viernes, 17 de abril de 2026

    La oportunidad de ser un gran productor de alimentos

    Ideas y debates |

    Por Mauro Maciel (*)

    La Argentina se destaca en el escenario mundial por la producción y exportación de granos y carnes. Su ventaja comparativa radica en sus condiciones agroecológicas y la obtención de saldos exportables. La creciente población mundial, junto con el creciente poder adquisitivo de países emergentes, provoca un aumento sostenido en la demanda de alimentos de mayor valor proteico.
    En este 2012, se suma un escenario climático complejo, con sequías e inundaciones en el hemisferio norte, que comprometen la cosecha y toda la cadena productiva de alimentos.
    El agro argentino se caracteriza por ser rápido en la adopción de nuevas tecnologías y procesos productivos, como por ejemplo la siembra directa, los cultivos biotecnológicos, los silo-bolsas y la agricultura de precisión. En los últimos 40 años, la producción creció 361%, mientras que la superficie se vio incrementada en 107%.
    Buena parte de la recuperación de la economía argentina, post crisis 2001, al nivel de competitividad actual, se explica como consecuencia de la devaluación de la moneda y el progresivo crecimiento del precio internacional de los granos, en especial la soja, que han permitido un fenomenal ingreso de divisas y un retorno al modelo agroexportador.
    2.500 millones de toneladas de cereales y oleaginosas, aproximadamente, se obtienen en la actualidad en todo el mundo. Se comercializan entre países unos 250 millones de toneladas, y solo 4% de ese total (es decir, 100 millones de toneladas) corresponden a la producción nacional. Sin embargo, el saldo exportable de la Argentina representa uno de los más elevados del mundo, debido a los bajos niveles de consumo doméstico, como consecuencia de la baja densidad de la población.

    Funcionamiento local
    El sector agro comprende principalmente a las actividades de agricultura, ganadería, economías regionales y agroindustrias, y representa 60% de las ventas de nuestro país al exterior. La facturación bruta del sector ronda los US$ 80.000 millones anuales. Algunos datos relevantes para tener en cuenta acerca del negocio son:
    • El sector agropecuario participa históricamente con alrededor de 10% del PBI nacional.
    • Las exportaciones de producción primaria vinculadas al agro representan 18% del total exportado, mientras que las manufacturas de origen agropecuario alcanzan 33%.
    • La región pampeana, considerada la zona núcleo de la actividad, reúne 80% de la producción nacional de commodities agropecuarios.
    • La práctica del arrendamiento, el trabajo del campo en tierra de terceros, representaba, con datos del 2011, 60% de la agricultura local.
    En términos generales, el sector agro se compone de: agricultura, que involucra el complejo de granos y equivale a 53% que la actividad agropecuaria aporta al PBI; ganadería, que comprende carnes y lácteos y tiene una participación de 33%; y economías regionales, tales como frutas, verduras y cultivos industriales, que completan el restante 14%.
    En nuestro país se cultivan 32 millones de hectáreas, y se estima que hay potencial para cultivar 50 millones de hectáreas, a cambio de una intensa inversión en infraestructura (rutas, canalizaciones, etc.). La Argentina es uno de los pocos países que aún tiene posibilidades de expandir su frontera agrícola, mientras que otros ya llegaron a su límite.
    La producción nacional ronda las 100 millones de toneladas, dependiendo de la campaña. Las fuertes sequías de 2008 y 2011 mermaron el volumen cosechado, pero se espera que esta campaña 2012-2013 supere la marca de las 100 millones de toneladas. De esa cantidad, se estima que más de la mitad –55%– corresponde al cultivo de soja, 25 millones de toneladas al cultivo de maíz, 15 millones al de trigo, y lo restante se reparte entre girasol, sorgo, cebada, legumbres, colza y demás cultivos.

