miércoles, 22 de abril de 2026

    El sueño emprendedor es el futuro de un país

    Es difícil definir en pocas palabras el vocablo emprendedor. Su existencia se
    remonta a tiempos lejanos, pudiéndolo encontrar incluso en las Sagradas Escrituras:
    “y Saúl dijo a David: bendito eres tú, hijo mío David; sin duda emprenderás cosas
    grandes, y prevalecerás”.
    Encontramos numerosas y variadas definiciones del término emprendedor. Si recurrimos
    a la Real Academia Española, nos dirá: “Que emprende con resolución acciones dificultosas”.
    Si traducimos la palabra entrepreneur del inglés al español, refiere a empresario.
    Y si buscamos su definición de empresario nos indica: “Persona que toma a su cargo
    una empresa”.
    Entrepreneur proviene del latín Inter Prendere; es una de sus traducciones “el
    que se mete y hace la tarea”. Vemos que estamos cerca de una definición, pero
    cualquiera que impongamos sólo será una más. Por eso les propongo que viajemos
    juntos detrás de algunas ideas que no tienen mayor intención que la de ayudar
    a re-valorizar un vocablo que, en nuestro presente, ha tomado una trascendencia
    vital para las sociedades.
    Parece en la actualidad, y bosquejando un escenario futuro, que la única salida
    para la creación genuina del desarrollo laboral del siglo XXI estará fundada en
    el andamiaje de millones de emprendedores que actúen como agentes de cambio y
    sustenten la competitividad de nuestra sociedad, se procuren trabajo a sí mismos
    y sean multiplicadores de empleos. Ser un agente de cambio es una virtud, es el
    que hace que las cosas sucedan; en nuestro caso serán aquellos que tengan la virtud
    de originar la re-fundación del país.
    Cuando hablamos de multiplicadores de empleo, nos referimos a “emplear”, originario
    del latín Implicare: “introducir”. Ésta es la manera de eliminar la exclusión
    con la que se ve amenazada toda la humanidad. Vivimos momentos en los que las
    grandes empresas, en nombre de la globalización, la competitividad, la tecnología,
    expulsan empleados día tras día. Dicho de otra manera, gente que queda afuera
    de la economía en red. Si queremos incluirlos es justamente creando empleos. Hoy,
    las Pymes ocupan 80% de la mano de obra del mundo; por lo tanto, es necesario
    incluir en la agenda de todos los sectores (empresarial, gubernamental, tercer
    sector, universitario) el especial desarrollo de una sociedad culturalmente emprendedora.

    Las grandes empresas, los emprendimientos que hoy son multinacionales, fueron
    generadas por emprendedores que sentían que estaban pequeñas, no que eran pequeñas
    empresas. Existe un doble efecto que no debemos descuidar, las pequeñas y medianas
    empresas ofrecen productos y servicios muchas veces a las grandes empresas. Pero
    estas grandes empresas existen como fruto del mercado que crean las Pymes a partir
    de la capacidad de consumo generada por la magnitud de su volumen de empleabilidad.

    Entiendo que una primera distinción para lograr una definición del espíritu emprendedor
    es que hablemos del “estar emprendedor” (de existencia), en lugar de “ser emprendedor”
    (de esencia). El estar emprendedor es transitar por el fascinante estado de hacer
    que las cosas sucedan, y es obra de una causalidad: nos pertenece y, tratándose
    de un estado, podemos aprender a crearlo y re-crearlo.

