Durante casi 20 años, la biotecnología ha prometido desarrollar específicos capaces de erradicar varios males comunes. A su vez, ello llevará a “personalizar” drogas y tratamientos para casi cualquier problema, sin efectos colaterales. Para todo esto, los investigadores sólo precisaban desentrañar la estructura del ácido desoxirribonucleico (ADN) o de su “hermano”, el ácido ribonucleico (ARN). Creían que el genoma humano poseían la llave de los misterios.
En febrero de 2001, dos equipos rivales anunciaron haber decodificado el ADN y haber descubierto que los genes no son el fin de la historia, sino apenas el principio, pues el verdadero trabajo estaba a cargo de las proteínas. La gente contiene sólo unos pocos miles de genes más que los ratones, pero muchísimas más proteínas, de las cuales se sabe menos. Por ende, penetrar los secretos de la vida exige pasar el foco de la genómica a la proteinómica.
Otro comienzo
En cierto sentido, hay que empezar de nuevo. Por eso mismo, 2002 y los años inmediatamente siguientes generarán vastas oportunidades para científicos que vayan extrayendo los secretos de las proteínas. También se beneficiarán las empresas que creen o mantengan equipamiento de vanguardia para experimentos tan complejos y las industrias farmoquímicas que los conviertan en drogas o herramientas de diagnóstico y tratamiento.
En un quinquenio, la proteinómica representará inversiones por US$ 16.500 millones en EE.UU. Ello abarcará tanto investigación pura como orientada a fines profesionales y comerciales, en un contexto interdisciplinario que combinará científicos, técnicos, expertos en desarrollo de productos y aplicaciones, etc.
Peter Meldrum, CEO de Myriad Genetics Inc, define la proteinómica como “la próxima frontera de la biología”. Para alcanzarla, su empresa trabaja conjuntamente con Hitachi, Oracle (dos gigantes informáticos), Bayer, Eli Lilly, Novartis, Pharmacia, Roche y Schering-Plough (todos, laboratorios de primera línea).
La complementación entre equipos científicos y computación hardware, software- resulta esencial debido al volumen de datos a recopilar, analizar y almacenar. Por ejemplo, el británico Sanger Centre, parte del proyecto público del genoma, había juntado 22 terabitios de datos a fines de 2001 pero, para 2003, calcula almacenar entre 50 y 100 terabitios más. También la epidemiología exigirá enormes bancos de datos médicos. De ahí que IBM esté trabajando en la mejora y la expansión de memorias. Por cierto, este tipo de desafíos puede depararle al sector informáticos ventas y utilidades hasta hace poco impensadas.
Pero la verdadera clave es médica. Una vez identificada y definida una proteína, las drogas apropiadas podrán activarla o desactivarla para diagnóstico o tratamiento. Se trata de un método llamado “diseño racional de medicamentos”, que creará específicos personalizados o adaptados a situaciones.
