miércoles, 29 de abril de 2026

    Diversidad e integración, la gran deuda pendiente

    Valentín Videla, Horacio Roja, Hernán Valcarse, Ana Renedo y Silvia Huczok.
    Foto: Gabriel Reig

    Los folletos y libros sobre sustentabilidad de las grandes empresas muestran, en la tapa, a empleados de diferentes razas y estatus sociales, sonrientes, conviviendo felices bajo el paraguas protector de la compañía. Son, después de todo, una gran familia; la foto que prueba que son una muestra pequeña de la sociedad.
    Pero lejos de las páginas satinadas y de alto gramaje que ilustran textos creados por las mentes detrás de gerencias de Comunicación y Relaciones Públicas, puertas adentro de esas fortalezas que son las grandes empresas, se pelea una batalla real por hacer eso posible.
    En la primera mesa redonda de este 2013 organizada por Mercado en alianza con Grupo Rhuo, los representantes de Recursos Humanos de empresas de diferentes sectores –Horacio Roja, de Medicus; Silvia Huczok, de Fundación Temaikèn; Hernán Valcarse, de Aguas Danone; Valentín Videla, de Moët Hennessy, y Ana Renedo, socia de Oxford Parners que actuó como moderadora– se sentaron a discutir la diversidad y la inclusión en sus empresas y mercados particulares.
    ¿La discusión en torno a la necesidad de incluir a sectores más marginados, de bajos recursos o discapacitados, está saldada? ¿La cuestión de género se articula correctamente en las empresas, logrando, así, romper con el famoso “techo de cristal” que impide que las mujeres lleguen a los más altos niveles gerenciales?
    La respuesta es un rotundo “no”.
    “La sociedad es diversa y se busca que la compañía esté bien representada. Creo que el tema de género, por ejemplo, ya está instalado. De alguna manera nos cayó la ficha de que hay que tener un balance de género en el nivel gerencial porque hacia abajo ya se da naturalmente. Estamos en la fase de articulación de políticas porque ya se entendió que es necesario que, a nivel directivo, los cargos se tienen que repartir proporcionalmente”.
    “Pero hay otras diversidades en las que estamos más atrasados. Por ejemplo, la cultural, la de background, la de gente con diferentes experiencias. Ahí es difícil, a esta altura, romper bien el molde. Es importante entender que los gerentes pueden no salir de las mismas cinco universidades o un nuevo ingeniero tener la misma especialidad que el resto”.
    “Ahí, sobre todo en empresas de consumo masivo, hay un desafío. Desde Recursos Humanos nuestro rol es de convencer de que la diversidad es algo bueno, que no hay que buscar clones, que está muy bien armar equipos diferentes”, expresa Hernán Valcarse, de Aguas Danone. Valcarse es realmente un ejemplo de empleado construido puertas adentro: casi no conoce trabajos afuera de la empresa. Se hizo desde abajo, como se dice en los pasillos: desde la planta que tienen en Longchamps llegó a gerente de Recursos Humanos.
    Una manera en la que la diversidad está incluida en el negocio de Aguas Danone es a través de un programa que mejora las condiciones de escuelas técnicas de la zona, permitiendo crear más oportunidades para los chicos de zonas más marginales y, también, asegurándose de capacitar futuros operarios, necesarios para cubrir puestos claves en la fábrica.

