sábado, 4 de abril de 2026

    British Airways, rentabilidad sin subsidios

    Además
    de registrar un crecimiento de 10,3%, el supermercadismo local, que emplea
    a unas 90.000 personas, fue en 2004 protagonista de noticias como la fusión,
    por ahora trabada en la Justicia, de Jumbo y Disco y la reestructuración
    de la deuda de Coto, mientras se afianzó el protagonismo de algunas
    cadenas regionales.
    Analistas del sector resaltan el crecimiento de los ingresos del segmento
    en su conjunto analizados año contra año y afirman que se
    debe a un aumento del consumo y no a que se le esté quitando clientes
    a otro tipo de comercios minoristas. Al mismo tiempo, destacan que hay
    un retorno a los consumos de alta gama pero de una forma totalmente distinta
    a la de los ’90, y que tanto en el mercado que privilegia la calidad
    como en el que pone primero el precio se ha convertido en fundamental
    la relación value for money: “Hoy el mercado de precio está
    exigiendo niveles de calidad y el de calidad que no le cobren de más”.
    En ese marco y en el análisis del cliente de clase media, se señala
    que “el público de alta gama tiene hoy una austeridad sofisticada.
    En el ’99 un bon vivant capaz recomendaba un vino de $80; hoy el
    que sabe recomienda uno de $15, que es igual al que otras bodegas venden
    a $40. Hay una búsqueda de los valores de calidad pero con una
    elección más racional. Hoy la ostentación es de mal
    gusto. Si en los ’90 había una estética Miami, hoy
    hay una mucho más europea, con Barcelona como ícono”.
    De un modo parecido describe la situación Fabio Fabri, director
    de Comunicaciones del grupo Carrefour. “La competencia hoy pasa por
    la mejor comprensión del cliente. Con la crisis, que golpeó
    más a los formatos grandes que a los pequeños, el cliente
    se transformó en un experto en ofertas, calidad y productos, y
    los estudios lo describen casi como un gerente de marketing”.

    Predicciones
    erradas

    En 2004 el sector facturó $18.256 millones, según el Indec,
    de los cuales una parte nada desdeñable corresponde a los supermercados
    regionales. Entre La Anónima y Átomo facturan unos $1.000
    millones, y algo más suman con las otras regionales. Estas cadenas,
    de las que todos hace cinco años pronosticaban su desaparición,
    no sólo siguen sino que, además, están bien.
    El líder en la Argentina es el complejo que integran Carrefour
    y Norte –con 475 tiendas, una facturación anual de $4.726
    millones y una participación de mercado de 31,2%–, seguido
    por el aún no concretado de Jumbo y Disco, y por Coto (el mayor
    de capital nacional) que se ubica cuarto, aunque muy cerca del gigante
    mundial Wal Mart. En quinto lugar está La Anónima. “Es
    un supermercadista argentino que buscó un nicho, con una fenomenal
    muestra de inteligencia operativa en estar donde nadie está y un
    complejo de exhibición de productos que es en realidad una cadena
    de valor integrado con la logística y el transporte”, describe
    el analista Edmundo Cavalli, director general de Cavalli Bureau.
    Fabri destaca que si bien “el supermercadismo argentino sigue siendo
    altamente competitivo y muy desarrollado, inclusive en términos
    internacionales, todavía hay espacio para un mayor desarrollo de
    la categoría atado a un mercado más transparente y a la
    lucha contra el llamado mercado informal, que en realidad es ilegal”.

    “Las grandes cadenas facturan en conjunto unos $18.000 millones,
    lo mismo que los mercados ilegales, con estructuras de costos muy diferentes
    porque los ilegales no pagan impuestos ni aportes y venden mercadería
    robada o falsificada. Este desafío, el sector ya lo asumió;
    hoy es un desafío para el país. Para el ciudadano, las cargas
    impositivas están en un nivel exagerado por la parte que no cumple,
    y esta mayor presión tributaria genera a su vez mayor evasión,
    en una espiral muy negativa”, señala.

