miércoles, 21 de enero de 2026

    Logística de hoy y tecnología de punta

    Por Rubén Chorny


    Luis Oyuela

     

    Uno de los mayores desafíos del proceso mundial de reconversión de las industrias, posterior a los años 70 fue qué hacer con el tendal de moles de hormigón que las albergaban, sobre las que caía un manto de silencio y desolación a medida que iban siendo abandonadas.

    En las periferias de las grandes ciudades americanas, como Nueva Jersey (puente de por medio con Manhattan), en los cinturones de las capitales europeas, en el arrabal porteño y el conurbano bonaerense, ningún rincón quedó exento del éxodo.

    Muchas de esas gigantescas naves vacías se pudieron subdividir y ser recicladas para proyectos inmobiliarios de oficinas y viviendas. Otras permanecieron a la espera de un ignoto destino, fuese de topadoras o de almacenamiento de bultos de cualquier tamaño, principalmente materias primas a granel y todos los rubros que terminan acomodados en las góndolas de los supermercados.

    La dificultad para adaptar esa vetusta infraestructura fabril de hace más de 30 años a los tiempos modernos residía en la escasa altura de las edificaciones discontinuadas y en el escaso espacio entre las columnas para maniobrar cargas, descargas y acopios de los mayores volúmenes que se transportan en los camiones cada vez más dotados.

    Hasta presentaba otro inconveniente no menor: que como los elevadores necesitan afirmarse en ruedas de mayor rigidez, dureza y resistencia para subir, acomodar y bajar mayores pesos, se abrían a menudo grietas en los pisos de cemento que los hacía tropezar y bambolear la mercadería, cuando no volcarla.

    Es en este punto donde empalma la génesis de un grupo fabricante de logística con aplicación de alta tecnología que hoy festeja sus bodas de plata celebrando además que lo hace con US$ 90,7 millones anuales de facturación.

    Transcurre 1992 y el inquieto ejecutivo de una firma proveedora de pisos industriales hechos con materiales tradicionales decide acometer por su cuenta esa historia sin fin de perpetua renovación y reparaciones de las superficies sometidas al devastador tránsito.

    A los dos años se la juega por la tecnología e importa equipos para la colocación de pisos de alta calidad, resistentes, con la particularidad de que se los puede extender 1.500 metros (un kilómetro y medio) cuadrados, como si se tratara de una alfombras de hormigón sin juntas.

    Lejos de fundirse, como le auguraban cuando se largó a competir con las cuadrillas que hacían ese trabajo a mano con “trompito”, reglas y fratacho, al poco tiempo se quedó con 70% del mercado de los pisos industriales.

    Ya con “el suelo bajo los pies”, como tituló una de sus novelas el escritor británico-indio Salman Rushdie, le anexó estructuras metálicas para erigir galpones, una unidad que hace los montajes, un ecoparque en Campana y hasta desarrollos inmobiliarios. Arrancó con menos de 10 personas en el plantel y ya llega al millar. En este tiempo acumularon más de 2 millones de metros cuadrados construidos para centros de distribución y locales de venta de los principales operadores logísticos, supermercadistas y retailers del país.

    Se cuentan en su cartera de clientes jugadores como Honda, Samsung, Walmart, Coto, Andreani, Claro, Garbarino, Frávega, Boguer, Plaza Logística (que desarrolló el parque lindero al industrial Pilar) y hasta el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que le encargó el Centro de Transferencia de Cargas de Villa Soldati.

    Con las velitas recién sopladas del cumpleaños, Mercado entrevistó al fundador, presidente y CEO de Bautec, una industria nacional posicionada como proveedora de inversores.

     

    Termómetro de inversiones

    –¿Necesita una constructora mimetizarse con los poderes de turno para crecer en un país con tantos cambios, marchas y contramarchas como el nuestro?
    –Para nada. Nos hemos ido adaptando a las distintas situaciones económicas desde que nacimos en el 92, cuando gobernaba el menemismo. Atravesamos sanos la crisis terminal de 2001 y hasta la supimos aprovechar como oportunidad para crecer, ya que nos ampliamos con la arriesgada jugada de comprar una firma que era proveedora, Estructuras Metálicas, en condiciones muy favorables, que coronamos con una exitosa negociación bancaria por las deudas.  

    –¿Cómo se posicionan con el modelo económico macrista, siendo la construcción la vedette?
    –No nos dedicamos a la obra pública, que es el pilar de la administración actual, pero mi percepción es que el Gobierno está bien encaminado y terminará haciendo las cosas bien, con lo cual mejoraremos todos. Es una oportunidad histórica de encauzarnos y convertirnos en un país en serio. Tanto el comercio online como el físico, que es el que abastecemos como actividad, tienen un enorme campo para crecer al que le está faltando la logística. Hemos invertido mucho en equipamiento y tecnología para este tipo de obras y nos convertimos en referentes. Veremos un gran crecimiento en el sector en los próximos años.

    –¿En qué basa ese pronóstico?
    –En que las consultas que recibimos el año pasado para evaluar la viabilidad y poner en marcha proyectos van a empezar a tomar forma este año. El cambio de política económica que estamos viviendo seguramente va a generar mayor inversión en metros cuadrados de logística y supermercados que en industria. Muchas de las iniciativas que son de regular importancia ya están en vías de ejecución y otras se encuentran en proceso de cotización.  

    –¿Cuál sería la situación presente de la obra privada?
    –Veníamos de un significativo enfriamiento a escala mundial de las inversiones en logística y en supermercadismo, que son nuestro fuerte. En 2015 habíamos hecho un stock importante de obras, que nos generó una inercia de trabajo en 2016 y parte de 2017, lo cual nos ayudó a superar esa circunstancia.

