viernes, 3 de abril de 2026

    Sin gas y petróleo, el crecimiento estará seriamente comprometido

    La
    matriz energética argentina es, desde el punto de vista de los
    insumos, altamente dependiente del gas natural y los derivados del petróleo.
    Estas dos fuentes representan 87% de los recursos primarios; el resto
    está compuesto por la generación de energía hidroeléctrica
    (6%), nuclear (2%) y carbón, leña y las denominadas energías
    alternativas (3%).
    En los últimos años, el horizonte temporal de las reservas
    comprobadas de gas y petróleo se redujo sensiblemente –de
    unas tres décadas a poco más de diez años para el
    gas– por la mayor explotación de los yacimientos conocidos
    y la baja inversión en exploración de riesgo, es decir en
    la búsqueda de yacimientos nuevos.
    Para agravar el panorama, como en el mundo, la matriz energética
    argentina tiende a ser cada vez más dependiente del gas. Hoy, este
    insumo representa 49% de la producción primaria, y en quince años
    aumentaría a 56%.

    Miguel
    Cuervo

    Un estudio
    dirigido por el analista Miguel Cuervo, del Centro de Estrategias de Estado
    y Mercado, para la fundación Crear prevé que para que el
    Producto Bruto Interno (PBI) argentino pueda mantener un ritmo de crecimiento
    de 3%, los sectores de gas y petróleo más el de energía
    eléctrica requieren, tanto en el upstream –la provisión
    de recursos primarios– como en el downstream –la oferta a
    los consumidores–, de inversiones anuales promedio por U$S 2.076
    millones, algo superiores a las registradas durante la década de
    los ’90 y muy por encima de las de los últimos años.

    De largo plazo
    El planeamiento de la matriz energética, señala Cuervo,
    es un tema estructural y “de muy largo plazo por el tamaño
    de las inversiones y los tiempos en los que se obtienen resultados: en
    gas y petróleo las inversiones en exploración, si tienen
    éxito, demoran entre cinco y nueve años en hacer comercializable
    el producto”.
    El consultor comenta que el trabajo para Crear “es un estudio de
    planeamiento estratégico al año 2020, un horizonte razonable
    con el que las empresas del sector trabajan como mínimo”.
    El objetivo del análisis fue el de pensar en las necesidades de
    inversión en el área “si el país entra en una
    etapa de crecimiento sostenido de largo plazo, cuando después de
    dos años de crecimiento de entre 8 y 9% hubo problemas de provisión”.
    “El trabajo se planteó a partir de tres escenarios posibles:
    uno para la tasa de crecimiento histórico que proyecta un incremento
    del PBI de 1,2% anual, otro más hipotético de tipo asiático
    –aunque también lo tuvieron países como Chile o Irlanda–
    de 5% anual, y otro con una tasa de 3% anual, que es la que el gobierno
    eligió para modelizar el pago de la deuda externa y tener un proceso
    de recuperación. El ejercicio sobre el que pivoteamos todo es el
    de 3%, que es el que tiene más sentido”, añade.

    Daniel
    Montamat

    Matriz gasífera
    El analista Daniel Montamat, del estudio que lleva su apellido, señala
    que no sólo desde el punto de vista de los recursos primarios la
    matriz energética argentina tiene una gran participación
    del gas natural y el petróleo, sino que también en la matriz
    de consumo final estos recursos representan aproximadamente 40% cada uno;
    el restante 20% se lo lleva la electricidad.
    “Dentro de las fracturas y discontinuidades, en la Argentina hubo
    una política que más o menos se mantuvo: el desarrollo del
    gas natural en la matriz energética”, afirma el experto para
    explicar que el descubrimiento, hace más de 25 años, del
    yacimiento gasífero de Loma de la Lata y la explotación
    de gas en Bolivia generaron una “disponibilidad relativa”
    que impulsó el desarrollo del mercado interno y, luego, del de
    exportación.
    Si bien Montamat reconoce que “hay pocos países que tengan
    esa participación del gas” en su matriz, destaca que Argentina
    no está a contramano del mundo, que “va a una gasificación
    dentro de los recursos fósiles, a una sustitución del petróleo
    por el gas natural, porque, entre otras cosas, es menos contaminante”.
    A ello se suma el desarrollo de una tecnología “para transformar
    al gas natural en producto básico, ya que el LNG (Gas Natural Licuado)
    va terminar derivando en un mercado mundial de gas natural”.

