Por Javier Rodríguez Petersen

Gene Huang es economista jefe y director ejecutivo del Grupo de Análisis Económico e Industrial de FedEx. También integra los paneles de perspectivas de The Wall Street Journal y Business Week, que hace dos años lo destacó como “el pronosticador más acertado” de Estados Unidos. Según él, su trabajo le da una gran ventaja: “Tengo un lugar de primera fila que me da acceso a toda la información que tiene un analista pero también a la información del mundo real y a nuestras propias estadísticas”.
Graduado en leyes en Shangai, master de Yale y doctorado en Pensilvania, Huang pasó por el país para disertar en el Consejo de las Américas, en el Hotel Alvear. Su exposición se centró en un estudio que FedEx encargó a SRI Internacional que, con 22 indicadores, jerarquiza a 75 países por su nivel de acceso, su capacidad de interactuar en la economía global. La Argentina ocupó el puesto 43, aunque en la región sólo la superaron Chile y Uruguay.
“El nivel de acceso –dice el analista, entrevistado por Mercado– está vinculado a los canales de interacción y contacto. Los flujos de capitales, bienes y recursos humanos son los tres principales. La mayor parte de las discusiones hacen foco en el flujo de capital, por ejemplo, en si los inversores siguen confiando en la economía argentina y cuáles son las áreas en las que puede mejorar, como ambiente macroeconómico, control de la inflación, estabilidad monetaria, condición fiscal y superávit de cuenta corriente, que son bien conocidas”.
“Pero mi foco –añade– está más puesto en el flujo de bienes, en cómo la Argentina puede participar en el comercio global. Para que un país pueda generar una impresión favorable en los inversores debe aumentar la productividad y su potencial de crecimiento, lo demás llega solo. Un tema es cómo fortalecer el sector de bienes transables en el comercio exterior, y no creo que la clave sea una moneda muy débil. Es importante una valuación justa de la moneda, pero más importante es la inversión en bienes de capital, para fortalecer la infraestructura y tener recursos humanos compatibles con esa estructura, para que no haya una situación de escasez energética, para que los bienes circulen más rápidamente”.
–¿Cómo analiza la situación en la Argentina?
–Creo que el entorno global alcanzó cierta comodidad entre los inversores y que el progreso en control de la inflación, mejoras físicas, estabilidad monetaria y crecimiento económico continuarán. El consenso espera una desaceleración, pero de un rango con el que los inversores aún se sentirían cómodos.
Para mantener una alta tasa de crecimiento sostenido, la Argentina debe, por ejemplo, diversificar su portfolio de productos exportables para ser menos sensible a las oscilaciones en el precio de los productos agrícolas y los commodities en general. La Argentina tiene una oportunidad por la educación de sus recursos humanos, algo que la distingue entre los países emergentes.
–¿Y la competencia con Brasil?
–La pregunta me la hacen en todos lados, en Chile, México, Singapur, Vietnam. Me preguntan cómo competir contra China. Si uno tiene la misma estructura de productos, va al efecto de sustitución y es competencia. Pero cada país tiene su propio segmento, diferentes ventajas competitivas en la cadena de suministro global. Si uno puede encontrar esa posición, puede avanzar; de lo contrario, tendrá enormes dolores de cabeza porque deberá competir con muchos países.
En el Foro Económico Mundial de Nueva Delhi, un ministro vietnamita me decía que su país considera a China como mercado más que como competencia, por la diferenciación de la producción. El crecimiento de la clase media en varios países en desarrollo, entre ellos los del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), crea una gran oportunidad en este sentido.
–¿Cómo afectan a la Argentina la crisis del mercado inmobiliario y menor crecimiento de la economía estadounidense?
–Si el crunch es real y desencadena algo masivo, va a haber fuga de capitales. Y como toda Latinoamérica es altamente dependiente de los capitales extranjeros, va a sufrir un impacto negativo.
La clave para enfrentar esta cuestión a largo plazo es mejorar la calidad del mercado financiero, para que cuando se hable de fugas de capital no haya diferencias entre la Argentina y Estados Unidos. Es un proceso largo, pero como el potencial de crecimiento es mayor, el interés es mayor. La Argentina puede aprovechar esta tendencia de los mercados emergentes, mejorar rápidamente su condición fiscal e invertir en áreas de alta productividad, como infraestructura, energía y base fabril.
–¿Y en cuanto al problema energético?
–Cada país puede aprender de la experiencia de otros, y la Argentina puede aprender del pasado en Estados Unidos y Japón. Y en la actualidad de China.
China tiene la red ferroviaria más intensa y la segunda más larga y el puerto más grande del mundo. Con esto, que no existía hace 15 años, puede asegurarse la financiación para crear una base que apoye el crecimiento por muchos años.
Los grupos de intereses comunes en la Argentina pueden analizar esos procesos en China, cómo avanzaron las asociaciones entre privados y públicos y cómo cada parte confía en sus socios en un compromiso para invertir a largo plazo.
–¿Qué perspectivas ve para la región?
–Yo soy optimista por naturaleza. El crecimiento es asimétrico, la tasa de crecimiento no oscila en torno a una línea de cero sino que es un número positivo, y así es como se crea la riqueza en el tiempo. En los últimos cien años, la creación de riquezas fue mayor a la de toda la historia de la humanidad combinada.
Hace más de 100 años, avances tecnológicos como la electricidad o los motores de combustión interna empujaron la economía y la participación de Estados Unidos en la economía global. Algo muy parecido pasa ahora en los mercados emergentes: la revolución de la tecnología de la información aumentó la plataforma para las transacciones y permitió una tremenda acumulación de riqueza. Creo que este proceso fácilmente se va a extender 20 años más. M

