martes, 3 de marzo de 2026

    Las arrugas son una enfermedad

    Las
    teorías del doctor Nicholas V. Perricone sobre el envejecimiento
    han levantado polvareda entre los académicos del mundo médico
    y una nube de seguidoras entre el público femenino de más
    de 40 años. Perricone, dermatólogo de Nueva York, dice que
    el envejecimiento es una enfermedad inflamatoria progresiva que ocurre a
    nivel celular y que como tal, se puede controlar por medio de lo que se
    come. “Una piel arrugada y caída no es el resultado inevitable
    de envejecer”, escribió en “The Wrinkle Cure”, el
    primero de una larga serie de libros. “Y como es una enfermedad, se
    la puede combatir”. Audacias como ésta provocan la curiosidad
    de muchos colegas sobre si su investigación científica es
    tan experta como su departamento de marketing.
    Además de cambiar lo que se come, él recomienda el uso de
    tratamientos cutáneos con una serie de productos cosmecéuticos
    (cruza de cosmético con farmacéutico) y suplementos dietarios
    de una línea que lleva su marca, ambos con propiedades anti-inflamatorias.
    En ese libro dice que unas sustancias parecidas a las proteínas con
    capacidad para aumentar la producción de colágeno y elastina
    reparan cicatrices y arrugas y aumentan la circulación dando como
    resultado un rostro radiante y juvenil. Los productos se venden en más
    de 230 lugares, desde Neiman Marcus hasta QVC, y el año pasado abrió
    una tienda-centro de consultas en Madison Avenue, Nueva York. Siete de cada
    diez pacientes son estrellas de cine, entre las que figuran Jennifer López,
    Julia Roberts y Jennifer Aniston.
    Todas siguen su dieta y compran sus productos.
    En el plano internacional, la línea Perricone se vende en seis países
    y cuatro más están programados para este año. Sus ventas
    anuales crecieron de US$ 3 millones en el 2000 a US$ 50 millones en 2004.
    Hace escasas semanas hizo la presentación de su último título:
    “The Perricone Promise”, con un acontecimiento que lo tuvo poco
    menos que como mesías de belleza, juventud y salud entre un mar de
    mujeres enamoradas que bebían embelesadas cada una de sus palabras.
    Una vez terminado el acto y luego de firmar centenares de libros, el autor
    cruzó la calle para visitar su local -llamado Sephora- rodeado de
    una nube de mujeres. Dos guardalespaldas lo protegían y cuidaban
    que la estampida no le hiciera perder pie. Al entrar lo recibió un
    cerrado aplauso. Una vendedora con la mano en el corazón le gritó:
    “adoro todos sus productos, pero especialmente el inflador de labios´´.

    Perricone posó para los fotógrafos y siguió firmando
    autógrafos.
    Una de las mujeres allí presentes dijo sobre el programa: “Gran
    parte de lo que dice no es más que puro sentido común, pero
    no hace daño, es interesante y a lo mejor da resultado.”

    Millonario
    filántropo

    Actualmente hay dos grandes campañas que se comentan en la televisión
    nacional y todos los demás medios. La primera es una donación
    de US$ 5 millones a la Michigan State University (donde cursó su
    carrera de medicina) para financiar un departamento de dermatología
    orientado hacia la nutrición. La segunda es una promesa de donación
    de US$ 1,2 millones a la Catholic World Mission para abrir un centro comunitario
    con escuela y sala de primeros auxilios en las favelas de Sao Paulo, Brasil,
    para albergar y educar a niños y a madres adolescentes y protegerlos
    de la violenta cultura de drogas imperante. Su participación en
    este programa le valió una audiencia con el Papa.
    Desde que abrió oficinas centrales en Meriden (50 empleados) pasó
    a concentrarse en el negocio y abandonó la práctica al punto
    de no ver ya casi pacientes. Con respecto a su teoría, habla con
    una convicción notable. Está convencido de que su misión
    en la vida es convertirse en el mesías del bienestar, cuya razón
    de ser es revelar la palabra sobre sus teorías nutricionales y
    los productos que creó basándose en ellas.

