En su primer mes en el poder, el presidente Néstor Kirchner imprimió
una dinámica vertiginosa en el ámbito político interno.
Su accionar respecto de la Corte Suprema, el Pami, las cúpulas castrense
y policial, entre otros frentes, dan cuenta de esto. A la vez, se mostró
proclive a un fortalecimiento del Mercosur y de las relaciones con América
latina.
Pero Washington lo espera. Allí llegará Kirchner con su sino latinoamericano
en septiembre, según se anunció cuando el santacruceño
asumió el poder.
Mario del Carril es periodista argentino y reside en Washington. Colabora con
varios diarios, entre ellos, La Nación, de Buenos Aires. Para Del Carril,
el clima que observará el Presidente dependerá de lo que suceda
en los próximos dos meses. “Creo que es muy importante la marcha
de la economía argentina. Si funciona, su posición será
muy buena”, dice. Y agrega que Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner
recuperaron en cierta medida la economía. “Era algo que pocos esperaban.
Ése es el gran plus. Si la Argentina hubiese acordado, además,
con el Fondo Monetario Internacional, aquí serían considerados
genios. No tengo dudas”, dice Del Carril.
El periodista agrega un elemento que desde hace algún tiempo está
en boga en Washington.
“En Estados Unidos se habla mucho de los estados fracasados. El peligro
de la Argentina fue haber sido uno. Ahora no lo parece. Encara los problemas
con disciplina, las instituciones funcionando y dio pasos importantes en lo
económico, que es lo que cuenta.”
Andrés Oppenheimer es columnista del Miami Herald, analista político
de la CNN y co-ganador del Premio Pulitzer. Su visión en modo alguno
concuerda con la de Del Carril. Cree que Kirchner encontrará un gobierno
de George W. Bush bien dispuesto hacia la Argentina. “Lo que Estados Unidos
teme en América latina es la inestabilidad, la falta de predecibilidad
y la irresponsabilidad. Si después de dos años en los que hubo
seis presidentes, surge uno que parece empezar con chances de terminar su período
lo verán con cierto interés”, dice en referencia a Kirchner
y la Argentina.
El poder y la intelligentzia
En cuanto a la llegada que Kirchner pueda tener a los círculos de poder
y a los distintos foros a los que suelen asistir los presidentes extranjeros
que visitan la Unión, Del Carril opina que “lo importante para cualquier
gobernante argentino es que aquí crean en su palabra. Ésta es
la política de George W. Bush. Que lo que diga, lo haga. Debe ser genuino”.
Oppenheimer cree que para Kirchner “tal vez sea tan importante Washington
como Nueva York, por el encuentro con empresarios. E irá seguramente
a ciertos foros”. Sobre sus contactos, es claro. Afirma que quienes ahora
manejan los temas de la Argentina están en el Departamento del Tesoro,
cuyo secretario es John Snow. “Mucho más que el Departamento de
Estado y el Pentágono”.
A la hora de planificar estos contactos, Del Carril examina el pasado cercano
y previene: “Uno de los problemas del ex presidente Carlos Menem era ser
demasiado zalamero. Esa posición, de por sí, no hace progresar
a una relación porque no crea confianza”. Y agrega que para el estadounidense
no es una buena carta de presentación. Por otro lado, expresar una oposición
total es psicológicamente tonto. “Ni zalamero ni adversario”.
En lo referente a la política exterior argentina y las diferencias con
las “relaciones carnales” con Estados Unidos en los años ’90,
Oppenheimer da nota de una señal.
“Al alinearse con Brasil en política exterior, la Argentina envió
un mensaje que significa que Estados Unidos debe entenderse con Brasil. Creo
que una de las cosas a dilucidar en Washington será si Néstor
Kirchner viene como un presidente con cierto margen de maniobra o como un mandatario
decidido a alinearse 100% con Brasil.”