    Denme soja y conquistaré el mundo
    La soja es la protagonista principal del sector agrícola y, probablemente, el auténtico motor de la recuperación de la economía argentina. El grado de relevancia de la soja ha avanzado incluso frente a los cultivos más tradicionales y hoy, sobre una base de 98,5 millones de toneladas, alcanza 53% de la producción de granos, muy por delante del maíz (23%), el trigo (15%), el sorgo (5%) y el girasol (4%).
    Desde comienzos de 2012 la cotización de la soja ha experimentado una suba sin interrupciones y registrado sucesivos máximos históricos hasta acercarse, al cierre de esta edición, a los US$ 650 por tonelada. Uno de los motivos que mejor explica el comportamiento récord de su precio tiene que ver con las sequías que afectaron a la región sojera de Estados Unidos, el principal productor mundial, seguido de Brasil (que acaba de anunciar una inversión de US$ 57.000 millones en el sector agrícola) y la Argentina. No obstante, nuestro país es el de mayor saldo exportable y quien posee mayor capacidad de crushing. Esto es, la molienda del producto para la transformación en harinas, la refinación de aceites y la producción de biodiésel, que representa 70% del total de la cosecha de soja en la Argentina, versus 51% en Brasil.
    El alto contenido de proteínas de la soja explica la fuerte demanda con destino a la alimentación animal. En complemento, el importante aumento de la población mundial, seguido de una mayor demanda de carne para consumo humano por parte del mercado asiático, hacen que el cultivo de soja y sus derivados resulten muy requeridos en el mercado internacional.
    A modo de conclusión, para comprender el papel fundamental que ejerce el cultivo de esta oleaginosa sobre el total de la economía argentina, es importante señalar su participación en las ventas al exterior: de cada $4 que ingresan a la Argentina por exportaciones, casi $1 corresponde a la comercialización de la soja o sus derivados. Asimismo, si analizamos su participación en las diversas actividades del sector, es posible encontrar una presencia aun más destacada, ya que participa en 37,6% de las ventas de maquinaria agrícola, 32,8% de las ventas de agroquímicos y 33,3% de las ventas de fertilizantes.

    Insumos, empresas y agroindustrias
    El esquema del negocio agropecuario funciona de la siguiente manera: los proveedores de semillas, fertilizantes, agroquímicos y maquinarias generan ventas por US$ 4.500 millones; las empresas de productores agrícolas y ganaderos, originan las de granos por US$ 23.000 millones; y los clientes finales (o agroindustrias) agregan valor por US$ 42.500 millones.
    Partiendo de la dimensión de los insumos, en una segunda instancia de desglose, y con datos de 2010-2011, el rubro fertilizantes cuenta con una facturación anual de US$ 1.350 millones. Profertil, Bunge, Petrobras, Mosaic, Cargill, Nidera y Yara son las empresas más importantes en el mercado de fertilizantes.
    El mercado de agroquímicos realiza ventas anuales por US$ 1.290 millones, a partir de fungicidas, insecticidas y herbicidas que brindan soluciones contra las malezas, plagas y enfermedades en los cultivos de soja, trigo, maíz, girasol y sorgo, entre otros. 78% de este mercado está dominado por glifosato en sus diferentes presentaciones. Monsanto, Syngenta, Atanor, Dow, Bayer, Basf y Nidera conforman la principal oferta de agroquímicos en la Argentina.
    Por su parte, las maquinarias agrícolas representan ventas por US$ 1.200 millones. En este rubro el negocio es liderado por la comercialización de tractores, cosechadoras, sembradoras y pulverizadoras. Agco Argentina, John Deere, Case New Holland y Pauny se establecen como los actores más fuertes del sector.
    El mercado de semillas acumula una facturación anual de US$ 900 millones. El maíz representa el cultivo de mayor volumen y rentabilidad para las firmas semilleras, debido a sus cualidades de híbrido.

