Ya no es como antes una opción para las empresas. Si no son sustentables, se sostiene, corren el riesgo de desaparecer. O lo que es peor, de crear una crisis política y económica sin precedentes.
Desde perspectivas como la de Jean-Dominique Senard (nuevo CEO de la convulsionada alianza Renault–Nissan–Mitsubishi) el capitalismo responsable es un remedio necesario para las extralimitaciones de las empresas que han provocado el surgimiento y auge de movimientos nacionalistas, populistas y antiglobalización. Sin un mayor esfuerzo por parte de las empresas y de los inversores para ampliar el alcance de la prosperidad y la calidad de vida de la humanidad, habrá más reacciones contra la libre empresa, más gobiernos autoritarios, más reglamentaciones arbitrarias y cada vez más restricciones al mercado libre.
Antes, el crecimiento económico y la obtención de utilidades eran las únicas metas. Ahora, aunque parezca un contrasentido, algunos intelectuales y líderes empresariales propician bienestar sin crecimiento, como un abierto desafío a la arraigada noción de que el aumento en el PBI de las naciones es necesario para prosperar.
En lugar de poner foco en la expansión, hay que perseguir otro objetivo fijando límites al uso de los recursos naturales, a la cantidad de horas laborales, y al nivel de desigualdad o inequidad. Es lo que llaman el desafío del post crecimiento económico.
Otra de las ideas en danza en meses recientes es en torno al desarrollo de una comunidad sostenible. Se trata de lo que la gente quiere pero que el entorno puede soportar sin riesgo.
Una comunidad sostenible utiliza sus recursos para cubrir las necesidades actuales sin poner en riesgo que estén a disposición de las futuras generaciones. Lo ideal es que la sustentabilidad ayude a las empresas a ser rentables generando ahorros, dirigiendo el crecimiento en determinada dirección, y reduciendo los riesgos.
En suma, el desarrollo sostenible ya no es un rubro más en la agenda de las empresas. Es, necesariamente, la base que sustenta los negocios del futuro.
No solo los Gobiernos y organismos internacionales imponen mayores controles y exigencias a las compañías, para minimizar su impacto y cuidar el medio ambiente, sino que la sociedad misma demanda otra forma de hacer negocios. Responsabilidad, ética, transparencia, coherencia entre el decir y el hacer, compromiso con su entorno –natural y social–, buenas prácticas productivas y laborales, atractivo ambiente laboral, trato respetuoso, plural y equitativo con sus empleados conforman un paquete de exigencias a las cuales las compañías deben hacer frente. En la sociedad de hoy, el fin no justifica los medios.
En este mundo veloz, demandante y repleto de desafíos, es que las empresas despliegan su actividad diaria. Y es por ello que la gestión sustentable ya no refiera a una cuestión electiva.
Diversos estudios lo han demostrado: la gestión sustentable no deja de ser un buen negocio. No solo por los ahorros que representa –en consumo de materiales, energía, recursos, etc.– y por el valor intangible de la buena reputación, sino por ser un trampolín de acceso a la innovación en procesos, negocios y productos.
Hay una nueva realidad
En la relación entre sociedad y compañías, es claro que estas no pueden sobrevivir sin la otra. Las más recientes investigaciones en este campo revelan que los informes sobre temas de sustentabilidad dan por resultado un fortalecimiento de la posición de la empresa y de su competitividad. La responsabilidad empresarial alcanza nuevas dimensiones. Se lo exigen consumidores e inversionistas.
Todos los días, en cualquier campo de la actividad económica, se registra una de esas clásicas catástrofes de transparencia y trayectoria. No importa que las empresas en cuestión tengan códigos de ética, prácticas de compliance, y programas de RSE y sustentabilidad. La bomba estalla en cualquier lado y afina la vocación reguladora de los Estados. Algo que el mundo empresarial prefiere tener lo más lejos posible.
Por eso hay ahora una nueva valoración de la transparencia. El revelar prácticas gerenciales aumenta la responsabilidad social de los líderes y aumenta su credibilidad. A medida que las empresas ponen más énfasis en el desarrollo sustentable, se vuelven más éticas en sus prácticas comerciales, lo cual significa que se reducen los casos de sobornos y corrupción.
Hay un sector de académicos que piensa que RSE hace referencia a la obligación social que tiene una compañía de ser responsable en el mantenimiento y mejora de beneficios sociales además de la búsqueda de maximización de ganancias para sus accionistas.
Si se mira la relación entre sociedad y empresas, se observa que estas no pueden sobrevivir aisladas de la sociedad. Paralelamente, el desarrollo social descansa en el crecimiento de las compañías. Esta interdependencia decide que sociedad y compañías interactúan entre sí y a la vez se ven restringidas por sus respectivas reglas de desarrollo; es más, las compañías, como organizaciones sociales, tienen sus intereses independientes; los beneficios sociales son del bienestar público.