    Inversiones
    “Para un crecimiento anual de 3% la necesidad de inversión
    en energía para los 15 años, entre gas, petróleo
    y energía eléctrica es de US$ 32.000 millones aproximadamente,
    para que la energía no sea un agente que frene o perjudique ese
    proceso”, dice Montamat. Eso da un promedio de US$ 2.076 millones
    anuales, poco superior al de la década 1993/2003.
    Si en el período anterior se realizaron inversiones en promedio
    similares a las necesarias de cara al futuro, la pregunta es por qué
    se llegó a una situación de demanda insatisfecha.
    “El diagnóstico oficial –dice Montamat– es que
    hubo subinversión por ‘los malditos ‘90’. Yo
    creo que en los ’90 no todo fue la panacea que describen algunos,
    pero tampoco el infierno que describen otros. Hubo inversión en
    el sector, crecieron las reservas y la producción, aunque hubo
    insuficiente exploración para descubrir nuevo gas y a lo mejor
    comprometimos demasiado el horizonte de exportación sin tener ese
    nuevo gas que pudiera acompañar el desarrollo de reservas para
    los dos mercados”.
    Cuervo coincide en el análisis: “Hubo inversión por
    debajo de las necesidades, sobre todo en ciertos rubros, y además
    hubo inversión no reproductiva. Si uno mira los datos oficiales
    de las empresas, se encuentra con que en la década de los ’90
    la industria hablaba de US$ 78.000 millones, pero incluía inversión
    de todo tipo en cualquier parte de la cadena, como compra de activos,
    la privatización y posterior venta de YPF o las inversiones en
    comercialización. Si uno se concentra en gas y petróleo,
    el núcleo de producción ha recibido escasamente US$ 13.500
    millones. De ese monto, 84% fue a explotación y las reservas han
    bajado mucho”.
    “De la inversión en exploración –agrega–,
    el grueso se hizo en la complementaria. En exploración de riesgo
    se invirtieron US$ 618 millones. Cuando en 1993 se liberaliza de alguna
    manera el mercado de gas, la Argentina tenía 30 años de
    reservas a ese nivel de consumo; con el aumento de la demanda interna
    y las exportaciones agregadas al final de la década, y un nivel
    de inversiones en exploración tan bajo, ahora tenemos escasamente
    reservas para 12 años de consumo comprobado”.
    Montamat destaca que “evidentemente hay un problema de inversión,
    tanto en gas como en petróleo y en electricidad, no sólo
    en el upstream sino también en redes, y esto se debe al colapso
    de reglas y señales de precio que hubo en 2002. Ese año
    la ley de emergencia puso en stand by toda la relación jurídica
    del sector y se congeló el precio final del gas y la electricidad
    pero se liberó el de los derivados petroleros, aunque después
    se sometió al sistema de retenciones. Hubo un crack de precios
    y un desplazamiento hacia el gas”.

    Un insumo
    para la producción

    El consultor aclara que es necesario tener en cuenta la relación
    que tienen en el precio final los productos energéticos. “El
    gas natural sustituye derivados del petróleo. Cuando uno se queda
    sin gas natural hay que importar fuel a precio internacional. El gas natural
    y/o los derivados del petróleo determinan el precio marginal de
    la electricidad, porque el parque térmico sin gas natural debe
    usar fuel. Entonces lo que pase con el gas natural termina influyendo
    en el consumo final de energía”.
    “En el tema eléctrico, en 2007 podría llegar a haber
    necesidades de cortes; y en materia del gas se terminaría cayendo
    en opciones energéticas mucho más caras, como los sustitutos
    de origen petrolero. Estamos eligiendo una opción estratégica
    mucho más cara y que nos hace menos competitivos”, agrega
    Montamat.
    En ese marco, Cuervo advierte que “el análisis plantea un
    panorama lleno de luces rojas y amarillas” y destaca la necesidad
    de “conseguir inversiones en exploración”.
    Ante la cuestión de por qué no se realizaron inversiones
    en exploración de riesgo, evalúa que en petróleo,
    con libertad de precio y posibilidad de exportar divisas, “probablemente
    no haya zonas suficientemente productivas que justifiquen la inversión”.
    A eso, dice, se agrega que en el país no hay una gran cantidad
    de empresas pequeñas que se especialicen en exploración,
    como en otras partes. Y, sobre todo, “la manera en que se privatizó
    atenta contra esto, porque las concesiones se hicieron sin ningún
    compromiso de mantenimiento de reservas”.
    Para el caso del gas, en el que llegó a haber años sin ningún
    descubrimiento de yacimientos nuevos, “esto también se debía
    a que el precio en boca de pozo era suficiente para pagar la producción
    y los pasivos pero no para explorar a riesgo”.

