miércoles, 29 de abril de 2026

    Mejor la prestación propia que alquilada

    INFORME |


    Jorge Piva

    Así lo indica Jorge Piva. Con origen en Mendoza y extensión en Rosario, la empresa suma una red de 60 sucursales, y se fue especializando en incentivar y promocionar el deporte y la vida sana, mediante el apoyo a los seleccionados y equipos locales de hockey, voleibol, básquet y rugby. Pero la fortaleza del complejo se afirmó en la obra social ASE, a partir de la cual Medifé administra 600.000 cápitas.
    Dentro de la óptica empresarial, el Finochietto se considera la gran obra bisagra en la historia de la arquitectura e ingeniería hospitalaria, que contribuirá a cubrir el déficit de camas hospitalarias de la ciudad de Buenos Aires. El foco estará puesto en las especialidades quirúrgicas y de obstetricia, y estará abierto a todas las obras sociales de personal de dirección y empresas de medicina prepaga.
    Piva explica al respecto que “las tres o cuatro marcas más importantes del país llevan muchos años en el mercado y han pasado por todas las etapas. Eligieron invertir en infraestructura propia antes que alquilar a un tercero y no ofrecer ningún servicio médico que lleve su sello. La inversión mejora la productividad a la actividad, torna los costos más genuinos y los precios mucho más competitivos”.
    Para Medifé, es ese un factor importante de identificación, porque “la cartera de asociados se nutre de a uno, siendo que hoy no se pagan diferencias por los planes, ya que al poderse elegir entre las entidades cambió la forma de contratación: funcionan como un seguro médico”.

    Las nuevas reglas
    “Estamos desde las cámaras llevando ideas a las autoridades del sector para atenuar algunos efectos negativos que trajo el dictado de la ley. Y nos mantenemos a la expectativa del tema de las cuotas extraordinarias que puede fijar la Superintendencia”, comenta Piva. Es que la nueva regulación de la actividad incluye el mecanismo fijado para justificar los costos al tramitarse ajuste de tarifas. Y a dos meses de las paritarias, que según su cálculo inciden en 65%, haría falta tener un “colchón” para poder afrontarlas.

    –¿Cuáles serían esos efectos negativos?
    –Entre los más comprometedores está el que permite el ingreso irrestricto con libertad para definir prestaciones, lo cual rompe el principio del seguro e incluye esa adhesión voluntaria a entidades de todo tamaño, básicamente. En las obras sociales, los beneficiarios están obligados a contribuir y pueden elegir en cuál estar. En las prepagas, la adhesión es voluntaria y se permite entrar demandando prestaciones para una patología costosa y retirarse cuando ya no las necesita, lo cual no encaja en ningún concepto vinculado al seguro. Otro de los problemas es que se obliga a las prepagas a financiar a tres años el costo de partos en los casos de afiliaciones de embarazadas, no importa el tamaño de la entidad ni su capacidad financiera.
    Piva destaca que hubo sorpresa en la Supe­rin­tendencia de Salud cuando vieron en el registro que había casi 600 entidades de medicina prepaga inscriptas. “Siempre las hubo, y no se tomaron en cuenta las consecuencias que les ocasiona la ley. Por ejemplo, los seguros parciales son frecuentes en el interior y con nueva ley no los pueden seguir ofreciendo las pequeñas compañías, salvo en las ciudades de hasta 5.000 habitantes”.

    –Hay 2,5 millones de afiliados a obras sociales que pagan la diferencia para estar en la medicina privada, ¿cómo se entiende?
    –Después de la desregulación de los 90, las empresas de medicina prepaga y las obras sociales trabajamos con una especie de triangulación. Es un vínculo necesario que permitió que esa cantidad de gente que menciona pudiera acceder a los mejores sanatorios e instituciones de diagnóstico del país. Las empresas derivan sus aportes a las obras sociales y algunas ofrecen cobertura de salud a los empleados de las empresas clientas, a través de un abanico de compañías de medicina prepaga, entre las que nos encontramos, por supuesto.

    Hugo Maconza, de Cemic

    Un fondo solidario: a mayor costo, más aporte

    Sin demasiada pompa ni lujos arquitectónicos, cercano al hospital Rivadavia, donde el fundador dirigía una de las salas cátedra de la Clínica Médica de la Facultad de Medicina, el directivo colma de carpetas el modesto escritorio en el que convergen los movimientos funcionales del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas “Norberto Quirno”.