El presente Dossier estuvo a cargo de Carina Martínez
Unilever
Una estrategia que
incorpore al ciudadano
“Frente al avance de la industria hacia una economía circular, nos encontramos ante un punto de inflexión que requiere la necesidad de pensar los negocios de otra manera, donde los residuos se convierten en recursos o en nuevas materias primas para otros productos”, reflexiona Mariana Reñé, gerenta de Sustentabilidad, Comunicación Interna y Digital para Cono Sur.
“En este sentido, el desafío más importante es que continuemos trabajando de forma articulada con todos los sectores –público y privado– para avanzar en una nueva economía del plástico. Otro desafío es la forma en que trabajamos en la instancia del postconsumo.
Entendiendo que la responsabilidad se extiende a todos los actores que participan a lo largo de la cadena, el consumidor también tiene un rol fundamental en la gestión de los residuos. Por esto, tenemos el rol de informar y empoderar a los consumidores para que separen residuos y/o elijan productos que generen menor impacto”, sostiene. “Por eso mismo, es importante desarrollar campañas o proyectos que lleguen al ciudadano”.
–Una gestión sustentable, a la larga, es también un buen negocio. En la compañía, ¿existen métricas que lo confirmen?
–Sí, existen. Nuestro Plan de Vida Sustentable tiene metas claras que nos permiten alcanzar un crecimiento consistente, rentable, competitivo y responsable. Gracias al plan, en cuanto a la mitigación de riesgos y el ahorro de costos en el negocio, desde 2008 ahorramos € 750 millones, de los cuales € 490 millones provienen de ahorro en costos de energía en nuestras fábricas y € 260 millones de reducción en el uso de materiales y producción de residuos. Asimismo, estos resultados también se reflejan en nuestras marcas con propósito de vida sustentable: en 2018 las crecieron un 46% más rápido que el resto del negocio y aportaron el 70% del crecimiento de la compañía.
–¿Cómo se incorpora a toda la cadena de valor (desde la materia prima hasta la logística, distribución y venta) en una red que garantice prácticas sustentables punta a punta?
–Se incorpora a través de la articulación con todos los actores que forman parte de la cadena, buscando generar un impacto positivo en cada instancia del ciclo de vida nuestros productos, desde la materia prima hasta el momento posterior al consumo.
Por ejemplo, a través de nuestras marcas de alimentos, actualizamos la visión sobre este negocio con cinco compromisos de nutrición sustentable. Uno de estos se refiere a la reducción del desperdicio de alimentos en toda la cadena de valor ya que, según el BID, en América Latina un 72% del desperdicio se genera en el proceso productivo y un 28% en el consumo.
En relación a la primera etapa –instancia de producción– trabajamos con nuestros productores, y desarrollamos un Código de Agricultura Sustentable de Unilever, que permite el uso eficiente de los recursos y cuidado del medio ambiente, respetando los tiempos de siembra y ponderando los derechos de los trabajadores. Además, capacitamos a los productores para que trabajen bajo dichas normas. En la fabricación de los caldos y sopas Knorr, los vegetales son seleccionados con criterios de calidad y no estéticos, lo que permite aprovechar más los alimentos.
En la instancia del consumo, comenzamos a instalar la temática del desperdicio de alimentos en 2016, junto a la FAO, Carrefour y la actual Secretaría de Agroindustria de la Nación. Estos aliados fueron claves en el desarrollo de esta iniciativa que nos permitió llegar a los consumidores mediante guías con consejos para evitar el desperdicio. Durante la campaña se entregaron en 596 sucursales de Carrefour del país, alcanzando a más de 8 millones de personas. Esta iniciativa se complementa con el impulso de un proyecto de ley para sancionar el día 29 de septiembre como el “Día Nacional de la Reducción de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos”.
En el caso de nuestras marcas de cuidado personal y del hogar, trabajamos tanto en lo que respecta al diseño y la materia prima, hasta la producción, logística y punto de venta. En la primera instancia, asumimos el compromiso global de garantizar que todos nuestros envases plásticos sean totalmente reutilizables, reciclables o aptos para compostaje para 2025. Este compromiso nos impulsa a trabajar localmente para desarrollar iniciativas innovadoras como el caso desarrollado localmente del detergente Cif active gel. Al tener una fórmula concentrada, posee un mayor rendimiento que los lavavajillas regulares. Es decir, se necesita menos producto para lavar una misma cantidad de platos, lo que consume menos agua, utiliza menos plástico y produce menos CO2. De esta forma, se obtiene una reducción de 60% de agua, 35% de plástico y 35% de CO2, respecto a otros lavavajillas regulares, beneficiando también la instancia de transporte y producción.
Luego, para la etapa post consumo, llevamos adelante el programa “Reciclando en la Ciudad”, para promover hábitos de reciclaje entre los ciudadanos. El programa propone un modelo donde se benefician todas las partes involucradas, ya que mientras fortalecemos los vínculos con nuestros clientes aumentando las ventas; los consumidores ganan un incentivo y adquieren hábitos de consumo más sustentables; las cooperativas obtienen mayor volumen de materiales y nuevas oportunidades de negocio permitiendo que el plástico regrese a la cadena y lo podamos reutilizar; y el GCBA reduce los residuos que van a rellenos sanitarios.