    Otras fuentes
    El estudio de Crear toma en cuenta las inversiones comprometidas para
    elevar la cota de Yacyretá y culminar la central nuclear Atucha
    II. No incluye, en cambio, las hidroeléctricas Corpus (con Paraguay
    y Brasil) y Garabí, proyecto dejado oficialmente en stand by por
    Brasil.
    Ante la fuerte necesidad de inversiones en gas y petróleo y las
    complicaciones que incluso a nivel mundial plantean estos recursos, cabe
    la pregunta de si no es deseable modificar la estructura de la matriz
    de energía.
    Montamat vaticina que “en el mundo va a haber un cambio del paradigma
    energético” por la concentración del petróleo
    en “zonas calientes” y por los gases de efecto invernadero
    que despiden sus derivados. “Tenemos que seguir esa tendencia. Por
    eso en lugar de concentrar al Estado en energía petrolera lo haría
    en investigar las energías nuevas. No vaya a ser que se descubra
    petróleo a través de Enarsa y que el mundo ya esté
    en otro paradigma”.
    También apunta a “la vanguardia que tiene la Argentina en
    energía nuclear, sobre todo en la fabricación de plantas
    modulares. La energía nuclear está en una pausa en el mundo,
    pero puede volver a ser interesante, sobre todo si la tecnología
    reduce la vida de los desechos radioactivos, porque es libre de gases
    de efecto invernadero”.
    Otra fuente que menciona Montamat son los biocombustibles, aunque en su
    opinión debería buscarse integrar su cadena de valor a una
    energía alternativa y no a la cadena agropecuaria. “Yo desarrollaría
    el surtidor 100 % de biocombustible, compitiendo contra los combustibles
    fósiles. Es el esquema que ha seguido Alemania, que buscó
    en el biocombustible una fuente alternativa de energía”,
    agrega.
    De todos modos, y aunque reconocen que puede ser una alternativa, los
    analistas aclaran que la mayor parte de las denominadas “nuevas
    energías” no agregan capacidad importante. Y vuelven a la
    necesidad de inversiones.

    Panorama
    “Sólo en materia de energía eléctrica, si se
    terminan las obras previstas evitaríamos la crisis de 2007. Pero
    nos encontraremos de nuevo con un problema similar en 2011, porque la
    nueva oferta de energía efectiva requiere esas inversiones, y para
    2014 debería haber un nuevo shock de inversiones. Y este no es
    un problema de combustibles sino de generación. Cada cuatro años,
    más o menos, se hace necesario un shock de inversiones para mantener
    un crecimiento de 3%”, señala Cuervo.
    “En refinería, para no importar gasoil, también hacen
    falta inversiones en 2007, 2014 y 2019. A eso se suman las inversiones
    en ductos”, especifica.
    Las inversiones, coinciden los especialistas, necesariamente deben venir
    del lado privado. “La Argentina –señala Montamat–
    no tiene, en recursos fiscales, un punto y medio o dos del PBI para consagrarlos
    a inversión en energía”.
    Por eso sostiene que “hacen falta estrategias y reglas para reponer
    rápidamente los mecanismos de inversión. Ya hemos comprado
    un problema energético y aún con escenarios idílicos
    de reglas y señales de precios tendremos problemas por los próximos
    dos o tres años. Sin estas señales va a haber inversión
    insuficiente y un problema cada vez más grave”.
    “Esta administración está batiendo récords
    en materia de falta de señales, de reglas y de precios, para el
    sector energético pero para la gente también, porque todo
    el fuel que se importa de Venezuela a precios internacionales o el gas
    de Bolivia que se paga a casi el triple del de nuestras cuencas se financia
    con superávit fiscal. O sea que la gente lo está pagando
    con el bolsillo del contribuyente”, añade.
    El analista considera que “estamos en el peor de los mundos, porque
    no hay un plan central, no hay reglas de mercado ni una estrategia. Hemos
    hecho a la energía de corto plazo. Se pueden criticar los procesos
    de subinversión de antes, pero no se puede manejar a la energía
    con políticas cortoplacistas porque las inversiones en energía
    demoran años en arrojar resultados”.
    “Incluso el sector eléctrico, que es el menos criticado,
    funciona desde hace cuatro años sin contratos, y son sectores que
    son capitalistas en serio y que sin renta van a gastar en lo operativo
    para mantener el sistema pero no para hacer inversiones. Yo creo que el
    gobierno en vez de hacer política energética hace política
    con la energía. No se quiere comprar un problema de aumentos en
    el sector residencial, pero en vez de favorecer a los que lo necesitan
    con una tarifa social se está favoreciendo a todos sin estrategia.
    Además, hoy el superávit permite hacer las compras y la
    gente no se da cuenta, pero en Economía se empiezan a preocupar.
    Así, arreglamos el corto plazo con alambre y el problema va creciendo
    a largo plazo”, enfatiza Montamat.
    Para el consultor, con reglas “claras y contundentes” es probable
    que vuelva a haber inversiones. Cuervo opina que “el gobierno tiene
    que trabajar en el marco regulatorio y en los precios relativos”
    y puntualiza que “la industria del gas está pensando que
    para el precio de gas en boca de pozo el piso es de US$ 2 el millón
    de BTU y su techo es el gas importado en la variante de GLP que podría
    entrar en Buenos Aires en US$ 3,5”.
    “Todo esto –concluye Montamat– lo vamos postergando,
    y el gobierno no es el único responsable, sino que traduce un sentimiento
    mágico arraigado en la comunidad; antes fue la magia del 1 a 1
    y ahora la de que de alguna manera la providencia nos va a ayudar para
    que sin una estrategia de largo plazo haya energía para todos.
    El tema de fondo es que falta una estrategia de país. Y creo que
    este es el gran desafío”.

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    Fuente: Key Market

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    Evolución
    del mercado de petróleo

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    Evolución
    del mercado del gas