
–¿Habría que recuperar el atraso relativo de las inversiones en proyectos de energía renovable reforzando subsidios o tornándolas más atractivas?
–Un reciente informe de la Secretaría de Energía indica que las energías renovables, principalmente la eólica y la solar, son hoy las fuentes más competitivas en términos de precio Megaw/hora y además se convirtieron en las más económicas en la generación eléctrica de Argentina.
Hubo distintas licitaciones en los últimos años y en cada ronda del programa Renovar se registró una considerable baja en el precio. Tal fue así que en la ronda 2, lanzada en 2017, los valores se acercaron mucho a los de la región, en US$ 40 el Megaw/hora, inclusive muy por debajo de otras tecnologías.
Ahora el debate que se está dando en el sector se plantea respecto del gas de Vaca Muerta y cómo hacer sinergias con las energías renovables. Más allá de la coyuntura, habría que mirar al resto del mundo, donde en países que actualmente no están muy a favor de las renovables, como podría suceder paradójicamente con los Estados Unidos de Donald Trump, terminaron enfocándose en inversiones muy importantes en proyectos eólicos y solares. Habría que tener en cuenta, sobre todo, la competitividad a precios de mercado que está alcanzando el almacenamiento vacío a través de grandes parques de energía solar y eólica con grandes baterías. Y entender cómo son los plazos y las tendencias a fin de encarar una matriz eléctrica propia, sin dejar de considerar el gran desarrollo de la generación de empleo que tiene en las distintas provincias.
Recursos por doquier
–Si hubiera que fijar prioridades entre el desarrollo de Vaca Muerta y las energías renovables, ¿cuál elegiría y en qué proporciones?
–El país tiene la ventaja de contar con recursos renovables y a la vez de hidrocarburos. Con las actuales condiciones económicas y sociales, así como con las necesidades de generación de divisas, no nos podemos dar el lujo de elegir entre una y otra fuente. Lo lógico, en este contexto, sería intentar conseguir todas las inversiones que sean posibles en Vaca Muerta, para extraer ese gas, destinarlo a exportación. Aprovechar el momento, porque creo que en los próximos años la tendencia de la demanda de hidrocarburos es que empiece a caer, debido a que los consumos en general comienzan a ser eléctricos.
Estamos hablando del vehículo eléctrico, por ejemplo; hay países que anuncian que hacia 2030/40 no van a comercializar los propulsados a combustión. Argentina debería encaminar su política energética hacia un masivo desarrollo de renovables (como eólica, solar o bioenergías). Armar tecnologías que sean lo más limpias posibles e ir volcando las demandas y los consumos hacia el sector eléctrico, tanto en transporte como en climatización de ambientes, edificios. Pero no debería dejarse de aprovechar en la transición el gas de Vaca Muerta como refuerzo de la oferta de energía firme.
–¿Qué está faltando en infraestructura para que la energía que se genere pueda integrarse a las redes de alta tensión y se sume a la oferta mayorista como una más?
–Una de las grandes falencias en materia de energía que deja la actual Administración tiene que ver con no haber implementado un plan de construcción de líneas de alta tensión. Si bien en los últimos tiempos la demanda fue cayendo como consecuencia de la crisis económica, como hubo nuevas centrales de generación que fueron equilibrando la oferta y la demanda, lo cierto es que cuando la economía empiece a tomar un sendero de crecimiento y requiera de más energía para funcionar va a ser necesario seguir incrementando el parque de generación de energía eléctrica.
De modo que si no hay una infraestructura de líneas de alta tensión, lamentablemente Argentina tendrá que volver a importar energía eléctrica, en un contexto de escasez de divisas. En ese caso, el año que viene, el nuevo gobierno tendría que implementar un nuevo plan de infraestructura en función de las tecnologías que considere aplicar, la eólica en el panel sur, solar en el del norte, bioenergías en el centro, hidroeléctricas desde Cuyo a Comahue, y a partir del mix tecnológico que se planifique deberá contemplarse una ampliación de las líneas de transporte.
Como una obra de este tipo demora entre 2 y 3 años, no queda margen para demorar decisiones. Será un gran desafío en el marco de un reducido o nulo financiamiento internacional para Argentina.

