COLOFÓN |

John D. Rockfeller

Ida Minerva Tarbell
Hoy encabeza el listado de la Fortune 500 con ingresos en 2011 equivalentes a US$ 452.000 millones. Más de un siglo atrás, en 1902, Ida Minerva Tarbell, estrella del periodismo de investigación de la época, publicó 19 capítulos en la revista McClure que dos años más tarde se convirtieron en The History of the Standard Oil Company, un libro en dos volúmenes con 815 páginas cada uno. Pocos libros lograron el impacto que tuvo aquel.
Steve Weinberg, profesor emérito de Misssouri School of Journalism, cree que aquel libro de Tarbell –posiblemente sea el más grande trabajo de periodismo de investigación jamás escrito–.Contaba allí con lujo de detalles cómo había ensamblado Rockefeller las piezas de su imperio y cómo había aniquilado competidores con su mano de hierro. La escandalosa revelación hizo que a la empresa le cayera una serie de juicios y que la Corte Suprema dictaminara que la compañía era un monopolio inaceptable.
Rockefeller era un hombre con visión. El decía que no importa quién saque el petróleo de la tierra porque el dinero grande va a parar a las manos de quienes lo refinan y transportan. Las refinerías que construyó y tuberías que tendió dominaron la industria, usando su volumen como palanca para conseguir de los ferrocarriles menores tarifas y mayores descuentos que sus competidores. Usó la coerción, la amenaza y la prepotencia para aplastar a sus competidores.
Influencia en todo el mundo
Steve Coll, en nuestro días, titula su libro Imperio privado. Allí teje un poderoso relato de cómo opera ExxonMobil. Pero su objetivo no es desenterrar tejes y manejes como Tarbell sino revelar el verdadero alcance de su poder.
Manejada ahora por ingenieros que mantienen bajo perfil, ExxonMobil tiene tentáculos que llegan a todos los rincones del mundo.
Rex Tillerson, quien en 2006 sucedió a Lee Raymond en el cargo de CEO, negoció un acuerdo de perforación petrolera con los kurdos iraquíes sin molestarse en informar antes al Gobierno del presidente Obama. En 2001, cuando el primer ministro indio Manmohan Singh pidió al presidente George W. Bush que aplicara presión a Exxon Mobil para que permitiera a la petrolera estatal india participar en un proyecto de perforación frente a las costas de Rusia, Bush replicó: “Nadie le dice a esos tipos lo que tienen que hacer”.
Esos tipos son tajantes, terminantes. En una reunión de la industria en Washington, alguien preguntó a Raymond por qué la compañía no construía más refinerías en Estados Unidos. “¿Por qué querría yo hacer tal cosa?”, respondió.
“Porque Estados Unidos lo necesita… por seguridad”, dijo el interrogador.
“Yo no soy una compañía estadounidense y no tomo decisiones sobre la base de lo que es bueno para Estados Unidos”, replicó Raymond.
Durante la discusión que siguió al desastroso derrame de BP en 2010 en el golfo de México, Tillerson criticó abiertamente a BP y dijo que ExxonMobil, después del derrame de Valdez en Prince William Sound, no cometió más ese tipo de errores. (Poco después, escribe Coll, “una fisura en una cañería de ExxonMobil derramó un millón de galones de petróleo frente a las playas de Nigeria, dejando a pueblos enteros en la pobreza).
Coll descubrió de primera mano cómo Exxon Mobil protege su privacidad. La compañía autorizó a ocho ejecutivos a dar entrevistas para ofrecer antecedentes, que fueron “útiles pero limitadas”. Ninguno aceptó que se lo cite por nombre. Tillerson, el CEO, se negó rotundamente a ser entrevistado y ExxonMobil “fue el único grupo de todos los contactados para chequear datos que se negó a participar. Afortunadamente Coll contó con fuentes fidedignas: transcripciones del juicio, solicitudes del Freedom of Information Act y cables del Departamento de Estado dadas a conocer por WikiLeaks.
Tanto Steve Coll como Ida Tarbell reconocen, aunque a regañadientes, la sagacidad y visión para los negocios de la compañía que describen. El penúltimo capítulo del libro de Tarbell se titula “La legítima grandeza de la Standard Oil Company” y allí dice que “esta inmensa mole, ennegrecida por el pecado comercial, siempre ha sido fuerte en todas las grandes cualidades empresariales, energía, inteligencia e intrepidez. Siempre fue rica en juventud y también en codicia, en cerebros y también en inescrupulosidad”.
Private Empire: ExxonMobil and American Power. Por Steve Coll. Penguin Press, 2012

