Por Daniel Alciro
El lunes 5, Clarín tituló:
Prevén un dólar quieto en 2006 y un crecimiento de hasta 5%. Según el Gobierno, la inflación rondará entre 8% y 11%. Se estima un superávit fiscal de 3,2% del PBI, con una suba de 10% en el gasto y de 9% en los ingresos.
Con una expresión caída en desuso, se podría decir: Argentina, año verde.
- Dólar, estable.
- Crecimiento, alto.
- Inflación, baja.
- Cuentas públicas, con superávit.
- Gasto público, en aumento.
- Ingreso público, en aumento.
La convertibilidad, en su auge, exhibió algunos de estos índices; pero no todos.
Tras el colapso de la convertibilidad, nadie imaginaba que se pudiera llegar a esto.
¿Cuándo se llega a la hiper?
En un país que conoció la hiperinflación, su espectro resulta aterrador. Por eso, el fantasma de la hiper es agitado con frecuencia, aun cuando no haya posibilidad alguna de que reviva.
¿Cuándo la inflación se transforma en hiper?
Algunos economistas dicen que eso ocurre cuando llega a 50% por mes; dicho de otra manera, cuando los precios se duplican cada 51 días. Ese fue el umbral que fijó, en 1956, Pillip Cagan, autor de Monetary Dynamics of Hyperinflation.
Otros economistas creen que 50% es una cifra arbitraria. Prefieren definir la hiper de manera más laxa, y dicen que existe cuando la moneda cambia tan rápidamente de valor que la gente deja de usarla y recurre, en cambio, a una divisa extranjera o al trueque.
Se cree que la hiperinflación más alta fue la de Alemania en los ´20. En realidad, el récord lo tiene Hungría, que después de la Segunda Guerra Mundial llegó a 41.900.000.000.000.000 % por mes.
Este es el ranking mundial de hiper:
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El consenso de los ECP
Los más escépticos eran los economistas y consultores prestigiosos (ECP).
Luego de la devaluación, todos ellos coincidieron: el dólar se volvería irrefrenable. Predijeron que llegaría a 8, 9 ó 10 pesos. En cuanto a la inflación, anticiparon que llegaría a tres dígitos anuales; peligrosamente cerca de una hiper.
¿Qué pasó desde entonces?
El dólar se estabilizó, entre otras cosas, porque encontró su valor de mercado, que no era 1 a 1. Ayudado en los últimos tiempos por el Banco Central –que interviene como comprador el billete norteamericano dejó de estar subsidiado.
Hasta entonces, el Estado en un acto hiper-intervencionista, curiosamente adoptado en nombre del liberalismo– había mantenido el precio del dólar mediante una Ley de Precio Fijo, llamada convertibilidad. Resultado: endeudamiento público, para mantener la paridad legal; pérdida de competitividad, quiebras y el desempleo.
De todo eso, los ECP no se daban cuenta.
La nueva paridad (más la revaluación internacional del petróleo y la soja) permitió parar el endeudamiento, salir de la recesión y crear empleo. Retenciones mediante, también facilitó el pasaje del déficit al superávit fiscal.
La inflación pronosticada por los ECP no se produjo, no sólo porque el Estado arregló sus cuentas y reestructuró la deuda. También porque, después de cuatro años de recesión (provocados por la persistencia del 1 a 1), el país tenía una enorme capacidad de producción ociosa.
Hoy, los ECP deberían estar cantando la palinodia. Sería un acto de honestidad que confesaran su colosal equivocación. Eso, además, ayudaría (y los ayudaría) a no cometer idénticos errores de análisis en el futuro.
No es así. Hoy gritan ¡Inflación! ¡Inflación!, como si estuviéramos en 1989, y exigen que se abarate el dólar para sujetar los precios internos: la vieja receta, utilizada (con variantes) por José Alfredo Martínez de Hoz (h) y Domingo Felipe Cavallo, entre otros.
Lo prometido al Fondo
El 22 de septiembre de 2003, en Dubai, el gobierno presentó al FMI un informe elaborado por la Secretaría de Finanzas. En él se consignaba la inflación esperada para el período 2003-2006. Estos son los datos:
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Sólo detrás de Rusia y Venezuela
A principios de septiembre, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) hizo circular un ranking mundial de inflación, distinto del que elabora el FMI (ver recuadro).
Sobre la base de un registro llevado por la Economist Intelligence Unit, de Londres, IDESA destacó que sólo Venezuela (15,3%) y Rusia (12,5%) sobrepasan la inflación de 9,6% acumulada por la Argentina en 2005.
