Desde 1991, MERCADO viene realizando esta encuesta semestral de expectativas de los empresarios, diseñada por el sociólogo Heriberto Muraro y procesada, en todas las ocasiones, por la firma Telesurvey. Esta continuidad permite hacer un interesante ejercicio de comparación de las respuestas que han suscitado, en el ambiente de los negocios, los sucesivos cambios de políticas, ministros y gobiernos, y las crisis de diversa naturaleza.
El hecho de que entre la última medición (publicada en febrero) y la actual hayan desfilado tres conducciones económicas da una idea de la velocidad con que los acontecimientos desafían los esfuerzos por analizar la realidad en la Argentina.
Esta encuesta fue realizada durante los tramos finales del denominado megacanje de la deuda, que introdujo una dosis de optimismo en medio de un panorama de incertidumbre. La recepción de respuestas concluyó pocos días antes de que Domingo Cavallo anunciara el más reciente paquete de medidas orientadas a reactivar la economía.
Estas explicaciones son necesarias a la hora de examinar los resultados, atravesados
por signos aparentemente contradictorios.
La amenaza fiscal
El pronóstico sobre la evolución de las ventas de la propia empresa es el indicador más revelador de las expectativas de los directivos de las compañías consultadas. En esta ocasión, no se advierten cambios significativos con respecto a los resultados obtenidos seis meses atrás. Cuatro de cada diez encuestados prevén un aumento de su facturación, un tercio no anticipa cambios y 28% se prepara para una caída. El optimismo está lejos, por cierto, de los niveles que alcanzaba entre 1996 y 1998 (cuando superaba 70% de las respuestas) pero también del dramático índice de 17% que se registró en 1995, durante el efecto tequila.
Sin embargo, sigue manteniéndose por encima de 40% la proporción de directivos de empresas que estiman que sus productos bajarán de precio, un pronóstico típico de quienes avizoran un horizonte recesivo. La persistencia de la deflación está también presente en las respuestas sobre la evolución esperada de los costos de los principales insumos utilizados por la empresa: 27% cree que bajarán.
Otro dato llamativo es que nunca como en esta ocasión se ha revelado
tanta inquietud por la presión fiscal. Cuando se les pregunta a los hombres
de negocios cuál es el factor de aumento de costos que más les
preocupa, casi la mitad (46%) menciona los impuestos, que superan así,
en esta escala, a los costos financieros (señalados por 36%). Los salarios
y el precio de las materias primas resultan relevantes sólo para una
minoría (10% y 5%, respectivamente). En la encuesta realizada seis meses
atrás, apenas 23% manifestaba preocupación por los gravámenes
fiscales, en tanto que 46% prestaba particular atención a los costos
financieros.
Débil frente externo
Esta medición muestra, por otra parte, un nivel excepcionalmente bajo de empresas que proyectan realizar exportaciones durante el próximo semestre: apenas 47% frente al promedio de 61% registrado a principios de año. Entre los que planean exportar es, además, bastante bajo el porcentaje (43%) de los que anticipan una caída en el volumen de sus colocaciones en el exterior.
Cuando se les pide que expliquen las razones por las que no esperan una mejora en este terreno, casi la mitad (47%) apunta al tipo de cambio, en tanto que 26% busca la explicación en el costo argentino. Aquí se advierte un cambio significativo con respecto a la medición de comienzos de año, cuando 45% apuntó a ese motivo, y sólo algo más de un tercio se refirió al atraso cambiario.
Pero hay una clara referencia a la falta de competitividad de la producción local en las respuestas sobre la rentabilidad esperada para las exportaciones de la propia empresa. Sólo un poco más de la mitad espera un comportamiento positivo, en tanto que 17% (el porcentaje más alto registrado en toda la serie de mediciones) pronostica pérdidas en sus operaciones con el exterior.
Entre quienes hacen importaciones, casi una cuarta parte prevé que
la política arancelaria inducirá un aumento de costos. La proporción
es notoriamente más elevada que la que se observó en la encuesta
anterior, cuando apenas llegaba a 9%.
Retracción de salarios y empleo
Sólo uno de cada diez encuestados proyecta otorgar aumentos de salarios superiores al índice de inflación, en tanto que más de la mitad anticipa una caída. Estas cifras muestran un cuadro levemente más pesimista que el que surgía de la encuesta anterior. En enero, 12% preveía una tendencia ascendente y 48% anticipaba una retracción.
Entre los que pronostican una caída en los salarios reales, se mantiene en torno a 50% la proporción de los que atribuyen esto a la necesidad de mejorar la rentabilidad de la empresa, pero trepa de 34 a 42% el número de los que ofrecen como explicación la caída de la actividad.
Tampoco aflora el optimismo en las respuestas acerca de los planes de contratación
de personal. Sólo 13% proyecta aumentar su plantel de empleados (lo que
muestra un leve descenso con respecto al promedio de 16% de la última
encuesta). Y llegan a 28% los que planean reducir el personal. Sugestivamente
es también relativamente elevado el índice de los que proyectan
fuertes recortes, de más de 10%. En esta ocasión llegan a 9%,
la proporción más alta que se registra desde la crisis del tequila.
Crédito escaso y pocas inversiones
Continúan bajas, por otra parte, las expectativas de recurrir con mayor intensidad al crédito (otro signo revelador de pesimismo). Sólo 9% de los directivos encuestados planea aumentar el nivel de endeudamiento de su empresa.
