viernes, 3 de abril de 2026

    La ecología lucrativa

    Más allá de las premoniciones que anticipan una guerra del agua
    a librarse por estas y otras latitudes (ver dossier en esta misma edición),
    lo cierto es que, según datos del Foro Mundial del Agua realizado en
    Kyoto, Japón, en marzo de este año, América es el continente
    que cuenta con las mayores reservas del planeta, ya que posee 47% de la disponibilidad
    mundial de recursos hídricos renovables. Sin embargo, durante los últimos
    100 años, el crecimiento poblacional, la demanda del sector agrícola
    y el desarrollo de procesos industriales hicieron que el consumo de agua potable
    aumentara seis veces.
    Si a la creciente escasez de agua que puede ser potabilizada se le suma el incremento
    de la contaminación –de acuerdo con un documento de Naciones Unidas,
    cerca de la mitad de los ríos del planeta se encuentra contaminado–,
    el tratamiento de aguas industriales deja de ser una opción para convertirse
    en una necesidad.
    Newbury es una empresa argentina dedicada a la producción y comercialización
    de químicos esenciales, entre los que se encuentran los dedicados al
    tratamiento de aguas industriales. Ralf Ruppel, presidente de la compañía,
    asegura que en el país existe una clara división entre la manera
    de encarar el tratamiento de afluentes (aguas que se extraen de ríos,
    lagos y pozos) y el de efluentes (aguas que se vuelcan a los mismos canales
    y receptáculos). “Los afluentes deben ser tratados sí o sí
    porque son para el consumo humano y los problemas que surgen por no hacerlo
    correctamente se manifiestan de inmediato”, explica. “En cambio, con
    los efluentes, se hace lo mínimo indispensable”.
    Según el directivo, la mayoría de las empresas no trata como debiera
    los desperdicios que se echan a las aguas. “Para una compañía
    de cierta envergadura, el tratamiento de efluentes cuesta alrededor de US$ 40.000
    mensuales. Las empresas realizan una ecuación de costo/beneficio para
    determinar si es necesario hacer erogaciones de este tipo o permanecer en la
    clandestinidad y afrontar las sanciones en caso de ser descubiertos”, puntualiza
    Ruppel.
    El marco jurídico
    Por cierto, en la Argentina, no existe un vacío legal en la materia.
    De hecho –y de Derecho–, las leyes locales son tan exigentes como
    en Europa, pero, según Ruppel, como no hay control nadie las cumple.
    “Las únicas empresas que tratan bien los efluentes son las exportadoras,
    porque no pueden arriesgarse a que sus clientes no reciban los productos en
    caso de que clausuren la planta, además de que les exigen el cumplimiento
    de las medidas sanitarias”, comenta.
    En este contexto, se abren dos caminos para que el tratamiento de efluentes
    mejore de cara al futuro: profundizar los controles sanitarios o reducir el
    costo de los insumos necesarios para la neutralización de tóxicos.
    En este sentido, la compañía Petroquímica Río Tercero
    presentó recientemente el policloruro de aluminio (PAC), un químico
    que logra potabilizar el agua con una importante reducción de costos.
    El principal negocio de la petroquímica es la fabricación de disocianato
    de tolueno (TDI), materia prima de la espuma que se utiliza como insumo en la
    producción de colchones. La fabricación del TDI deja como residuo
    el PAC, que luego de un proceso de refinamiento puede comercializarse. La compañía
    decidió invertir US$ 8 millones en la instalación de una planta
    de refinamiento de PAC y transformó lo que era un desperdicio en un nuevo
    producto.
    Actualmente, la mayoría de las empresas argentinas usa sulfato de aluminio
    para la potabilización del agua. Sin embargo, Bruno Barra, gerente Comercial
    del Grupo Piero –propietario de la compañía petroquímica–,
    sostiene que utilizando policloruro de aluminio podrían lograrse ahorros
    de hasta 25%. “En varios mercados europeos, el PAC reemplazó completamente
    al sulfato de aluminio”, informa el ejecutivo, “aunque, en la Argentina,
    el proceso de recambio llevará dos años y recién en ese
    momento podremos utilizar toda nuestra capacidad productiva”.
    El PAC fue presentado en “Expo Agua y Medio Ambiente 2003”, la exposición
    más importante del sector en Sudamérica, que este año reunió
    a 65 empresas de Estados Unidos, Europa y América latina. M
    Javier Silva