domingo, 1 de febrero de 2026

    Desde ahora, todas las empresas son tecnológicas

    Hubo un tiempo en que la tecnología que hacía falta para manejar una empresa se compraba o se aislaba en el “departamento de TI” y se trataba como un costo; nunca como una fuente de ventaja competitiva.  Pero en esta era de conectividad, inteligencia artificial y automatización, los cambios que afectan al mundo empresarial son tan profundos que toda compañía es hoy una compañía tecnológica. Las start–up llevan la tecnología incrustada en los huesos.
    Nunca habrían nacido de no haber tenido un fundador entendido. Pero ahora las empresas que nacieron antes de la gran ola de Internet comprueban a diario que no pueden seguir funcionando como negocio no tecnológico. Suponiendo que esto sea así, la gran pregunta sería cómo hace una empresa no tecnológica para pasarse al otro bando rápidamente.
    Muchas encuentran la respuesta incorporando talento tecnológico en las altas capas ejecutivas e incluso en la dirección.  El de Walmart es un buen ejemplo de cómo incorporar ejecutivos técnicos, aun en el caso de que la compañía valga millones de dólares y emplee a millones de personas.  En agosto 2016 Walmart anunció que compraba la startup de e-commerce Jet.com en US$ 3.300 millones, la operación más grande entre una empresa física y una de e-commerce.
    La adquisición era para incorporar mentes nuevas además de la tecnología de Jet.com, que en aquel momento estaba muy por delante de la operación online de Walmart.  Mark Lore, CEO de Jet.com, había competido durante años con Amazon antes de que su anterior compañía de e-commerce fuera comprada por Amazon en 2010; permaneció en Amazon como ejecutivo durante dos años y luego se fue para fundar Jet.com. Hoy, Lore es jefe de e-commerce en Walmart. Muchos miembros de su equipo también se quedaron y han sido promovidos a cargos de liderazgo dentro de la compañía. Los ingresos del negocio de e-commerce de Walmart crecieron 43% solamente en el último trimestre. Aparentemente, la compañía que nació en Bentonville, Arkansas, está llevando adelante con éxito su estrategia de “segundo actor” contra su competidor de Seattle, mucho más valioso.
     No todo es previsible
    Pero las cosas no siempre salen así de bien. En realidad, muchas veces terminan en desastre, dice J. Daniel Kim, investigador en el MIT sobre la economía de los emprendimientos. Acaba de publicar un estudio sobre los resultados de lo que llama “acqui-hires” (o sea una operación de compra de empresa contratando también a sus especialistas) donde cuenta lo que pasó con 4.500 startups de alta tecnología compradas por grandes compañías entre 1995 y 2011, y con los 400.000 trabajadores que fueron contratados (“acqui-hired”) junto con esas compras.
    En los primeros tres años después de una adquisición, 60% de los empleados de una startup se habían ido de la nueva empresa –a pesar de que muchos están obligados por acuerdos de no competir y obtuvieron incentivos para quedarse con opciones de acciones que no podrían vender por varios años–. La tasa de rotación es dos veces la de los empleados contratados con el método antiguo. Lo que es peor, los empleados que se van tienden a ser los más emprendedores y, por eso, los que más probablemente funden una empresa competidora. 
    ¿Qué pueden hacer, entonces, las grandes empresas que se encuentran entre la espada y la pared, teniendo que hacer frente a la disrupción pero incapaces de retener a los empleados de las startup que compran? John Chambers, quien fuera CEO de Cisco por más de 20 años durante los cuales la empresa realizó 180 adquisiciones, sugiere algunas respuestas.
    En su nuevo libro, “Connecting the Dots,” dice, en primer lugar, que ambas culturas –la de la empresa que compra y la de la comprada– deben sintonizar. También es fundamental promover a los líderes de la empresa comprada a las filas de la compradora. Su regla fue siempre que un tercio de los líderes deben provenir de adentro, otro tercio de afuera y el tercer tercio debe provenir de las adquisiciones. Chambers se preocupaba tanto por integrar a las empresas que compraba y por retener a los empleados con aptitudes de emprendedores que alentaba a sus dirigentes a crear startups fuera de Cisco. Si les iba bien, él las compraría. Y así lo hizo muchas veces. Llamaba a esa estrategia “spin-in.”

