Por Marcos Caruso
Un ligero vahido. Una sensación similar a la que se siente en vuelo, cuando justo el avión en el que se viaja, no en otro, entra en un pozo de aire, y luego en otro, y otro. Dentro del fuselaje el pasajero opta por adoptar un gesto distendido, con la mirada dispersa y una leve sonrisa, como si estuviera jugando al póquer. En medio del río la reacción es distinta: metido en un gomón, encorsetado con el chaleco salvavidas, con el casco ajustado en los mentones y atentos a las indicaciones del guía, ese pequeño salto al vacío genera risas, algún grito de admiración y comentarios varios. El corazón bombea con urgencia inusitada y la concentración se extrema a medida de que el ruido de los rápidos comienza a hacer más difusas las conversaciones de los compañeros de remo y el guía empieza a gritar instrucciones: "¡Dos hacia adelante! ¡Dos más! ¡Ahora atrás a la izquierda!".
Se es obediente. No hay espacio ni para rebeldías ni equivocaciones. El equipo reacciona con inmediatez a la voz de mando: el bote comienza a tomar posición para pasar por el estrecho y, con suerte, evitar el choque contra las rocas que sobresalen del agua.
Un golpe brusco. Parte del grupo parece haberse convertido en marionetas abandonadas al viento. El guía reacciona con rapidez y usa su remo para hacer girar vertiginosamente el gomón y evitar el peligro de lo que se llama un surfing, que es cuando la balsa inflable se puede dar vuelta y arrojar a los tripulantes por la borda. Es el bautismo de una placentera zaranda que continuará durante unas tres horas, aproximadamente, y que se perpetuará para siempre en la memoria de aquellos que la han vivido.
El observador desapasionado y con un estilo de vida contemplativo, definiría el rafting como una situación de incomodidad absoluta: una balsa donde ocho personas tratan de salvar la sucesión de saltos que presenta el río, con la alternativa de chocar contra los obstáculos naturales que tiene la corriente y que sólo se mitiga, en parte, en los tramos donde el río se suaviza.
A bordo del gomón, en cambio, prevalece la velocidad en sincronizar movimientos, no hay margen para reparar en incomodidades y existe un gozo extremo con el vértigo que produce una aventura auténtica.
Condiciones ideales
El rafting puede ser considerado como el rey de los deportes llamados de aventura, porque reúne una serie de condiciones especiales:
-Es espectacular porque permite resolver contingencias sobre la marcha basándose en un fuerte sentido de equipo.
-Es una experiencia nueva y diferente para la mayoría de las personas.
-Es un deporte en grupo con alto nivel participativo.
-Posibilita conocer el mundo de las aguas bravas sin tener una experiencia propia, gracias a que la embarcación es bastante estable y va siempre manejada por un guía experto.
-Una buena comunicación entre tripulantes y guía garantiza el éxito de la travesía.
-Desarrolla el espíritu de grupo, no hace falta estar muy en forma, de hecho sólo es necesario saber nadar, y el ánimo debe de ser jovial.
-Cada día es mayor el número de directivos y ejecutivos de empresas que lo practican.
-La travesía se encara con sentido del humor y sin ánimo competitivo o revanchista para afrontar los posibles vuelcos y mojaduras que puedan surgir durante el descenso.
La época ideal para realizar este deporte, normalmente se corresponde con los meses de lluvias y deshielo.
Nuestro país, naturalmente -siempre naturalmente, sin necesidad de que la mano del hombre intervenga desarrollando obras-, es un ámbito donde la actividad del rafting puede ser aprovechada a lo largo de todo el corredor andino dada la cantidad de ríos de diversas características que son nutridos por las aguas de los deshielos y de las lluvias. Pero a su vez también se pueden aprovechar otros cursos de agua donde el paisaje no sólo es un cañón labrado por las aguas durante siglos, sino que el ámbito es selvático o boscoso, con lo que no sólo los riesgos son otros, sino que la experiencia se enriquece con la práctica del trekking y la observación de la flora y de la fauna local.
En los años ´80
El origen de esta actividad se traslada a 1938, cuando unos californianos inquietos decidieron apretujarse en una lancha neumática y ponerse a merced de la corriente de un río para comprobar si eran capaces de controlar los impulsos de las aguas espumosas.
La excitante posibilidad de enfrentarse a la corriente de un río montado en un bote neumático, con una plancha de plástico o con arnés y cuerdas,
constituye el mejor argumento. La actividad (raft, balsa/ rafting, balseando) se propagó al resto de los Estados Unidos y a América central. Pero en la Argentina surgió 40 años más tarde.
