viernes, 5 de junio de 2026

    ¿Quita sobre el capital, mayor plazo de pago, o ambas cosas?

    Si la Corte decidiera finalmente dar lugar a la redolarización de los
    depósitos, pero a su vez dejara abierta la puerta para que el Gobierno
    la instrumente de manera no traumática, podría resultar, en el
    corto plazo, más beneficioso que perjudicial. El beneficio derivaría
    de que una vez tomada esta decisión, se despejaría uno de los
    mayores factores de incertidumbre, claro que al costo de incrementar la deuda
    y la carga de intereses, pero esto sólo sería una complicación
    en el mediano plazo.
    El problema que traería aparejado el aumento de la deuda pública
    debe verse, dada la imposibilidad de recurrir al endeudamiento, como el esfuerzo
    en términos del superávit primario que el sector público
    debe generar para obtener los recursos que necesita para el pago de los intereses.
    En este sentido, debe ser analizado junto con las características que
    podría tener el proceso de renegociación de la deuda externa que
    el próximo gobierno deberá encarar ni bien asuma: ¿quita
    sobre el capital adeudado o mayor plazo de pago (con algún período
    de gracia) y menor tasa de interés?
    Un superávit primario de 2,5% a 3% del PBI podría ser bien visto
    por los acreedores, pero hoy está bastante lejos de lo que el gobierno
    argentino puede ofrecer seriamente. En 2002, el superávit primario alcanzó
    a alrededor de 0,7% del PBI. Este año es muy posible que esta cifra pueda
    ser incrementada, pero nunca multiplicada por cuatro.
    Más aún, si el escenario de tranquilidad macroeconómica
    continúa, esto traerá algún dolor de cabeza por el lado
    de las cuentas fiscales, ya que tanto la tasa de inflación como la cotización
    del dólar, serán bastante menores que las proyectadas inicialmente,
    con el consiguiente efecto sobre los recursos tributarios.
    Con un superávit posible, de 1% a 1,5% del PBI, pareciera que la estrategia
    más prudente sería ir por un mayor plazo y un período de
    gracia que le permitiera a la economía argentina crecer más rápido
    y aumentar por esta vía los ingresos fiscales en un horizonte de mediano
    plazo.
    Así se despejaría uno de los interrogantes más fuertes
    en relación con las posibilidades de la economía de volver a crecer,
    más allá de la recuperación del nivel de actividad que
    seguramente se verificará este año, ya que salir de la situación
    de default permitiría volver gradualmente a recibir algún tipo
    de financiamiento externo.
    Lo cual conduce al segundo interrogante, que es el relacionado con la necesidad
    de sanear y reestructurar el sistema bancario, de modo de hacerlo nuevamente
    confiable para la sociedad y permitir que retome su rol de intermediario financiero
    que acerque recursos a la actividad productiva. Ésta es una tarea pendiente,
    pero ineludible para que sea posible crecer de manera sostenida.
    Tanto una renegociación exitosa de la deuda, que incluye la necesidad
    de mantener la austeridad fiscal para ir alcanzando gradualmente el superávit
    primario necesario para cumplir con lo que se acuerde, como un rediseño
    eficiente del sistema financiero, requieren un gobierno fuerte y efectivo por
    detrás, lo cual nos lleva a otro de los interrogantes que enfrenta nuestra
    economía acerca de su posibilidad de crecer.
    La fragmentación de los dos partidos tradicionales, en un contexto de
    desconfianza generalizada sobre la política, pone un signo de interrogación
    muy grande sobre esta condición necesaria (y previa) para que la economía
    reencuentre su rumbo de manera definitiva.

