Por Marcos Caruso
Nobleza. Más que una definición, el concepto podría aplicarse sí como síntesis de lo que un viajero siente en la estancia La Paz, un histórico establecimiento rural situado en Ascochinga, Córdoba, que condensa los elementos indispensables para reconfortar al visitante.
Noble es el camino arbolado que lleva hacia la casa, apenas una irrupción neoclásica -del siglo XIX- en medio del parque, con el fondo de las Sierras Chicas; noble es la sombra de los árboles, de diversas especies, cuyas distintas tonalidades se superponen a la vista; nobles son los muros pintados en tonos pastel, las galerías, el perfume silvestre que arrastra la brisa, el sol mediterráneo y hasta parece medido el canto de los pájaros.
Sutil es el movimiento de las aguas del lago, la vegetación de las islas, los patos que nadan o están tendidos en la orilla, el verde de los lejanos sembrados.
Sin estridencias es la recepción a los huéspedes, el encanto despojado de pompas que tienen las habitaciones, el ligero sonido de los pasos sobre los pisos de madera, el leve ruido de las puertas al abrirse.
Ajena al peso de su historia, La Paz es una recatada demostración de la delicadeza, es el guiño, la marca natural y sin artificiosidades de la alcurnia.
Es como el gesto espontáneo, poco estudiado y carente de ampulosidad, que sólo algunos tienen y que alcanza para descubrir el noble origen de las personas.

El juego de los sentidos
Fue recuperada (de la desidia y del abandono) por sus actuales dueños, quienes luego de casi dos años de restauraciones le devolvieron la esencia del 1800 en lo arquitectónico y en el mobiliario. A su vez, los propietarios se fijaron la premisa de privilegiar la privacidad y la comodidad de los huéspedes.
Sin alterar el aspecto señorial, y separado de la histórica construcción, se edificó el spa, equipado con sauna turco y finlandés, ducha escocesa, hidromasaje y tratamientos de belleza facial y corporal, como máscara de barro y de hierbas.
Tan sólo con entrar en ese recinto la sensación es reconfortante: la calma se conjuga con el perfume de las flores, de los inciensos, de las velas aromáticas y de los aceites naturales que se utilizan en la sala de masajes, con propuestas descontracturantes y shiatzu a cargo de fisioterapeutas bilingües. Desde la camilla, frente al ventanal que va del techo al piso, con el cuerpo relajado se contempla cómo el atardecer prolonga las sombras, los colores de la fronda se acentúan en el parque y la lejana vegetación de las sierras varía hacia un tono azulado.
Fuera de ese ámbito impera el recogimiento: natación en la pileta olímpica (la primera que se construyó en toda la provincia), a la que se accede luego de pasar por los vestuarios, construidos con el mismo estilo neoclásico del casco; paseos en botes por el lago artificial de ocho hectáreas donde llegan las aguas de las acequias que construyeron los jesuitas en el Siglo XVII, época a la que se remonta el origen de la estancia; recorrida a caballo o en carruajes por las 2000 hectáreas del predio; caminata por los bosques, descubriendo nogales, ceibos, robles, alerces y otras especies detalladas en el folleto que se entrega para que se aprovechen las 100 hectáreas de parque diseñado por el paisajista francés Charles Thays, y dominio natural de diversas aves que sorprenden a los visitantes.
A campo abierto pastan los ejemplares de Aberdeen Angus y los petisos de polo que crían en la estancia. Y según la época en que se haga la visita se pueden ver las extensiones de campo sembradas de maíz, trigo o soja.
Datos útiles
Ubicación: Ascochinga, provincia de Córdoba.
Acceso: Buenos Aires – Córdoba, 1 hora de avión. Córdoba – Ascochinga, 45 minutos de automóvil.
Alojamiento: 20 habitaciones, 2 departamentos, 1 Suite.
Servicios: restaurante; bar; terraza; salones de reuniones; sala de relax; piscina; solarium; salón de juegos y biblioteca; salón de usos múltiples, y boutique.
Deportes y actividades recreativas: golf, polo, cacería de palomas, paseos a caballo, bicicleta de montaña, pesca, paseos en carruajes de época, caminatas y paseos guiados, actividades rurales, travesías en 4 x 4.
Puntos de Interés: Ascochinga y La Pampa, Tres Cascadas, Museo Jesuítico, Posta de Sinsacate, Casona de Caroya, Santa Catalina, Ongamira, Iglesia Jesuítica de Santa Catalina.
Tarjetas de Crédito: VS, MC y AE.
Abierto todo el año.
Contacto
Estancia La Paz es miembro de NA Town & Country Hotels. Más información en Buenos Aires: 4700-1332. E-mail info@newagehotels.com
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Moderada virtud
En la casa, en tanto, los preparativos para una estada confortable de los huéspedes son constantes. Casi sin advertirlo, se acondicionan los cuartos, sumamente confortables, ambientados a la época y despojados de cualquier indicio de modernidad innecesaria (como televisores, por ejemplo). Tienen conexión a Internet, accesorio que queda minimizado ante la sobriedad que predomina en el mobiliario: la templanza exenta de barroquismo en la cama, en el ropero, en la mesa. La moderación en los baños, con los artefactos de época. Virtudes que despiertan un sentido de pertenencia, un vínculo inmediato.
Esa sensación se traslada a cada rincón de la casa, a los salones que dan al exterior, acondicionados para el desayuno y las comidas, apartados de cualquier indicio de estridencias decorativas en los que la simpleza es el sello de la jerarquía.