    Sistemas
    integrados

    Para Cavalli, hoy es fundamental comprender que las cadenas de supermercados
    no compiten en la exhibición y el posicionamiento de las marcas
    de la industria sino entre sus respectivos sistemas integrados de retail.
    “La competencia de costo sistémico incluye procesos horizontales,
    y comprar bien no sólo es una parte del proceso como eficiencia
    de compra sino además una parte del proceso de generación
    de información y de beneficios financieros. La distribución
    minorista ya ha invadido sectores como el factoring financiero y las grandes
    cadenas de retail a escala mundial ya tienen compañías de
    seguro y bancos comprados o en vistas a, porque saben que no se va a ganar
    plata exhibiendo productos de la industria sino participando en el sistema”,
    explica.
    “El retail de tercera generación –puntualiza Cavalli–
    ya no lucha por el posicionamiento de marcas de la industria exhibidas
    en sus locales sino por el posicionamiento de la marca del emblema. Esto
    está en el manual de procedimientos de las cadenas desde hace diez
    años, pero la industria recién empezó a leer la introducción
    al libro el año pasado. La industria se arroga el derecho de ser
    la única generadora de marca, y eso es un disparate mayúsculo”.
    Al mismo tiempo, hay “a nivel mundial, una presunción de que
    la industria va a concentrarse a una tasa alta que los retails. La batalla
    de las marcas la ha perdido la industria y la ha ganado el retail. Las
    megacorporaciones se van a comprar una a otra para no tener capacidad
    industrial ociosa y no fabricarle la marca al canal, y el canal se va
    a integrar hacia atrás fabricando sus propios productos”.
    Marca propia
    “La tendencia de la distribución como sector de la economía
    es, en lugar de generar categorías de productos, generar categorías
    de consumidores según los ingresos disponibles para el consumo.
    El campeón en esto es Carrefour con la marca Uno –repetida
    por varias cadenas–, la marca Norte y la marca de la industria”,
    con un mensaje manifiesto de que lo más inteligente es comprar
    la marca Uno. “Una vez que la cadena logra fidelizar al consumidor
    hace con su marca lo que quiere. El ejemplo es Tex, que va a ser vendida
    en el mercado abierto, con lo que el retail no va a necesitar sus propios
    puntos de venta para vender su marca.”
    Fabri coincide, al menos en parte: “Las marcas propias son de una
    producción altamente competitiva. La textil Tex tiene incorporada
    alta tecnología y una remera de microfibra de primera calidad cuesta
    $30 frente a $100 de una de primera marca. Lo mismo ocurre en dulces,
    aceites y otras categorías. La respuesta está por el lado
    del consumidor; ¿por qué no poner en la góndola lo
    que el consumidor desea? Hay una estrategia de marca propia porque el
    cliente lo quiere”.
    Para otros expertos, “las marcas propias están en una etapa
    de asentamiento, pero tienen una performance importante, de 10% de participación
    promedio. En su momento, quienes desarrollaban las marcas propias eran
    tres o cuatro Pymes. Hoy, además de estas Pymes que en muchos casos
    se transformaron en empresas grandes, proveedores de primerísima
    línea también producen marcas de supermercados. Hoy la gente
    las prefiere y para los supermercados son un instrumento de fidelización.
    Es un hecho tan claro, que los proveedores son socios de las cadenas,
    y para las Pymes es una oportunidad impresionante”.
    Desde los grandes proveedores, en Molinos reconocen: “En los últimos
    años las marcas propias se han reposicionado más cerca de
    las líderes y han dejado de ser usadas como marcas de precio”,
    aunque “de continuar este posicionamiento mantendrán su participación
    de mercado histórica”. Mientras, en Mastellone Hermanos consideran
    que “las marcas propias terminan siendo una variable más del
    mercado” y aseguran que no le da “ventajas al supermercadismo
    sobre el proveedor sino que, por el contrario, obliga a una buena relación
    para el mejoramiento del negocio”.