    Pescar de la misma pecera
    Este mix de trasfondos culturales es importante porque agrega puntos de vista diferentes, soluciones únicas a problemas que, quizás, son entendidos siempre de la misma manera. Es la proverbial bocanada de aire fresco que tanto se busca, muchas veces sin éxito.
    “Si se tiene un mismo perfil en toda la organización muy posiblemente las soluciones sean las mismas. Si hay gerentes con la misma formación y el mismo nivel sociocultural la respuesta será parecida. Es importante crear equipos diversos para tener respuestas diversas. Bien administrado ese conflicto trae riqueza a las empresas. Parte del desafío de Recursos Humanos es resolver eso. Pero la inclusión social está muy lejos de las empresas, creo que tenemos una discusión pendiente con colegas de otras áreas”, apunta Valcarse.
    “Antes íbamos todos a reclutar a las escuelas top y nos dimos cuenta de que esos chicos quieren ser rápidamente gerentes, que no había cultura del sacrificio en el trabajo, el famoso “derecho de piso”. Empezamos a cambiar el foco y a buscar en universidades nacionales, más de municipios populares, y tal vez esos postulantes no tienen el mejor nivel de inglés, pero tienen otras capacidades interesantes y resultan extremadamente productivos”, explica Horacio Roja, de Medicus. Roja está actualmente haciendo un master con especialización en diversidad, lo que lo hace un referente en el tema en la mesa.
    “El trabajo de Recursos Humanos es tratar de crear conciencia hacia adentro –admite el gerente de Medicus– pero también ayuda que exista una necesidad. Cuando es imperativo contratar a alguien, por crecimiento orgánico de la compañía, hay una demanda fuerte y la consecuencia es que se crece en diversidad. Con el tiempo uno se da cuenta de los buenos resultados. Yo prefiero el conflicto interno, que se pueda regular o educar, a que ni siquiera exista la discusión y que no haya chances de buscar esta clase de perfiles. Cuando existe la necesidad, no hay margen de tiempo y hay que salir a buscar. En 2001 sucedió todo lo contrario: había mucha oferta y diversidad cero”.
    Valentín Videla está acostumbrado al glamour que le permite su bodega, Moëtt Hennessy. Sin embargo estuvo en las trincheras: primero en P&G y después en Kraft, justo antes del conflicto sindical. Es seguro decir que entiende una cosa o dos sobre administrar conflictos.
    “El desafío hoy es pragmático. Todos pescamos de la misma pecera y entonces todos los perfiles son similares. Las compañías tienen que trabajar en incluir perfiles de otras ramas a los cuadros gerenciales. Es difícil porque en la Argentina las universidades forman profesionales con especialidades concretas. En Estados Unidos se pueden encontrar ingenieros con niveles avanzados de marketing, por ejemplo. En un país en donde egresan tres psicólogos por cada ingeniero es importante poder adaptar esos perfiles y hacerlos funcionar. Un psicólogo en ventas, por ejemplo, es algo bastante posible. Pero ahí se vuelve importante el apoyo y la fe de la empresa en ese candidato. Nosotros hemos entrevistado antropólogos y chefs para marketing que después hicieron un MBA y lograron adaptarse. Limitarse a los egresados de marketing implica tener veinte perfiles y nada más”.
    En Temaikèn no encuentran esta misma dificultad porque las profesiones son tan específicas que no hay pruritos sobre dónde buscar. “Son de segmento –explica Silvia Huczok, especialista en Recursos Humanos más acostumbrada a trabajar con banqueros que con animales–. Nosotros miramos la pecera de manera más nítida, hay que saber dónde ir a buscar”.
    En un contexto de pleno empleo es más fácil apostar a estos experimentos. “Hay momentos en los que estos temas ni se discuten –dice Roja– y otros en donde se abre esta puerta a partir de una circunstancia específica. Es un experimento pero que puede funcionar muy bien”.