Al mismo tiempo, casi la mitad (45%) avizora crecientes dificultades para acceder al crédito bancario.
Para la mayoría de los empresarios, los préstamos serán no sólo escasos, sino caros. Llegan a 43% los que anticipan fuertes aumentos de las tasas de interés, lo que constituye el mayor promedio registrado en los últimos años. En total, 71% prevé aumentos de los costos financieros.
Otro signo negativo proviene de las expectativas acerca del nivel de utilización de la capacidad instalada. Sólo 24% proyecta alcanzar un índice superior a 80%. Este es, por cierto, un resultado incluso más magro que el que se observó en la crisis de 1995, cuando 34% aspiraba a alcanzar un elevado nivel de uso de la capacidad productiva.
En consonancia con esta muestra de pesimismo, sólo 29% espera mejorar este desempeño (aproximadamente el mismo índice que se registró en 1995).
Resulta coherente, por lo tanto, que casi seis de cada diez directivos encuestados respondan que no planean realizar inversiones durante lo que queda del 2001. El promedio es sustancialmente superior al que se alcanzó a principios de año (46%) y resulta el más elevado desde 1995.
Sin embargo, surge un dato alentador de las respuestas sobre los planes de
quienes proyectan invertir: dos tercios están pensando en sumas superiores
a las que desembolsaron en el primer semestre.
Ganancias en suspenso
Se encuentra también, en esta medición, un porcentaje llamativamente bajo de empresarios que esperan un desempeño rentable de sus negocios. Sólo 44% responde afirmativamente, lo que refleja una caída sustancial con respecto al promedio de 62% que surgía de la encuesta realizada en enero.
Resulta sugestivo, por otra parte, que más de la mitad (54%) de los directivos anticipe un aumento en las tarifas de los servicios públicos.
Y más notable aún es la proporción de encuestados que temen un impacto negativo para sus empresas de la política impositiva. En esta ocasión suman 76%, frente a 53% en la medición realizada a principios de año.
Casi un tercio considera, por otra parte, que se paralizará el programa
de privatizaciones.
Acto de fe
La evolución de las expectativas en torno a la acción del equipo económico gubernamental muestra un significativo vaivén en las últimas cuatro encuestas.
A comienzos del 2000, cuando recién había asumido el gobierno de la Alianza, un tercio de los directivos de empresas esperaba resultados favorables de las decisiones tomadas en el Palacio de Hacienda. Las filas de los esperanzados mermaron hasta tocar un piso de 9% a mediados del año pasado. En enero del 2001, con el alentador (aunque finalmente efímero) impulso otorgado por el operativo de blindaje, las previsiones favorables crecieron a 20%. Desde entonces sobrevinieron las crisis que derrumbaron a José Luis Machinea y Ricardo López Murphy. Ahora, la magia que suele adjudicársele a Domingo Cavallo y las expectativas colocadas en el remedio del megacanje parecen suficientes para levantar a 37% el nivel de confianza en la acción del gobierno.
Vale la pena, sin embargo, no perder de vista el hecho de que, en medio de este volátil cuadro de expectativas, 33% de los empresarios se muestra escéptico con respecto a la conducción económica, una proporción bastante superior a la que cosechaba Machinea a comienzos del año pasado (25%).
Es notoria, por otra parte, la poca confianza en la capacidad del gobierno para cumplir con el declarado propósito de avanzar hacia el equilibrio de las cuentas fiscales: 51% responde negativamente, un porcentaje menor que el que se observó en enero, pero todavía elevado.
El influjo de la personalidad de Cavallo vuelve a imponerse cuando se les
pregunta a los directivos qué esperan en materia de credibilidad de la
gestión económica. Suman 56% los que responden positivamente,
frente al magro índice de 13% alcanzado en enero por Machinea. La confianza
es, en este caso, superior a la que rodeó la llegada de la Alianza (hubo,
entonces, 44% de respuestas afirmativas).
Optimismo, pese a todo
Los conflictos y cuestionamientos que vienen acumulándose en torno del Mercosur se hacen sentir aquí, con un bajo nivel (32%) de expectativas favorables acerca del impacto del esquema de integración regional en los negocios de la propia empresa.
Es cierto, sin embargo, que sólo 16% percibe una amenaza en este terreno, y más de la mitad prevé efectos neutros.
A la hora de diagnosticar su propio estado de ánimo, 49% de los directivos de empresas se define como optimista, lo que representa un sustancial progreso frente a los resultados de la encuesta anterior, cuando sólo uno de cada cuatro se manifestaba positivamente.
Ficha técnica
Esta encuesta
de expectativas para el segundo semestre del 2001 fue elaborada sobre
la base de 180 respuestas de altos directivos de empresas pertenecientes
a 41 sectores de actividad. Entre las firmas consultadas, 51% son filiales
de compañías extranjeras.
Los resultados
de las encuestas anteriores fueron publicados en las ediciones de MERCADO
de agosto y diciembre de 1991; agosto de 1992; enero, julio y diciembre
de 1993; julio de 1994; enero y julio de 1995; febrero y julio de 1996;
enero, julio y diciembre de 1998; enero y julio de 1999; enero y agosto
del 2000; y febrero del 2001.
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