Las
teorías del doctor Nicholas V. Perricone sobre el envejecimiento
han levantado polvareda entre los académicos del mundo médico
y una nube de seguidoras entre el público femenino de más
de 40 años. Perricone, dermatólogo de Nueva York, dice que
el envejecimiento es una enfermedad inflamatoria progresiva que ocurre a
nivel celular y que como tal, se puede controlar por medio de lo que se
come. “Una piel arrugada y caída no es el resultado inevitable
de envejecer”, escribió en “The Wrinkle Cure”, el
primero de una larga serie de libros. “Y como es una enfermedad, se
la puede combatir”. Audacias como ésta provocan la curiosidad
de muchos colegas sobre si su investigación científica es
tan experta como su departamento de marketing.
Además de cambiar lo que se come, él recomienda el uso de
tratamientos cutáneos con una serie de productos cosmecéuticos
(cruza de cosmético con farmacéutico) y suplementos dietarios
de una línea que lleva su marca, ambos con propiedades anti-inflamatorias.
En ese libro dice que unas sustancias parecidas a las proteínas con
capacidad para aumentar la producción de colágeno y elastina
reparan cicatrices y arrugas y aumentan la circulación dando como
resultado un rostro radiante y juvenil. Los productos se venden en más
de 230 lugares, desde Neiman Marcus hasta QVC, y el año pasado abrió
una tienda-centro de consultas en Madison Avenue, Nueva York. Siete de cada
diez pacientes son estrellas de cine, entre las que figuran Jennifer López,
Julia Roberts y Jennifer Aniston.
Todas siguen su dieta y compran sus productos.
En el plano internacional, la línea Perricone se vende en seis países
y cuatro más están programados para este año. Sus ventas
anuales crecieron de US$ 3 millones en el 2000 a US$ 50 millones en 2004.
Hace escasas semanas hizo la presentación de su último título:
“The Perricone Promise”, con un acontecimiento que lo tuvo poco
menos que como mesías de belleza, juventud y salud entre un mar de
mujeres enamoradas que bebían embelesadas cada una de sus palabras.
Una vez terminado el acto y luego de firmar centenares de libros, el autor
cruzó la calle para visitar su local -llamado Sephora- rodeado de
una nube de mujeres. Dos guardalespaldas lo protegían y cuidaban
que la estampida no le hiciera perder pie. Al entrar lo recibió un
cerrado aplauso. Una vendedora con la mano en el corazón le gritó:
“adoro todos sus productos, pero especialmente el inflador de labios´´.
Perricone posó para los fotógrafos y siguió firmando
autógrafos.
Una de las mujeres allí presentes dijo sobre el programa: “Gran
parte de lo que dice no es más que puro sentido común, pero
no hace daño, es interesante y a lo mejor da resultado.”
Millonario
filántropo
Actualmente hay dos grandes campañas que se comentan en la televisión
nacional y todos los demás medios. La primera es una donación
de US$ 5 millones a la Michigan State University (donde cursó su
carrera de medicina) para financiar un departamento de dermatología
orientado hacia la nutrición. La segunda es una promesa de donación
de US$ 1,2 millones a la Catholic World Mission para abrir un centro comunitario
con escuela y sala de primeros auxilios en las favelas de Sao Paulo, Brasil,
para albergar y educar a niños y a madres adolescentes y protegerlos
de la violenta cultura de drogas imperante. Su participación en
este programa le valió una audiencia con el Papa.
Desde que abrió oficinas centrales en Meriden (50 empleados) pasó
a concentrarse en el negocio y abandonó la práctica al punto
de no ver ya casi pacientes. Con respecto a su teoría, habla con
una convicción notable. Está convencido de que su misión
en la vida es convertirse en el mesías del bienestar, cuya razón
de ser es revelar la palabra sobre sus teorías nutricionales y
los productos que creó basándose en ellas.
El aval
de Yale
Cuando salió publicado the “Wrinkle Cure” en el año
2001, Perricone era profesor ayudante de clínica dermatológica
en la Yale School of Medicine, y esa actividad apareció en la tapa
del libro, justo debajo del título. Eso molestó a más
de uno en la Universidad de Yale porque parecía sugerir una base
científica para sus conclusiones, aunque no había seguido
la práctica acostumbrada de poner su investigación al alcance
de sus colegas para su revisión. Sólo se basó en
su propia investigación en dietas, preparados de aplicación
cutánea y suplementos dietarios durante un período de 15
años y observando los resultados clínicos con una base de
15.000 pacientes propios, a quienes trataba en su consultorio privado.
Contactada por una periodista del New York Times, la oficina de asuntos
públicos de la Universidad de Yale, hizo la siguiente declaración:
“El doctor Nicholas Perricone ejerció el cargo ad honorem
de profesor ayudante en clínica dermatológica en la facultad
de medicina de la Universidad de Yale. En ese carácter vigilaba
el trabajo de los estudiantes varias veces al año. Su nombramiento
caducó en junio de 2002.´´ Ningún miembro de la facultad
se prestó a hacer comentarios sobre la teoría del envejecimiento
de Perricone.
Más aún, la periodista, empeñada en encontrar confirmaciones,
no pudo encontrar médico, dermatólogo o académico
alguno en cuatro ciudades diferentes dispuestos a hablar oficialmente
sobre Perricone, a favor o en contra.
Que usara sus credenciales médicas para vender su dieta y sus productos
cuando no había solicitado la revisión de sus pares parecía,
al menos en ese mundo, una trasgresión importante. Un académico
en hematología que hace investigación desde hace 30 años
observó: ´´En el mundo de la investigación hay una especie
de complejo Pygmalion en el cual uno se enamora de su propio trabajo.
Pero la regla de oro es que haya siempre observadores objetivos que lo
verifiquen. Entonces yo pregunto cuáles son los datos que sustentan
su teoría según la cual la dieta impide o retarda la inflamación.
Dónde están los estudios independientes, controlados y aleatorios
sobre este estudio.
Perricone defiende la inclusión de su afiliación con Yale
en la tapa de su libro citando a otros médicos que han hecho lo
mismo. Reconoce que eso le trajo montañas de críticas.
Más allá de su metodología científica, nadie
ha criticado el contenido mismo de la dieta. Marion Nestle, profesora
de nutrición en la Universidad de Nueva York opina que la dieta
está basada en ideas científicas que son no sólo
muy actuales sino que están en la vanguardia del pensamiento. “Pero
yo no tengo conocimiento de ninguna evidencia nutricional que me permita
decir que la elección de la comida es directamente responsable
de las arrugas”.
Una de las mayores críticas que se le hacen es que él mismo
recomienda sus propios productos, los cosmecéuticos y nutricéuticos,
que vende a alto costo y no han pasado por el filtro de la FDA por no
ser drogas. Los precios comienzan desde US$ 30, pero un frasquito de 16
ml de suero “neuropeptide” cuesta US$ 570.
El éxito fenomenal del personaje no hace más que exacerbar
las críticas de sus colegas. Al respecto, un dermatólogo
entrevistado opinó que “hay mucha envidia en este campo. Si
él no estuviera ganando US$ 50 millones y si no tuviera una clientela
plagada de estrellas del cine, a nadie le importaría. ¿Sabe
usted cuánta gente trata de hacer lo mismo y no lo logra? Lo que
lo hace diferente es que él lo hizo bien”.
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