Por Daniel Alciro

Felisa Miceli
Todo entrevistado siente, permanentemente, la obligación de manifestar su desagrado por la malversación y el cohecho. No obstante, la preocupación real varía según las circunstancias.
En 1995, después de seis años de gobierno, Carlos Menem fue reelecto por una abrumadora mayoría: obtuvo 50% de los votos en primera vuelta.
No pareció importar, en ese momento, su récord de escándalos. A hechos muy recordados, aunque de menor trascendencia (“los guardapolvos de Bauzá”, “la leche de Vicco”), y a los cuestionamientos que recibían varios funcionarios (María Julia Alsogaray, Roberto Dromi, Alberto Kohan y otros) se sumaban escándalos de proporciones.
Esos escándalos, de repercusión internacional, llegaron a provocar varios suicidios, que en algunos casos (se imaginó) no eran tales, sino “ajustes de cuentas”. Se contabilizaron, en la época, 31 muertes sospechosas, vinculadas a casos de corrupción.
Entre los escándalos más graves figuran los siguientes.
• Swiftgate. El embajador de Estados Unidos, el Departamento de Estado y el diario The New York Times, denunciaron que el asesor presidencial Emir Yoma había exigido una coima a la empresa Campbell para “destrabar” el trámite de su radicación, que estaba demorado en el Ministerio de Economía.
• Yomagate. El juez español Baltasar Garzón pidió la detención de la cuñada y secretaria privada del Presidente, Amira Yoma. Se investigaba la introducción de narcodólares por el aeropuerto de Ezeiza, a través de lo que se llamó “las valijas de Amira”. El titular de la aduana era el esposo de Amira, Ibrahim Al Ibrahim (que no hablaba castellano). El cabecilla de la banda que introducía los nacordólares, y que fue condenado, era Mario Caserta, titular del Consejo Federal de Agua Potable y Saneamiento. Ibrahim se fugó.
• Monzer al-Kassar. Este célebre traficante, expulsado de Gran Bretaña por tráfico de armas y drogas, obtuvo un pasaporte argentino irregular. Según el propio al-Kassar declaró a la justicia española, la fotografía “fue hecha en el Palacio Presidencial [la Casa Rosada] y además la ejecutó el mismo fotógrafo presidencial”. Al-Kassar nació en Yabrud, Siria, el pueblo originario de los Yoma y de la rama materna de Menem. En su momento se relacionó a Al-Kassar con los atentados contra la AMIA y la embajada de Israel. La embajada de Estados Unidos reveló que el sirio había entrado a la Argentina pocos días antes del atentado contra la mutual israelí. Este discutido personaje está actualmente preso en España, a requerimiento de Estados Unidos, acusado de conspirar para asesinar estadounidenses, abastecer de armas a organizaciones terroristas, adquirir misiles anti-aéreos de venta prohibida, y lavar dinero.
• Contrabando de armas. Por decreto presidencial, se vendieron armas a Panamá y Venezuela, que en realidad no estaban destinadas a esos países sino a Croacia, que sufría un embargo de Naciones Unidas; y Ecuador, que estaba en guerra con Perú. Estas operaciones ilegales habrían sido retribuidas con “coimas”, y el receptor de ellas habría sido Emir Yoma. La BBC de Londres dijo: “Es un escándalo que sacude a la sociedad argentina”.
• Banco Hipotecario. Inexplicablemente, esta institución –entonces totalmente estatal–, que tiene como finalidad promover la vivienda social, transfirió US$ 200 millones a un paraíso fiscal, las Islas Caimán.
• IBM-Banco Nación. El Banco de la Nación exigió US$ 37 millones a la empresa IBM para adjudicarle un contrato multimillonario. Un director de la institución confesó y fue preso.
¿Cómo se explica que a la gente le preocupe tanto la corrupción y, en 1995, haya ignorado todos estos hechos?
La explicación hay que buscarla en el cambio de situación general experimentado entre 1991 y ese año.
En el bienio 1989-1991, la Argentina había vivido una desesperante hiperinflación. El plan de convertibilidad, exitoso en su primera etapa, llevó la inflación virtualmente a cero. El efecto fue, para muchos, mágico. La sociedad, que había pasado del miedo a la calma estaba dispuesta a tolerar muchas cosas que, en circunstancias normales, no habría admitido.
Salir del infierno
¿Se está viviendo, hoy, una situación semejante?