    Hugo Maconza

    Esta entidad sin fines de lucro, de bien público y universitaria, desde 1958 ofrece la cobertura médica como herramienta para la financiación de actividades institucionales, relacionadas con la docencia y la actividad académica. Reúne a 2.000 personas, entre las que se encuentran 800 profesionales de diversas especialidades, y desde 1997 otorga título de validez nacional que acredita excelencia médica a través de su instituto universitario.
    El ejecutivo repasa las acciones en curso, como la construcción, en Coronel Díaz al 2.400, del edificio donde se erigirá el hospital universitario Fundación Hermenegilda Pombo de Rodríguez, de 5.000 m², que contará con área quirúrgica, terapia intensiva e intermedia, internación general, servicio de emergencias, de diagnóstico por imágenes y laboratorio. En San Isidro acaba de inaugurar un laboratorio de análisis clínicos de última generación, dedicado a los estudios de rutina, que trabaja con el laboratorio central de la entidad.
    Como representante ante la ALAMI, Maconza –que es presidente de la Asociación Civil de Entidades Médicas Integradas– pudo comparar el modelo argentino de salud con el de otros países de Latinoamérica y se atreve a afirmar que es uno de los de más altos niveles de calidad y que tiene de las mejores y más amplias coberturas del mundo, una “situación muy difícil de mantener con la aplicación de las nuevas normativas y la falta de una estrategia sanitaria sustentable en el tiempo”.
    En ese sentido, remarca que la actual ley atenta contra el modelo solidario que caracteriza a las medicina privada con pago periódico (mal llamada “medicina prepaga”), donde sanos y jóvenes financian a mayores y enfermos y deja al sistema sin sustento en el mediano plazo.
    Previene, en todo caso, que las empresas de medicina privada no se comportan como compañías de seguro (aunque tengan algunos rasgos del ramo asegurador) ni como sistemas de capitalización, sino como fondos solidarios que, de incrementarse los gastos, indefectiblemente deben ajustar el aporte de la población cubierta.
    Afirma que aun si se definiera que la Argentina debe tener un sistema de salud gratuito, “no implicaría que no tenga costo, ni las personas no deban pagar por ello a través de aportes al presupuesto nacional”.

    Programa médico obligatorio
    Destaca Maconza que “el programa médico obligatorio ha dejado de ser una parte del marco regulatorio”. Y compara su funcionamiento como referencia, con la prestación básica más claramente definida de los modelos de Chile, Colombia y República Dominicana.
    Indica que la definición sobre qué cubrir, luego de un exhaustivo análisis, y quién debe abonar esos costos es una tarea indelegable del Estado, responsable primario de la salud de la población, según la Constitución y los tratados internacionales. Y que transferirle la responsabilidad a las entidades “obliga a los afiliados a pagar por su propia salud, cuando ya tienen derecho a la misma por el hecho de ser ciudadanos a través de sistema público y por la seguridad social, si son empleados en relación de dependencia”.
    La alternativa que plantea sería: “O que el Estado se haga cargo de la salud de toda la población con un solo aporte y prestación basada, fuertemente, en prestadores públicos, o combinar los sistemas existentes sin obligar a pagar a los ciudadanos dos o tres veces por la misma cobertura”.
    Advierte Maconza que la ley presenta amenazas graves para el sector privado, como por ejemplo el mecanismo de ajuste según los precios, que tendría que estar vinculado a los mayores costos de cada entidad y no a los aumentos generales aprobados para el sector.
    Y otra cuestión no menor sería la obligatoriedad de afiliación sin restricciones, con lo que si alguien se presenta con una enfermedad de alto costo hay que ingresarlo. “Estos casos y la prohibición de incrementar la cuota a los mayores impactarán indefectiblemente en los demás afiliados”, asegura, para redondear: “25% del padrón de algunas prepagas lo componen mayores de 60 años, que a su vez demandan mas de 60% del total del gasto en medicamentos ambulatorio”.

    Pablo J. Pescie, de Mapfre

    Camino inverso: de ART a salud

    De las más nuevas en el mercado de la salud y procedente con chapa mundial de la Madre Patria hace 26 años, pero como aseguradora, Mapfre (Mutua de la Agrupación de Propietarios de Fincas Rústicas de España) entró en la órbita de la medicina prepaga del país exclusivamente como financiadora.


