Por Danila Terragno

Ilustración: Agustín Gomila
Mientras tanto, la Argentina y sus vecinos latinoamericanos deben apresurarse a tomar posición. La exportación sobre la base de ventajas competitivas y la regionalización surgen como respuestas inteligentes para colocar fichas en el tablero mundial.
El ferviente (y en oportunidades sangriento) debate en torno a la globalización se aspira desde la misma definición que unos y otros utilizan de este abarcativo concepto que merece casi 100 millones de menciones en Google.com:
Fondo Monetario Internacional (FMI): “la creciente interdependencia económica entre países de todo el mundo a través de un creciente volumen y variedad de transacciones de bienes y servicios extra frontera, flujos de capitales de libre circulación internacional, y la mayor rapidez y generalización en la difusión de tecnologías.”
Foro Internacional sobre Globalización: “la tendencia que actualmente existe en todo el mundo hacia un sistema económico globalizado, dominado por el comercio corporativo supranacional y las instituciones bancarias, cuyas acciones no están sometidas al escrutinio de procesos democráticos o gobiernos nacionales.”
Sea por “interdependencia” o por “dominación”, ambas acepciones coinciden en un punto: las economías de los países están cada vez más relacionadas entre sí. El comercio internacional se ha disparado en los últimos cincuenta años. Las exportaciones agregadas del mundo pasaron de US$ 58 mil millones en 1948, a US$ 8,9 billones en 2004 (Organización Mundial del Comercio).
También hay opiniones encontradas en torno a los orígenes de la globalización. Algunos teóricos se remontan al siglo 19, otros incluso toman como punto de partida el descubrimiento de América, pero hay mayor consenso en ubicar sus orígenes en épocas modernas. La globalización vista como la extensión mundial del modelo capitalista comienza con la caída de la Unión Soviética y se dispara con la revolución de la información, ambos acontecimientos ubicados en el siglo 20, entre fin de los años 80 y comienzos de los 90.
Tres áreas –Europa, Norteamérica y el Este asiático– concentran más de 85% del comercio mundial y son sede de casi todas las casas matrices de las 100 multinacionales más poderosas del planeta, incluyendo los bancos (Held & McGrew, 2000).
El CSGR Globalisation Index de la Universidad de Warwick (Reino Unido) mide las dimensiones sociales, políticas y económicas de la globalización de los países anualmente sobre una base de 1982 a 2001. En su dimensión económica, el índice ubica a la Argentina de 2001 en el puesto 100, 33 puestos más abajo que en 1991. Como región, América latina & Caribe se encuentra sexta en el ranking regional del índice de globalización económica adelante sólo de África Sub sahariana y Medio oriente & África del norte. Si Donald J. Johnston, Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), tenía razón en 2000 cuando publicó su artículo “Globalizados o fosilizados”, las empresas y los gobiernos de la Argentina y del continente latinoamericano deben dar pasos agigantados para evitar la extinción. M

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Offshoring En la enciclopedia Wikipedia, bajo “offshoring de servicios” la Argentina figura como caso típico de esta modalidad de exportación, junto con India, Brasil, las Filipinas, Irlanda y los países del Este Asiático. Se trata de la provisión de un servicio generado dentro de las fronteras del país del proveedor, pero cuyas prestaciones son recibidas por clientes en el exterior. ¿La ventaja para el cliente? Menores costos, en la mayoría de los casos, pero también acceso a recursos humanos o habilidades que escasean en el mercado interno. |
Impsat
Regionalizar y también facilitar la regionalización
Cuando al cabo de los primeros seis meses ya habían alcanzado la meta fijada para el quinto año de operaciones, los ejecutivos de la empresa entendieron que tenían en sus manos una firma con mucho más potencial del que habían imaginado.

Marcelo Girotti
Foto: Gabriel Reig
Era 1990, la infraestructura de telecomunicaciones en la Argentina era precaria e Impsat se había creado para aprovechar esa oportunidad en el sector corporativo brindando tecnología satelital con bajo costo de instalación.
“Cuando el negocio es exitoso”, explica Marcelo Girotti, presidente de Impsat, “uno comienza a analizar tres ejes: más clientes, más productos o más geografías. En ese momento, no había posibilidades de captar otro tipo de cliente que no fuera el corporativo; instalar una antena satelital en cada casa no era factible. Se podría haber cambiado el producto por lo que es hoy cobre o fibra óptica pero era muy costoso. Entonces quedaba empezar a ver otras geografías. Con el mismo tipo de producto, el satelital, y con el mismo segmento de clientes, el corporativo.”
La regionalización comenzó con la apertura de Impsat Colombia, un país con similar desarrollo de infraestructura y en el cual el grupo Pescarmona –que en aquel entonces era accionista de Impsat– tenía amplia experiencia. Se eligió una forma de expansión que priorizara lo local; en lugar de abrir una oficina de representación o una subsidiaria, se fundó una empresa con capitales de Impsat Argentina y de algunos de sus socios, sumados a capitales de socios colombianos. Desde la Argentina se prestaban servicios de desarrollo corporativo, sobre todo en la fase inicial, y luego Impsat Colombia tenía autonomía para actuar de la mejor forma para su mercado, siempre compartiendo la misma visión y misión.

