miércoles, 29 de abril de 2026

    El FMI sólo vende “talle único”

    El Fondo Monetario Internacional está siendo vapuleado en todo el mundo, con creciente intensidad y sarcasmo. Dentro de las naciones industrializadas y de las economías emergentes. Si la crítica rotunda hace impacto en el corazón del organismo no es perceptible. Con arrogancia sus funcionarios no cesan de recomendar la receta que ya demostró que mata al enfermo. La sección Documento de esta edición está dedicada a esta polémica sobre la efectividad del Fondo.


    Pero no hay que desechar la perspectiva humorística que tanto dice sobre la posición popular, y también la de los intelectuales, sobre el estado del debate.


    Cuenta Thomas Friedman en su libro The Lexus and the Olive Tree que, en una reunión entre Mikhail Gorbachev y el secretario de Estado, James Baker III, el premier ruso recurrió a un chiste para tratar de explicarle lo mucho que costaba a sus compatriotas hacer la transición al capitalismo después de tantos años de comunismo.


    El chiste de Gorbachev decía así:


    “Un campesino ruso encuentra una vieja lámpara al costado del camino. Pensando en aquel cuento de Aladino que le habían contado cuando era niño, la lustra vigorosamente con su pañuelo y de pronto ve que también de esta lámpara sale un enorme genio. El campesino, estupefacto, escucha que el genio le dice que pida un deseo. El buen hombre le dice que sólo tiene tres vacas en su granja, mientras su vecino Igor tiene 10. El genio, anticipándose a lo que cree será el deseo del campesino, le pregunta si desea tener veinte vacas. ´No´, contesta el hombre. ´Lo único que quiero es que mates las siete vacas que Igor tiene de más´.”


    Esto trae a la memoria una de las enseñanzas del profesor Friedrich von Hayek (1889-1992): “Una buena sociedad no es la que diseñan las elites sino la que es producto del conocimiento local, que comprende sus valores y sus costumbres. Una buena sociedad no suprime la cultura local sino que permite a la gente común adaptarse a sus circunstancias. Lo peligroso es la visión estrecha que aman las elites”.


    Son esas elites las que llegan a las equivocadas suposiciones de uniformidad de las economías del mundo y que diseñan –como dijo Joseph Stiglitz cuando era economista jefe del Banco Mundial– un modelo “talle único” para todo el mundo.


    Stiglitz también tiene su chiste, que se relaciona con la anécdota de Gorbachev:


    “Había una vez un consultor del Banco Mundial que generaba informes sobre los países a la velocidad de la luz reemplazando el nombre de un país por otro usando el comando ´buscar y reemplazar´ de la computadora.


    Sus supervisores, los tesoreros del armonioso imperio galáctico, lo pescaron, no porque fueran demasiado inteligentes, sino porque en la PC un día falló la operación ´buscar y reemplazar´: era justo el día en que el vecino de Igor había pedido al genio de la globalización que destruyera las vacas de Igor.”


    La culpa no la tiene el vecino de Igor. El buen campesino ruso, de una forma indirecta, sólo había intentado mostrar un resultado muy importante y muy olvidado de la economía del bienestar: la equidad no se logra aplicando ideas que se traen de afuera haciendo caso omiso de la cultura popular.