    El aval
    de Yale

    Cuando salió publicado the “Wrinkle Cure” en el año
    2001, Perricone era profesor ayudante de clínica dermatológica
    en la Yale School of Medicine, y esa actividad apareció en la tapa
    del libro, justo debajo del título. Eso molestó a más
    de uno en la Universidad de Yale porque parecía sugerir una base
    científica para sus conclusiones, aunque no había seguido
    la práctica acostumbrada de poner su investigación al alcance
    de sus colegas para su revisión. Sólo se basó en
    su propia investigación en dietas, preparados de aplicación
    cutánea y suplementos dietarios durante un período de 15
    años y observando los resultados clínicos con una base de
    15.000 pacientes propios, a quienes trataba en su consultorio privado.

    Contactada por una periodista del New York Times, la oficina de asuntos
    públicos de la Universidad de Yale, hizo la siguiente declaración:
    “El doctor Nicholas Perricone ejerció el cargo ad honorem
    de profesor ayudante en clínica dermatológica en la facultad
    de medicina de la Universidad de Yale. En ese carácter vigilaba
    el trabajo de los estudiantes varias veces al año. Su nombramiento
    caducó en junio de 2002.´´ Ningún miembro de la facultad
    se prestó a hacer comentarios sobre la teoría del envejecimiento
    de Perricone.
    Más aún, la periodista, empeñada en encontrar confirmaciones,
    no pudo encontrar médico, dermatólogo o académico
    alguno en cuatro ciudades diferentes dispuestos a hablar oficialmente
    sobre Perricone, a favor o en contra.
    Que usara sus credenciales médicas para vender su dieta y sus productos
    cuando no había solicitado la revisión de sus pares parecía,
    al menos en ese mundo, una trasgresión importante. Un académico
    en hematología que hace investigación desde hace 30 años
    observó: ´´En el mundo de la investigación hay una especie
    de complejo Pygmalion en el cual uno se enamora de su propio trabajo.
    Pero la regla de oro es que haya siempre observadores objetivos que lo
    verifiquen. Entonces yo pregunto cuáles son los datos que sustentan
    su teoría según la cual la dieta impide o retarda la inflamación.
    Dónde están los estudios independientes, controlados y aleatorios
    sobre este estudio.
    Perricone defiende la inclusión de su afiliación con Yale
    en la tapa de su libro citando a otros médicos que han hecho lo
    mismo. Reconoce que eso le trajo montañas de críticas.
    Más allá de su metodología científica, nadie
    ha criticado el contenido mismo de la dieta. Marion Nestle, profesora
    de nutrición en la Universidad de Nueva York opina que la dieta
    está basada en ideas científicas que son no sólo
    muy actuales sino que están en la vanguardia del pensamiento. “Pero
    yo no tengo conocimiento de ninguna evidencia nutricional que me permita
    decir que la elección de la comida es directamente responsable
    de las arrugas”.
    Una de las mayores críticas que se le hacen es que él mismo
    recomienda sus propios productos, los cosmecéuticos y nutricéuticos,
    que vende a alto costo y no han pasado por el filtro de la FDA por no
    ser drogas. Los precios comienzan desde US$ 30, pero un frasquito de 16
    ml de suero “neuropeptide” cuesta US$ 570.
    El éxito fenomenal del personaje no hace más que exacerbar
    las críticas de sus colegas. Al respecto, un dermatólogo
    entrevistado opinó que “hay mucha envidia en este campo. Si
    él no estuviera ganando US$ 50 millones y si no tuviera una clientela
    plagada de estrellas del cine, a nadie le importaría. ¿Sabe
    usted cuánta gente trata de hacer lo mismo y no lo logra? Lo que
    lo hace diferente es que él lo hizo bien”.