Es difícil definir en pocas palabras el vocablo emprendedor. Su existencia se
remonta a tiempos lejanos, pudiéndolo encontrar incluso en las Sagradas Escrituras:
“y Saúl dijo a David: bendito eres tú, hijo mío David; sin duda emprenderás cosas
grandes, y prevalecerás”.
Encontramos numerosas y variadas definiciones del término emprendedor. Si recurrimos
a la Real Academia Española, nos dirá: “Que emprende con resolución acciones dificultosas”.
Si traducimos la palabra entrepreneur del inglés al español, refiere a empresario.
Y si buscamos su definición de empresario nos indica: “Persona que toma a su cargo
una empresa”.
Entrepreneur proviene del latín Inter Prendere; es una de sus traducciones “el
que se mete y hace la tarea”. Vemos que estamos cerca de una definición, pero
cualquiera que impongamos sólo será una más. Por eso les propongo que viajemos
juntos detrás de algunas ideas que no tienen mayor intención que la de ayudar
a re-valorizar un vocablo que, en nuestro presente, ha tomado una trascendencia
vital para las sociedades.
Parece en la actualidad, y bosquejando un escenario futuro, que la única salida
para la creación genuina del desarrollo laboral del siglo XXI estará fundada en
el andamiaje de millones de emprendedores que actúen como agentes de cambio y
sustenten la competitividad de nuestra sociedad, se procuren trabajo a sí mismos
y sean multiplicadores de empleos. Ser un agente de cambio es una virtud, es el
que hace que las cosas sucedan; en nuestro caso serán aquellos que tengan la virtud
de originar la re-fundación del país.
Cuando hablamos de multiplicadores de empleo, nos referimos a “emplear”, originario
del latín Implicare: “introducir”. Ésta es la manera de eliminar la exclusión
con la que se ve amenazada toda la humanidad. Vivimos momentos en los que las
grandes empresas, en nombre de la globalización, la competitividad, la tecnología,
expulsan empleados día tras día. Dicho de otra manera, gente que queda afuera
de la economía en red. Si queremos incluirlos es justamente creando empleos. Hoy,
las Pymes ocupan 80% de la mano de obra del mundo; por lo tanto, es necesario
incluir en la agenda de todos los sectores (empresarial, gubernamental, tercer
sector, universitario) el especial desarrollo de una sociedad culturalmente emprendedora.
Las grandes empresas, los emprendimientos que hoy son multinacionales, fueron
generadas por emprendedores que sentían que estaban pequeñas, no que eran pequeñas
empresas. Existe un doble efecto que no debemos descuidar, las pequeñas y medianas
empresas ofrecen productos y servicios muchas veces a las grandes empresas. Pero
estas grandes empresas existen como fruto del mercado que crean las Pymes a partir
de la capacidad de consumo generada por la magnitud de su volumen de empleabilidad.
Entiendo que una primera distinción para lograr una definición del espíritu emprendedor
es que hablemos del “estar emprendedor” (de existencia), en lugar de “ser emprendedor”
(de esencia). El estar emprendedor es transitar por el fascinante estado de hacer
que las cosas sucedan, y es obra de una causalidad: nos pertenece y, tratándose
de un estado, podemos aprender a crearlo y re-crearlo.
Se hace, no nace
De esto se infiere que un emprendedor se hace y no nace. Significa que -si hiciéramos
una analogía con el fútbol- en un país que valora y tiene cada pocas cuadras una
plaza, una cancha, un potrero, las probabilidades de que surjan buenos jugadores
se multiplican. También donde no las hay, pueden surgir buenos jugadores pero
en muy distinta proporción. En nuestra región surgen emprendedores mayormente
como fruto de la adversidad, y no debería ser así, deberían surgir como fruto
de la siembra de espacios que impulsen este movimiento emprendedor. Una persona
que está en estado de emprender es una persona que tiene voluntad de crear, re-crear,
accionar, re-accionar, iniciar, re-iniciar, intentar, re-intentar, hacer y re-hacer
para que la rueda de la creación de valor comience a girar, como exponía el poeta
romano Horacio Flaco en el teatro de la vida: “Empezar es haber recorrido la mitad
del camino”.
