A través de cooperativas y/o mecanismos de autogestión, cada vez son más los
trabajadores que se agrupan para salvar a una empresa en dificultades y así
mantener su fuente de trabajo. Estos emprendimientos muchas veces se ven empañados
o complicados por falta de legislación clara en la materia o por la existencia
de procesos concursales, embargos y otras trabas, que impiden el traspaso de
los bienes de la empresa en forma transparente y en un marco de seguridad jurídica.
No es la única manera en que se expresan las dificultades por las que hoy puede
atravesar una compañía. A nadie escapa que, como producto de la recesión imperante,
son muchas las empresas que han debido achicar sus estructuras. O bien se han
visto en la imperiosa necesidad de bajar sus costos, lo que en muchos casos
se tradujo en despidos y/o tercerización de determinados procesos productivos
o de servicios.
Frente a esta problemática, y teniendo como fundamento la necesaria seguridad
jurídica en que deben darse las soluciones, el marco legal existente no ofrece
demasiadas alternativas. La ley de Contrato de Trabajo prevé, en el artículo
105, que el pago del salario pueda hacerse en dinero, especies, habitación,
alimentos, o en la oportunidad de obtener beneficios o ganancias. El artículo
107 establece, en tanto, que en los casos de pago en especies, éste no puede
superar 20% del salario. A su vez, el artículo 245, que regula la forma de pago
de las indemnizaciones, no contiene previsiones particulares al respecto por
lo que, analógicamente, debería entenderse que resultan aplicables las normas
generales ya mencionadas. Por lo expuesto, podría concluirse que no cabe la
posibilidad de pagar indemnizaciones por despido en especies, salvo efectuando
una interpretación de carácter amplio en 20% del monto total de la misma.
¿Qué permitiría el pago en especies del total de las indemnizaciones o, al menos,
de un porcentaje mayor al que analógicamente posibilitaría la ley? En principio,
todo hace pensar que sería un mecanismo para lograr varios objetivos, a saber:
* en los casos de cierres o quiebras que se transforman en microemprendimientos
o cooperativas de trabajo, sería una herramienta para que la empresa cancele
sus pasivos con el personal permitiendo, desde el punto de vista de los trabajadores,
justificar la “propiedad” de las herramientas de producción, que constituyen
la base de su microemprendimiento y sobre la cual mantienen, en la mayoría de
los casos, una tenencia más que precaria (maquinarias, materia prima, etc.);
* en cuanto a los casos de tercerización, este tipo de pago le permitiría a
la empresa cancelar las indemnizaciones, entregándole al trabajador una herramienta
o maquinaria que le permita ser parte del proceso de tercerización, generando
de esa manera un microemprendimiento productivo para el empleado.
Ante el riesgo de abuso que una situación de este tipo podría generar, dentro
del marco de la actual emergencia económica, podría crearse una excepción legal
que permita el pago de 100% de las indemnizaciones en especies, siempre y cuando
la excepción se fundara en las siguientes premisas y/o requisitos:
* sólo sería admisible cuando la suma a abonar represente 100% de la indemnización
que le corresponda al trabajador;
* los elementos, maquinarias, bienes o herramientas entregados deben encontrarse
en buen estado y conservación, y ser parte del proceso productivo actual de
la empresa; o bien en el caso de mercaderías tener un valor de reventa adecuado;
* la valuación de dichos bienes debe efectuarse teniendo en cuenta su valor
real de mercado, en las condiciones que se encuentran, mediante un mecanismo
que garantice la participación del trabajador y el contralor de la autoridad
de aplicación.
Otras ventajas
Un mecanismo como el expuesto se justifica por vía de excepción y con el control
adecuado para evitar comportamientos abusivos. Pero lo cierto es que, al margen
de los riesgos, resulta más beneficioso el pago en especies (que conlleva la
posibilidad de un trabajo productivo posterior) que una mera expectativa de
pago, que la mayoría de las veces no se concreta. Por otra parte, la implementación
legal de un mecanismo de este tipo tiende a dar un marco jurídico adecuado que
permite controlar y fiscalizar situaciones que, en la práctica, se producen
con cierta frecuencia. Al margen de los riesgos, resulta más beneficioso el
pago en especies (que conlleva la posibilidad de un trabajo productivo posterior)
que una mera expectativa de pago, que la mayoría de las veces no se concreta.
