domingo, 15 de febrero de 2026

    La dimensión política de un gran cambio tecnológico

    Mercado condensa aquí un informe realizado por Paul Triolo y Kevin Allison del departamento de Geo-tecnología del Eurasia Group, donde hacen una introducción a la geopolítica de 5G. Explican allí cómo las fuerzas políticas –incluida la actual confrontación entre Estados Unidos y China– darán forma al desarrollo de los estándares móviles de la próxima generación, la distribución de espectros y su despliegue en los principales mercados y regiones. Según los autores, las redes 5G diseñarán la competencia económica, tecnológica y geopolítica entre las principales superpotencias del mundo.

    Gran parte de la discusión sobre 5G gira alrededor de sus impresionantes velocidades de transmisión de datos. Las próximas redes móviles transportarán los datos cien veces más rápido que las actuales redes 4G. Se volverá obsoleta la idea misma de “bajar” archivos grandes, como una película de alta definición. Pero a diferencia de las redes anteriores, que se creaban pensando en servicios de datos y de voz para los consumidores, 5G también permitirá comunicaciones de alta capacidad y de latencia ultra baja.

    Esas capacidades, que aparecen por primera vez con 5G, mejorarán drásticamente el desempeño de las redes de datos móviles porque permiten nuevos tipos de comunicación máquina a máquina y acceso casi instantáneo a cantidades impresionantes de datos. 5G es lo que hará posibles los autos autónomos, las ciudades inteligentes y otras aplicaciones masivas de dispositivos conectados a escala comercial.

    El rol de 5G en estas tecnologías transformadoras es tan fundamental que, en mucha mayor medida que lo que ocurrió con 4G, el crecimiento y aplicación de las redes de próxima generación se ve influenciado por preocupaciones políticas. Para esa nuevo ecosistema están calentando sus motores compañías de comunicaciones, de manufactora, automotrices y todo el abanico de industrias nacionales.

    Mientras durante todo el año pasado crecía sostenidamente la confrontación comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China, impulsada por la preocupación económica y de seguridad nacional del Gobierno de Donald Trump y por los ambiciosos objetivos de desarrollo industrial, tecnológico y economómico de China, se iban politizando cada uno de los grandes problemas asociados a 5G.

    Así, adquirieron nueva importancia temas que antes eran técnicos y áridos como la fijación de estándares, la asignación de espectros para redes 5G, la ubicación de las cadenas de suministro, la forma de proteger la próxima generación de redes de datos móviles de los cíber ataques y cuáles son las compañías que desarrollan infraestructura y aparatos para 5G.

     

    Nueva fase de la revolución digital

    Las decisiones que tomen los Gobiernos y los actores industriales y la forma en que se tiendan las redes 5G tendrán consecuencias importantes para la nmanera en que se desarrolle la próxima fase de la revolución digital en Estados Unidos, en China y en el resto del mundo. O sea, para el equilibrio del poder global.

    A continuación la información necesaria para entender las dimensiones políticas de este cambio tecnológico trascendental.

     

    •   Es probable que China logre la ventaja de la primera jugada en 5G al avanzar hacia la instalación de redes comerciales en el país para 2020. Eso marcará la culminación de un esfuerzo que realizó el Gobierno a lo largo de muchos años para instalar al país en la vanguardia de la próxima generación de redes móviles y aplicaciones relacionadas a través de iniciativas estatales como el Plan Internet+ (2015) y el décimotercer Plan Quinquenal (2016).
    •   Continuarán los esfuerzos de Estados Unidos y aliados para excluir a los proveedores chinos de equipos de redes 5G en los países occidentales. La confrontación comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China muestra pocas señales de aflojar. Los debates políticos estarán dominados por los posibles riesgos a la seguridad nacional planteados por el hardware chino, según el argumento que pretende instalar Estados Unidos.
    • El intento de ofrecer una alternativa 5G sin China podría demorar la implementación de esa tecnología en algunos países, porque los proveedores de repuestos se verán obligados a invertir en nueva capacidad de manufactura y capital humano para introducir las redes de próxima generación sin demasiado gasto y a gran escala. Eso reforzará la ventaja de China en su calidad de primer jugador.
    •   Un ecosistema 5G bifurcado consistirá en dos esferas separadas de influencia tecnológica, políticamente divididas y posiblemente con operatividades incompatibles: una liderada por Estados Unidos con tecnología desarrollada en Silicon Valley; otra por China y sostenida por su cuadro de eficientes compañías de plataformas digitales.
    •   La división entre un campo chino y otro no chino provocará algunos problemas menores de interoperabilidad pero más probablemnte resultaría en menores economías de escala y mayores costos de transacciones con efectos de segundo orden para el costo de equipamiento en infraestructura.
    • Junto con la lucha política por la red misma 5G, Estados Unidos y China están compitiendo para desarrollar las aplicaciones de tecnología innovadora que correrán sobre las redes 5G. Aquí Estados Unidos tiene una ventaja en su capacidad de innovación pero China se beneficiará de su posición adelantada en aplicaciones y casos de usos a medida que despliegue su ecosistema doméstico 5G y sus compañías compitan por cuotas de mercado en el extranjero.
    •   El tendido de redes 5G abrirá el camino hacia la aplicación a escala comercial de tecnologías de próxima generación. Este no es un juego donde el ganador se lleva todo, existe la posibilidad de un círculo virtuoso a medida que las aplicaciones relacionadas atraigan talento y capital mientras las enormes montañas de datos generadas por las aplicaciones que corren sobre las redes 5G disparan más innovación.
    • En un mundo bifurcado, aquellos países que deseen acceder a este ciclo virtuoso deberán decidir cuál de las dos tecnologías 5G quieren elegir con sus respectivos ecosistemas de aplicaciones. Muchos Gobiernos sufrirán la presión de Estados Unidos y aliados para que no elijan el de China.
    • Al mismo tiempo, los países en desarrollo que son más sensibles al costo encontrarán que la tecnología china es más barata, especialmente si China logra también ventaja en las aplicaciones tecnológicas relacionadas.