El columnista del Herald dice que “algunos funcionarios de Buenos Aires
me dijeron que el secretario de Estado Collin Powell dijo al gobierno argentino
que Estados Unidos tiene interés en que la Argentina participe en el
Área de Libre Comercio para las Américas (Alca). También
comentó que Chile es un país amigo y pequeño, que Brasil
es grande y más distante en política exterior. Y que la Argentina
puede ser un país grande y amigo. La conclusión en Washington
es que la Argentina puede ocupar ese lugar intermedio. O, si quiere, alinearse
100% con Brasil”.
Oppenheimer dice que Bush y algunos funcionarios son escépticos respecto
del Mercosur. “Brasil hace privar sus intereses en el bloque. Se cree que
la Argentina y Chile tenderán a acordar con un país con un PBI
per cápita de US$ 36.000 (Estados Unidos) antes que con uno de US$ 2.000
(Brasil). Que el bloque es un deseo político y que si Brasil no quiere
sumarse al Alca, otros países, como Uruguay, Bolivia, Perú o Colombia
lo harán. Y a la Argentina le costará quedarse afuera”. En
lo personal, Oppenheimer se considera menos pesimista sobre el Mercosur, “siempre
que Brasil entre en el Alca”, aclara.
Ecos varios y Fidel
La presencia de Fidel Castro y su discurso del 26 de mayo en Buenos Aires fue
halagada pero también mereció rechazos. Días antes, la
administración Duhalde votó por la abstención en referencia
a Cuba y el debate por los derechos humanos en la isla. Ese voto había
sido condenatorio en los últimos años. Del Carril cree que fue
una equivocación del gobierno argentino. “Fue en un momento en que
en que en Cuba se cometieron hechos graves”, dice en referencia a los fusilamientos
y al trato a los disidentes.
Oppenheimer recala en el gesto de Buenos Aires con respecto a Castro y su repercusión
en Estados Unidos. “Aquí se vio como un disparate absoluto y en
el resto del mundo democrático también. Todas las democracias
y la izquierda internacional desaprobaron los fusilamientos y el encarcelamiento
de disidentes. La Argentina pareció haber dicho adelante comandante,
siga fusilando. Lo lamentable es que cierta izquierda cavernaria de la Argentina
no parece haber aprendido nada de la dictadura militar, ya que cree que hay
dictaduras buenas”, dice el analista político de la CNN.
La agenda de la prensa estadounidense no necesariamente hace hincapié
en América latina a menos que algo colosal suceda en ella. ¿Qué
pasará con el presidente Kirchner?
“Si el presidente hace las cosas claras puede tener buen eco. También
en su llegada juegan la negociación con el Fondo Monetario Internacional,
la actitud ante el terrorismo y la colaboración en este tema. Y la gobernabilidad,
va de la mano de la economía”, dice Del Carril.
¿Pro o antimercado?
¿Un fantasma recorre América?¿El neokeynesianismo? Kirchner
parece tomar algunas de sus consignas del modelo, como los planes de obras públicas.
¿Esto implica ser antimercado?
“Es un problema de dinámica entre sectores argentinos y estadounidenses.
Algunas personas siempre sostendrán que Keynes es antimercado”,
dice Del Carril. “Pero ahora hay otro problema: el mundo teme una deflación.
Hace algunas semanas el FMI elaboró un trabajo sobre este tema. Y la
Reserva Federal de Nueva York, otro”. Del Carril dice que el FMI piensa
en medidas no convencionales. Y que se toma en cuenta la forma de levantar la
demanda. “El gobierno argentino tiene problemas de demanda. La situación
es distinta a la de otros años.”
Oppenheimer no cree que el presidente argentino sea antimercado. “Si es
inteligente verá que quienes avanzan son los países con políticas
pro mercado. Hay una docena de ellos donde estas políticas funcionaron.
No hay ejemplo en los últimos años de un país con políticas
antimercado que haya logrado reducir la pobreza”. M