    Se hace, no nace
    De esto se infiere que un emprendedor se hace y no nace. Significa que -si hiciéramos
    una analogía con el fútbol- en un país que valora y tiene cada pocas cuadras una
    plaza, una cancha, un potrero, las probabilidades de que surjan buenos jugadores
    se multiplican. También donde no las hay, pueden surgir buenos jugadores pero
    en muy distinta proporción. En nuestra región surgen emprendedores mayormente
    como fruto de la adversidad, y no debería ser así, deberían surgir como fruto
    de la siembra de espacios que impulsen este movimiento emprendedor. Una persona
    que está en estado de emprender es una persona que tiene voluntad de crear, re-crear,
    accionar, re-accionar, iniciar, re-iniciar, intentar, re-intentar, hacer y re-hacer
    para que la rueda de la creación de valor comience a girar, como exponía el poeta
    romano Horacio Flaco en el teatro de la vida: “Empezar es haber recorrido la mitad
    del camino”.
    El estar emprendedor es ser en acto y ser en potencia, ser en sí y ser en otro.
    Recuerdo una conferencia que di en la que abundaban representantes de venture
    capitals. Pregunté qué había dentro del huevo y cómo harían para descubrir lo
    que había: la mayoría respondía que la respuesta era fácil, sólo con romperlo
    sabrían lo que había adentro y que, en nuestro caso, no era necesario porque ya
    lo habían hecho y la respuesta era obvia, clara y yema Yo les dije que sus respuestas
    eran ciertas, pero sólo habían reconocido al ser en acto, les faltaba descubrir
    el ser en potencia. Si ellos incubaran al huevo, con el tiempo descubrirían que
    había en ese huevo un ser en potencia que evolucionó en un ave y que luego sería
    un productor de nuevos huevos. Y así la cadena se sucedería multiplicándose en
    miles si son bien incubados.
    El emprendedor no sólo tiene correlato con la creación de empresas, también encontramos
    emprendedores que trabajan dentro de una corporación, en una ONG, en el gobierno,
    en un hospital, en forma individual
    Y cada uno de estos entornos trasciende las fronteras de los negocios, es una
    manera de abordar el día a día con una mezcla de innovación, transformación, creatividad
    y optimismo.
    En el ámbito de los negocios, emprender no sólo es tener una buena idea, sino
    también identificar si esa idea puede ser una oportunidad. Y sólo lo será si con
    las habilidades que puedo construir hago que la creación empiece a emerger, de
    este hacer florecerá una propuesta. Y será de valor cuando alguien esté dispuesto
    a dar algo por ella.
    Cuando hablamos de Propuesta de valor hablamos de una idea que se manifiesta para
    satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite; cuando hablamos
    de marketing se trata de deleitarse; deleitando, hablamos de la generación de
    elementos de satisfacción que trasciendan el estado de productos o servicios y
    se conviertan en “elecciones” de los clientes por cubrir otras necesidades que
    satisfacen deseos. De ahí que las propuestas de valor en marketing se construyan
    desde el deleitarse deleitando.

    Pasión y riesgo

    Si un emprendedor debe tener como particularidad la convicción, el mismo sería
    una mezcla de la voluntad de mirar las oportunidades, la voluntad de hacer, la
    voluntad de convencer, la pasión por disfrutar pasión es salir en busca del riesgo.
    El “ser en pasión” significa compromiso, riesgo, sin búsqueda; paradójicamente,
    la fuerza de la pasión tiene garantía de encuentro a pesar de no tener una búsqueda
    pre-definida. El éxito, cuando uno está en un estado emprendedor, está dado en
    el crear -hacer nacer- y no en el “obtener”. Y esto es importante, para no caer
    en las frustraciones en que nos sume la sociedad moderna. Los emprendedores van
    y ven mas allá que el fin de ganar dinero.
    El dinero para un emprendedor es una herramienta importante pero como medio para
    concretar el fin ulterior que soñó y que lo impulsa a hacer y a transformar. Seguramente
    estamos frente a un emprendedor cuando, para él, crear está por encima de las
    difíciles situaciones que jalonan el recorrido. Cuando siente que lo importante
    es disfrutar el recorrido, el fin nunca puede ser el dinero, sino lo que en ese
    momento le da alegría, plenitud. El fin es el propósito, y junto a cómo vive el
    recorrido, es lo que lo define. El dinero será una consecuencia o no de cómo vivió
    el recorrido y cómo alcanzó su propósito. ¡Cuando el dinero es el fin, estás frente
    al fin de tu vida!
    Cuando hablo de aprender a aprender no me refiero a acumulación, sino a entender
    o a tratar de entender las reglas de juego del paradigma reinante. Como nos indicaba
    Fernando Savater: “Estoy seguro de que fue en ese momento cuando por fin empecé
    a pensar. Es decir, cuando comprendí la diferencia entre aprender o repetir pensamientos
    ajenos y tener un pensamiento verdaderamente mío, un pensamiento que me comprometiera
    personalmente, no un pensamiento alquilado o prestado como la bicicleta que te
    dejan para dar un paseo”.

