ESPECIAL RSE | Capítulo III
Por Gustavo Baiman

La contribución que hacen es en beneficio de la sociedad y del propio banco. Es una relación de mutua conveniencia.
Uno de los programas que llevan adelante tiene como tema central la educación. El foco está puesto en las universidades, tanto públicas como privadas, a través de convenios donde el banco presta servicios de mecenazgo con premios para los mejores promedios, becas para estudiantes y para formación docente. Son convenios de largo alcance que se van renovando anualmente. Quien determina quién es el acreedor de la beca es la universidad.
“Los diarios nos van diciendo todos los días hacia dónde van las cuestiones sociales –comenta Guillermo Bonahora, gerente departamental de Santander Río–; además tenemos vínculos con muchas organizaciones que nos acercan propuestas, algunas las aceptamos y otras no. Nos nutrimos del conocimiento de los que saben. Siempre concretamos los programas con alguna ONG que tenga el conocimiento sobre el tema en el que vamos a trabajar. La idea la podemos tener nosotros pero la ejecutamos a través de alguna organización reconocida y con trayectoria”.
Dentro de las propuestas sobre el tema de la educación tienen, además, un acuerdo con Cáritas para atender a la población más vulnerable, realizando aportes de dinero para evitar la deserción escolar en distintas comunidades. Son becas que se otorgan a la familia con el compromiso de que sus hijos vayan al colegio.
“En el tema de educación, también vimos que el agro empezaba a tomar un impulso y comenzamos a apoyar a las escuelas con especializaciones agropecuarias. Junto a otras organizaciones, creamos “Escuelas en acción”. Este programa consiste en brindar capacitación para los directivos y el cuerpo docente; pero además buscamos incorporar a la escuela a la comunidad”, dice Bonahora.
Otra de las iniciativas de responsabilidad social de la compañía es la inclusión laboral. La propuesta que tienen es generar alternativas de trabajo. A través del programa “Ideas que dan trabajo” los empleados del banco pueden presentar un proyecto con alguna ONG pensado para fomentar la ocupación dentro de su comunidad. El banco financia el proyecto aportando el capital semilla que está generalmente destinado a comprar herramientas e insumos.
“Cuando empezamos con los programas en 2002, hacíamos hincapié en que estos programas tenían que ser flexibles. En ese año la realidad más urgente era el hambre y nosotros nos sumamos a ese reclamo con acciones concretas. Lo que hicimos a través de Cáritas fue proveer financiamiento a más de 300 comedores. Con el tiempo, esas necesidades fueron cambiando por otras, entonces fuimos girando un poco el foco y lo pusimos, entre otros temas, en la inclusión laboral. La búsqueda en este sentido fue recuperar la capacidad instalada en las distintas comunidades. Apoyamos a la gente que tenía oficios pero no empleo, a concretar su propio proyecto financiándolos”.
“Es difícil que una persona elija un banco porque lo considera socialmente responsable, esa relación se ve más claramente en los productos alimenticios. En una empresa de servicios es muy difícil que se dé. Tratamos de ser reconocidos como una empresa que le interesa lo que pasa a su alrededor, frente a la comunidad con la cual se vincula”, concluye Bonahora.