    Más que el baño para los discapacitados
    Cuando se habla de diversidad e inclusión hay un grupo que resalta sobre el resto. Son aquellas personas con discapacidades que muchas veces quedan relegadas del mercado de trabajo. Aunque su formación es completa, existen diferentes mitos alrededor de la contratación de personas con capacidades diferentes.
    Fundación Temaikèn trabaja fuertemente en esto, ofreciendo oportunidades en el bioparque y en la gastronomía del lugar para personas discapacitadas que hayan aprendido un oficio en talleres.
    “La discusión viene de larga data –recuerda Huczok– pero ahora estamos en el proceso de cambio de paradigma para generar espacios para personas con discapacidades. Son personas formadas, muchas veces, con buenos recursos, que seguramente van a dar más porque están agradecidos con la oportunidad. Estamos ocupados en buscar este espacio dentro de la organización pero es un cambio cultural porque implica ver al otro de manera diferente”.
    “Las personas con discapacidades son muy fieles a las compañías. En un contexto de alta rotación deben ser tenidos en cuenta. Son personas con gran formación pero no están acostumbrados a recibir oportunidades. La posibilidad de trabajar en una gran empresa los marca”, recuerda Roja. En Medicus, por ejemplo, cambiaron la política de empleo y han incorporado a profesionales con capacidades diferentes. Pero fue un trabajo intenso porque implicó el convencimiento de sectores claves, como la gerencia. “No se trata de que el gerente tenga a alguien que lo ayude a archivar. Es entender que esa persona con discapacidad puede reemplazar a cualquiera. No se van a encargar del trabajo que nadie quiere hacer”.
    El hecho es que son pocos hoy los profesionales con discapacidades que se postulan voluntariamente. Existen miedos y mitos que Recursos Humanos tiene que ayudar a derribar. Una buena política de comunicación, hacia adentro o hacia fuera, debe encargarse de abrir las puertas de la empresa a la comunidad y también a las minorías. “Las compañías están hoy más abiertas que nunca a las personas con discapacidades. Pero existe una certeza en ellos de que no van a quedar, entonces no se postulan. Es una profecía autocumplida. Las compañías, especialmente las multinacionales, son abiertas y permisivas pero es difícil empezar, eso hay que reconocerlo. Los facilitadores dentro de la comunidad se vuelven indispensables: consultoras, Gobierno, empresas de recursos humanos. Creo que la articulación para la puesta en marcha de políticas es importante”, explica Videla.
    Pero es, tal vez, el mejor momento para intentarlo. “Con las facilidades del home office se pueden crear oportunidades para el cambio de paradigma de cara a la inclusión. Pero no se pueden inventar posiciones sino darles las mismas oportunidades que al resto”, sentencia Huczok.
    El problema, quizás, tenga más que ver con la legislación que no acompaña. “Los beneficios que da el Estado hoy a las empresas por contratar a personas discapacitadas no mueven la aguja. La extensión impositiva no es un driver sino más bien la convicción de la empresa de dar más oportunidades”, amplía Valcarse.
    “Faltan políticas claras para poder articular programas. Sin una legislación que avale prácticas el desafío es tres veces mayor. El problema es cultural: hace falta un debate más intenso y la legislación debe actualizarse”, finaliza Roja.

    ¿Discusión saldada?

    Poco lugar ocupa en la conversación el tema de género. ¿Será que esta cuestión, tan discutida en medios y en seminarios profesionales, está saldada?
    “No creo que esté saldada pero sí creo que está instalada –admite Valcarse– y cada empresa va avanzando de manera diferente. Pero además es inevitable porque ingresan al mercado laboral más mujeres que hombres; egresan más de universidades también. Llega un momento que, por diferentes razones, no pueden llegar a posiciones directivas. Tenemos que gestionar políticas para que, en el medio de la carrera profesional, las mujeres no se pierdan”.
    De hecho, según Videla, algunas características inherentemente femeninas son un acierto en áreas tradicionalmente duras y manejadas por los hombres como finanzas. “Hay áreas que le dan más espacio a las mujeres y otras menos, por eso se terminan desarrollando en áreas más blandas, de servicios. Pero las áreas financieras, más duras, se beneficiarían también muchísimo. En Recursos Humanos, por ejemplo, hay más mujeres porque salen a la luz sus mejores talentos: su empatía, su necesidad de cuidar”.
    Todos coinciden en que se trata de un cambio cultural. Las empresas, después de todo, son organizaciones creadas por hombres. Solo recientemente la mujer comenzó a hacerse lucir entre sus cuadros gerenciales. Los cambios, recuerdan, llevan tiempo. Precipitado por las circunstancias o por los hombres de ideas, la era de la hegemonía de las mujeres en las empresas ha comenzado.