El estar emprendedor es ser en acto y ser en potencia, ser en sí y ser en otro.
Recuerdo una conferencia que di en la que abundaban representantes de venture
capitals. Pregunté qué había dentro del huevo y cómo harían para descubrir lo
que había: la mayoría respondía que la respuesta era fácil, sólo con romperlo
sabrían lo que había adentro y que, en nuestro caso, no era necesario porque ya
lo habían hecho y la respuesta era obvia, clara y yema Yo les dije que sus respuestas
eran ciertas, pero sólo habían reconocido al ser en acto, les faltaba descubrir
el ser en potencia. Si ellos incubaran al huevo, con el tiempo descubrirían que
había en ese huevo un ser en potencia que evolucionó en un ave y que luego sería
un productor de nuevos huevos. Y así la cadena se sucedería multiplicándose en
miles si son bien incubados.
El emprendedor no sólo tiene correlato con la creación de empresas, también encontramos
emprendedores que trabajan dentro de una corporación, en una ONG, en el gobierno,
en un hospital, en forma individual
Y cada uno de estos entornos trasciende las fronteras de los negocios, es una
manera de abordar el día a día con una mezcla de innovación, transformación, creatividad
y optimismo.
En el ámbito de los negocios, emprender no sólo es tener una buena idea, sino
también identificar si esa idea puede ser una oportunidad. Y sólo lo será si con
las habilidades que puedo construir hago que la creación empiece a emerger, de
este hacer florecerá una propuesta. Y será de valor cuando alguien esté dispuesto
a dar algo por ella.
Cuando hablamos de Propuesta de valor hablamos de una idea que se manifiesta para
satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite; cuando hablamos
de marketing se trata de deleitarse; deleitando, hablamos de la generación de
elementos de satisfacción que trasciendan el estado de productos o servicios y
se conviertan en “elecciones” de los clientes por cubrir otras necesidades que
satisfacen deseos. De ahí que las propuestas de valor en marketing se construyan
desde el deleitarse deleitando.
Pasión y riesgo
Si un emprendedor debe tener como particularidad la convicción, el mismo sería
una mezcla de la voluntad de mirar las oportunidades, la voluntad de hacer, la
voluntad de convencer, la pasión por disfrutar pasión es salir en busca del riesgo.
El “ser en pasión” significa compromiso, riesgo, sin búsqueda; paradójicamente,
la fuerza de la pasión tiene garantía de encuentro a pesar de no tener una búsqueda
pre-definida. El éxito, cuando uno está en un estado emprendedor, está dado en
el crear -hacer nacer- y no en el “obtener”. Y esto es importante, para no caer
en las frustraciones en que nos sume la sociedad moderna. Los emprendedores van
y ven mas allá que el fin de ganar dinero.
El dinero para un emprendedor es una herramienta importante pero como medio para
concretar el fin ulterior que soñó y que lo impulsa a hacer y a transformar. Seguramente
estamos frente a un emprendedor cuando, para él, crear está por encima de las
difíciles situaciones que jalonan el recorrido. Cuando siente que lo importante
es disfrutar el recorrido, el fin nunca puede ser el dinero, sino lo que en ese
momento le da alegría, plenitud. El fin es el propósito, y junto a cómo vive el
recorrido, es lo que lo define. El dinero será una consecuencia o no de cómo vivió
el recorrido y cómo alcanzó su propósito. ¡Cuando el dinero es el fin, estás frente
al fin de tu vida!
Cuando hablo de aprender a aprender no me refiero a acumulación, sino a entender
o a tratar de entender las reglas de juego del paradigma reinante. Como nos indicaba
Fernando Savater: “Estoy seguro de que fue en ese momento cuando por fin empecé
a pensar. Es decir, cuando comprendí la diferencia entre aprender o repetir pensamientos
ajenos y tener un pensamiento verdaderamente mío, un pensamiento que me comprometiera
personalmente, no un pensamiento alquilado o prestado como la bicicleta que te
dejan para dar un paseo”.