En la carta del restaurante, además de platos tradicionales, figuran las opciones propuestas por el chef ejecutivo Bruno Gaudio; carne de yacaré con hierbas de Provenza y mezclúm de hojas bebé; carpaccio de búfalo y endibias; codorniz rellena con mousse de hongos en nido de espinacas; medallones de ciervo en salsa cassis con terrina de espinacas y castañas, y mousse de queso de cabra y siroup de miel de caña.
En medio de un bosque de siempreverdes, y con vista al lago, un grupo de artesanos construyó un quincho para disfrutar de la comida criolla. Las alternativas son platos al horno de barro o hechos al fuego de leña, también empanadas fritadas en disco de arado y la auténtica parrilla en la que se utilizan cortes de animales criados en la estancia, a pasto natural. Comidas cuya propuesta de acompañamiento son los mejores vinos argentinos.
Pese a que la estancia invita a echar raíces debido a la cantidad de alternativas que tiene, (imposible no tentarse con la posibilidad de jugar al golf) hay propuestas difíciles de eludir, como la cabalgata hasta Ongamira para observar cóndores en las cumbres, visitar las estancias jesuíticas o iniciar una travesía hacia el Norte, donde la identidad provinciana adquiere otro perfil: el encadenamiento de pueblos con fachadas de adobe y capillas centenarias, una conjunción de sencillez que conforman el complemento ideal entre el placer y la historia.
Precios
Las tarifas son por persona en base doble e incluyen impuestos.
Todas las modalidades comprenden green fee libre en la cancha de del Ascochinga Golf Club y las actividades internas de la estancia: cabalgatas y caminatas guiadas, paseos en carruaje, natación, solarium y paseos en bote.
Transfer desde y hacia el aeropuerto: $35 por tramo por persona
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Su historia
Durante muchos años, la estancia, a 14 kilómetros de la ciudad de Jesús María, fue medular en la vida política de nuestro país.
Cuando se recorren los diversos ámbitos del establecimiento, la historia surge con naturalidad. Uno de sus antiguos dueños, el general Julio Argentino Roca (1843-1914), fue dos veces presidente de la Nación y gestó durante sus estadas en La Paz numerosos acontecimientos políticos.
En lo que fue el lavadero, donde se conservan las cuatro piletas, hay un pequeño museo donde se observan cartas, fotos de la familia y discursos de Roca. También está la boutique, que ofrece cinturones de tiento, cuchillos gauchos y artesanías en cuero.
Por las tierras que hoy forman La Paz pasaba el Camino Real, la ruta transitada por los conquistadores españoles para llevar mulas y tejidos a las minas de Potosí y traer los cargamentos minerales.
Estuvieron pobladas por los indios sanavirones hasta que en 1589 fueron otorgadas como merced a Jerónimo Bustamante, y tras sucesivas ventas y legados, Pedro Castañeda las donó a la congregación jesuítica que las incorporó a la estancia de Santa Catalina bajo el nombre de puesto Corral de Piedra.
En 1774 Santa Catalina fue adquirida por Francisco Antonio Díaz. Años después, el puesto Corral de Piedras quedó para Eloísa Díaz, nieta de Francisco Antonio. Eloísa se casó con Tomás Funes, un patricio cordobés, quien construyó el casco principal en 1830. En 1859 le cambió el nombre por el de Estancia La Paz, en honor al pacto de San José de Flores y con el anhelo de que instauraría la paz en la República.
Una de sus hijas, Clara, contrajo enlace en 1872 con Julio Argentino Roca; otra, Elisa, se casó con Miguel Juárez Celman.
Los dos hombres públicos hicieron de La Paz su refugio veraniego, pero la mayor invasión política fue en 1890, cuando, con la muerte de Clara, Roca heredó la estancia y empezó a hacer las reuniones de gabinete en sus espaciosos salones, hasta que se cansó de alojar a sus ministros y ordenó construir el Hotel Ascochinga (hoy Hotel Golf) para ellos. El Zorro, como se lo llamaba a Roca, llegaba en tren a Jesús María y desde allí recorría 14 kilómetros en carruaje hasta la estancia donde, entre otros hechos, se trabajó sobre la campaña política de Juárez Celman y del hijo mayor de Roca.
En 1994 los descendientes del líder de la Campaña del Desierto transfirieron la estancia a capitales extranjeros y, finalizando el siglo XX, La Paz retornó a manos argentinas.
Polo muy importante
La Paz tiene dos canchas de polo con vista a las Sierras Chicas y en ellas se lleva a cabo todos los años el tradicional torneo Estancia La Paz en el cual están en juego las Copas Challenger “Gobernación de Córdoba” y “Presidente Julio Argentino Roca”.
Entre octubre y mayo, decenas de extranjeros, en particular de origen europeo, llegan a La Paz para recibir clínicas haciendo uso de paquetes especiales diseñados con este objetivo o simplemente para adquirir los mejores petisos de polo criados y entrenados dentro del establecimiento.
La temporada se inicia a partir del 10 de Noviembre con la asistencia de jugadores provenientes de Inglaterra, Irlanda, Suecia y Estados Unidos y se extiende hasta el 30 de mayo.
Polo holidays
La tarifa es de US$ 350 por día y comprende:
– Transfer in-out (Aeropuerto Córdoba-La Paz-Aeropuerto Córdoba)
– Desayuno, almuerzo, merienda y cena.
– Bebidas sin alcohol durante las comidas y el resto del día.
– Golf en cancha de 18 hoyos y resto de actividades dentro de la estancia: cabalgatas guiadas, paseos en botes, paseos en carruajes.
– Taqueo por la mañana con instructor bilingüe y chuckers por la tarde, con jugadores acordes con el nivel de juego del huésped.
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