–En algunos países, los consumidores eligen, cada vez más, productos y servicios de empresas con buena reputación en materia de sustentabilidad. ¿Se percibe esta tendencia en los argentinos o aún la compra se orienta más por el precio?
–En Unilever tenemos la convicción de que la relación con los consumidores va más allá de la compra y venta de productos. Hoy en día, los argentinos esperan que las marcas tengan un propósito. Esto significa que el producto exceda su función de consumo y que pueda aportar valor en la vida de las personas y buscar ser un aliado en ese sentido.
Los consumidores argentinos buscan que la relación con la marca sea desde un vínculo más cercano. Es por esto que, en Unilever estamos transformado la forma en que llegamos a nuestros consumidores, siendo nuestras marcas con propósito el eje de nuestro negocio, creemos fuertemente que esta es la manera de hacer negocios y confiamos en que el mundo lo vea también.
Esta es una tendencia que no solo ocurre en nuestro país, sino en el mundo. Esto lo observamos en un estudio realizado por Unilever, con una extensa muestra en varios países del mundo, incluidos consumidores de América Latina, en el que se mostró que más de la mitad de los consumidores ya están dispuestos a elegir productos sustentables: el 33% ya compra marcas pensando en la sustentabilidad, y otro 21% está en el punto de inflexión de hacerlo si nosotros conseguimos ofrecerlo con un mensaje claro.
El valor de la transparencia en la caja de cristal
Por Jorge Figueroa*
“Ser y parecer”, la célebre máxima que nos dejó Divino Cayo Julio Cèsar, tiene un valor significativo a la luz de evaluar lo que está pasando hoy en el mundo de la sostenibilidad corporativa.
Un mundo que está en un estadío que podemos definir como “de transición”, en el que los líderes corporativos están evolucionando, pasando de una posición inicial de “deber ser” a una de convicción y compromiso real con la agenda del desarrollo sostenible.
En este contexto, la transparencia es un factor clave que está acelerando esa transición, en gran medida como producto de que las organizaciones dejaron de ser esa caja negra que les permitía pretender ser algo que no son.
Las empresas son hoy cajas de cristal en las que todo está expuesto, en la que los públicos externos, ya sean consumidores, accionistas o socios de negocios tienen la posibilidad de ver todo lo que sucede dentro, gracias a la velocidad de las comunicaciones y la amplificación de las redes sociales, que hacen de caja de resonancia de la verdadera cultura y valores de una organización.
Y en el mundo de la caja de cristal donde operan las organizaciones hoy, el ser genuinos no acepta opciones y queda poco espacio para el doble discurso. Cualquier disonancia entre lo que comunicamos y los hechos, o buscar aparentar algo que no se comprueba en las prácticas de negocios, nos pone en evidencia impactando en la reputación y credibilidad de la compañía, tanto de cara a los clientes y públicos externos, como frente a los propios colaboradores y la cadena de valor.
Muchas veces esas contradicciones de las organizaciones aparecen por buscar ser algo que no son, o porque tienen culturas organizacionales muy arraigadas que no permiten el cambio.
Si partimos de la base de que las empresas perfectas no existen, y tampoco las culturas perfectas, el camino pasa entonces por mostrarnos imperfectos, exhibiendo nuestros propios gaps de mejora, antes que generar una expectativa sobre algo que realmente no somos.
Esta actitud de transparencia e integridad es muy valorada por los públicos, genera un vínculo genuino con clientes, candidatos y trabajadores y permite sentar las bases para salir de la superficialidad y profundizar para construir y transmitir una imagen, basada en los valores y los puntos fuertes que tiene cada organización.
Porque a fin de cuentas, si bien la gestión basada en criterios de sostenibilidad es aún un camino voluntario, la transparencia y la integridad son una exigencia de consumidores cada vez más informados y más atentos, que evalúan permanentemente ya no solo el ropaje de la calidad de mi producto, sino la reputación y la coherencia entre la imagen que proyecto y mis prácticas corporativas.
Esto pone de relieve tanto la relevancia que la transparencia tiene en un contexto de alta exposición, como la irremediable necesidad de profundizar el compromiso con la agenda del desarrollo sostenible, bajo la premisa de que gestionar con criterios de sostenibilidad es, ante todo, un buen negocio.
*Director de Public Affairs y Sostenibilidad de Randstad Argentina
Arauco Argentina
Asumir un rol activo
“La gestión sustentable implica entender cómo funcionan hoy las organizaciones en un mundo globalizado e interdependiente. Los grandes desafíos del siglo 21, que desde 2015 se expresan en la Agenda 2030 de ONU a través de sus ODS, interpelan al sector corporativo, a la sociedad civil y a los Estados”, sostiene Pablo Ruival, gerente de Asuntos Corporativos y Comerciales de la firma.