El instituto reconoció que nuestro país crece a 8% anual, pero dijo que otros países crecen a tasas similares, como Chile (6,5%), y tienen tasas de inflación mucho más bajas.
Los economistas de IDESA no expresan una opinión independiente. Entre 1992 y 1998 trabajaron, en primer lugar desde el Ministerio de Economía y posteriormente desde el Ministerio de Trabajo. Así puede leerse en el web site de la propia institución, presidida por Osvaldo Granados.
Esos economistas colaboraron, por lo tanto, en el mantenimiento del dólar anclado, que terminó con la hiper, pero no acabó con las causas de la inflación. Como también lo admite IDESA, en los 10 años de convertibilidad, el alza del costo de vida fue de 56%.
El ataque a la actual inflación es parte de una táctica, que consiste en desviar la atención, para disimular el fracaso de los ECP. Claro que, en un país que se acostumbró a vivir con alta (o altísima) inflación, es imposible dramatizar los actuales índices. Formalmente, lo reconoce IDESA: El país tuvo problemas muchos más graves de inflación que el actual. En toda la década del ´70 los precios subieron más de 1.500 veces, y en la década de los ´80, más de 3,3 millones de veces”.
El sentido es claro: se pretende establecer que la Argentina tiene un problema grave de inflación; que no será tan grave como el de otras épocas, pero que es uno de los más graves del mundo.
Igual que la fiebre
La inflación es la fiebre de la economía.
El caso de la fiebre. No es una enfermedad sino un síntoma. La misión del médico no es bajarla a toda costa, sino establecer su causa.
El paciente está afiebrado cuando tiene más de 38º C; entre 37 y 38, sólo presenta (en la jerga médica) una febrícula.
Según la creencia popular, la fiebre alta (más de 30º) indica una infección grave, que demanda antibióticos. No siempre es así. Hay catarros que dan fiebre alta y enfermedades gravísimas que sólo producen febrícula.
Lo más alarmante es la hiperpirexia (más de 40º). En los niños puede provocar convulsiones febriles.
Sin embargo, la hiperpirexia sólo es grave cuando la temperatura pasa de 42º: entonces hay riesgo de lesión cerebral.
El caso de la inflación. Requiere que se le trate con parecido discernimiento:
- La misión de un economista no es bajar la inflación a como dé lugar sino averiguar por qué se produce, y atacar las causas.
- No hay que confundir cualquier alza de precios con inflación. Una suba menor equivale a una febrícula.
- Puede haber inflación alta en una economía estructuralmente sana, así como puede haber una engañosa estabilidad que esconde enfermedades fatales.
- Lo alarmante es la hiperinflación, que corresponde a la hiperpirexia.
- En economías de contextura débil (como la de un niño) la hiper puede causar convulsiones.
- Pasados ciertos límites, también puede dejar secuelas muy serias.
Algunos economistas se parecen a malos médicos, que recomiendan tomar la temperatura todos los días y apenas aparece una febrícula– recurrir a una batería de poderosos antifebriles, sin conocer las causas de esa febrícula.
Mientras el termómetro no llegue a 37 (es decir, mientras la inflación anual esté más cerca de 0 que de 10) esos malos médicos no se preocupan, aunque el organismo social esté siendo carcomido por tumores malignos, como el desempleo.
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Freno a la inversión
A principios de septiembre, una legión de ECP desembarcó en la 26a. Convención del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), que se realizaba en Bariloche.
La legión llevaba un mensaje: La inflación está frenando las inversiones extranjeras.
¿Qué inflación? ¿La de tres dígitos que ellos pronosticaban? No, la actual, que está entre un dígito y dos. Para 2006, según las previsiones oficiales, entre 8 y 10,5%.
Aunque el índice sea apenas una fracción del que ellos esperaban, diversos especialistas sostuvieron que provoca incertidumbre y cierra el acceso a las fuentes de financiamiento. Agregaron esto a la clásica lista de presuntas causas de la baja inversión en la Argentina: reglas de juego poco claras, inseguridad jurídica, corrupción e inestabilidad política.
Nadie puede negar que la estabilidad económica y política, las reglas claras, la seguridad jurídica y la transparencia son factores que alientan la inversión. Sin embargo, hay que evitar el planteo reduccionista. Si las cosas fueran tan lineales como las señalan los ECP, Rusia no estaría atrayendo inversores: tiene una inflación superior a la nuestra, las reglas cambian a cada rato, nadie sabe qué va a pasar y los casos de corrupción son estruendosos.
