domingo, 31 de mayo de 2026

    La vuelta al barrio

    Si bien los supermercados retienen la mayoría absoluta en las ventas de alimentos, su participación cayó el año pasado a los niveles de 1997, cuando absorbían 57% de la facturación de la venta total de alimentos. Los negocios tradicionales de la alimentación, por otra parte, vieron caer su participación como nunca antes, y llegaron a 17% de las ventas en este rubro, cuando en 1990 acaparaban 43%.


    En su lugar crecieron fuertemente los autoservicios, cuyo tamaño y proximidad disputan, por un lado, el espacio de los comercios tradicionales que no ofrecen tanta variedad, y por el otro, a los supermercados, por cuestiones de cercanía. Los autoservicios aumentaron su participación en la torta de las ventas minoristas hasta llegar a casi 30%, una penetración nunca antes lograda, si se tiene en cuenta que en 1990 apenas se apropiaban de 20% de la facturación de alimentos.


    Durante 1998, los supermercados e hipermercados aumentaron en cinco puntos el market share que se reparten con autoservicios, comercios tradicionales, quioscos, bares, perfumerías y otros formatos. De esta forma, las grandes cadenas minoristas alcanzaban a aglutinar 40% de las ventas minoristas. Pero durante 1999, esa participación cayó a 38,5% y el año pasado siguió descendiendo, a 37,6%, a pesar de que las grandes superficies comerciales continuaron expandiendo sus bocas de ventas. En 1998 contaban con 1.276 locales, cifra que se elevó a 1.306 en el 2000.


    En el mismo período, los autoservicios pasaron de 12.808 a 13.002 y entre 1999 y 2000 aumentaron su participación en las ventas totales (no sólo alimentación) en 2,5%, cuando hipermercados y supermercados perdieron casi 1%.


    Mientras tanto, los comercios tradicionales de alimentación son los que registran la mayor retracción. Durante 1997 se contabilizaban 104.182 comercios tradicionales, en tanto que el año pasado la nómina no llegó a los 94.000


    Contra esta corriente, se registró un importante avance de las perfumerías. En 1998 se contabilizaban unas 2.413 en todo el país y este año superan las 2.860.


    El quiosco parece haber dejado de ser el refugio de los que se quedan sin empleo. En 1998 se registraron 2.200 más que los que se contaban en 1997, pero sus perspectivas no eran buenas, ya que su participación en las ventas totales del comercio minorista habían caído casi 2%. Esta baja fue un preanuncio: en 1999 la cantidad de quioscos relevados en todo el país superaba los 85.000 negocios, pero el año pasado sólo se contaron 77.756.


    Al mismo tiempo, los ejecutivos de los supermercados observan cómo caen sus ventas por metro cuadrado, tendencia ésta que no es para nada nueva, ni inesperada. En 1999, el índice de facturación por metro cuadrado en las grandes superficies comerciales rozaba los US$ 1.000, pero el año pasado llegó a US$ 526. Aunque la caída es bastante fuerte, los niveles se encuentran todavía por arriba de la media internacional, que ronda los US$ 450.


    Contrariamente a lo que podría suponerse, estas cifras no indican que el supermercadismo tienda a desaparecer. Muestran, eso sí, un ajuste en las utilidades de las grandes cadenas que, además de reducir sus ingresos por la situación socioeconómica, se encuentran ante una importante presión competitiva.


    De hecho, los programas de fidelización ­cuyos principales reflejos son la emisión de tarjetas para acumular puntos por ventas, las promociones y sorteos­ aportan buena parte de las razones que tienen los consumidores a la hora de elegir los supermercados, más allá de la variedad y de los precios.


    Por otra parte, los consumidores tienden a comparar los precios entre las cadenas y a estudiar los folletos para planificar sus compras, con lo que el supermercadismo, lejos de desaparecer, parece introducir nuevas herramientas con las que los argentinos construyen un consumo inteligente.

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