Por Patricio Cavalli
Repentinamente no se sintió bien, le dolía la cabeza y se le nublaba la vista, así que se levantó; se sintió débil, le costaba caminar y se mareaba. Caminó hacia la puerta tambaleándose y quiso agarrar el picaporte. Por alguna razón no podía hacerlo. Escuchó que le preguntaban “¿Qué te pasa?… ¿estás bien?” y respondió que sí, que no podía encontrar los… esos… los que se usan para ver…, pero no podía encontrar la palabra que buscaba. Con la vista nublada, vió en los otros un gesto de preocupación. Escuchó gritos, y de a poco los sonidos se le hicieron más sordos, lejanos… De lo que pasó después recuerda poco: despertó en un hospital, y luego vinieron los médicos, la operación, la rehabilitación, el dolor de la familia, el miedo, más rehabilitación, más médicos…
Quienes lo vieron y trataron de preguntarle qué le pasaba, observaron un cuadro completamente diferente: la mitad de su cara estaba paralizada; un brazo no se movía y colgaba inerte contra el cuerpo; arrastraba una pierna al caminar, casi sin poder moverla; era difícil comprender lo que decía; y sus movimientos eran tambaleantes, inseguros y torpes.
Golpe al cerebro
Para los médicos que lo recibieron en la sala de emergencias, el diagnóstico fue stroke, un proceso neurológico que implica que por alguna razón, el cerebro ha recibido una cantidad excesiva o una cantidad insuficiente de sangre.
Dependiendo de la intensidad del stroke que sufra una persona, serán las consecuencias. Quien sufre un stroke puede padecer consecuencias que van desde leves grados de afasia (un déficit en el lenguaje caracterizado por la imposibilidad de pronunciar o recordar palabras correctamente) hasta incapacidades físicas generales (hemiplejia, hemiparesia, cuadriplejia, etc.) o la muerte.
Según el Dr. Pedro Lylyk, titular del instituto especializado Eneri (Equipo de Neurocirugía Endovascular y Radiología Intervencionista), cuando ocurre un stroke, las arterias que van al cerebro se bloquean o revientan; el cerebro no puede recibir el oxígeno que necesita, y sus células comienzan a morir. Como el cerebro controla todas las funciones del cuerpo, esto resulta en discapacidades serias.
El problema tiene varios nombres. Stroke es la terminología sajona, que describe el efecto que produce esta condición médica: un golpe, un evento repentino, fuerte y traumático que ocurre en la cabeza de una persona, afectando el cerebro. Otros nombres para describirlo son: accidente cerebro vascular, ataque cerebral, o derrame cerebral.
Según Lylyk, el término “describe muy bien lo que ocurre: es un golpe al cerebro, un golpe al paciente; pero también un golpe a la familia y a la sociedad. Afecta a todos”. Y aunque no todos los profesionales consultados por Mercado están de acuerdo con usarlo, en la actualidad los médicos están intentando unificar la terminología, con el fin de encontrar la forma de transmitir a la comunidad la realidad de este problema.

Pedro Lylyk
Foto: Gabriel Reig
Uno cada cinco minutos
Y no es un problema menor: se estima que hoy en la Argentina, hay entre 90.000 y 110.000 casos de stroke por año; es decir, ocurre uno cada cinco minutos. De esos, 75% (82.000 casos) son strokes nuevos y el otro 25% (28.000 casos) son strokes recurrentes, es decir, ocurren nuevamente en un paciente que ya tuvo uno previamente. 20% (22.000 personas) de los pacientes fallece a los 30 días de ocurrido el evento. En Estados Unidos, el stroke es la tercera causa de muerte –después del ataque cardíaco y del cáncer– y la primera causa de discapacidad.
Según el Dr. Luciano Sposato, director del Centro de Stroke de Fundación Favaloro y director del Registro Nacional de Accidentes Cerebro Vasculares (ReNACer), el stroke afecta 55% a hombres, 45% a mujeres, y ocurre principalmente entre los 60 y los 69 años de edad. “La incidencia del stroke es mayor en los hombres hasta los setenta y cinco años; y luego es mayor en las mujeres. Eso se debe a que las mujeres tienen mayor expectativa de vida”, explica Sposato.