    Conflicto geopolítico

    La verdadera razón del miedo a Huawei

    El dominio de la tecnología 5G, vital para el futuro de la competencia global. A mediados del siglo 20 las dos grandes súper potencias del mundo –Estados Unidos y Rusia– vivían obsesionadas con las armas nucleares. Hoy el foco de tensión es entre Estados Unidos y China y se centra en la tecnología inalámbrica que promete conectar todo con la web.

    Los dos países están enredados en una guerra política sobre Huawei, la gran compañía china de telecomunicaciones. El gobierno estadounidense arrecia sus viejas críticas diciendo que el gigante tecnológico le ha robado secretos comerciales, que ha cometido fraude y que tiene lazos con el gobierno de China y sus fuerzas armadas.
    La compañía niega las acusaciones y defiende su historial en privacidad y seguridad. Mientras tanto, países aliados de Estados Unidos como Gran Bretaña, Nueva Zelanda, Australia, Canadá, Alemania y Japón, ya impusieron restricciones a los equipos Huawei o están pensando en hacerlo citando preocupaciones sobre seguridad nacional.
    Pero detrás del telón el tema que preocupa es quién va a dominar la próxima gran tecnología 5G.
    Según se desprende del análisis que hace de esto el MIT Technology Review, estos son los cinco puntos que hay que conocer sobre la tecnología y su papel en las actuales tensiones.
     
    1. ¿Qué es 5G?
    Primero lo que no es: no es ni un protocolo ni un dispositivo. Es un conjunto de tecnologías de redes para que funcionen en sintonía conectando todo –desde un auto autónomo hasta una licuadora hogareña– a través del aire. Se calcula que ofrecerá un ancho de banda de hasta 20 gigabits por segundo– suficiente para bajar películas de alta definición en forma instantánea y para usar realidad virtual y aumentada. Todo eso en un teléfono celular.
    Los primeros smartphones 5G llegan este año pero una transición total tomará muchos años más.
     
    2. ¿Por qué es mejor?
    Las redes 5G operan en dos rangos de frecuencia diferentes. En uno de los modos, aprovecharán las mismas frecuencias de las redes actuales 4G y Wi-Fi, pero usando un sistema de codificación más eficiente y canales más grandes para lograr un aumento de velocidad de 25% a 50%. En un segundo modo, las redes 5G usarán frecuencias de ondas milimétricas mucho más altas para transmitir datos a mayor velocidad aunque los rangos sean más cortos.
    Como las ondas milimétricas se caen en distancias cortas, 5G va a necesitar más transmisores. Muchos, cada 30-40 metros de distancia. Los dispositivos conectados saltarán entre esos transmisores con la misma eficiencia que el hardware anterior.
    Para aumentar el ancho de banda, las células 5G también utilizan una tecnología conocida como MIMO (multiple input, multiple output, según siglas en inglés). Eso permite que centenares de antenas funcionen en paralelo, lo que aumenta las velocidades y ayuda a bajar la latencia a casi un milisegundo (de 30 milisegundos en la 4G) mientras permite que se conecten más dispositivos. Finalmente, otra tecnología llamada “full duplex” aumentará todavía más la capacidad de datos al permitir que los transmisores y los dispositivos envíen y reciban datos en la misma frecuencia. Eso se hace usando circuitos especializados capaces de asegurar que las señales entrantes y salientes no interfieran entre sí.
     