En los seis primeros meses de 2005, Rusia recibió inversiones directas por US$ 9.300 millones, más que el doble de lo recibido en igual período de 2004 (US$ 4.500 millones).
La inflación como otros factores de riesgo- forma parte del costo calculado de una inversión. Si el beneficio esperado es muy alto, la relación costo-beneficio puede ser favorable. Si es más favorable que inversiones alternativas, el costo de oportunidades indicará que debe hacerse la inversión pese a esos factores de riesgo.
Claro está que, una economía pequeña, que no tiene la dimensión de Rusia y no se ha establecido en el comercio mundial con bienes industriales, está obligada a disminuir sus costos; pero debe hacerlo como parte de una estrategia de desarrollo que, al mismo tiempo, multiplique el beneficio de invertir en la Argentina. Si no, los inversores seguirán yendo a Rusia, aunque tenga 12,5% de inflación; no al Río de la Plata, aunque tengamos inflación cero.
En su justo término
En una economía seria, la autoridad monetaria no puede desentenderse de la inflación o decir las hubo peores. Lo importante es no sobredimensionar el problema, no reaccionar nerviosamente y (sobre todo) evitar que los índices de inflación sean utilizados por quienes defienden intereses distintos de los que proclaman.
Orlando Ferreres ha llamado la atención sobre la elevación del Ãndice de Precios al Consumidor (IPC), pero lo ha hecho como parte de un análisis equilibrado de la situación económica. Estos son los otros factores que ha tenido en cuenta:
Producción y Consumo: En julio continuó creciendo (7% anual), aunque a una tasa inferior que meses anteriores (7,9%).
Situación Fiscal: Alcanzó $ 10.012 M (+15% anual), superando una vez más la proyección presupuestaria
M & A; inversiones: Chevron San Jorge, anunció un programa de inversiones de US$ 120 M para este año. AmBev llegó a un acuerdo para adquirir 5,3 % de Cervecería y Maltería Quilmes en US$ 110 M. El grupo Clarín adquirió una participación de 25% en Cablevisión. El Gobierno Nacional anunció una inversión de US$ 27 M para equipar y modernizar el astillero Río Santiago en un plazo de tres años.
Sector Externo: Las exportaciones crecieron en julio (+18% anual), alcanzando US$ 3.571 M. Las importaciones desaceleraron fuertemente (de 33% promedio en el primer semestre a 19% en julio), y se ubicaron en US$ 2.349 M. Eso permitió el mayor superávit comercial del año: US$ 1.222 M, 16% superior además al de julio de 2004. .
Bolsa y Finanzas: El índice bursátil Merval superó el rendimiento de la renta fija, cerrando el mes en torno a los 1.600 puntos, con un alza del 5% y un aumento del volumen de operaciones.
En ese contexto, la consultora de Ferreres presta atención a una luz amarilla que no se puede ignorar: el IPC core (excluidos los rubros regulados y de comportamiento estacional), que muestra una variación anual de 11%. Ferreres subraya que, en los primeros siete meses del año los precios minoristas ya superaron la inflación de todo 2004, por lo que acumulan una expansión de 7,2%. A su juicio, algunos acuerdos de precios, entre el gobierno y sectores productivos, no fueron por completo eficaces.
Esto obliga a analizar todos los recursos antiinflacionarios que, con eficacia, han utilizado los países mejor gobernados del mundo. En ninguno de ellos se elige bajar los precios internos sacrificando competitividad, que es la demanda de quienes en la Argentina como si no hubieran aprendido la lección– siguen pidiendo un dólar barato.

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No hay moneda
Lo más grave que ocurrió en Bariloche no fue la canción antiinflacionaria entonada por el ECP. Lo más grave ocurrió durante el panel “El buen gobierno para promover inversiones”. Allí, el nuevo síndico del Banco Central, Hugo Medina, hizo una afirmación sorprendente. Después de señalar los peligros de una inflación desmedida, dijo: No hay moneda de largo plazo en la Argentina” (La Nación, 10 de septiembre).
En primer lugar, no hay razones objetivas para sostener que el peso no tiene futuro.
En segundo lugar, una afirmación como la de Medina puede convertirse en una profecía autocumplida. Si (nada menos que desde el Banco Central) se proclama que la Argentina no tiene moneda de largo plazo, se contribuye a la depreciación.