“En la actualidad, una empresa exitosa es la que entiende que un buen negocio a largo plazo es aquel que se construye en armonía con el medio ambiente y atendiendo a las expectativas de sus grupos de interés. Es por eso que en Arauco Argentina nos dedicamos a desarrollar productos forestales capaces de hacer frente a los desafíos de un mundo sostenible en todo su ciclo de vida” –indica Ruival–. Parte de nuestro crecimiento se basa en la generación de economías de escala y ventajas competitivas sostenibles en el tiempo gracias al foco en la calidad, la innovación y los más altos estándares. Creemos que la sustentabilidad es el camino que nos permite encontrar nuevas soluciones con valor agregado y desarrollar productos alternativos superiores”.
–La demanda de transparencia y ética empresarial también atraviesa la sustentabilidad. ¿Considera que el sector empresarial argentino va a la vanguardia en estos temas o aún falta camino por recorrer? ¿Cuáles son los componentes que podrían obstaculizar este recorrido?
–El liderazgo del gobierno corporativo y cómo garantiza la transversalidad de la ética y la transparencia en toda la operación es un aspecto fundamental de la gestión sustentable. Independientemente de las iniciativas privadas, la Argentina avanzó escalonadamente con su membresía a OCDE y con la aprobación de la Ley de Responsabilidad Penal.
Todos los colaboradores y directivos de Arauco deben cumplir con los lineamientos de la visión y los valores de la compañía, y especialmente, del Código de Ética y el Manual de Manejo de Información de Interés para el Mercado. También adoptamos el Código de Gobierno Societario para reforzar nuestros compromisos y fomentar la ética empresarial, sentando las bases para una administración sólida. Para impulsarlo, desarrollamos un procedimiento para recibir, investigar y actuar en función de denuncias de trabajadores, clientes, proveedores y accionistas.
–¿Cuenta la compañía con objetivos establecidos que permitan la evaluación de los avances de la empresa en materia de gestión sustentable? ¿Cuáles son? ¿Cómo incide la coyuntura en este recorrido?
–Como líderes de la industria forestal, en Arauco Argentina buscamos promover la gestión sustentable a través del cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para esto, realizamos talleres junto a las máximas autoridades de cada área, planta y plantación para identificar cómo nuestras operaciones y procesos de toda la cadena de valor contribuyen directamente al cumplimiento de sus metas e indicadores. Además, como parte de nuestra estrategia de relacionamiento con las comunidades donde operamos, la participación y el diálogo resultan factores esenciales. A través de procesos de consulta, espacios de encuentro y visitas a plantas, buscamos fomentar la interacción con nuestros grupos de interés e incorporar sus expectativas y necesidades hacia el interior de la compañía. Actualmente, participamos del diálogo sectorial con el Gobierno Nacional y desarrollamos nuestros propios espacios en comunidades vecinas, a partir de los cuales hemos asumido y rendido cuentas sobre más de 60 compromisos de gestión.
–¿De qué manera las cámaras y organismos que nuclean y representan al sector empresarial pueden aportar a la profundización de políticas de transparencia y gestión sustentable? ¿Considera que en la Argentina están cumpliendo este rol?
–Tengo la convicción de que cada actor tiene un aporte clave desde su rol para potenciar la industria forestal en Argentina. En este sentido, en Arauco tenemos una doble responsabilidad: por un lado, por representar, y por otro, por liderar una industria sumamente virtuosa capaz de contribuir directamente a los compromisos asumidos por nuestro país frente a la Agenda 2030 de la ONU y el Acuerdo de París.
Más allá de desarrollar un modelo de negocio sustentable, tenemos la responsabilidad y el compromiso de fortalecer todo el sector, asumiendo un rol activo. Para esto, desde Arauco participamos en distintas cámaras sectoriales como CAIMA, FAIMA y AFOA, y en iniciativas gubernamentales como la Mesa de Competitividad Foresto-Industrial y ForestAr 2030 para hacer de la Argentina una potencia forestal sustentable.
Potencial y compromiso
“La Argentina tiene las condiciones naturales para el desarrollo de la forestoindustria, actividad que desde lo ambiental ayuda a mitigar el cambio climático, desde lo económico a generar valor, exportaciones y divisas, y desde lo social a la creación de empleo y crecimiento de las comunidades. En este sentido, tenemos una oportunidad única en la región gracias a nuestras condiciones climáticas y a la creciente demanda de productos basados en recursos renovables. Por eso, desde Arauco, seguiremos innovando para desarrollar productos superadores, sustentables y de alta calidad”, asegura el ejecutivo.
Telecom Argentina
La empresa como
impulsora del cambio
“En Telecom estamos comprometidos con el desarrollo de una cadena de valor que promueva prácticas sustentables de principio a fin. Para ello, trabajamos conjuntamente con nuestras empresas proveedoras (en su mayoría pymes) sobre herramientas para la gestión sustentable de sus negocios”, indica María Constanza Ferrer, gerenta de Sustentabilidad de la compañía.
