Por Marcos Caruso

Canta el hombre. Ajeno a cualquier otro sentimiento, canta. Sujeto sólo a su fe, como si lo poco que lo rodea no existiese, eleva su plegaria hecha canción. Y su voz profunda, acentuada por los acordes de un órgano, es un velo que envuelve a quien escucha; y también se filtra entre las piedras, entre las maderas, y gana los parques, atrapa los bosques, se eleva hacia las cumbres, se confunde con las neblinas de las nubes bajas, repiquetea en las cascadas de agua cristalina y fría, empuja tanto el vuelo de las aves como las velas de los parapentes; inunda los valles.
Para la suerte del viajero, ese canto gregoriano practicado por un monje benedictino en el Monasterio Cristo Rey, entre las localidades de Raco y El Siambón, Tucumán, será la música que defina su travesía por rutas que en muy buen estado de conservación suben y bajan a más de mil metros de altura.
El monasterio puede ser el comienzo de una recorrida por el circuito de las Yungas, que rodea San Miguel de Tucumán por el oeste y por el norte. El recorrido, de aproximadamente 120 kilómetros, es una de las caras que tiene Tucumán, tan pequeña como pródiga.
En la parte más elevada de las colinas, con piedras y maderas de la región, los monjes construyeron el monasterio en 1955. La iglesia es pequeña, indispensable, despojada de cualquier ostentación. Tan austera como conmovedora es la imagen de Cristo Rey, pintada en la piedra por el artista Juan Antonio Ballester Peña. Otro velo, pero éste producto de los pinceles.
Afuera, en la ruta, los verdes se desgranan en las laderas lejanas y en las alturas cercanas se observan las casas de fin de semana.
Hacia el Norte, por la ruta 341, se llega a Raco, una villa de sólidas construcciones que domina el valle enmarcado por las sierras de San Javier y El Periquillo, el rincón de las sierras subandinas que Atahualpa Yupanqui eligió para crear su música.
Estas dos localidades son visitadas por numerosos turistas que se sienten atraídos por su paisaje agreste y la posibilidad de realizar actividades como golf, mountain bike o carreras de aventura.
Curvas y contracurvas acomodadas al filo de las montañas rojas donde se advierte la selva de yungas con tipas, horco molles, laureles, arbustos y enredaderas. A más altura, la espesura deja paso a los bosques de alisos y pinos del cerro, confundidos en la bruma de la selva subtropical.
En el empalme con la ruta 340, al girar hacia la derecha, comienza el leve ascenso hacia el cerro San Javier, a 1.250 metros sobre el nivel del mar. Se van dejando atrás caseríos de adobe, con cercos de caña o pircas de piedra, casonas de estilo con alambrados pulcros y animales pastando.
Se van dejando atrás vestigios de la historia tucumana, que llevan al visitante a 1942, cuando se abrió el camino con el fin de incorporar la villa San Javier al circuito turístico, cuando el escultor Juan Carlos Iramain levantó el Cristo en la cima del cerro y se inauguró la hostería que tuvo a Jorge Luis Borges como huésped. Era la época en la que el gobierno tucumano quería incorporar el circuito de los cerros al turismo.

Un sueño de seis décadas
La traza de la villa siguió el proyecto del urbanista ingeniero Della Paolera y seis años después el deseo tucumano apuntó a la construcción de la ciudad universitaria, se proyectó un funicular y se trabajó en un acueducto desde Anfama, obra que se concluyó. Lejos de apoyar la formación universitaria, la política reinante en aquella época desbarató el proyecto y del frustrado campus universitario sólo puede verse un block de hormigón y 32 viviendas que miran hacia el valle de La Sala.
Continúa el ascenso. Caminantes que se apoyan en varas; corredores de tranco sostenido y ciclistas que desafían el equilibrio son perdigonadas de color entre el verde infinito, los techados rojos y los colores pasteles de algunas casas.
Centellean también los parapentes. Giran diestros los deportistas que buscan las corrientes ascendentes. Por momentos parecen aves que buscan sus presas metros abajo, en la espesura de la vegetación. La cumbre del cerro está cerca. Aparece el Cristo Bendicente, codiciado por los caminantes como meta de su esfuerzo. Hacia la izquierda se impone la nueva construcción del hotel que fue inaugurado en diciembre último, remodelando y ampliando la hostería levantada a mediados del siglo 20. Sólo quedan sus muros de piedra y alguna que otra seña arquitectónica de aquella época.
Ahora han ganado terreno las superficies vidriadas y las terrazas que balconean al abismo: se llega al lugar donde las vistas panorámicas son impecables, profundas. Allá abajo, 1.200 metros abajo, la Tucumán cuatro veces centenaria es apenas una cuadrícula imperceptible que se abre entre la fronda. Hacia la izquierda, los cerros parecen ser planos superpuestos de verdes que viran hacia el azul a medida que alcanzan más altura. Son las cumbres calchaquíes.
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El monasterio Cristo Rey En el monasterio se rezan cinco liturgias diarias, a las que pueden asistir los visitantes. Por la mañana, la primera es a las 5:20: el Oficio de Vigilia; a las 7:30 se da el Oficio de Laúdes, y otras liturgias se dan al mediodía, a las 18:40 (con misa) y a las 21 hs, con un canto a la Virgen. |
El Sol San Javier Spa Eco Resort fue remodelado con un costo de $9 millones provenientes de capitales tucumanos que, 65 años después, siguen considerando la zona como una propuesta turística.
El hotel ahora apunta a consolidarse como una propuesta válida para el turismo corporativo e internacional y tiene 50 habitaciones dobles; 25 dobles superiores; 2 departamentos; una suite senior, y dos suites presidenciales de 60 metros cuadrados. Todas, con vistas panorámicas de las yungas.
Se acondicionaron seis salones con distintas capacidades, equipados con Internet Wi Fi y medios audiovisuales, además de tener dispositivos que permiten establecer teleconferencias.
Diversas terapias y tratamientos estéticos y descontracturantes se efectúan en Los Altos Spa, dotado de baños turco y finlandés.
El hotel ha desarrollado actividades recreativas programadas para los adultos y especialmente para los niños a través de un preparado staff GO (gentil organizador) que propone caminatas, cabalgatas, clases de baile, trekking, campeonatos con juegos de mesa y salidas educativas para aprovechar la naturaleza. M
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De visita por la capital San Miguel de Tucumán comenzó a erigirse en 1685 –la refundación, sobre nuevo emplazamiento– y fue declarada Ciudad Histórica en 1999 por la riqueza de su patrimonio cultural. Los edificios de mayor significación cívico institucional de la ciudad están preservados de manera impecable. |

