lunes, 22 de junio de 2026

    “A ciegas con Luz”: una cena, un piano y una voz, a oscuras

    VIDA PRIVADA | Restaurantes

     

    Por Andrea Miranda

    En la antesala del teatro, minutos antes de ingresar, dan las indicaciones básicas. Habrá que apagar los celulares (para evitar interferencias en el sonido y para que su luz no interrumpa la magia del show). Y, para bajar la ansiedad, dicen que en caso de necesidad se podrá llamar a los encargados del espectáculo en cualquier momento.
    La intención no es que el espectador se sienta perdido sino justamente lo contrario: que acepte ponerse en manos de otro y confíe en que ese otro lo conducirá con seguridad y serenidad en todo momento.
    Antes de entrar de lleno en la experiencia, un anfitrión recibe a los espectadores que, curiosos, son informados sobre lo imprescindible para manejarse en esta nueva situación. Que se ingresa de a cuatro, detrás del guía, en fila y tomados de los hombros; que ellos los acompañarán con precisión hasta la mesa indicada, y que allí, delante de cada quien, encontrarán el plato servido.

    La más absoluta oscuridad
    En la sala, ni un hilo de luz. Sonidos sutiles acompañan de fondo. Las nociones de espacio son mínimas. El espectador apenas sabe dónde están su silla y su mesa. Y que delante de él, encontrará servido su plato con la totalidad de la degustación que, de izquierda a derecha ofrece desde la entrada hasta el postre.
    Mientras los cuarenta comensales se acomodan, el murmullo comienza a crecer… incluso parece mayor al que puede percibirse en un ambiente iluminado, con la misma cantidad de gente.
    Cuando están ubicados para que comience el espectáculo, unos chistidos suaves invitan al silencio y a centrar la atención en lo que vendrá. A partir de ese instante, efectos de sonido muy bien logrados (el agua, un bar, un jardín) se funden con el piano y la voz que, con gran ductilidad, transitará seis ritmos musicales diferentes.

    Guías de las sensaciones
    La cantante Luz Yacianci impacta con las posibilidades de su voz, punto clave del espectáculo ya que centra la atención y concentra la percepción del público. Luz, una de las protagonistas de la última versión de Drácula, el musical, logra transmitir en cada ritmo una sensación acorde al lugar de origen de la canción. Lo mismo ocurre con el piano, en manos de Carlos Cabrera.
    El menú, diseñado como finger food para facilitar la ingesta, está a cargo del chef Javier Aldape e invita a degustar y adivinar sabores y aromas. El mozo, que mientras atiende cuenta que es ciego, sirve las copas en tres oportunidades. Se puede elegir vino (Malbec o Chardonnay), gaseosa o agua.
    Así, durante una hora y cuarto, el espectador tendrá la posibilidad de agudizar los sentidos y prestar atención a sus emociones. La inquietud inicial va cediendo a medida que se aclimata y le encuentra el pulso al espectáculo. Y la hipnosis que produce seguir el recorrido de la voz sostiene la expectativa hasta el final.

    Antecedentes

    Gerardo Bentatti, uno de los responsables del espectáculo, cuenta que la iniciativa surgió “con el aporte de los compañeros de la cooperativa (del Teatro Ciego) que acercaban ideas”. Y que el show nació “a partir de las ganas de plantear espectáculos en la oscuridad que tuvieran como común denominador pasarla bien”. Luego del éxito de La isla desierta, que lleva más de 1.000 funciones en cartel (y aún se puede disfrutar los jueves, viernes y sábados), el centro profundiza su apuesta hacia una mayor integración social con este show innovador.
    Las “cenas a ciegas” comenzaron hace casi 10 años en el restaurante Blindekuh (la vaca ciega), en la ciudad suiza de Zurich. Otras ciudades que las ofrecen son: Berlín (Unsicht-Bar), París y Londres (Dans le noir), y Barcelona (Restaurante Visual del Hotel Torre Catalunya), entre otras.

    Dónde y cuándo

    Centro Argentino de Teatro Ciego.
    Pasaje Zelaya 3006 – Reservas: 6379-8596
    http://www.teatrociego.com/
    Funciones: domingos a las 21 hs.
    Localidades: $80