De hecho, no son pocas las situaciones en las cuales el empleador, con acuerdo
de su trabajador y a veces a petición de éste, se encuentra con la posibilidad
de abonar indemnizaciones en especies. Sin embargo, estos pagos no pueden ser
instrumentados legalmente por no existir mecanismo jurídico que lo autorice.
Las consecuencias de esta situación se traducen, normalmente, en la imposibilidad
de pago, o bien en el pago mediante mecanismos que no reflejan la realidad de
la situación.
En síntesis, la ausencia de reglas facilita conductas abusivas y contrarias
a Derecho. A esta altura del relato, cabría preguntarse si no resultaría más
conveniente reconocer la situación y enmarcarla jurídicamente, dentro de un
régimen de emergencia y excepción acorde con la realidad de hoy.
Paradigma: consultoría y tercerización
Diez años en perspectiva
La consultora especializada en management e informática amplió su foco en una
década de trayectoria, acompañando la evolución del mercado y sintonizando,
en tiempo y forma, las necesidades de sus clientes.
En 1992, Paradigma fue fundada por ejecutivos con amplia experiencia internacional
en consultoría de empresas. “Originalmente, nuestro trabajo se focalizó en la
consultoría, mientras que en estos últimos años fuimos integrando servicios
vinculados a prácticas de tercerización”, define Luis Bendersky, socio director
de la firma.
Hoy, 10 años más tarde, la consultora emplea a 70 profesionales y tiene una
facturación de $ 8 millones anuales, entre los cuales se cuentan los ingresos
generados por su empresa asociada, Think IT unidad de negocios creada en 1999,
que lleva adelante proyectos vinculados a la tercerización. “Brindamos distintos
servicios profesionales: consultoría en management, mejoras de procesos y consultoría
en tecnología informática e implantación de sistemas de información”, comenta
Bendersky. “Nuestra misión es ayudar a los clientes a transformar sus procesos
y sistemas, apuntando a mejorar el funcionamiento y rentabilidad de sus negocios,
y aportando valor agregado”.
La oferta de soluciones que brinda Paradigma fue variando de acuerdo con la
evolución del mercado. Así, a lo largo de su historia, la consultora se ha focalizado
en distintos segmentos: energía, servicios de salud, previsionales y seguros,
servicios financieros, servicios públicos, ingeniería y construcción, consumo
masivo y distribución, empresas industriales y tecnología, comunicaciones y
medios. Dicha focalización queda manifestada con un breve repaso a su cartera
de clientes: Tenaris, Banco Río, Banco Galicia, Banco Francés BBVA; las AFJP
Siembra, Consolidar y Orígenes; Aguas Argentinas, Isenbeck, Syngenta y Xerox,
entre otras.
“Participamos en la etapa de conceptualización, en la de diseño y en la implementación
específica de las soluciones que requiere cada cliente, escuchándolo atentamente
para saber qué necesita. Asimismo, asistimos en la gestión del cambio, teniendo
en cuenta el impacto en los procesos, en la organización y en la gente; en los
modelos de control y en los sistemas”, puntualiza Bendersky.
La práctica de consultoría en Para digma se distingue por la integración de
cuatro grandes áreas de experiencia: Estrategia Organizacional, Operaciones,
Administración y Finanzas, y Tecnología Informática.
“Ponemos especial énfasis en el entendimiento inicial de cuáles son los principales
ejes de mejoras de competitividad para cada uno de nuestros clientes. Analizamos
la administración del riesgo, la mejora de la rentabilidad y de la calidad y
servicio hasta alcanzar el crecimiento”, explica el socio gerente. “Por eso,
consideramos todo proceso de mejora como algo complejo y multidimensional, que
afecta a todas las facetas de una organización. Nuestro enfoque se orienta a
una visión integral de todos estos componentes del cambio, profundizando aquellos
que sean más relevantes para el logro de resultados sustentables en el tiempo”,
remata Bendersky.
