viernes, 17 de abril de 2026

    Almuerzos de trabajo, el sutil equilibrio de una decisión

    Una demora en un plato o el reiterado feliz cumpleaños de la mesa de al lado puede ponernos en apuros, cuando el almuerzo pactado es motivado cuestiones de trabajo. Siempre, y ante una mala elección, podemos recurrir a nuestra buena voluntad pero, a veces, no alcanza. Es decir, debemos asegurarnos y limitar las sorpresas al mínimo.


    El horizonte de elección, sin dudas, se amplía cuando ya no pasa por una decisión personal sino que debemos tener en cuenta a otros. Los motivos de estos encuentros, como sabemos, son múltiples y suficientes como para que el almuerzo sea una particular manera de generar o cerrar proyectos, también de armonizar o limar las asperezas de un grupo y así emprender nuevos desafíos. Un decálogo básico, sin que estas apreciaciones se conviertan en fundamentalismo, nunca está de más.


    Como cualquier descripción gastronómica, existen tres pilares fundamentales: ambientación, servicio y cocina. Con respecto al ambiente, no se trata únicamente de cuestiones estéticas, aunque para muchos las decoraciones de líneas puras nada barrocas, generen un marco positivo y neutral. A partir de aquí, entramos en un terreno fundamental, la comodidad. La disposición de las mesas debe ser tal que impida el asalto de ruidos o conversaciones ajenas y los aromas del plato vecino. Ni que hablar del tema música: deje su pasión por el tecno house o el Be Bop para otro momento, busque un lugar de manso cool jazz o lounge music.


    Sin dudas, el servicio es un asunto que, mal llevado, puede generar urticarias y otras reacciones, no sólo alérgicas. Todo en su justa medida entre un trato rígido y un exceso de confianza; también el necesario equilibrio entre tener al camarero tipo estampilla y deber enviarle un fax para comunicarle nuestro pedido. Una atención profesional evitará el famoso, espere que pregunto y vuelvo.


    Jugado ya en el papel de anfitrión, deberá elegir el vino. Una premisa clara y sencilla: jamás pida un vino desconocido en un restaurante. Salvo que el sommellier lo recomiende y, a su vez, usted le tenga confianza ciega a su palabra. Para merodear el prolífico mundo del vino argentino siempre mejor hacerlo en casa y con amigos; luego sí podrá incorporarlo a su vida social.


    Por último, el tiempo es una variable súper importante. En situación informal, podemos, si queremos, dejar pasar tal o cual descuido en el timing de cocina. En almuerzo de trabajo es imperdonable y, mucho más, si quien lo atiende no avisa. Además de provocarnos tortícolis de tanto ver pasar platos, genera distracciones. El tiempo lógico es de hora y media para todo un almuerzo más un extra para alguna infusión.


    Por último, más allá de las preferencias de cada uno, una buena cocina se destacará por el respeto a la materia prima y, en esa misma dirección, deberá rendir tributo al punto de cocción solicitado. Algunos restaurantes ofrecen menú degustación; es decir, diversos platos en pasos. Pregunte por el tiempo del recorrido; además, puede ser que a cada momento le estén cambiando la vajilla.


    Hasta aquí algunos elementos. Por supuesto, no es lo mismo una actividad con un CEO de otra empresa, que otra de cara al interior del grupo humano coordinado por usted. En este último caso, la elección del restó puede ser más laxa y menos sujeta a formalidades; sin embargo, el respeto de lo que dimos en llamar pilares básicos le asegurará el poder escuchar y, de ser necesario, hablar, sin interferencias. En todos estos casos, lo mejor es reservar mesa y explicar claramente la situación, no sea cosa que nos toque en el medio de una despedida de trabajo con carnaval carioca incluido.


    Como ejemplo de ambientación, buen clima y mejor comer, hemos elegido Tomo I. Los motivos, podrán leerlos a continuación.




    La sencillez como obra de arte (2 col)



    Tomo I


    Carlos Pellegrini 521


    4326-6695 / 6698 – www.tomo1.com.ar


    Lunes a viernes, mediodía y noche. Sábado, noche. Domingo cerrado.


    Estacionamiento, tarjetas.



    Que las hermanas Ada y Hebe Cóncaro cocinan de maravilla, no es novedad; tampoco el estilo tan personal de una gastronomía que recrea con osadía y sencillez recetas de la herencia familiar. No en vano, el menú abre con un breve texto que invoca la aterciopelada versión de Sara Vaughn del ya largamente clásico My favorite things. La referencia no es casual: hay en los platos de Tomo I una lúcida combinación que revela el tratamiento privilegiado de ciertas pequeñas y distinguidas cosas, aromas y sabores cuyas rimas y aliteraciones crean memoria. Para quienes ya frecuentaron Tomo I, allí están los ravioles de pato en contrapunto agridulce ($34) y también el homenaje a lo mejor de la cocina ítalo-porteña en los sutiles hígados de pollo al aceto balsámico ($28) o los sesos en milanesa en polifónicos vegetales ($26). Estos últimos platos, junto a otros de la carta, establecen un nexo con materias primas, lamentablemente, casi al borde de la extinción. Ante tanta desbocada y, muchas veces, desorientada gastronomía fusión, invocar, hoy día, una no muy lejana tradición del comer no sólo es un excelente ejercicio de sana reminiscencia sino también de grácil exotismo. Obvio que la gastronomía de Tomo I no sólo es recuerdo vivo; en cada plato hay divertidos juegos con los sabores de todo el mundo. Teniendo en cuenta los almuerzos de trabajo, Tomo I tiene diseñado un Menú con opciones (mediodía, $72 p/p; noche, $78 p/p) que incluye agua mineral y vino.


    A todo ello se suma un clima cálido con atención profesional que, en comidas de negocios, permite la conversación distendida y sin innecesarias interrupciones. La sugerencia en la carta de bajar el volumen del celular, es un detalle que caracteriza la urbanidad del lugar.


    Quienes no conozcan todavía el arte de las hermanas Cóncaro, durante el mes de julio, todos los miércoles por la noche podrán disfrutar un Menú degustación en cuatro pasos que resume sus más preciadas favorite things. A no perdérselo.