mercado sobre 2009, el país y el rol de los jóvenes para salir de la crisis. |