Red latinoamericana de comunicaciones de Impsat

Este fue el modelo que adoptó Impsat para posteriormente abrir operaciones similares en Venezuela, Ecuador, México, Brasil y Estados Unidos. La estructura se mantuvo intacta hasta fin de la década de los años 90 cuando el terremoto de Internet sacudió todas las prácticas habituales en los sectores tecnológicos. La euforia disparó las acciones tecnológicas y no había inversor que no quisiera una tajada. El capital abundaba y se obtenía con facilidad. Impsat, con ya casi una década de trayectoria en telecomunicaciones y una red regional montada y operando, era candidata ideal. La oportunidad era única para obtener el tipo de dinero que se requería para expandir y mejorar la red de fibra óptica y consolidar la posición en América latina.
Fue así como devino la segunda etapa en la expansión geográfica de Impsat. Rápidamente se creó una empresa holding en Delaware (EE.UU.), se canjearon las acciones de cada una de las empresas locales por acciones de la firma holding, e Impsat Fibre Networks, Inc. emergió del proceso como corporación multinacional con sede en Estados Unidos, con management centralizado en Buenos Aires y ocho subsidiarias en América latina.
En los primeros meses de 2000, lanzó un IPO (Initial Public Offering) en Nasdaq con lo cual recaudó US$ 243 millones. Pero el ambicioso plan requería más municiones y poco tiempo después la empresa emitió US$ 300 millones en bonos de alto rendimiento. La empresa también había cerrado previamente “vendor financing” con Nortel Networks por equipamiento por valor de US$300 millones. Armado con más de US$ 800 millones, el nuevo Impsat, más poderoso, continuó invirtiendo en infraestructura sin cambiar de foco ni malgastar el dinero.
Los riesgos posibles
En el capítulo de riesgos que todo prospecto de IPO debe incluir, se destacan varios traspiés que podrían ocurrir para trabar los planes de Impsat, entre ellos: “Economic and Political Conditions in Latin America pose numerous risks to our operations”. Bajo este título se explica que todos los ingresos entre 1998 y 1999 provinieron de América latina, casi la mitad de la Argentina, y que las condiciones en el continente eran inestables e impredecibles. En particular se menciona para el caso de la Argentina que nada garantiza que “las autoridades monetarias de la Argentina continúen sosteniendo la actual tasa de cambio dólar/ peso”.
Los riesgos no eran inventados como se comprobó en enero de 2002, cuando se eliminó por decreto la convertibilidad que fijaba la paridad peso/dólar en 1:1. La Argentina entró en crisis; también Brasil devaluó, y las economías de América latina se terminaron de enfriar junto con todos los mercados emergentes. Impsat percibía sus ingresos en pesos argentinos, reales y demás monedas latinoamericanas… y tenía sus deudas en dólares. Peor aún, estaba sujeta a regulaciones estadounidenses, donde no había ni perdones ni quitas. La empresa entró entonces en Chapter 11, el proceso de reorganización dentro del código de bancarrota en Estados Unidos.
Impsat logró salir de la crisis y en ningún momento de su historia que ya tiene 15 años tuvo EBITDA (ingresos antes de intereses, impuestos y amortizaciones) negativo. En 2005 el EBITDA alcanzó un total de US$ 52,1 millones, lo que representa 20,5% de los ingresos netos que ascendieron ese año a US$ 254 millones. Los resultados del primer trimestre de 2006 muestran la tendencia a seguir creciendo con un aumento de los ingresos netos por noveno trimestre consecutivo, siendo la variación de 2006 con respecto a 2005 de 14,5%.
Es que la coyuntura no pudo derribar los “fundamentals” de una empresa que primero aprovechó un agujero en el mercado y ofreció una solución que Girotti compara con una “bebida fresca en el medio del desierto”; reaccionó rápido cuando su éxito se evidenció, utilizando su know-how para replicar el modelo en otras geografías; se expandió orgánicamente invirtiendo fuertemente en crear una infraestructura de comunicaciones regional; supo aprovechar el exceso de capital mundial a su favor y se mantuvo concentrada en su negocio a lo largo de todos los cambios que sufrieron la industria y los países en los que actúa.
Impsat como caso de regionalización tiene dos caras; la primera es su propia regionalización, la segunda es su rol de facilitador de la regionalización de sus clientes. “Nuestra misión como empresa latinoamericana es ayudar a conectar las empresas de la región entre sí”, cuenta Girotti. “Son muchos los casos de empresas que se han expandido con nuestra ayuda, por ejemplo, para pasar de tener proveedores locales a tener proveedores fuera del país, pero integrados a sus sistemas; para montar centros de cómputos centralizados donde se procesan los datos de toda la región, o también empresas que aprovechan nuestra infraestructura y montan operaciones donde nosotros tenemos nodos, como es el caso de las petroleras. Las comunicaciones unen a la gente y se ve cada vez más claro el bloque latinoamericano.” M
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Hora de renovar la biblioteca de Globalización The End of Poverty: Economic Possibilities for Our Time, por Jeffrey D. Sachs (Penguin Press, 2005) The Fortune at the Bottom of the Pyramid: Eradicating Poverty Through Profits, por C.K. Prahalad (Wharton School Publishing, 2005) Capitalism at the Crossroads: The Unlimited Business Opportunities in Solving the World’s Most Difficult Problems, por Stuart L. Hart (Wharton School Publishing, 2005). The World Is Flat: A Brief History of the Twenty-First Century, por Thomas L. Friedman (Farrar, Straus and Giroux, 2005). George Soros on Globalization, por George Soros (Public Affairs, 2002). Globalization and its discontents, por Joseph E. Stiglitz (W.W. Norton & Company, 2002) |
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Mercados idiomáticos El castellano es el cuarto idioma más hablado del mundo después del chino mandarín, el inglés y el hindú, con 425 millones de personas que lo manejan como primera o segunda lengua (Almanaque Mundial, 2005). Este dato, sumado a la facilidad, rapidez y bajo costos de las comunicaciones, hacen del conjunto de comunidades hispanoparlantes un mercado global pleno de oportunidades. Ranking de comunidades hispano-parlantes |