“Desde 2012 realizamos el Taller de Buenas Prácticas y Fortalecimiento a Proveedores, con el que ya fortalecimos a más de 700 representantes de empresas. Nuestro programa contribuye a crear valor compartido y potenciar la actividad de las empresas con las que nos relacionamos para que se transformen en socios estratégicos de la compañía”, indica Ferrer.
–La sustentabilidad parece ya no ser una opción para las empresas, sino más bien un imperativo. ¿De qué manera la compañía pone a prueba su poder de adaptación a las nuevas demandas de la sociedad?
–Las empresas son parte del tejido social y, como tales, no están ajenas a las nuevas demandas, preocupaciones y temáticas de relevancia que van surgiendo a través del tiempo. Atentas al rol protagónico que desarrollan, deben impulsar el cambio hacia una economía sostenible y responsable con los diferentes públicos en todas sus prácticas.
En Telecom, nuestra gestión sustentable está focalizada en promover el uso de las TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) como herramientas para la formación e inclusión social, aportando al desarrollo de las personas y comunidades. A nuestra estrategia la fortalecemos, además, con las inquietudes de la sociedad. Periódicamente, consultamos a nuestros públicos sobre las temáticas de interés para incluir en nuestra gestión sustentable. Con estos resultados alimentamos el diseño de nuestra planificación de gestión, en base a la escucha continua de nuestros públicos.
–En un país como la Argentina, las crisis recurrentes no siempre permiten prever el desempeño de la compañía, ¿es más difícil llevar adelante un programa de gestión sustentable, con objetivos establecidos?
–Más allá de las circunstancias coyunturales, entendemos que la gestión sustentable dentro de las compañías ya es parte de la operación diaria y resulta imposible disociar una de la otra. En contextos complejos, debe ser asumida como una oportunidad para trabajar en conjunto y de manera transversal, sobre cómo maximizar el aprovechamiento pleno de los recursos con los que cuenta una organización. Esto es lo que permite garantizar a lo largo del tiempo la gestión sostenible y el cumplimiento de los objetivos de la compañía. En Telecom, como una empresa argentina con casi 30 años de trayectoria, mantenemos hace más de una década un área dedicada a impulsar la gestión de la sustentabilidad, más allá de los vaivenes de la macroeconomía.
–Las nuevas generaciones piden a las compañías no solo un accionar que minimice el impacto sobre el medio ambiente, sino también políticas de recursos humanos inclusivas y equitativas, así como un ambiente laboral respetuoso de la diversidad, que permita a cada uno desarrollarse y crecer. ¿Considera que el universo empresarial está pudiendo hacer frente a estas nuevas demandas? ¿Qué falta?
–El escenario mundial actual, en sus diferentes áreas económica, social y cultural, representa diferentes demandas para los actores sociales. Tanto las empresas como los Gobiernos, en nuestro rol de actores sociales de gran relevancia, debemos trabajar para alcanzar el consenso sobre la necesidad de cambios más ágiles en la forma de hacer negocios, que precisamente se adapten a estas nuevas demandas y nos permitan estar preparados para las que vendrán. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, el mundo corporativo ha dado avances significativos, desarrollando áreas, proyectos y programas en este sentido. En Telecom somos una compañía de gran magnitud con más de 25.000 empleados directos distribuidos en todo el país, con diversidad en rangos etarios, género, credos y hábitos culturales; y trabajamos para generar un espacio laboral que respete e integre a todos nuestros colaboradores, en línea con el propósito y los principios culturales de la organización. Entre otras iniciativas, contamos con un Comité de Diversidad, integrado por diferentes áreas, que promueve acciones a favor de la diversidad e inclusión en la organización, a partir del concepto de no discriminación e igualdad. Este comité trabaja sobre los ejes: perspectiva de género; desarrollo e inclusión de personas con discapacidad; y diversidad generacional en los equipos de trabajo. Una de las acciones más recientes impulsadas por este comité es la ampliación de lactarios en los edificios de la compañía con mayor dotación. Se trata de espacios exclusivos para las mujeres que retoman la actividad laboral luego de su licencia por maternidad, para que puedan continuar brindando leche materna a sus hijos. Actualmente, Telecom cuenta con lactarios en CABA, Rosario y Córdoba y se está trabajando en nuevos lactarios para los edificios de Mar del Plata y Rosario.
–¿De qué manera incide la innovación a la hora de encontrar soluciones?
–Como empresa líder de conectividad convergente, en Telecom promovemos a la tecnología y la innovación como aliadas de la gestión operativa, con un enfoque que potencia los beneficios que e stas pueden aportar al desarrollo sostenible, a través de soluciones digitales que contribuyan a reducir consumos de recursos y faciliten la trazabilidad de los mismos, entre otros.
Desafíos dentro y fuera
de la organización
De a poco, crece la necesidad de implementar una gestión de los negocios que considere no solo los aspectos productivos sino también que atienda los impactos sociales y ambientales. Por diferentes motivos vinculados con la transparencia, los requerimientos de los consumidores, los colaboradores y la comunidad en general, la agenda de la sustentabilidad se enriquece de manera constante.