Si Medina fuera escuchado, sus dichos serían lo más inflacionario que pudiera imaginarse.

Los verdaderos peligros
Los precios están en alza (ver En su justo término) y, en un año electoral, el gobierno está aumentando mediante decretos de necesidad y urgenciael gasto público.
Sobre la economía argentina pesa, además, una espada de Damocles: la larvada crisis energética.
Es posible que, hacia 2008, la Argentina esté (otra vez) importando petróleo. A menos que el precio del crudo caiga drásticamente, esto incidirá en toda la estructura de costos.
El precio del petróleo, por otra parte, puede afectar de manera indirecta. Aun si la Argentina no necesitara importar crudo, deberá sufrir el encarecimiento de todos los insumos importados.
El asesor financiero internacional Scout Burns dice que la inflación está de regreso, y señala que, en Estados Unidos, las proyecciones indican que la inflación anual será de 3,9%.
Para controlar la potencial inflación, la Argentina necesita algunas medidas que nada tienen que ver con la paridad cambiaria. Entre esas medidas, podemos señalar cinco:
- Terminar con los dispendiosos Decretos de Necesidad y Urgencia (DNUs), que son inconstitucionales: un DNU sólo podrá emitirse conforme la Constitución el día que se sancione la ley especial prevista por la Carta Magna y se constituya la Comisión Bicameral, ante la cual el Ejecutivo deberá presentar esos decretos dentro del plazo perentorio de 10 díaspara que el Congreso los apruebe o anule.
- No otorgar facultades extraordinarias al Jefe de Gabinete. Esas facultades permiten distorsionar el Presupuesto y vuelven imprevisible el gasto público.
- Hacer que el Congreso reasuma sus funciones de contralor: hace más de una década que no analiza las cuentas de inversión, que son los balances que el Ejecutivo somete a su aprobación. Esto convierte a los presupuestos en ficciones no sometidas a la prueba de la realidad.
- Sancionar la demorada reforma política, para restringir y fiscalizar el gasto proselitista, inclusive el que realizan los gobiernos con fondos públicos.
- Impulsar un gigantesco Plan de Desarrollo Energético, con estímulos a la inversión en exploración y explotación de hidrocarburos; construcción de centrales; líneas de transmisión y distribución.


Raw Deal
James K. Galbraith (no confundir con su padre, John) ha dicho que no se puede dejar de leer este libro.
El libro se llama The Raw Deal: el tratamiento injusto.
Su autora, Ellen Frank, es una iconoclasta (como James) que vive en Boston y dicta economía en el Rhode Island Collage.
Según ella, en las últimas dos décadas los norteamericanos han sido intoxicados con teorías falaces, y han terminado por aceptar el propósito de la economía no es elevar el nivel general de vida, sino proteger a quienes juegan con dinero.
A juicio de Frank, la verdadera economía fue secuestrada por una elite financiera. La protección de sus recursos líquidos estuvo, para tal minoría, por encima de cualquier otro objetivo social: empleo, salud pública, protección de la vejez.
La autora intenta demostrar que esa elite logró tal supremacía a través de políticas antiinflacionarias, movimientos bursátiles y presupuestos federales, modelados por confusas doctrinas. De ahí el subtítulo del: Cómo los mitos y la desinformación sobre déficit, inflación y riqueza han empobrecido a Estados Unidos.
Frank desnuda errores y mentiras. Su trabajo es, por lo tanto, muy útil; no sólo para Estados Unidos sino también, para la Argentina.
Con una salvedad: nadie debería inferir que déficit e inflación enriquecen a un país, y que cualquier política antiinflacionaria sirve a una elite.
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El ranking del FMI
Las comparaciones entre países que realiza el Fondo tienen una ventaja: se aplica el mismo método en cada caso, evitando diferencias que obedecen a distintos modos de calcular la inflación. La desventaja es que, a veces, los cuadros se demoran: para que la comparación sea apropiada, el FMI debe disponer de los datos de todos los países para un mismo período. Como no todos los países están al día con sus estadísticas, esto puede retrasar el índice del Fondo.
Con todo, el ranking del FMI es el más confiable. En él puede verse que la Argentina tiene una nada envidiable posición. Así y todo, está lejos de encabezar la tabla de la inflación. Ocupa el puesto 29, no sólo detrás de Venezuela y Rusia; también detrás de Irán, Nigeria, Turquía, Ucrania, Costa Rica y Uruguay.

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