    Pablo J. Pescie

    Con paciencia de orfebre empezó a construir paciente por paciente en el mostrador o rastreándolos mediante el cruce de datos de sus seguros patrimoniales o de la ART. Salvo una experiencia de compra de cartera chica en la zona norte, tampoco sumó de a paquetes.
    Tampoco abrió en los cuatro años que lleva en el área de salud, clínicas ni centros propios de prestación, salvo establecimientos dedicados al seguimiento de calidad, de atención, del rubro del trabajo, donde no se dedican a internaciones ni al tratamiento de las lesiones por traumas laborales.
    Pablo Pescie, un doctor que, sin el guardapolvo, aporta su experiencia de conducción a la rama de medicina prepaga de Mapfre, afirma que el crecimiento se hace solo por goteo en una plaza que se encuentra bastante estática.
    “La competencia por ampliar la cartera no se realiza con propuestas que se envuelven con papel. Si se vende un plan que dice que si mañana se lastima un dedo se lo curamos, tendrá todas las herramientas para ir a un sitio que se lo curen. Pero como en el momento que se contrata no es posible comprobarlo, cobra mucho peso el nombre. Otra argumentación serían las acciones a través del tiempo. En los cuatro años que tenemos de rodar, hemos demostrado que lo que decimos lo hacemos, lo cual nos genera nombre propio para acompañar a un apellido muy importante, como Mapfre”, reflexiona.

    Fórmula de ajuste
    Como jugadores nuevos en el sector, le toman la medida a la incidencia que tiene la mecánica de ajuste contemplada en la regulación recientemente sancionada en la relación entre los costos y la tarifa.
    El estreno de la fórmula fue a principios de este año, cuando “necesitábamos un incremento de 12% y así lo presentamos el 17 de febrero, pero el aumento fue plano. Ahí nada más nos quedó 7% debajo. Por ahora, lo amortiguamos, porque para llevarlo a un ámbito familiar, tenemos un ‘papá’, que es Mapfre, con mucha voluntad de futuro, aporte, y desde hace unos 10 meses más o menos le viene dando soporte a estos números”.
    Si la cabeza del grupo asegurador absorbió ese quebranto, de algún modo terminó dándoles la razón a las dos grandes prepagas, como Swiss y Galeno, en haberse expandido horizontalmente a la cobertura de siniestros, tanto patrimoniales cuanto laborales, mediante la adquisición de sendas compañías.
    “Se trata de empresas líderes que han cumplido 40 años, han vivido distintas épocas, como por ejemplo, cuando no había programa médico obligatorio, sino que cada empresa cubría lo que convenían entre el privado y la empresa; luego vino la desregulación de obras sociales, la ley de medicina prepaga… Se han ido armando desde hace tiempo. Al revés, si Mapfre empezara hoy con los seguros, las complicaciones serían distintas que las que vivieron en los últimos 25 años y hoy ya tiene una contextura que le permite afrontarlas de otro modo”, explica Pescie.
    En salud se caracterizan como financiadores, al igual que Osde, “desde luego en una escala mucho menor”, como aclara el ejecutivo.
    Así, se contrasta con los que tienen prestaciones propias, y reconoce que, si bien las clínicas ganan 6/7% y hasta 12%, afrontan otros desafíos, como la práctica médica propia, paritarias de sanidad, insumos importados, procesos y operaciones de gestión de una clínica, un tema mundial como es el de las contingencias legales, que hasta impacta en las prácticas, porque en muchos casos se hacen para cubrirse de un posible reclamo legal”.
    La medicina prepaga tiene que afrontar en su estructura de costos prestaciones que van desde la administración ambulatoria, internación, laboratorio de diagnóstico con imágenes y farmacia, enumera. Y resalta la necesidad de invertir en ellas para acompañar los permanentes avances tecnológicos, el mayor uso de pacientes de “los últimos días” y la prolongación del ciclo de vida. Asimismo, como los precios de los medicamentos no están regulados por la Secretaría de Comercio, inciden fuerte en los costos. “La prepaga no tiene otra salida que pagar la droga al precio que le marcan, porque en la práctica es tomarla o dejarla”, dice.
    En ese aspecto, insiste en que el reciente aumento plano de 5% no refleja la diversidad de costos de las compañías porque, según las cápitas que venden, tuvieron desde pérdidas operativas de 5/6% a rentabilidades de 2 a 3%.