La experiencia se mide en emociones: sortear rápidos que tienen nombres temerosos; dominar la bravura del agua espumosa; caer en huecos que hacen girar la balsa; dejarse llevar por la corriente en los remansos y observar las paredes de piedra plagadas de vegetación, o sentir el canto de las aves allá en lo alto, en medio de las rocas calcinadas; esquivar las ramas de la vegetación que cae sobre el lecho, o evitar los troncos que arrastra la corriente. Escuchar el rumor del agua, o el rugido de los saltos.
Con el rafting, se concluye que el río nunca es el mismo. Sus aguas empujan desde los cuatro costados tras rebotar contra la roca. La lucha se hace por tramos, en los que hay que trajinar y resistirse en partes iguales. En eso consiste el rafting, en una lucha que une al hombre con el río. Una experiencia para sentir la bravura de la naturaleza.
| Criterios de clasificación
Los ríos para la práctica de rafting deben de ser clasificados según un parámetro internacional, considerándose su grado de dificultad.
El riesgo es de bajo a alto: en manos de un guía que conozca a la perfección el río, hasta un chico de seis años puede hacer un descenso sin problemas por un tramo tranquilo. Los amantes de las emociones fuertes suelen preferir el rafting extremo, que incrementa al máximo el riesgo de vuelco a raíz de la caída del torrente de agua, de su caudal, bravura y peligrosidad.
En una travesía puede haber tramos de distinta categorización.
La clasificación es la siguiente:
CLASE I: De fácil navegabilidad. Ideal para principiantes. Su corriente es lenta y tiene un mínimo oleaje, donde el bote es guiado sin dificultad porque el cauce no tiene obstáculos.
CLASE II: Curso de agua con rápidos suaves y algo de oleaje, apto para toda la familia y para novicios. Las corrientes son más rápidas, los canales amplios, con maniobras ocasionales dada la irregularidad de las olas.
CLASE III: De riesgo intermedio. El oleaje es pronunciado y a veces presenta rompientes no envolventes y saltos pequeños. Se necesita coordinación en las maniobras al enfrentar los rápidos. Presencia de rocas en el cauce, con pasajes angostos.
CLASE IV: Para deportistas avanzados. El cauce presenta desniveles marcados, con oleaje fuerte y constante. Hay saltos con retención y pasajes difíciles que requieren siempre una lectura previa aunque el rápido se conozca (por variación en los niveles de agua o por la posible presencia de árboles o ramas en el rápido).
CLASE V: Para expertos. Los rápidos son muy largos y la lectura de las rutas se hace difícil. El oleaje naturalmente es de fuerte retención en la cima de la ola. Los saltos son fuertes y cerrados. Inconvenientes para llegar a la costa. Peligrosa situación para un nadador por la dificultad en el rescate. Se requiere excelente dominio de todos los elementos del rafting, seguridad y rescate. Apto sólo para los más experimentados.
CLASE VI: Extremo. Rápidos de máxima dificultad donde los errores dan poca posibilidad de rescate. En el límite de los criterios de navegabilidad.
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| Advertencia
Antes de comenzar la travesía, los guías dan una charla donde explican las precauciones que deben tenerse. En caso de caída en un rápido hay que alejarse de la balsa y dejarse llevar por la corriente boca arriba, en posición horizontal o semisentado y con los pies hacia delante, hasta llegar a un remanso. Es la posición conocida como de hoja.
Si la caída ocurre en un tramo tranquilo del río, es más sencillo agarrarse de la guirnalda (soga que rodea el bote) para volver a subir lo antes posible. En la charla de seguridad también se enseñan los comandos básicos, las órdenes que dará el guía en el río para dirigir los golpes, maniobras y movimientos de la tripulación.
¡Adelante!: todos reman hacia adelante.
¡Atrás!: todos reman hacia atrás.
¡Izquierda atrás!: el lado izquierdo rema hacia atrás mientras el derecho hacia adelante. Es para girar la balsa hacia la izquierda.
¡Derecha atrás!: el inverso al anterior.
¡Alto!: para descansar.
¡Todos adentro (adentro, abajo)!: los tripulantes se deben colocar en cuclillas en el piso de la balsa para evitar caerse al agua.
¡Todos arriba!: a seguir remando
¡Lado alto!: todos se colocan en el lado que se levanta para equilibrar la balsa.
Después de la charla, la tripulación practica brevemente los golpes y maniobras. Antes de abordar la balsa, es conveniente un "bautismo" en el río, para ir haciéndose amigo del traje de neoprene y la temperatura del agua.
También es divertido bajar trenes de olas con el peso desplazado hacia atrás, ya que el bote se levanta mucho en cada ola, pudiendo incluso ponerse vertical y caerse hacia atrás.
