miércoles, 27 de mayo de 2026

    Inteligencia artificial y atención al cliente

    Hacia
    enero de 2005, todos debían adherir etiquetas especiales a cajas
    y otros embalajes destinados a locales de la cadena y Sam´s Clubs en el
    área Dallas/Forth Worth, Texas.
    Ésta y otras experiencias, fueron recientemente analizadas por Infosys,
    una compañía global de consultoría y servicios en tecnología
    informática (TI), durante una conferencia de Wharton sobre el tema.
    Por supuesto, la tecnología RFID ya estaba en operaciones -por ejemplo,
    en la industria automotriz y el Pentágono-, pero hacía falta
    un gigante como Wal-Mart para llevarla a los consumidores.
    Es interesante notar que, pese a ser una tecnología muy en el candelero,
    RFID no es cosa nueva. Fue inventada en 1948 por Henry Stockman pero, hasta
    fines de los ´90, no existía la infraestructura necesaria para ponerla
    en funciones. En efecto, hacían falta tres componentes: la etiqueta
    (un chip de memoria integrado a una transpónder), un lector y la
    computadora anfitriona de ambos. A 57 años de concebida, 2005 será
    un momento clave para la consolidación entre tecnología y
    vendedores de software. Con parámetros y protocolos en línea
    (vía EPCglobal Network), los proveedores pueden ya largarse a campo
    abierto.

    No descuidar
    ni una vaca

    Las empresas usuarias que desean ir más allá de pegar una
    simple etiqueta se enfocan en dos estrategias: coto cerrado -dentro de
    la empresa- y cadena de abastecimiento. Esta opción abarca proveedores
    de envases y embalajes, contratistas industriales, logística a
    cargo de terceros y minoristas.
    Los sistemas cerrados son un adecuado punto de partida, porque las empresas
    pueden evitar problemas relativos a normas industriales y sincronización
    con socios externos. Las opciones son ilimitadas. Así, Infosys
    emplea RFID para monitorear computadoras portátiles en sus oficinas
    en diversos puntos del planeta. Las automotrices la aplican en sus plantas,
    para seguimiento de partes. La Secretaría de Defensa estadounidense
    usa igual tecnología para detectar movimientos de vehículos
    blindados y tropas de ataque. Pero más original es la Secretaría
    de Agricultura, empeñada en ponerle a cada vaca una etiqueta identificatoria
    por radiofrecuencia, con el objeto de localizar fácil y rápidamente
    los vectores de cualquier mal o enfermedad bovina.
    Naturalmente, la perfección en la materia se logrará cuando
    sea posible monitorear cada componente en cada fase de un proceso. Esto
    implicaría, por ejemplo, vincular piezas armadas en China con embalaje
    o envasado en Japón, envíos vía Unión Europea
    y distribución en Estados Unidos. Por lo común, en cada
    eslabón de esa cadena pueden surgir trabas o errores. Aplicar radicalmente
    la tecnología RFID a un proceso completo, previene esas contingencias.

    Pero "también se precisan procesos radicales para aprovechar
    la propia información recogida por esa tecnología",
    advierte Morris Cohen, experto en gestión de servicios y operaciones.
    No obstante, admite estar impresionado por lo que la RFID puede hacer
    aplicada a una cadena de abastecimiento: "Dado que existen niveles
    sorprendentemente altos de error en inventarios, cualquier recurso que
    informe mejor sobre lo que realmente hay en locales o depósitos,
    debe ser valioso".
    Empero, la información por sí sola no resuelve problemas
    en la cadena de abastecimiento. Cohan cita el caso de los alimentos envasados:
    "En una sola góndola es posible tener rubros perecederos que
    venzan en dos, diez o quince días. Sería bueno conocer la
    fecha de expiración de cada pieza. Pero carecemos de sistemas aptos
    para aprovechar bien los datos extraídos por RFID. Podemos nadar
    en datos a la postre insuficientes. Por ende, la clave es saber qué
    hacer con ellos".
    Un colega de Cohen, Gérard Cachon, es igualmente realista en cuanto
    a la tecnología y recomienda no ver en ella una panacea al instante.
    Basándose en investigaciones propias, sostiene que obtener más
    datos no es necesariamente una solución: "La verdadera clave
    reside en reducir tiempos".
    Así, el procesamiento de órdenes es un elemento decisivo.
    En los ´80, el minorista las enviaba por carta, fax o teléfono.
    El proveedor las verificaba y las trasladaba al depósito, que juntaba
    los rubros y los cargaba en un medio de transporte (camión, tren,
    barco, avión). Más tarde, el proceso fue incorporando tecnología,
    hasta el punto de permitir que las órdenes se transmitan por medios
    electrónicos. Hoy hay más información que nunca,
    sí, pero no se traduce necesariamente en mayor celeridad.
    "La tecnología puede decirnos en qué punto de la cadena
    de abastecimiento está un producto -observa Cachon-, pero es bastante
    difícil sacar ventaja de ese dato, porque no hace falta mayor inteligencia,
    sino mayor rapidez. Si es factible achicar el tiempo -digamos a la mitad-,
    se obtendrá un verdadero impacto positivo en el negocio".