    Cambios
    recientes

    Al analizar las novedades de 2004 en el sector, la compañía
    láctea evalúa que “la fusión Jumbo-Disco no
    modifica significativamente el esquema competitivo instalado” y,
    de modo similar a Mastellone, Molinos considera a la unión “positiva”
    y una “gran oportunidad para que Disco recupere su protagonismo en
    el formato de cercanía”.
    Con respecto a Coto, la empresa alimentaria destaca que la refinanciación
    “es importante para continuar el desarrollo de su negocio”,
    mientras que la láctea, que atravesó un proceso similar,
    resalta el “empuje” de esa cadena que “no está dispuesta
    a ceder un solo punto de su participación de mercado”.
    En Mastellone ven, asimismo, que “La Anónima es una de las
    cadenas que mejor ha superado la crisis, sustentada en una excelente calidad
    de ejecución y ha realizado un excelente trabajo en el sur del
    país, estableciéndose en ciudades pequeñas con excelentes
    resultados”. Y en Molinos arriesgan que “va a continuar reafirmando
    su consolidación en el interior” a partir de la fortaleza
    que le dan tanto “el estar desde siempre como su credibilidad y continuidad”.
    Sobre la inflación, Fabri resalta que gracias a “esfuerzos
    enormes del supermercadismo los precios minoristas aumentaron 56% frente
    a un aumento de 120% de los mayoristas”. Y enfatiza: “Mucha
    gente cree que la inflación beneficia a las cadenas, pero no es
    así en absoluto. La inflación nos perjudica muchísimo,
    ya que los salarios quedan rezagados y eso afecta al consumo”.

    Estrategias
    A partir del análisis sobre cómo regresó el consumo,
    Disco tiene hoy 17 locales de alta gama que responden a un consumo más
    sofisticado y en los locales tradicionales hubo un retorno a las primeras
    marcas. Es clave controlar la variable precio, por lo que no se pueden
    tener sobrecostos ni estructuras sobredimensionadas. El desafío
    es reinterpretar qué es el mercado de calidad y servicio.
    Carrefour también encaró una “clusterización
    que redefinió el tipo de cliente y en cada lugar se adecuaron los
    locales y la oferta de productos. Hoy es fundamental conocer al cliente”,
    manifiesta Fabri. El supermercado de origen francés, que anunció
    inversiones por $250 millones, lanzó la campaña “positivamente
    Carrefour” con un comercial testimonial. “El consumidor siente
    que está mejor, y decidimos salir con la visión del medio
    vaso lleno”, expresa Fabri.
    Desde Mastellone comentan que aunque las ventas son parejas en sus tres
    canales –grandes cuentas, intermedios y tradicional–, es el
    de almacenes, fiambrerías y otros rubros, el que en este período
    mejoró su participación. “Un aspecto importante de
    destacar –señalan–, es que el canal tradicional viene
    mejorando tanto en oferta como en servicio al consumidor, aspectos en
    los cuales es de entender que el supermercadismo en general deberá
    focalizar esfuerzos”.

    Proyección
    Por encima de estrategias particulares, Cavalli subraya: “La tendencia
    es a valorar al consumidor como persona, más allá de ofertas,
    promociones o regalos. Las tres o cuatro grandes cadenas van a los bioproductos,
    y el consumidor educado ya no se contenta con comprar buena calidad a
    bajo precio”.
    “El próximo paso –después del afianzamiento de
    las marcas propias y tanto a nivel global como local– va a ser la
    investigación y desarrollo en manos de la distribución minorista
    basada en hábitos de consumo, compra y aplicación y no la
    investigación y desarrollo de la potencialidad del uso de un producto”,
    explica Cavalli. Y asegura que las cadenas de retail tienen ventaja: “En
    cierto sentido y sin ser peyorativo, la industria ‘adivina’
    lo que el consumidor quiere y la distribución minorista ‘sabe’
    lo que el consumidor compra.”
    “Creo que la muestra de profesionalismo y respeto entre la industria
    y los retails, va a ser fundamental por lo menos en los próximos
    cinco años. Si los beneficios marginales del proceso no son percibidos
    por el consumidor, el consumidor va a empezar a generar antídotos”,
    vaticina el analista.
    “La distribución minorista, como concepto, dice que el ingreso
    disponible va a marcar la marca de la industria o las propias. Si la estrategia
    sectorial es modificar la estructura de posicionamiento de marca y la
    categoría de producto según el consumidor y la industria
    malinvierte en posicionar productos inexistentes en la mente del consumidor,
    la distribución minorista no va a tener mejor oportunidad para
    desarrollar sus propios productos. Esto va a indicar, en términos
    económicos, una mala asignación de recursos, porque la industria
    está preparada con bienes de capital, tecnología e investigación
    para hacer eso. La gran oportunidad es mostrarle al consumidor que ambos
    sectores van a hacer algo por él”, concluye.