    La forja de los sueños
    Todo emprendimiento -no importa su dimensión- tiene sueños importantes que lo
    sustentan, la fuerza de voluntad y la convicción se forjan en grandes sueños.
    En palabras de Disney: “Si uno puede imaginarlo, soñarlo, puede realizarlo”. Es
    formidable que lo que se emprenda tenga en sus cimientos un gran sueño. De niño
    se me ocurría pensar, valga la paradoja, que un sueño es como tocar las ideas
    con las manos, y si al sueño se lo amalgama con la fuerza de la imaginación (imaginar
    es más que pensar, más que proyectar, más que una ambición; imaginar es pensar
    en grande, ser audaz) estaremos creando nuevos mundos, con confianza en nosotros
    mismos, en lo que creemos, en lo que soñamos. El sueño es el que me hará creer,
    el que me dará la fuerza de voluntad, el que sobre seguro hará la diferencia

    Una característica a resaltar es que, en momentos de frustraciones -que siempre
    los hay- y en momentos de éxito, el emprendedor debe conservar la serenidad, no
    puede confundir los fuegos artificiales con una guerra. Debe mantener, como si
    se fuera un pescador, la habilidad de esperar, de ir al encuentro. También debe
    esforzarse al máximo y debe tener ante todo las ganas de ganar, disfrutar de los
    retos, saber que uno es lo que uno hace por uno.
    No pierden el tiempo ocupándose por lo que dicen los demás de sus éxitos o de
    sus fracasos, sino que deben ocuparse de sí mismos y relativizar el concepto del
    error. Es más fácil caminar el recto camino de la mentira que ingresar al difícil
    laberinto de la verdad: de eso se trata, de trabajar en verdad. Para esto es necesario
    comprometerse, entender las reglas del juego, el dinamismo de dichas reglas Ãntimamente
    pienso que más vale trabajar en verdad que ganar dinero en la mentira.
    Emprender es un barco que parte, que siempre llega, casi nunca al puerto que uno
    soñó; algunas veces llega a uno muy semejante, otras veces a uno muy distinto,
    pero es así, los hechos se hacen forjándolos, así como los negocios se hacen creándolos.
    Y en esto de crear, el llegar a buen puerto es llegar a algún puerto. Los compañeros
    de viaje no son socios, son una dicha, son aquellos que idealizarán con uno y
    quienes complementen nuestras habilidades. Juntos, sólo juntos, construirán el
    equipo necesario para que las formas acontezcan.
    A todos nos ha dado la sensación en algún momento de que se habla de los emprendedores
    con un ligero misterio, como si poseyeran un talento especial, un don que les
    viene dado. No lo creo. Y si así lo fuese, entonces empecemos a pensar algo para
    que así no sea. Si creo que es un producto de una circunstancia, rodeado de valores
    que incentivan el estar emprendedor, tendremos más emprendedores y serán exitosos
    mientras más se dejen guiar por su voz interior, por lo que creen. Por eso hablamos
    de crear mundos y no de copiar; porque si uno deja surgir lo que siente, lo que
    cree, eso sólo es de uno; y si emerge, será una creación.
    Un discurso coherente para un emprendedor no es hacer lo que dice, sino hacer
    lo que piensa, intuye, siente. Lo que se dice está habitualmente sesgado por lo
    que creemos que el otro quiere escuchar. La autenticidad es una de las claves
    de la fuerza, la energía, el espíritu del que hablamos que poseen los emprendedores.
    Los emprendedores son protagonistas del hacer, no protagonistas del pare-cer;
    hacer es generar la luz, iluminándose e iluminando a otro. El que no hace es aquel
    que sólo transporta la luz impropia.
    Un emprendedor crea espacios donde, en algún momento de la vida de los otros,
    valga la pena compartir. Por eso lidera y no gestiona. Ese templo tampoco será
    un lugar atractivo para todos; esa mística sólo está reservada para los jóvenes
    de espíritu. Y no me refiero a edad sino a aquellos que abordan la vida con una
    mayor dosis de audacia

    * Fundador y presidente de E-Marketing. Profesor adjunto regular FCE-UBA. Es director
    del Programa de Desarrollo Emprendedor.