Hace cinco años, tras estallar la convertibilidad, el país sufrió una crisis tanto o más atormentadora que la anterior. La devaluación, la renegociación de la deuda y la inédita demanda mundial completaron una nueva obra de magia que la población, en general, adjudica al Gobierno.
A quienes sacaron al país del infierno –para usar la metáfora del presidente Kirchner– se admiten cosas que no se les admitirían a otros.
Hasta un político con fama de honesto, como Fernando de la Rúa, perteneciente a un partido que hizo bandera de la decencia, presidió un Gobierno que hoy está acusado de un repulsivo acto de corrupción: la compra de voluntades en el Congreso de la Nación.
Por eso, es importante analizar el tema, más allá de la coyuntura. A veces, la corrupción de los otros se usa como munición política, sobre todo en períodos electorales. En realidad, la corrupción presente debe ser analizada como síntoma de una enfermedad, que no se declaró en 2003, pero que exige un rápido tratamiento.
Hay hechos que deberían analizarse con cuidado:
• Los fondos fugitivos. Cuando era gobernador de Santa Cruz, Kirchner envió al exterior US$ 642 millones de dólares, que la provincia había cobrado tras una cuestionable negociación con Menem. De esto hace 14 años. Ese dinero nunca volvió. Durante un tiempo no se sabía dónde estaba. Kirchner llegó a decir que lo había depositado en la Reserva Federal [el Banco Central] de Estados Unidos, que no recibe depósitos. Finalmente, 530 millones aparecieron en Suiza, sin que se haya podido conocer exactamente qué pasó con el resto, y con los intereses ganados. Hubo quienes sostuvieron que estos millones no son “los mismos” que salieron en 1993. Por otra parte, aparecieron pero no volvieron: en reiteradas oportunidades se anunció su repatriación, pero ésta no se produjo. El mes pasado, en un intento de apagar la crisis social desatada en Santa Cruz, el gobernador Daniel Peralta anunció un aumento de 22% para los empleados provinciales, y un salario básico de $780 para los docentes. Para explicar de dónde sacará la plata –luego de haber provocado la crisis por sostener que no había cómo financiar las mejoras reclamadas por los agentes públicos y los maestros– Peralta dijo que se traerían US$ 63.472.500 anuales de los fondos depositados en el exterior. En Suiza, tiene mucha importancia el private banking: cuentas personales confidenciales. Los fondos de Santa Cruz son, al parecer, manejados con la misma discrecionalidad que un particular administra una cuenta en el extranjero.
• Skanska y las “comisiones indebidas”. En enero de 2005, Transportadora de Gas del Norte (TGN), encargada de gerenciar la ampliación del Gasoducto del Norte, comunicó a ENARGAS que, en las ofertas recibidas, había “desvíos” de hasta 152% con relación al costo estimado por la propia TGN. El ente regulador sugirió que se llamara a una mejora de ofertas; pero en febrero TGN notificó que Skanska sólo aceptaba rebajar 9,35%, por lo que estaba “muy afuera” de los precios de mercado para obras “equivalentes”. Enargas ordenó que se buscara una rebaja más y, aunque ésta fue de apenas 0,5%, el ente desechó la advertencia de TGN (“No hay explicación razonable para justificar el desvío y nos vemos impedidos de avalar dichos precios”). Enargas recibió la orden de aceptar la oferta de Skanksa. Tiempo más tarde, en el curso de una investigación judicial derivada de una acción impositiva, Skanska reconoció haber pagado $ 17 millones, en “comisiones indebidas”.
• La plata en el baño. El 5 de junio, durante una inspección rutinaria en el Ministerio de Economía –motivada por razones de seguridad– la brigada de Explosivos del Cuerpo de Bomberos de la Policía Federal encontró una bolsa de plástico en el baño de la ministra Felisa Miceli. Según trascendió inicialmente, la Brigada labró un acta, en el cual constaba que la bolsa contenía US$ 140.000, € 50.000 y $100.000. Luego, el ministerio dijo que “sólo” había US$ 31.670 dólares y $100.000. Pero no pudo explicar qué hacía ese dinero, en efectivo, guardado en un baño. La ministra alegó que se lo había prestado su hermano para comprar un departamento. En el mejor de los casos, la versión chocaba contra la campaña que el ministerio y la AFIP vienen llevando a cabo, para terminar con la compra en efectivo de bienes inmuebles, que es –según las autoridades– ocasión para la evasión impositiva y el lavado de dinero.
