
Foto: Diego Fasce
Tucumán 775, microcentro
Tel. 4394 5255
Lunes a miércoles, 8 a 20hs. Jueves a viernes, 8 al cierre.
Menú mediodía: Plato principal, postre, bebidas (excepto vino)
y café, $18.
En lo que fuera un café un poquito venido a menos de cierto sector del
centro algo devaluado, la lionesa Danièle Berry propone una cocina de
tradición familiar. Las raíces vienen del Lyon (Francia) natal,
un lugar que en las últimas décadas vio el surgimiento de una
generación de chefs anclados en la “cuisine” del lugar, producto
de la transmisión de saberes de madres a hijos.
Como las cosas deben ser y además parecer, Madame Danièle realizó
las necesarias remodelaciones del local, sencillo, con buen gusto y recuerdos
de los “bouchon” lioneses. Una disposición que permite
la “conversa” tranquilo, mesas y sillas de tono oscuro, mantelería
blanca, y una ornamentación para nada barroca. Otro punto a favor para
los comensales suspicaces es que se puede observar el movimiento de la cocina.
Estos argumentos distinguen a la “brasserie” del uniforme
paisaje de los restós de minutas que se multiplican en la zona.
Para quienes desean abandonar los recurrentes “canelones a la rossini”
o “milanesas a la napolitana”, La brasserie Berry ofrece un remanso.
Como dijimos hay en esta culinaria un homenaje a los orígenes de la propietaria.
Uno de los platos más emblemáticos es la “quenelle
de pescado” ($15) servida con una salsa en base a tomate y arroz blanco.
Se trata de unos bastoncitos de carne (pescado, carnes rojas, aves) realizados
a base de una “panade” (harina, agua, materia grasa) a
la cual se agrega una carne finamente picada y tamizada; la cocina de Lyon se
hizo famosa por las “quenelle de lucio”, plato otoñal
que viene bien como entrada o como principal. La ruta gala también puede
observarse en el bien logrado “paté de carne” ($7) que juega
con hojas verdes, cubos de pan tostado y una sutil vinagreta de mostaza. Algunas
propuestas rotan, otras continúan firmes desde la inauguración
–noviembre del año pasado– como el “pollo de mi abuela”
($18) acompañado de champiñones y galette de papas; buen
punto del pollo, cocido mas no seco.
Además de estas propuestas, el comensal podrá encontrar “bondiola
de cerdo braseada” ($21), también “lomo a la pimienta”
($20); todo dentro de una carta medida. A la hora del dessert, los “5
choux” ($6) dulces acompañan bien el café; también
seductores y diversos “crêpes”. La carta de vinos
acompaña bien la oferta gastronómica; sin tratarse de una vinoteca,
hay vinos tanto por copa ($6) como por botella (Yauquén de Ruca Malen,
$19). En la página web –www.brasserieberry.com.ar, todavía
en construcción– anuncian una copa de Kir de bienvenida; las dos
veces que nos tocó almorzar ni noticias. Tal vez, mala suerte; tal vez
esté reservada para los encuentros nocturnos.
Respecto al servicio, es cordial y atento, aunque todavía con cierta
falta de profesionalismo a la hora de conocer y reconocer los platos. En caso
de duda, mejor preguntarle a la misma Danièle quien cada tanto da una
vuelta por el salón.
La aparición de La brasserie de Berry augura nuevas posibilidades para
la zona. No es un restó caro, es cómodo y a escala humana. Quienes
se mueven por el centro deberían tenerlo en cuenta como una opción
más que potable. M
La brasserie, un antiguo lugar de encuentro

Como la taberna y el pub, fue un lugar de parroquianos en el after
tour medieval. Pecaminoso para algunos, de necesario esparcimiento para
otros; como cualquier espacio para beber sufrió transformaciones a través
de los siglos.
Cuestiones del salir a beber, aquí y allá en el tiempo. El urbanita,
como le gustaba decir al sociólogo low-profile Georg Simmel,
tiene sus circuitos, sus lugares donde el fulero anonimato cotidiano cede. Bares
para encuentros con amigos, boliches de parroquianos, segundo hogar. No son
lugares para largas estadías, tampoco al paso.
Los nombres de esta tropezada historia se multiplican: tabernas, pubs,
bistrots y… brasseries. Estos sitios tienen un origen
común, el resurgimiento de la vida urbana en el medioevo europeo. Nacieron
por la necesidad de ocio popular; si los señores tenían sus festicholas,
por qué no dejar al pueblo algún espacio de diversión.
Y así fue que tanto los permitieron como muchas veces los prohibieron.
Allí se comerciaban bebidas y comestibles por mayor y por menor, se jugaba
a las cartas, se comía y se dormía, a veces acompañado.
También se podía morir, como le pasó al dramaturgo y competidor
del apasionado Shakespeare, Christopher Marlowe, que fue asesinado en una taberna,
dicen algunos, por no pagar la cuenta; pero otros prefieren una explicación
política: por andar complotando contra la reina.
Si taberna y pub tienen su geografía en las islas de los británicos;
bistró y brasserie, vienen del viejo continente.
La brasserie, el tema que nos ocupa, también es multiuso. Por
definición es un lugar de expendio; pero también reciben dicho
nombre los lugares que fabrican cerveza artesanal. Por ello, el responsable
de la fermentación en la elaboración de cervezas es llamado “brasseur”
o “maître-brasseur”. En realidad, contempla ambos
aspectos, elaboración y comercialización, como todavía
puede observarse en la Maison des Brasseurs ubicada en la Grand Place de Bruselas.
Por supuesto todos tenían alguna cocina para elaborar tentempiés.
Con dicho nombre parece que la inventaron belgas o franceses pero no. La matriz
de todas las brasseries, viene de Bavaria. Es probable que de allí haya
pasado a Alsacia y Lorena, para alcanzar La ciudad de las luces en
el siglo XIX, también, la gloria. En una primera época tuvieron
la huella de la gastronomía alsaciana: choucroute con guarnición,
embutidos, y también otros platos emparentados con los vecinos prusianos.
Luego, amplió su oferta hacia la restauración y en Francia fue
perdiendo la huella netamente cervecera de sus orígenes, tomando como
modelo los café-restaurantes parisinos. Hacia fines del siglo XIX se
podían encontrar artistas, escritores y los conspiradores políticos
de siempre. Sin embargo, donde la tradición se mantuvo hasta nuestros
días fue en Bélgica; existen innumerables brasseries con sus ofertas
de incontables cervezas. M