La forja de los sueños
Todo emprendimiento -no importa su dimensión- tiene sueños importantes que lo
sustentan, la fuerza de voluntad y la convicción se forjan en grandes sueños.
En palabras de Disney: “Si uno puede imaginarlo, soñarlo, puede realizarlo”. Es
formidable que lo que se emprenda tenga en sus cimientos un gran sueño. De niño
se me ocurría pensar, valga la paradoja, que un sueño es como tocar las ideas
con las manos, y si al sueño se lo amalgama con la fuerza de la imaginación (imaginar
es más que pensar, más que proyectar, más que una ambición; imaginar es pensar
en grande, ser audaz) estaremos creando nuevos mundos, con confianza en nosotros
mismos, en lo que creemos, en lo que soñamos. El sueño es el que me hará creer,
el que me dará la fuerza de voluntad, el que sobre seguro hará la diferencia
Una característica a resaltar es que, en momentos de frustraciones -que siempre
los hay- y en momentos de éxito, el emprendedor debe conservar la serenidad, no
puede confundir los fuegos artificiales con una guerra. Debe mantener, como si
se fuera un pescador, la habilidad de esperar, de ir al encuentro. También debe
esforzarse al máximo y debe tener ante todo las ganas de ganar, disfrutar de los
retos, saber que uno es lo que uno hace por uno.
No pierden el tiempo ocupándose por lo que dicen los demás de sus éxitos o de
sus fracasos, sino que deben ocuparse de sí mismos y relativizar el concepto del
error. Es más fácil caminar el recto camino de la mentira que ingresar al difícil
laberinto de la verdad: de eso se trata, de trabajar en verdad. Para esto es necesario
comprometerse, entender las reglas del juego, el dinamismo de dichas reglas Ãntimamente
pienso que más vale trabajar en verdad que ganar dinero en la mentira.
Emprender es un barco que parte, que siempre llega, casi nunca al puerto que uno
soñó; algunas veces llega a uno muy semejante, otras veces a uno muy distinto,
pero es así, los hechos se hacen forjándolos, así como los negocios se hacen creándolos.
Y en esto de crear, el llegar a buen puerto es llegar a algún puerto. Los compañeros
de viaje no son socios, son una dicha, son aquellos que idealizarán con uno y
quienes complementen nuestras habilidades. Juntos, sólo juntos, construirán el
equipo necesario para que las formas acontezcan.
A todos nos ha dado la sensación en algún momento de que se habla de los emprendedores
con un ligero misterio, como si poseyeran un talento especial, un don que les
viene dado. No lo creo. Y si así lo fuese, entonces empecemos a pensar algo para
que así no sea. Si creo que es un producto de una circunstancia, rodeado de valores
que incentivan el estar emprendedor, tendremos más emprendedores y serán exitosos
mientras más se dejen guiar por su voz interior, por lo que creen. Por eso hablamos
de crear mundos y no de copiar; porque si uno deja surgir lo que siente, lo que
cree, eso sólo es de uno; y si emerge, será una creación.
Un discurso coherente para un emprendedor no es hacer lo que dice, sino hacer
lo que piensa, intuye, siente. Lo que se dice está habitualmente sesgado por lo
que creemos que el otro quiere escuchar. La autenticidad es una de las claves
de la fuerza, la energía, el espíritu del que hablamos que poseen los emprendedores.
Los emprendedores son protagonistas del hacer, no protagonistas del pare-cer;
hacer es generar la luz, iluminándose e iluminando a otro. El que no hace es aquel
que sólo transporta la luz impropia.
Un emprendedor crea espacios donde, en algún momento de la vida de los otros,
valga la pena compartir. Por eso lidera y no gestiona. Ese templo tampoco será
un lugar atractivo para todos; esa mística sólo está reservada para los jóvenes
de espíritu. Y no me refiero a edad sino a aquellos que abordan la vida con una
mayor dosis de audacia
* Fundador y presidente de E-Marketing. Profesor adjunto regular FCE-UBA. Es director
del Programa de Desarrollo Emprendedor.