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| Los ríos más apropiados
En Río Negro
La práctica del rafting se concentra, fundamentalmente, en los ríos Manso y Limay (Bariloche), y Azul (El Bolsón). La sección Manso de la Frontera es muy buena, lo mismo que la zona que pasa por debajo de la Cascada Los Alerces. Muy buena forestación en las orillas, agua clara y muy buen desnivel, que genera saltos. Ideal para dar los primeros pasos en ríos de montaña, llegando al corazón del Parque Nacional Nahuel Huapi. Puede llegar al grado V en su mayor nivel de agua.
-Bajadas al Manso Medio; duración: medio día. Dificultad: Clase III / IV.
-Combinación de rafting y trekking; río Manso a la Frontera; duración: todo el día.
-Bajada Río Manso Inferior; duración: todo el día. Dificultad: Clase II/III.
-Bajada Río Manso a la Frontera; duración: todo el día. Dificultad: Clase III / IV.
En Esquel, Chubut
Dos grandes ríos que son la delicia para quienes practican rafting: el Corcovado y el Futaleufú.
El Corcovado garantiza una aventura excepcional; los intrépidos tienen la oportunidad de ser protagonistas directos. El río es muy amplio, con buen desnivel en la parte alta. Tiene difícil acceso. Nivel IV y V.
-Bajada del río Corcovado; duración: todo el día. Dificultad: Clase III.
-Bajada del río Futaleufú; duración: todo el día. Dificultad: Clase V.
-Bajada del río Corcovado; duración: todo el día. Dificultad: Clase II y III.
-Bajada del río Palena; duración: todo el día. Dificultad: Clase IV.
En San Martín de los Andes, Neuquén
El río Aluminé, fundamentalmente de clase III, es un curso muy continuo, de agua clara proveniente de una laguna que se alimenta del deshielo. El entorno del río acompaña la aventura. El río nace en el lago Aluminé, que junto al Moquehue son los dos primeros lagos del "corredor de Los Lagos" descendiendo de norte a sur y dividiéndose en cuatro secciones bien diferenciadas.
La práctica también se extiende a los ríos Meliquina y Hua Hum.
-Bajada del Río Aluminé; duración: todo el día. Dificultad: Clase II y III.
En El Chaltén, Santa Cruz
El río Las Vueltas es muy bueno, clase III-IV, pero un poco peligroso. Es navegable pocos meses por año. Es el más sureño de todos los ríos que hasta ahora se utilizan para practicar rafting.
En San Juan
El río San Juan es parecido al Mendoza, pero con aguas más cálidas, ya que pasa por los valles de Barrial y Calingasta.
En Mendoza
El descenso en balsas se realiza en los ríos Mendoza, Atuel, Tunuyán o Diamante, fundamentalmente, existiendo varias alternativas de diversa duración.
Existen circuitos que combinan la práctica del rafting con actividades como kayak, cabalgatas, trekking, mountain bike y paseos en 4×4.
Se practica todo el año. En el verano el caudal del río se incrementa, y por tanto, el nivel de dificultad también. El río Diamante es de aguas claras, bien encañonado, y de clase IV + o a veces, incluso, clase V.
El río Mendoza tiene un Nivel III y IV. Muy buen río, con agua desde septiembre hasta abril. Recorre un entorno de montañas majestuosas, valles y cañones deslumbrantes.
Cerca de Malargüe, está el río Grande. Es un cauce de grado III.
-Bajadas al río Mendoza; Estación Aforadora; duración: una hora. Dificultad: Clase I y II.
-Bajadas al Río Mendoza; duración: Desde una hora a tres días. Dificultad: Clase I a IV.
-Ruinas de Gutiérrez y Belinsky; duración: una hora y cuarto. Dificultad: Clase III y IV.
-Cerro Negro; duración: cuatro horas. Dificultad: Clase III y IV.
-Uspallata-Potrerillos; duración: dos días (incluye camping y cinco horas en el río). Dificultad: Clase III y IV.
En Salta
Se practica en el cañón del Río Juramento, en medio de un magnífico paisaje con cactus gigantes y huellas de dinosaurios. El río tiene rápidos clase II y III.
En Tucumán
Hay dos ríos especiales, Sosa y Lules. Están en una zona tropical, ambos poseen lecho de piedra de mucha pendiente.
En Misiones
Las aguas y la corriente del río Iguazú ofrecen una excelente oportunidad para practicar esta actividad por medio de gomones.
-Bajada en Puerto Iguazú; duración: dos horas y media. Dificultad: Clase III y IV.
-Bajada al Arroyo Piray Miní, en Cueva Miní; duración: tres horas. Dificultad: Clase III y IV.
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