Por Gabriela Del Ristoro*
Nuestra experiencia más reciente fue el acuerdo de financiamiento con Banco Galicia, a través de un bono verde suscripto íntegramente por el IFC para la construcción de la segunda central de producción de energía eléctrica a partir de biomasa forestal del grupo. Este proceso nos hizo vivir en primera persona lo que hace tiempo leemos y escuchamos de los especialistas en el tema: los requerimientos de los inversores globales tienen hoy una impronta socio–ambiental muy fuerte. Los indicadores ESG (environmental, social, governance) representan nuevos criterios de evaluación de riesgo y forman parte de los procesos de debida diligencia.
En este contexto, resulta imperioso para las compañías tener la mirada puesta en el desarrollo sostenible. Y las buenas prácticas son importantes, pero no suficientes. Es necesario plasmar esos enfoques en documentos, políticas y procesos que avalen la gestión, su implementación y medición.
Las métricas y los indicadores tienen hoy un protagonismo crucial para garantizar la transparencia y para la identificación de oportunidades de mejora. Se trata de un desafío estratégico y operacional, que también requiere de un cambio cultural que atraviese a toda la compañía. El compromiso del top management con este proceso es fundamental para su éxito.
Cambiar la mirada, asumir estos compromisos y gestionar los cambios culturales son tareas que la organización debe realizar hacia adentro. Pero también hay muchos desafíos para trabajar puertas afuera. El fortalecimiento de la cadena de valor, por ejemplo. Su adecuada gestión es clave para generar un entorno de negocios responsable, sustentable y transparente que le permitirá a las compañías reducir no sólo riesgos operacionales sino también reputacionales.
También es interesante el trabajo conjunto que las empresas podemos desarrollar con organizaciones de la sociedad civil por los conocimientos específicos que tienen sobre problemáticas ambientales o sociales. Conocen bien los territorios y facilitan el abordaje de situaciones complejas, articulando con los actores necesarios.
Estas acciones deben desarrollarse en el marco de un involucramiento por parte de las compañías, en el marco de ejes de sustentabilidad bien definidos. Los programas y planes de trabajo que surjan a partir de estos esfuerzos seguramente tendrán éxito, impacto y serán sostenibles en el tiempo.
Por último, hay un enorme desafío para pensar los procesos de producción de bienes y servicios de forma más eficiente y sustentable. Pensar en la economía circular y analizar el ciclo de vida de los productos es algo que incipientemente se está desarrollando en la Argentina, pero aún hay un largo camino por recorrer.
*Jefa de Comunicaciones y Sustentabilidad de Grupo Insud
TGS
Una gestión sustentable
más allá de la coyuntura
“Debemos exigir que las empresas continúen realizando acciones que promuevan el desarrollo de nuestra sociedad. Como empresas, es necesario desarrollar las estrategias planteadas, siempre con la visión de adaptarla a la coyuntura de nuestro país y las demandas de la sociedad”, considera Mario Yaniskowski, gerente de Relaciones Institucionales de la compañía.
“Creo que como sociedad debemos continuar fomentando las buenas prácticas tanto en el entorno público como en el privado. Se han realizado grandes avances en este sentido, pero debemos continuar trabajando unidos para el crecimiento y desarrollo de nuestro país”, asegura el ejecutivo.
–En la Argentina, las crisis recurrentes no siempre permiten prever el desempeño de la compañía, ¿es más difícil llevar adelante un programa de gestión sustentable, con objetivos establecidos?
–Estoy convencido de que la estrategia de sustentabilidad debe formar parte de la estrategia corporativa y del negocio. Vivimos en un país donde los escenarios son cambiantes y donde los vaivenes económicos están instalados en nuestra realidad. Por eso, es fundamental llevar a cabo una gestión sustentable continua, con una estrategia clara y con acciones y objetivos que apunten al desarrollo social, económico y medioambiental.
Como empresa y como profesional, es gratificante poder realizar programas y planes que estén a la altura de lo que la sociedad requiere, buscando la inclusión de mayores colectivos sociales y diseñando herramientas creativas que así lo posibiliten.
Si bien desarrollar una estrategia de gestión sustentable en nuestro contexto cambiante puede ser complejo, en TGS estamos convencidos de que nuestro trabajo está completo solo si lo llevamos a cabo de manera sostenible y sustentable, cuidando y promoviendo el desarrollo de las comunidades con las cuales interactuamos, mejorando día a día la eficiencia de nuestras operaciones para cuidar los recursos y el medio ambiente.
–¿Cuáles son los principales obstáculos que una compañía debe superar para poner en práctica una gestión sustentable punta a punta?
–Hace unos años, hubiera afirmado que el desconocimiento era uno de los principales obstáculos para poner en práctica una gestión sustentable integral en una compañía. En la actualidad, es imposible pensar una compañía sin tener en cuenta este tema. En TGS reconocemos que el cuidado del ambiente en las comunidades donde nos desarrollamos forma parte de la fortaleza de nuestro negocio, entendiendo que el éxito empresarial se sustenta en la capacidad de ser reconocidos por nuestra eficacia operacional.
