Por Martín Cuccorese

Foto: Gabriel Reig
L’Orangerie
Av. Alvear 1891 (Alvear Palace Hotel), Recoleta.
Lunes a sábado, almuerzo buffet.
Domingo, brunch.
Tel.: 4808-2949
Este año cumple 75 años, un número nada desestimable para un sitio imprescindible de Buenos Aires. Resulta difícil pensar la ciudad sin el Alvear Palace Hotel. En tal sentido, esa esquina de avenida Alvear y Ayacucho, desde hace tiempo, forma parte de un ritual que une estilo, buen gusto y, por supuesto, gastronomía. Tanto el lobby bar como el restaurante, L’Orangerie, conforman un implacable dúo donde las agujas del reloj marcan otro tiempo. Un poco por la escenografía, otro por la música clásica en el justo tono, también por la esmerada atención, la vida late en otro ritmo.
Nuestro ojo –por supuesto, también nuestro estómago– estuvo puesto en L’Orangerie a partir de sus dos propuestas fundamentales: almuerzo buffet y “Sunday Brunch”.
Por supuesto, los días de semana, el mediodía permite tanto un formal encuentro laboral como un distendido almuerzo. Bajo la precisa dirección del chef ejecutivo Marcelo Acosta, las propuestas varían día a día, difícil aburrirse. Sin dudas, el esquive de la inercia es fundamental en este tipo de propuestas buffet.
Pero la madre de todos los peligros en estas opciones buffet es el punto de los platos calientes. Según el dicho “lo que natura no da, se compra hecho”: la high tech de cocina permite que los platos principales mantengan temperatura y punto exacto, sin sobre cocciones. Pero no nos adelantemos.
El “Alvear Buffet Lunch”($100 p/p incluye agua y café) presenta una diversidad de entradas frías cuya enumeración sería un despropósito. No hay género que no sea tocado: charcuterie, terrinas y foies, quesos, frutos de mar (ostiones, langostinos, almejas), pescados (salmón, atún). Imperdible el atún marinado en salsa de soja, también el marinado en tandoori con leve cocción en leche de coco. A ello debemos sumarle las variadas posibilidades de ensaladas. De alguna manera todo esto ya define un almuerzo completo pero no podemos obviar los platos calientes. Se trata de seis propuestas (carnes blancas y rojas, pescado, pastas, arroz y vegetales) modificadas a diario. El martes al mediodía probamos “orecchiette con crema de hongos en perfume de trufas”, bien el punto, la consistencia y temperatura. Continuamos con “costillitas de cordero patagónico en salsa de menta inglesa”. Aquí se observaban claramente dos tipos de punto, uno argentino jugoso “ma non troppo” y otro más europeo, es decir, con mucha menos cocción.
Si bien sobre puntos no hacemos campaña se sabe –en ambos sentidos del término– que a menor fuego mayor sabor. Muy delicada la salsa que en ningún momento se impuso al cordero. Lo acompañamos con un tian gratinado de vegetales asados. Podríamos haber continuado pero el cuerpo tiene sus límites y la nota también. Para refrescar la mente de entre los posibles dessert elegimos un trío de suaves helados: nueces y avellanas, fruta de la pasión (maracuyá) y frutos del bosque, decorados con hojas de menta y caramelo. Luego habría tiempo para el café y los correspondientes petit-fours.
Hablar del “Sunday Brunch” ($140 p/p incluye champaña Norton Cosecha Especial y vinos Alamos – Catena Zapata) daría para otra nota. La diversidad de appetizers se multiplica (ostras, sushi, ensalada de centolla, magret de pato…), el ambiente es glamoroso y decontracté a la vez. Este cronista ingresó aquel domingo a las 12.30 am, tres horas más tarde prendía su primera pipa del día en el salón fumador, para luego regresar a tomar el té y alargar el buen momento. Con este programa, difícil que un domingo sea melancólico.
La lección que nos deja L’Orangerie es sencilla: lo clásico nunca pasa de moda. La comodidad del comensal jamás choca con el profesionalismo del servicio, salvo que se tenga el concepto erróneo de confundir el confort con el uso de ojotas. El indudable acierto es el trabajo de cocina con materias primas frescas y de primera calidad.
Llegados a este punto viene bien renovar el voto de confianza con este hermoso lugar de Buenos Aires. Como dijimos al principio, este año el Alvear Palace Hotel está de cumple. Son 75 años y seguramente habrá muchas sorpresas. ¡A no perdérselas! M