• La valija de los US$ 800.000. Enarsa es una empresa petrolera sin petróleo, capital, tecnología ni experiencia. La creó el actual Gobierno y le concedió el monopolio de la plataforma submarina. Esta rara compañía realiza negocios sin licitación y tiene como una de sus asociadas principales a la venezolana PDVSA.
A principios de agosto, el presidente de Enarsa, Exequiel Espinosa, alquiló un Cessna Citation, matrícula estadounidense X N5113S, a Royal Classic: una firma creada en 1993 por Alfredo Yabrán. En su directorio figura Pablo, hijo de Alfredo, quien –luego de que Domingo Cavallo lo señalara como “padrino” de una “mafia”, y otros lo sindicaran como instigador del crimen de José Luis Cabezas– terminó suicidándose. Sus otros negocios eran Intercargo –la empresa encargada de la logística de Ezeiza– y Oca, el correo privado.
El avión alquilado por Espinosa partió de Buenos Aires el jueves 2 de agosto a las 21:04, rumbo a Caracas; y regresó de la capital venezolana antes de 24 horas: el viernes 3 a las 19:15.
La aeronave llegó al Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires a las 2:38 de la madrugada del sábado. Traía a Espinosa, a Claudio Uberti, y a una funcionaria que trabajaba con éste, un hombre de Julio De Vido al cual se le asignaba gran importancia en las negociaciones con el Gobierno de Venezuela. Junto con ellos venían tres directivos de PDVSA, el hijo del vicepresidente de la petrolera de ese país, y un “amigo” de los venezolanos.
Seguramente los viajeros no imaginaron que a esa hora, con un pasaje VIP y el aeropuerto desierto, la aduana argentina se pondría fastidiosa; y acaso no lo habría hecho si un scanner no hubiese delatado que, en la valija del “amigo” venezolano, había una insólita suma de dinero.
Cuando se lo contó, se comprobó que eran 15.810 billetes de US$ 50, lo cual totalizaba US$ 790.550.
El “amigo”, Diego Alejandro Antonini Wilson, les dijo a los oficiales de Aduana: “Hagan con el dinero lo que quieran: a mí no me van a sacar de dónde viene ni a dónde va. Yo soy un soldado”.
El gobierno argentino –y los medios, en general– han presentado el caso como si Antonini Wilson fuera un viajero aislado, que llegó al país en un vuelo de Aerolíneas Argentinas o Lan. En realidad, fue traído por Enarsa, y es la empresa la que debería explicar por qué este “soldado” venía en ese avión.

Reacciones y despidos
Ante hechos de esta magnitud, la reacción del Presidente ha sido despedir al titular de Enargas, a la ministra Miceli y a Uberti. Kirchner dice que en cualquier gobierno puede ocurrir un acto de corrupción pero que, en el suyo, ni siquiera se exigen pruebas: funcionario sospechado, funcionario que sale.
Por otro lado, en la Casa Rosada se señala que no hay protección u ocultamiento. Ni la policía tuvo temor de denunciar que un miembro del gabinete guardaba plata en el baño, ni los funcionarios de Aduana recibieron orden de no escanear la valija de Antonini.
La oposición señala que, en realidad, el Presidente castiga a los chivos expiatorios, o se desprende de personas que, como Miceli, no le interesan. Su decisión de respaldar a De Vido y mantener a Espinosa –se dice– demuestra que las depuraciones son, en realidad, cosméticas.
El hecho de que los actos irregulares trasciendan es atribuido, a menudo, a “internas” dentro del gabinete, notoriamente entre De Vido y Alberto Fernández.
En cuanto a la despreocupación de quienes pasan una valija con US$ 800.000 sin mosquear, se ha dicho que así procede quien se siente invulnerable. Como Daniel Varizat, amigo de Kirchner y ex ministro de Gobierno de Santa Cruz, quien el mes pasado atropelló intencionalmente a 17 manifestantes, tirándoles encima la Cherokee del candidato del Frente para la Victoria a intendente de Río Gallegos.
Las interpretaciones son extremas.
El Gobierno quiere mostrarse cristalino, y dispuesto a eliminar cualquier impureza que accidentalmente caiga dentro de sí.
La oposición se esfuerza por mostrar que Kirchner es “peor que Menem”, y toma por probada cualquier sospecha.
La realidad es que la corrupción no ha desaparecido de la Argentina, y que su eliminación requiere un esfuerzo colectivo.
Una de las cosas a superar es la complacencia social cuando la economía marcha bien, y la fiereza felina cuando la economía marcha mal.
La ética debe ser independiente de toda otra consideración. M
D.A.