En el país, somos muy conscientes del cuidado del medio ambiente y la sociedad exige a las empresas desarrollar operaciones de forma sustentable y sostenible. Las nuevas generaciones exigirán aún más el compromiso de las empresas. Para una gestión integral, es indispensable trabajar en conjunto con nuestra cadena de valor, para que desarrollen sus procesos y para asegurarnos que se ajusten a nuestras normas de transparencia, cuidado del medio ambiente y respeto de derechos humanos.
–El trabajo en red entre corporaciones y también con otros actores de la sociedad (sector público, organizaciones de la sociedad civil, comunidad) parece ser una buena alternativa para hacer frente a las grandes problemáticas de la sustentabilidad. ¿Considera que en la Argentina se está avanzando en este camino o aún se trata de una sumatoria de acciones individuales?
–En los últimos años, observamos un mayor desarrollo como país para hacer frente a las problemáticas de sustentabilidad, esto solo puede ser posible si el sector público, las comunidades y las empresas se comprometen y trabajan con una estrategia definida y objetivos claros a corto, mediano y largo plazo. En este sentido, considero que estamos trabajando en forma conjunta entre el sector privado y público. Hay organizaciones que trabajan hace muchos años para hacer frente a estas problemáticas, estableciendo y definiendo objetivos claros y uniendo a ambos sectores.
Naturgy
Una estrategia punta a punta
“Para que la gestión de una empresa en su conjunto sea sustentable, los lineamientos deben bajar directamente desde la alta dirección. Tienen que estar involucrados todos los miembros del Comité de Dirección para que cada área apunte a tener una gestión con estas premisas”, considera María Bettina Llapur, directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de la firma.
“En Naturgy creamos, hace ya varios años, un Grupo de Sustentabilidad, que está integrado por al menos un representante de cada área, así sea técnica, operativa, área comercial, Legal, de Compras, de Recursos Humanos, Comunicación, etc. Todas, en definitiva, porque cada sector de la empresa tiene una cuota de participación y responsabilidad en la gestión sustentable de la compañía, y los colaboradores son los partícipes y actores de la gestión cuidadosa con el entorno y el medio ambiente –explica la ejecutiva–. “Este Grupo de Sustentabilidad es responsable de la elaboración del Reporte GRI, y sus integrantes también impulsan la promoción y realización de mejores prácticas en sus áreas”
“La comunicación es un factor importante para poder plasmar una gestión sustentable, la organización en su conjunto tiene que ser consciente de la necesidad de mejorar día a día. Al mismo tiempo, me parece importantísimo recalcar el rol de la tecnología, que viene cambiando la manera de gestionar absolutamente todo, en todas las áreas, y realiza un aporte fundamental en pos de una gestión sustentable más eficiente. Por ello, la incorporación de nuevas tecnologías es otro de los factores fundamentales a la hora de la sustentabilidad”, refuerza.
“Destacamos adicionalmente, la relevancia de intercambiar conceptos, experiencias, programas y acciones de mejores prácticas con otras compañías. Porque el trabajo conjunto con otras empresas en cámaras y asociaciones, que apunten a una gestión sustentable, enriquece y facilita la implantación de nuevas y mejores prácticas”, indica Llapur.
“En definitiva: que sea consciente la alta dirección, que se bajen lineamientos claros y adecuados a todos los colaboradores, el trabajo interárea y el intercambio entre compañías son algunos de los puntos claves en el camino hacia una gestión sustentable”.
–¿Es más difícil de implementar una gestión sustentable en la Argentina que en otros países más estables?
–No creemos que sea más difícil en Argentina que en otros países. Aquí podemos decir que las empresas están preocupadas y ocupadas en tener las mejores prácticas en materia de sustentabilidad, y podemos sentirnos orgullosos de nuestros niveles en ese aspecto, sin por ello dejar de buscar día a día mejoras en la gestión.
Contribuye también el trabajar con el sector de los proveedores, de las pymes, en donde el capítulo de sustentabilidad tal vez necesita ser reforzado. Las empresas grandes debemos asumir mayores compromisos con el sector de pequeñas compañías, para impulsarlos a tener prácticas más eficientes en temas como el cuidado medioambiental, la seguridad, la transparencia, y en temas sociales, etc. Dado que el sector de las pequeñas y medianas empresas, como todos sabemos, tiene mayores dificultades y les resulta más complejo llevar a cabo planes del nivel que implementamos las grandes compañías.
–Las demandas de conducta ética y compliance son crecientes en la sociedad de hoy. Y la mala praxis de una compañía repercute necesariamente en el resto. ¿Qué medidas conjuntas se pueden tomar para garantizar la transparencia en el sector empresarial?