     

    La batalla política

    El tendido de redes 5G llevará más de diez años y será uno de los proyectos tecnológicos más complejos y costosos jamás intentados. El ritmo de ese tendido en un país determinado dependerá de una cantidad de factores. Entre ellos: preferencias de compañía operadora, políticas regulatorias, las estrategias de los Gobiernos, los costos de instalación, la escalabilidad de la infraestructura, el progreso en el desarrollo de aplicaciones de redes 5G y la habilidad de los diferentes jugadores para captar valor en un complejo ecosistema tecnológico.

    En mucha mayor medida que el tendido de redes 4G, el tiempo que demandará 5G estará supeditado a las preocupaciones políticas y de seguridad nacional, que también variarán según el mercado. Esto es porque a diferencia de lo que ocurrió con anteriores generaciones de redes de datos móviles, que estaban construidas pensando en servicios de datos y de voz para el consumidor, las de 5G además expandirán enormemente las capacidades de las redes de datos móviles porque permitiran nuevos tipos de comunicación máquina a máquina.

    Aunque las primeras ofertas comerciales de 5G estarán dirigidas a los usuarios de smartphones que quieren descargar videos más rápidamente el aspecto verdaderamente revolucionario de las redes 5G será su alta capacidad y latencia ultra baja. Esas capacidades permitirán por primera vez la implementación a escala industrial de vehículos autónomos, la automatización de la fábrica y otras tecnologías que requieren gran cantidad de dispositivos para mantenerse en comunicación casi instantánea en un área amplia.

    Al servir de base fundacional para la nueva fase de la revolución digital, 5G no ofrecerá solamente una mejora cuantitativa sobre las tecnologías anteriores por sus mayores velocidades, sino que será cualitativamente diferente de las redes de datos anteriores en términos de la innovación que permite. Eso ha colocado a 5G en el centro de una creciente confrontación comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China, las dos superpotencias tecnológicas del mundo. Ambas ven el control de la próxima ola de tecnologías avanzadas y aplicaciones relacionadas –autos sin conductor, ciudades inteligentes y automatización avanzada de la fábrica– como un asunto urgente de seguridad nacional y económica.

    Las consecuencias ya se están sintiendo: a lo largo de todo 2018, se hizo evidente que Estados Unidos y algunos de sus aliados clave están trabajando para excluir a los vendedores chinos de equipos, Huawei y ZTE, de sus redes 5G comerciales y gubernamentales debido a preocupaciones de seguridad nacional. Aunque ya desde hace algún tiempo varios países habían restringido el acceso de esos proveedores a sus redes de datos estatales y comerciales, con 5G la apuesta es mucho más alta. Estados Unidos ha puesto en marcha una alianza, llamada “alianza de inteligencia cinco ojos”, para prohibir las redes 5G chinas.

    En ese bloque están Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Canadá y Gran Bretaña podrían tomar medidas similares en el futuro pero su capacidad para actuar se ve complicada por la presencia de importantes equipos chinos en sus actuales redes comerciales móviles. Otros países, como Francia y Alemania también están considerando limitar la participación de empresas chinas en el despliegue de sus redes 5G, como ya lo está haciendo Japón. Es probable que Surcorea no tome ese camino aunque también le preocupa el aspecto de seguridad nacional de 5G.

    Una mirada más detenida a 5G ayudará a explicar por qué se ha convertido en un campo de batalla tan importante en la confrontación entre Estados Unidos y China para el futuro de las tecnologías de avanzada.

    El diseño de las redes 5G marca una desviación importante de las redes 2G, 3G y 4G, que fueron desarrolladas primeramente para la comunicación de datos de voz de teléfono a teléfono. A medida que las cámaras de los smartphones y las pantallas fueron mejorando y permitiendo resoluciones mucho mayores, la demanda de aplicaciones de datos como videos en streaming necesitaban que los fabricantes y operadores de equipos ajustaran el desempeño de las redes 4G. Sin embargo, la arquitectura de base de la red seguía con limitaciones para lograr velocidad.

    Así llega 5G, que está diseñada desde la base para manejar enormes cantidades de dispositivos, de datos y de aplicaciones que requieren comunicaciones muy rápidas y confiables con la mínima latencia (demora), como los vehículos autónomos conectados entre sí.

    Para brindar esas características, las redes 5G se dividen en tres porciones primarias de redes, cada una para cumplir una función primaria diferente: banda ancha móvil mejorada (eMBB, según siglas inglesas): este trozo de la red, que probablemente será el primero en aparecer y en usar aspectos de la existente arquitectura 4G, permitirá bajar archivos a los smartphones y otros dispositivos, con hasta diez veces más velocidad.

    Luego está el segmento de las comunicaciones ultra confiables de baja latencia (uRLLC). Este segmento está diseñado para aplicaciones como los vehículos autónomos, que necesitan una comunicación sin interrupciones para tareas tan importantes como detectar obstáculos en el camino o controlar el vehículo en todo momento.

    Esta porción de la red necesitará importantes inversiones en nuevos equipos para aumentar la capacidad de las comunicaciones. También necesita nuevos diseños de antenas y equipos más pequeños que brinden buena cobertura.

    Comunicaciones masivas máquina a máquina (mMTC): este segmento está diseñado para manejar miles de millones de nuevos sensores y otros dispositivos “de punta” que se comunicarán entre sí y con otras partes de la red; eso será la Internet de las Cosas (IoT).