    Diego Tillous, de Staff Médico

    Alianzas y mecanismos para sortear riesgos

    Las empresas medianas del sector maniobran ágilmente, aunque con cautela, en las aguas turbulentas de la nueva regulación. “Estamos definiendo alianzas y diversos procedimientos administrativos para afrontar esta etapa en que los costos suben y hay dificultad, por la ley y la reglamentación en curso, y por limitaciones del mercado para que sean absorbidos en la tarifa”.

    Diego Tillous

    Así señala el ejecutivo que vela por la salud, pero económica financiera, de Staff Médico.
    Por el lado de agregar asociados a la facturación, tampoco se ven movimientos, además de porque hay estabilidad en la masa de potenciales usuarios, debido a que está estancada la rotación de carteras. Y en todo caso, los pases están mirados con aprensión, porque la ley permite, al ser la afiliación voluntaria, que se beneficien los pacientes pasándose de empresa según la atención que necesiten. Pero esta flexibilidad en rigor les aumenta el riesgo.
    Como buen contador, Tillous saca la punta al lápiz para llegar al modesto 1% de rentabilidad, que dadas las circunstancias se vive como una medalla al mérito.
    “El presente es muy complejo. Hoy los prestadores están sobredemandados, trabajan con un alto nivel de capacidad ocupada y tienen mayor poder de negociación, a la inversa de los 90, en los que las obras sociales y entidades privadas eran quienes dominaban las negociaciones por la falta de pacientes”, sostiene.
    Las palabras integración y economía de escala son recurrentes en el diagnóstico económico del sector, según el gerente de Staff: “Osde, Swiss y Galeno mueven un volumen muy importante de usuarios, con lo cual pueden disponer de equipos de gestión médica y auditoría dedicados, a diferencia de las entidades medianas que tienen que hacer a la inversa: afrontar la dispersión de pacientes en muchos prestadores con recursos humanos limitados”, ejemplifica.
    Afirma que la ley no contempla estas condiciones y el sistema tiende en consecuencia a una concentración. Destaca que no hay ingresos de nuevos jugadores que inviertan en sanatorios ni novedades, ya que “la más reciente operación fue la compra de Consolidar por parte de Omint. El sector no es atractivo para los nuevos inversores, no ha venido al país en la última década ninguna compañía extranjera fuerte en salud, solo Mapfre, que ha logrado hasta hoy una cartera limitada, tal vez por la imagen de marca asociada al seguro”.
    Precisamente, mientras Galeno y Swiss se abrieron a actividades vinculadas como las ART, Staff incursiona en otros proyectos que, a través de alianzas, se proponen afrontar los riesgos y las obligaciones que en cuanto a la prestación marca la ley, lo mismo que los topes en los ajustes de precios y mecanismos peligrosos que habilitan al usuario a “esperar para pagar las cuotas a tener alguna enfermedad, en cuyo caso igual puede entrar en el sistema y las empresas están obligadas a atenderlo”.
    Pone como ejemplo que si solo 1% de los afiliados “de riesgo” que están en las obras sociales decidieran entrar a atenderse al sistema prepago y borrarse una vez cumplido el objetivo, alguien tendría que pagarlo: los otros socios o el Estado, si la compañía se fundiera.

    Mecanismo de seguros
    Por eso, imagina un reaseguro como única alternativa que tiene la medicina privada para cobertura de enfermedades catastróficas. En el caso de las obras sociales cuentan con el reaseguro en APE, aunque habría que cuidar que no suceda que las entidades que tomaran una salvaguarda, juntaran un crédito mayor que el de su propio patrimonio. “El sistema de reaseguro no debe operar por reintegro sino por prestación para evitar que la burocracia o la corrupción terminen dañando a quienes deben proteger”.
    Tillous señala que actualmente algunas obras sociales desarrollaron marca y compiten con las prestaciones. La misma líder de las prepagas, Osde, creció con la base de afiliados de una obra social que le permite captar masivamente afiliados en todo el país. “Gracias a ese enorme poder que le da a cantidad de pacientes, ha logrado un alto compromiso por parte de los sanatorios, clínicas y laboratorios, porque les mueve la aguja y ello le permite obtener ventajas en los precios y las condiciones, con lo cual no necesita siquiera invertir en propios, como las otras. Es líder absoluta y casi duplica al segundo”, comenta.
    Detrás de Osde, las otras que se destacan en el sector, Swiss Medical, Galeno y Omint, se inclinaron por invertir en sanatorios más que por desarrollar planes médicos, lo cual les genera una rentabilidad que justifica la integración.