–Cuando hablamos de sustentabilidad también hablamos de transparencia, y para lograr esto es fundamental contar con un código o cultura ética corporativa y de Compliance estricto y efectivo. De hecho todas las grandes empresas lo tenemos y debe ser difundido entre los colaboradores. Los principios de los códigos de ética y las exigencias de compliance para el respeto a ultranza de la ley, son los mismos en una buena parte de las corporaciones nacionales y multinacionales, y esto apunta a dotar a las organizaciones de un idioma común que permita combatir la corrupción y la ilegalidad en todos los frentes. Esto genera un doble chequeo en todos los vínculos de las empresas, y este cruce de información, tiene como consecuencia, mayor transparencia en todas las acciones y actividades. Sería deseable que el sector público generara similares herramientas. Por su parte, la normativa está sanamente evolucionando hacia la posibilidad de que la persona jurídica pueda ser reprochada penalmente, lo que hace que no se puedan utilizar los formatos societarios para esquivar la responsabilidad de sus gestores.
Danone
El poder de la co-creación
“En Danone la sustentabilidad es parte de lo que esgrime como su doble propósito: la firme convicción de que los objetivos empresariales y el compromiso social formen un vínculo inseparable que promueva el logro de los objetivos económicos de la mano del desarrollo sustentable, con prácticas destinadas a la comunidad y al ambiente”, considera Nicolás Dobler, gerente de Sustentabilidad y RSE para Cono Sur.
“En el marco de nuestra visión One Planet, One Health integramos la agenda del negocio con la de sustentabilidad y definimos nueve Objetivos a 2030 alineados a los ODS, entre ellos: conservar y renovar los recursos del planeta y fomentar el crecimiento inclusivo y sostenible. Para lograrlo, trabajamos en acciones como “Desperdicio cero de alimentos”, “Acceso al agua”, “Protección y regeneración de ecosistemas” y continuamos fomentando la economía circular de nuestros envases a través del programa de reciclaje inclusivo.
En pos de seguir trabajando en el doble propósito que impacte e implique a todos los actores, en 2017 Aguas Danone certificó como Empresa B y tenemos el compromiso de continuar el proceso con todas las unidades de negocio con el objetivo de que Danone a nivel global sea Empresa B en 2030″, afirma Dobler.
–¿Qué condiciones deben existir –o cuáles deben no existir– para que una gestión sustentable se convierta también en un buen negocio?
–Para que una gestión sustentable se convierta en un buen negocio debe ser parte del ADN de la compañía, es decir, debe atravesar todos los procesos e involucrar a todos los actores que integran su cadena de valor, como empleados y proveedores.
–El trabajo en red entre corporaciones y también con otros actores de la sociedad (sector público, organizaciones de la sociedad civil, comunidad) parece ser una buena alternativa para hacer frente a las grandes problemáticas de la sustentabilidad. ¿Considera que en la Argentina se está avanzando en este camino o aún se trata de una sumatoria de acciones individuales?
–Definitivamente se está avanzando en el trabajo integrador con diferentes actores de la sociedad. Por ejemplo, en Danone co-creamos junto a actores del sector público y privado la Plataforma del Agua(http://www.plataformadelagua.org/), una herramienta que brinda datos estadísticos e información para entender el escenario sobre acceso al agua y saneamiento en Argentina, y permite contar con instrumentos para desarrollar soluciones sociales y tecnológicas a estos problemas. La Plataforma del Agua es el resultado de un proceso colaborativo y colectivo, impulsado por el Programa “SedCero”, del que también participaron Fundación Plurales, Fundación Avina, Instituto de Estudios sobre Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (IESCT-UNQ), Instituto de Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), entre otros.
En relación al cambio de paradigma que estamos atravesando sobre el desarrollo económico y su impacto en el ambiente, el mundo está variando de una economía lineal a una economía circular, en el cual el envase post consumo conserva su valor. Por eso, en Danone estamos integrando la circularidad a nuestro negocio, organizando materiales claves en ciclos y trabajando para alinear acciones y productos con estos principios. Para co–crear este camino, nos asociamos a Fundación Ellen MacArthur, destinada a acelerar la transición a este tipo de economía; y, además, formamos parte de un compromiso global, en el marco de la iniciativa New Plastics Economy. Algunas de las acciones que acompañarán esta iniciativa son: eliminar plástico problemático o innecesario del envase, impulsar su reutilización; innovar para asegurar que el 100% del envase plástico sea fácilmente reusado, reciclado o compostado para 2025; circular el plástico utilizado, incrementando significativamente las cantidades de plástico reutilizado y reciclado en nuevos envases o productos.
Desde 2012, gracias al aporte de fondos de inversión de Danone Ecosystem, Aguas Danone Argentina y Fundación Avina, se desarrolla un programa de reciclaje inclusivo que establece alianzas público privadas con el objetivo de incrementar las tasas de reciclado en Argentina, empoderar el ecosistema de reciclaje profesionalizando y reconocer el importante rol de las cooperativas de recuperadores urbanos. Desde 2017, el programa suma a otros actores como la IRR (Iniciativa Regional de Reciclaje) y Cempre (Compromiso Empresarial para el Reciclaje).