Luciano Sposato
Foto: Gabriel Reig
Consecuencias
Y en el cerebro, cualquier cosa que ocurre es crítica. Un stroke que no se trata a tiempo puede resultar en parálisis; problemas al hablar o en la visión; pérdidas de memoria; debilidad y dificultad para moverse y caminar; cambios en el comportamiento y dolor. Seis de cada diez personas que no reciben tratamiento a tiempo al tener un stroke quedan con discapacidades serias. Según Sposato, sólo 30% de los pacientes se rehabilita y 25% vuelve a trabajar: basta nada más pensar el impacto que esto tiene para la fuerza laboral del país para dimensionar el tema.
Las consecuencias para el paciente no son sólo físicas y emocionales. Con suerte, deberá dejar de trabajar por semanas o meses; deberá someterse a largos y costosos tratamientos de rehabilitación, y pondrá a prueba toda su red personal y familiar de contención y resistencia. Con mala suerte –si queda lisiado e impedido de trabajar– será su familia la que deberá ocuparse de ayudarlo.
“Lo más importante es el verdadero costo que sufre el paciente. Y éste no es sólo lo que gaste en el tratamiento médico, sino lo que representa la variación para su aptitud laboral. A su grupo de pertenencia también le implica costos, porque la atención de esta persona va en contra de la actividad de los otros. Y después hay un costo para la sociedad, cuando una persona sale del sistema productivo. Desde ese punto de vista, cualquier acción que conlleve cuidado de la salud en salud, es rentable ciento por ciento. Porque toda otra acción que se haga en la enfermedad tiene una rentabilidad negativa. O invertimos en la prevención, o vamos a pérdida siempre”, explica el Dr. Alejandro Caride, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Alemán.
Prevenir, prevenir, prevenir
Se trata pues, de prevenir. Pero es bien conocido que la Argentina es un país alérgico a esta actividad, a lo cual hay que agregar el bajo nivel de conocimiento al respecto en la población.
Hacer conocidas las causas del stroke es el primer paso. Entre las principales se encuentran las situaciones que afectan el sistema nervioso central o las arterias y vasos sanguíneos. El tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad, el alcoholismo o el abuso de drogas pueden causarlo. Pero también la hipertensión arterial, la diabetes o las enfermedades cardíacas. Para prevenir un stroke lo principal es acudir al médico, para que éste realice los chequeos que permitan averiguar el riesgo de cada persona.
También hay hábitos que se pueden mantener en el plano individual: controlar la presión arterial alta; disminuir el consumo de sal y sodio; hacer ejercicio al menos treinta minutos, tres veces por semana, como salir a caminar, andar en bicicleta, bailar, etc.; controlar y bajar el colesterol; dejar de fumar; mantener un peso saludable con una buena alimentación y actividad física.
Qué hacer
Prevenir no significa sólo evitar que el stroke ocurra, sino actuar rápidamente cuando sucede. En las primeras seis horas hay una “ventana de oportunidad” para revertir el problema; pasado ese lapso, se trabaja sobre sus consecuencias, con mayor o menor éxito. Debe quedar claro: el stroke es una emergencia médica y debe tratarse como tal. Ante cualquiera de los síntomas, se debe llamar al servicio de emergencias de su obra social o prepaga. Sino, debe llamarse al servicio local de emergencia médica, usualmente discando el número telefónico 107.
La otra pata del esquema es la existencia de una red médica preparada y equipada para detectar y tratar el stroke. Y si bien los centros de salud privados o especializados tienen esquemas especiales para atender estos casos, la tecnología para tratamiento es en general escasa.
Según Carlos Toranzo, gerente general del Eneri, “Los financiadores de la salud preguntan cosas como: ‘¿Si antes los pacientes se podía tratar igual, por qué ahora necesitan equipos más nuevos?’. Hay una cuestión de intereses creados y un problema de cortoplacismo que no ayudan”.
En el cortoplacismo y desidia de los funcionarios está la clave del tema: un equipo resonador para escaneo de última generación que permitiría realizar 1.500 escaneos por año, cuesta US$ 2.000.000 y su inversión se recupera en tres años.
Sorprende que los hospitales nacionales y municipales casi no cuenten con este tipo de equipos, en un país donde los funcionarios pueden volar en avión privado con fondos públicos. Más aún, el Ministerio de Salud no tiene actualmente un programa para las enfermedades cerebro vasculares; y contactados para conocer sobre el particular, sus funcionarios no respondieron las consultas de Mercado.
P.C.
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Para tener en cuenta ¿Qué hacer para prevenir un stroke? Cómo reconocer un stroke: Cómo actuar ante estos síntomas: |

