martes, 20 de enero de 2026

    De los jefes de la guerra a los jefes de la empresa

    En su nuevo libro, que titula Leadership in War: Essential Lessons from Those Who Made History, Roberts analiza las experiencias de los líderes de la guerra para presentarlas como enseñanzas para los jefes de negocios. Un prolífico historiador de la Segunda Guerra Mundial, además de biógrafo de Napoleón y Churchill, el autor presenta nueve retratos de líderes que tuvieron a su cargo la responsabilidad de una guerra: Napoleón Bonaparte, Horacio Nelson, Winston Churchill, Adolf Hitler, Joseph Stalin, George C. Marshall, Charles de Gaulle, Dwight D. Eisenhower y Margaret Thatcher. Los perfiles más salientes para los lectores empresarios –según el criterio de quien reseña el libro, el autor Daniel Akst– son los de Napoleón Bonaparte y Dwight D. Eisenhower. Es en el capítulo final –“The Leadership Paradigm,”– donde el autor extrae lo que considera grandes enseñanzas para líderes actuales.

     

    El corso genial

    La carrera de Napoleón encapsula muchas de ellas. En su juventud durante la Francia prerrevolucionaria, el futuro general y dictador fue un lector voraz y luego en la adultez adhirió a la meritocracia, o sea a la forma de gobierno basada en el mérito; es decir, en los mejores. Supo también entender a sus tropas. Charlaba largos ratos con ellas y “tenía una apertura casi democrática que lo acercaba a ellos combatientes”.

    Su profundo respeto por la cualidad moral de las personas lo llevó a crear la “Legión de Honor”, la más alta orden de distinción francesa, para premiar a soldados y civiles. También entendía el poder del orgullo regimental y el tipo de lenguaje que impresionaba a la gente: “Hay que hablar al alma pues es la única forma de electrizar a los hombres”.

    Aunque no era ningún santo, se aseguraba de que sus tropas estuvieran bien alimentadas y bien pertrechadas, en especial bien calzadas. Recordaba rostros y nombres de individuos que conocía sólo de batallas anteriores.

    Una buena memoria parece ser otra cualidad de buen liderazgo, según Roberts. El general corso constantemente interrogaba a los soldados, tanto para conseguir información como para hacerles ver que se interesaba en ellos. Su principio rector, uno que podría servirle al CEO de cualquier empresa hoy, era “severo con los oficiales, amable con los hombres”.

    Como casi todos los líderes guerreros presentados en el libro, Napoleón tenía una inmensa capacidad de trabajo y organizaba su tiempo de manera obsesiva. No más de media hora para comer y se hacía leer los diarios mientras se aseaba. Sobre las tareas en simultáneo –lo que ahora llamamos “multitasking”– no tenía buena opinión. “Los asuntos diferentes se acomodan en mi cabeza como en un armario” dijo una vez. “Cuando quiero interrumpir un pensamiento, cierro ese cajón y abro otro”.

     

    Eisenhower y sus dudas

    Junto a su mentor George Marshall, el comandante del ejército norteamericano, Eisenhower logró mantener a los generales de todos los Aliados trabajando al unísono el tiempo suficiente para ganar la Segunda Guerra Mundial. Lo consiguió tratando a todas las partes con paciencia y respeto. Ike, como le llamaban, tenía un estupendo auto control: “Por fuera es calmo durante todas las crisis,” relata Roberts.

    Por dentro lo carcomían las presiones de su cargo. Sabía que si se equivocaba no lo mantendría. En los días en que debía decidir si era el momento propicio para lanzar el asalto a Normandía fumaba cuatro atados de cigarrillos por jornada. Al mes siguiente su presión arterial era 176-110.

    Una de las razones por las que la gente lo respetaba era su disposición a asumir siempre la responsabilidad. Antes del asalto a Normandía redactó un comunicado para ser difundido en caso de que la invasión fallara: “Las tropas de tierra, aire y mar cumplieron con su deber con devoción y coraje. Si hay alguna culpa en el intento, es exclusivamente mía”. Nunca tuvo que usarlo.

    Él sabía que en toda gran empresa, la preparación es necesaria pero no suficiente porque la realidad es compleja e impredecible. Él decía dos cosas opuestas: “los planes no valen nada” y “la planificación es todo”.

    En sus retratos de Winston Churchill, del vicealmirante británico Horatio Nelson y del líder de la resistencia francesa Charles de Gaulle, lo que más destaca el autor es el coraje personal.