    Ropa inteligente
    versus privacidad

    En tanto, las etiquetas RFID se emplean mayormente para embalajes, al
    menos en casos como el programa piloto de Wal-Mart. Algunos minoristas
    han dado un paso adelante y marcan artículos individuales. La cadena
    británica Marks & Spencer empezó a experimentar con
    la tecnología en abril de 2003, poniendo etiquetas inteligentes
    a camisas, sacos, pantalones y corbatas de hombre en un solo local. Al
    año, extendió el programa a nuevos salones y acaba de anunciar
    que serán 53 hacia abril de 2006.
    A diferencia de los ingleses, Wal-Mart no emplea RFID para recoger datos
    adicionales sobre los clientes y sus pautas de compra. Es decir, su sistema
    no contiene información personal.
    Ello no significa que hayan desechado para siempre el recurso (una especie
    de cookie incorporada al chip de las etiquetas) pues, en recientes comunicados
    de prensa sobre la experiencia piloto, dejan la puerta entreabierta a
    la RFID personalizada. "Obviamente, entendemos y respetamos las preocupaciones
    del consumidor por su privacidad", indica Linda Dillon, vicepresidente
    de la firma. "Por eso, aclaramos que nuestras etiquetas no recogen
    datos adicionales sobre los compradores. De hecho, en un futuro cercano
    ni siquiera habrá lectoras RFID en nuestros salones de ventas".
    Según la ejecutiva, los temores de la gente sobre RFID son similares
    a los que surgieron al aparecer los códigos de barras, a principios
    de los ´80, y carecen de asidero. Pero hay varios grupos que no piensan
    igual sobre ciertas tecnologías lesivas para la privacidad. Consumers
    against supermarket privacy invasion and numbering (Caspian) exige ya
    estrictas normas sobre uso de RFID a escala individual.
    En noviembre último, Caspian, American Civil Liberties Union (Aclu),
    Electronic privacy information center (Epic) y otros difundieron una declaración
    de principios pidiendo frenar el etiquetamiento artículo por artículo.
    Eso hasta que se hagan evaluaciones serias sobre la tecnología.
    También proponen leyes federales sobre la cuestión y una
    medida que obligue a informar públicamente qué productos
    de consumos contienen dispositivos RFID.
    Mientras no exista ese tipo de recaudos, Caspian recomienda al público
    "votar con el bolsillo". De ahí el boicot a Gillette
    y otras empresas que emplean etiquetas individuales a escala estadounidense.
    En el ámbito mundial, apoyan el boicot a Tesco, cadena minorista
    británica que aplica RFID personalizada. "No permita que Tesco
    lo espíe", es el lema de la campaña.
    Mientras tanto, se amplían los usos potenciales de la tecnología.
    El negocio aerocomercial se interesa en ella para monitorear equipajes
    y reducir la tasa de desvíos y extravíos. El problema es
    que cada aerolínea debiera invertir decenas de millones para adaptar
    la RFID al seguimiento de valijas
    En cuanto al futuro, Infosys no prevé el lanzamiento indiscriminado
    de programas RFID, pues "existe un saludable escepticismo al respecto".
    En esta materia, la novedad queda neutralizada por los costos de entrada
    y las dudas sobre su rentabilidad. Pero, bien orientada, esta tecnología
    podría movilizar unos US$600.000 millones dentro de diez años.