    Sorpresa en el acuerdo con el FMI

    Como las metas del mes de marzo recién se revisan en mayo, todo hace
    suponer que, al menos del lado de la economía, se llegará a las
    elecciones del mes de abril (siempre que ocurran en esta fecha) en un ambiente
    de tranquilidad.
    Aunque continuó siendo un tema importante, la evolución de la
    cotización del dólar fue desplazada del centro del escenario económico
    por el acuerdo con el FMI y lo que esto implica para los próximos meses.
    Sorpresivamente, el acuerdo alcanzado incluye, además del roll-over de
    los vencimientos con organismos internacionales hasta agosto, el financiamiento
    parcial del déficit fiscal, en la parte correspondiente a los intereses
    por préstamos con esos organismos. Esto, sumado a US$ 200 millones adicionales
    que aportará el BID, totaliza nuevos fondos por alrededor de US$ 1.300
    millones.
    Las metas monetarias y fiscales, son cumplibles para el mes de enero y para
    el trimestre en su conjunto, sobre todo dada la buena performance que la recaudación
    tributaria habría tenido en el mes de enero (alrededor de $ 5.600 millones).
    El acuerdo es estricto en relación con la posibilidad de volver a incurrir
    en incumplimientos con los organismos, ya que en ese caso se cae automáticamente.
    Esto puede influir en la evolución de las reservas, dado que los desembolsos
    del Banco Mundial no están perfectamente calzados y hay un vencimiento
    cercano a los US$ 800 millones en marzo que puede llevar las reservas a cerca
    de US$ 8.000 millones.
    Esto, por supuesto, depende en buena medida del comportamiento del mercado de
    cambios que, según nuestra estimación continuará sobre
    ofertado, y también de lo que haga el Banco Central frente a esta situación.
    En principio, el acuerdo alcanzado le permitiría al BCRA comprar reservas,
    aunque a un ritmo menor al que vino haciéndolo en noviembre y diciembre.

    Las metas monetarias tienen el doble objetivo de controlar la emisión
    (para tener un “ancla monetaria”) y restringir la intervención
    del Banco Central en el mercado cambiario.
    La preocupación central del Fondo en este aspecto es que se produzca
    una nueva salida de depósitos o un desequilibrio fiscal que desborde
    las metas monetarias.
    Más allá de la cuestión de la competitividad, la preocupación
    del Gobierno se centra en que las proyecciones de recaudación están
    basadas en un dólar de $ 3,85 y una tasa de inflación acorde con
    éste.
    Visto a partir de la situación actual, esto supone una significativa
    sobre estimación de la recaudación, que hace que la meta de un
    superávit primario equivalente a 2,1% del PBI, aunque razonable desde
    el punto de vista del equilibrio fiscal, es de muy difícil cumplimiento.

    El Banco Central, en el ojo de la tormenta

    El tema de la evolución de la cotización del dólar continuó
    ocupando el centro del escenario económico durante febrero. Para llenar
    de preocupación tanto al Ministerio de Economía como al Banco
    Central, a comienzos de la segunda semana la cotización perforó
    los 3,10 en una carrera descendente que parecía no tener un final cercano.
    En el corto plazo, este descenso del tipo de cambio amenazaba afectar los recursos
    fiscales doblemente. Por el efecto directo sobre la recaudación en pesos
    de las retenciones sobre las exportaciones y por el efecto indirecto que podría
    derivarse de una mayor presión de los exportadores para reducir las alícuotas
    de las retenciones si el dólar continuaba bajando.
    Para colmo, lo que era una noticia esperada hace bastante, el acuerdo con el
    FMI, se transformó en motivo de preocupación porque en el momento
    en que llegó constituía una amenaza, por su efecto sobre las expectativas,
    de aumentar la presión a la baja de la cotización cambiaria.
    En este contexto, había quienes reclamaban una actitud más agresiva
    del BCRA como comprador de divisas pero hay un delicado equilibrio entre sostener
    el valor del dólar y, al mismo tiempo, mantener el control de las variables
    monetarias.
    Finalmente, la sangre no llegó al río porque se revirtió
    la tendencia y el dólar terminó esa misma semana por encima de
    los $ 3,20 por unidad.
    La película, sin embargo, no terminó. Estos vaivenes en la cotización
    son lógicos en un mercado tan pequeño y la causa básica
    de la revaluación nominal, es decir, el exceso de oferta, continúa
    vigente.
    A la espera de lo que ocurra con este precio clave de la economía, el
    Gobierno dio un paso importante en relación con la conformación
    de una estructura de precios relativos más consistente, al conseguir
    el modo de aumentar las tarifas de servicios públicos por decreto.
    De esta forma, entre el acuerdo con el FMI hasta agosto y la recomposición
    de las tarifas, el Gobierno puede llegar al final de su mandato transfiriendo
    una situación económica relativamente ordenada a su sucesor. M