    Una nueva era de trabajo

    La competencia global, la escasez de habilidades en mercados emergentes y la cambiante demografía muy pronto obligarán a las empresas a usar con más eficiencia el talento mejor pago.
    Durante los últimos 30 años las empresas en economías desarrolladas hicieron grandes avances en productividad y desempeño organizacional en una cantidad de áreas. Ayudadas por avances en tecnología y comunicaciones digitales, las empresas automatizaron, reingenierizaron y tercerizaron numerosas tareas que antes requerían empleados de tiempo completo y trabajando en el lugar. La tendencia, que comenzó en las plantas de producción, luego pasó a las oficinas donde toda una gama de empleos basados en transacciones que podían estandarizarse o estructurarse fueron automatizados y trasladados a trabajadores en países de bajos salarios.
    A lo largo de todos esos cambios, una amplia franja de empleo permaneció prácticamente intocada: el trabajo que requiere mucha interacción humana. Entre esos cargos están los empleos de los trabajadores del conocimiento –los médicos, ingenieros, abogados, gerentes, representantes de ventas, maestros y otros profesionales calificados que forman el motor de la economía del conocimiento. Varias investigaciones, entre ellas esta de McKinsey, demuestran que esos trabajadores de interacción son vitales para el éxito competitivo de empresas y de países. El trabajo de interacción es la categoría de empleo de mayor crecimiento en los países desarrollados, donde ya representa una gran proporción de empleos. Como la tecnología ha tendido a complementar, no reemplazar, las tareas en el trabajo de interacción, esos trabajos se realizaron de la misma forma durante mucho tiempo.
    Ya no más. Hoy, el trabajo de interacción está en un punto de inflexión. La competencia global, la escasez de habilidades y la cambiante demografía obligan a las empresas a usar su talento mejor pago de manera más eficiente. Los empleadores en economías avanzadas podrían pronto descubrir, por ejemplo, que no pueden encontrar tantos trabajadores universitarios como necesitan. La investigación del McKinsey Global Institute descubre que en Estados Unidos, la brecha podría llegar a 1,5 millones de graduados para finales de la década. China, donde muchas empresas globales han financiado planes de crecimiento, tendrá un déficit de 23 millones de graduados en 2020.
    Las causas de esta amenazadora contracción de talento son diversas. En algunas economías avanzadas, especialmente Japón, el estancado crecimiento poblacional significa que pronto no va a haber trabajadores jóvenes para reemplazar a los que se retiran. La escasa presencia de mujeres, especialmente en los rangos de gerentes y ejecutivos, sigue siendo un problema en algunas economías, especialmente Alemania. Y a pesar de los avances tecnológicos en comunicaciones, los desajustes geográficos persisten entre la oferta y la demanda de trabajadores. En la Unión Europea, por ejemplo, diferentes sistemas nacionales de certificación profesional, así como barreras culturales y lingüísticas, hacen difícil el traslado de las habilidades. También hay desajustes dentro de las fronteras nacionales: incluso en Estados Unidos, tradicionalmente más flexible (donde la movilidad laboral se encuentra en su nivel más bajo en 50 años) la tasa de desempleo era de 11,6% en Nevada en mayo 2012, contra 3,9% en Nebraska.
    Con este telón de fondo, las principales compañías estudiadas –en aviación, servicios comerciales, salud, manufactura de alta tecnología y otras industrias– están explorando formas de remozar el cómo, el dónde y el por quién del trabajo de interacción. Las empresas que triunfen en estos esfuerzos gozarán ganancias en productividad, mayor flexibilidad para responder a oportunidades y mejor acceso al escaso talento. Pero para llegar allí, deben repensar la forma en que administran sus fuerzas de trabajo.