    Producción y comercialización
    La distribución de hectáreas sembradas, por tratarse de cultivos anuales, es dinámica y se modifica todos los años. La intención de siembra depende de varios factores, siendo los principales el precio y el costo de producción de cada cultivo, la rotación de la tierra y últimamente se ha sumado el tema de la restricción de las exportaciones de determinados productos, que producen falta de precio pizarra en determinados momentos.
    La actividad ganadera ha trabajado tradicionalmente de forma complementaria con la agricultura en establecimientos donde se producía ganado vacuno con destino a faena y, en el mismo campo, granos y forrajes para el consumo animal. Aquellos modelos mixtos resultaban muy sustentables en términos medio ambientales, respecto del uso de los suelos, a la vez que daban lugar a carnes de alta calidad para el consumo humano. Sin embargo, la ganadería fue desplazada a un segundo plano a partir del crecimiento significativo de los precios de los commodities agrícolas, a lo que se sumó el empleo de feedlots, como manera de competir en el mercado pecuario internacional.
    Por el lado del negocio lácteo, el nivel de producción nacional se encuentra en los 10.000 millones de litros al año, de los cuales una cuarta parte se vende en el exterior. Su desarrollo crece en la actualidad en forma sostenida, lo que evidencia la necesidad de ampliar la capacidad instalada para disecación de leche y su posterior exportación.
    Las economías regionales son sumamente específicas y se localizan en puntos donde se desarrolló infraestructura asociada. Arroz, algodón, caña de azúcar, vid, frutales cítricos, de pepita y carozo, olivos, yerba, miel, tabaco, etc. son algunos ejemplos de estas economías. Últimamente, la inflación aumentó significativamente los costos internos de producción, que traducidos al mercado mundial, están disminuyendo la competitividad de los productos argentinos.
    La facturación bruta de las economías regionales ronda los US$ 6.000 millones anuales, comparado con los US$ 23.000 millones del complejo granario y los 13.000 millones del complejo pecuario.

    Agroindustrias, la expansión del mercado
    Finalmente, el complejo de agroindustrias conforma el último eslabón de la cadena y en ella aportan una facturación anual de US$ 42.500 millones, integrada por los exportadores de granos, los molinos y las refinerías, las granjas avícolas, los productores de biocombustibles y otros procesadores.
    En cuanto a la molienda de soja y girasol, también llamada crushing, se produce en el país un total de 480 millones de litros de aceite por año. Cargill, Bunge, Aceitera General Deheza (AGD), Louis Dreyfus Commodities (LDC), Vicentín y Molinos Río de la Plata concentran 87% del total exportado del aceite de soja. Por su parte, Oleaginosa Moreno, Nidera, Cargill, Vicentín, Molinos Río de la Plata y Oleaginosa Oeste acumulan 90% del aceite de girasol que se vende en el exterior.
    Respecto de la industria de biocombustibles en la Argentina (combustibles alternativos elaborados a partir de recursos renovables y domésticos), para este año 2012 se estima que las ventas alcanzarán US$ 2.500 millones. Los datos de enero a junio de 2012, ya muestran aumentos en las exportaciones, que ascienden a 840.000 toneladas, versus las 636.000 toneladas para el mismo período del año pasado.
    Finalmente, el crecimiento de la avicultura estuvo fundamentado en el bajo precio interno del maíz (insumo principal que conforma la dieta de las aves). Hoy, el sector avícola factura aproximadamente US$ 3.000 millones por año. En menos de una década, el país ha pasado de consumir 20 kg a 38,5 kg de pollo al año por habitante. Pero el nuevo escenario de precios crecientes de los commodities puede poner en jaque algunas premisas productivas de esta actividad.

    (*) Este artículo ha sido elaborado en base a una investigación rea­lizada por la ingeniera agrónoma Agata Balian de Key Market, empresa de investigación de mercado dirigida por Adriana de Bossi y Mariano Gier. Key Market colabora habitualmente con Mercado compartiendo los highlights de sus estudios sectoriales. Para mayor información, contactarse al teléfono 5238-9834 / e-mail: [email protected] / www.keymarket.com.ar.