    3. ¿Cuáles son los riesgos de seguridad?
    Uno de los mayores problemas de seguridad que plantea 5G es la amplitud con que se la va a usar.
    5G va a reemplazar las conexiones alámbricas y va a abrir la puerta para que muchos más dispositivos se conecten vía Internet, incluidos electrodomésticos y máquinas industriales. Autos autónomos, robots industriales y aparatos de medicina, todas las cosas conectadas con 5G nunca van a tener problemas de ancho de banda y podrán funcionar sin tropiezos.
    Como siempre ocurre con las tecnologías nuevas, seguramente van a surgir vulnerabilidades al principio. De hecho, en Europa ya han identificado puntos débiles en la forma en que se intercambiarán las claves criptográficas en las redes. Con tantos dispositivos conectados, el riesgo de robo de datos y de sabotaje será más alto.
    Como 5G va a ser compatible con las redes existentes de 4G, 3G y Wi-Fi los actuales problemas de seguridad se trasladarán a las nuevas redes.
    Con 5G, una capa de software de control servirá para asegurar conectividad sin costuras y para crear redes virtuales. Un operador de red podría crear una red privada 5G para un banco, por ejemplo, y el banco podría usar las características de la red para verificar las identidades de los usuarios de la app. Esa capa de software ofrecerá nuevas oportunidades para que un operador de red maliciosa pueda espiar y manipular datos. También podría abrir nuevos vectores para el ataque mientras los virus del hardware podrían permitir que los usuarios salten entre las redes virtuales y espíen y roben datos al hacerlo.
     
    4. ¿Es posible hacer segura a la tecnología 5G?
    Estas preocupaciones de seguridad pintan un cuadro oscuro, pero hay soluciones técnicas para todas.
    El uso cuidadoso de la criptografía puede asegurar las comunicaciones de manera de proteger los datos mientras fluyen por los diferentes sistemas y a través de las redes virtuales, protegiéndolos incluso de las compañías que poseen y manejan el hardware.
     
    5. ¿Por qué preocupa tanto la tecnología 5G de Huawei?
    Por su condición de mayor proveedor del mundo de equipos de redes y segundo fabricante de smartphones, Huawei está en una posición privilegiada para acaparar la parte del león del mercado 5G que, según algunos cálculos, podría valer unos US$123.000 millones en los próximos cinco años.
    Impedir la expansión de la compañía en los mercados occidentales podría permitir que los competidores avancen y se pongan a la par. Pero también hay legítimas preocupaciones alrededor de la tecnología y razones para pensar que podría ser problemático que una compañía domine el espacio.
    El gobierno de Estados Unidos parece haber decidido que es demasiado peligroso que una compañía china controle demasiada infraestructura 5G.
    El foco puesto en Huawei tiene sentido dada la importancia de la tecnología, de los nuevos desafíos en complejidad y seguridad y por el hecho que la compañía pinta para ser un jugador tan enorme. Y como las empresas chinas responden al gobierno, las aparentes conexiones de Huawei con las fuerzas armadas de ese país, más los estrechos lazos entre la industria y el estado, la preocupación parece legítima.
    Pero la actual pelea con Huawei demuestra lo vital que se ve la nueva tecnología para el futuro de la competencia global, el poderío económico y hasta la seguridad internacional.

    ¿Inventar con inteligencia artificial?

    Piensan que machine learning podría ayudar a inventar drogas nuevas. Ante los impresionantes avances de las máquinas en reconocimiento de imágenes y comprensión de lenguaje sumadas a la capacidad de analizar una increíble cantidad de datos en un minuto, los investigadores en biomedicina comienzan a preguntarse si no podrán transformar también la tarea de descubrir drogas nuevas.
    El descubrimiento de drogas es increíblemente caro y muchas veces frustrante. Los químicos deben imaginar qué compuestos podrían conformar una buena droga usando sus conocimientos sobre cómo la estructura de una molécula afecta sus propiedades. Plantean hipótesis, realizan infinidad de tests, muchos de los cuales terminan en fracasos.
    Si logra acelerar todo ese proceso, deep learning podría ofrecer muchas más oportunidades para que exploren los expertos químicos y aceleraría notablemente el descubrimiento de nuevos medicamentos.
    En un documento publicado recientemente por economistas del MIT, Harvard y Boston University, plantean que el mayor impacto de IA podría provenir de su potencial como un “nuevo método de invención ” que en última instancia modifique la naturaleza del proceso de innovación y de la organización de I&D.