viernes, 3 de abril de 2026

    Pretensión inadmisible

    Vergüenza
    debería darles a Morgan Stanley, British Petroleum y General Motors”.
    Más o menos así titula Advertising Age un editorial donde
    comenta la decisión de esos anunciantes de condicionar sus avisos
    al contenido de las publicaciones. “Y vergüenza también
    para cualquier otro anunciante que tenga algo que ver en los recientes
    asaltos a la honestidad e independencia editorial.”
    Se refieren a la reciente decisión anunciada por Morgan Stanley
    de modificar su política de prensa para poder tener la posibilidad
    de retirar a tiempo sus avisos si, al conocer el contenido editorial que
    aparecerá en la publicación, se considerara “objetable”.
    El incidente, y la polémica desatada a continuación, toca
    una fibra sensible de los medios de comunicación: la garantía
    de independencia en sus contenidos.
    En teoría, la primera y principal razón por la cual los
    anunciantes invierten en cualquier medio debe ser la relación que
    ese producto tiene con su público como objetivo de marketing.
    Puede admitirse, con toda lógica, que los anunciantes tienen un
    derecho simétrico al de los medios. Así como éstos
    declaman la necesidad de tener la más completa libertad en materia
    de decisión sobre contenidos, así los avisadores pueden
    decidir no invertir en publicidad en aquellos que contraríen sus
    políticas o si perciben que han sido tratados injustamente o donde
    se han publicado informaciones erróneas o sesgadas.
    Lo que es inadmisible –y viola abiertamente principios constitucionales–
    es implantar la censura previa. Y eso es lo que ha ocurrido en el caso
    concreto de Morgan Stanley. Una actitud similar adoptó British
    Petroleum.
    “Al blandir sus presupuestos publicitarios como armas para doblegar
    redacciones, esas compañías ponen en peligro los lazos que
    los medios tienen con sus públicos, precisamente lo que los hace
    valiosos ante los anunciantes”, dice Advertising Age. “Por
    encima de todo”, continúa el editorial de la publicación
    líder en este segmento, “la vergüenza es para todos
    los que con su silencio avalan este ataque a la integridad editorial,
    sean las agencias de medios que ayudan a implementar políticas
    de retiro de avisos y se esconden detrás de la frase “práctica
    acostumbrada” o los directores de medios demasiado tímidos
    para denunciar a los que pagan sus cuentas.”
    El mensaje es claro: si los editores y directores de medios no crean un
    entorno editorial amistoso para el mensaje de un marketinero, el dinero
    se va a otra parte. “Los marketineros deberían alentar a
    los medios a servir primero a sus públicos, no a los anunciantes.
    Los que reciban sus presupuestos publicitarios deberían ser los
    medios que atraen al público adecuado. Vergüenza para todo
    el que crea otra cosa”, concluye Advertising Age.