    –Concretamente…
    –Actualmente estamos haciendo 70.000 metros cuadrados en Esteban Echeverría para un inversor inmobiliario que se llama Plaza Artística, repartidos entre dos empresas, que tenemos que entregar a mitad de año. Otro proyecto muy importante en marcha es logístico y consta de 25.000 metros cuadrados en Pacheco para L’Oréal. Le estamos construyendo a Impsat; terminamos con 80% de avance un contrato importante en Neuquén y trabajamos para Renova, en los puertos de Rosario. Presupuestamos distintas bocas de supermercado de cadenas que habían congelado inversiones y ahora se largaron de nuevo, como es el caso de Walmart y Coto. En comercio online, tenemos una negociación en marcha con MercadoLibre.

    –¿Adónde apuntan estratégicamente?
    –Después de haberle entregado en 2016 llave en mano el centro de transferencia de cargas de Villa Soldati al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, nos hemos concentrado en activar nuestra obra emblemática: el ecoparque industrial de Campana, en una excelente ubicación, sobre la Panamericana, con acceso directo a las rutas 9 y 6. Se trata de una inversión propia.
    Pero tenemos también un desarrollo inmobiliario aprobado, que es una excepcional construcción de torres de viviendas y locales en la parte céntrica de Morón, la que nos quedó luego de la relocalización del estadio del club de fútbol local. Sin embargo, hemos puesto el foco estratégico vinculado al futuro desarrollo inmobiliario y a la vez de las construcciones en el ecoparque industrial.

    –¿Tienen previsto salir a colocar deuda, como están haciendo muchas empresas, para reforzar la capacidad financiera?
    –Estamos conversando nada más con varios bancos sobre alternativas financieras, pero somos muy prudentes en nuestra política al respecto y cualquiera que vea nuestra trayectoria comprobará que no es nuestro estilo endeudarnos y que nos vamos manejando con las condiciones favorables del mercado.

    –¿Cómo será la demanda sectorial de obras que espera el grupo para los próximos años?
    –Estamos previendo una torta futura, entre nuestra empresa madre (con 50 empleados en Béccar), CMP Estructuras (110 empleados en Campana), Conymon (que se dedica a los montajes), el parque industrial del Libertador, también en Campana, y Grupo Desarrollador Moderno, constituida en 60% para logística, 25% supermercadismo y el resto industria.

    –¿Qué parte hacen Uds. y qué tercerizan?
    –Prácticamente 90% de la obra se cocina adentro de nuestra oficina. Con el tiempo fuimos incorporando equipo vial para hacer los movimientos de suelos, que si bien no alcanza para encarar todo lo que hacemos, sirve para que podamos regular el mercado y los precios. Nuestros proveedores saben que si se pasan de la línea al presupuestar podemos apelar a nuestros equipos. En 2005 sumamos a la organización la división de instalaciones eléctricas, que si bien no se encarga de hacer esa parte de la obra en sí, se ocupa de la ingeniería, la compra de los materiales más importantes y el control del trabajo que contratamos.   

    –¿Cómo se arreglan con los recursos humanos en esta etapa de alta demanda laboral del sector de la construcción?
    –Es cierto que surgieron complicaciones con la mano de obra en el último año y medio por el explosivo crecimiento de la construcción, sobre todo en la vinculada a la obra pública, que absorbe 80%. Pero nuestra particularidad es que, pese a que en el rubro la rotación es altísima, tenemos operarios, capataces, punteros, con antigüedad de 15 a 20 años. La base está compuesta por los que llamamos piseros, que hemos ido capacitando para la colocación de los pisos sin juntas que se realizan con las máquinas computarizadas que fuimos trayendo. Pudimos formar un plantel estable de 300/350 empleados que está siempre, es el corazón del trabajo, el que garantiza la calidad y el cumplimiento. El principal problema de RR.HH. de hoy en día sería conseguir ingenieros con experiencia.

    –¿Qué significa innovación en su diccionario?
    –Somos de participar en grandes ferias internacionales, donde vemos las últimas tecnologías. Inventamos poco, pero copiamos equipamientos exitosos en el mundo. Por ejemplo, para colocar los pisos sin puntas era fundamental un aditivo que traíamos de Japón en decenas de contenedores. Con el tiempo fuimos desarrollando a un proveedor que nos abasteciera el mismo producto pero fabricado en la Argentina.

     

    Un negocio casual de campanillas

    Lo del ecoparque industrial en Campana salió de un modo casual, cuenta Oyuela. “En 2008, nos invitan a un almuerzo en la sede de la Unión Industrial de la localidad donde está radicada la planta de estructuras metálicas que habíamos comprado en 2001 y me toca compartir la mesa con uno de los siete socios de Grupo Inversor Chileno (GCI) que había adquirido 400 hectáreas, primero, y otras 300, posteriormente, contiguas a las nuestras de CMP Estructuras, para levantar ahí el futuro parque industrial de la localidad”, relata.

    Entre trámites de aprobación de los estudios de impacto ambiental y otros requisitos que empezaron en 1997, un año después de haber hecho la inversión, el proceso burocrático se estiró hasta 2001, año en el que estalló la crisis, y decidieron congelar todo. Tal es así que el empresario trasandino, entre bocado y bocado, le aseguró que no pondrían un solo peso más, porque primero que nada no confiaban en el Gobierno de los Kirchner. Pero que además estaban en la búsqueda de un socio que aportara el capital para desarrollar el proyecto.

    Intercambiaron tarjetas al cabo del ágape y transcurrido un mes le llega al titular de Bautec un mail de su compañero de almuerzo, comentándole que le había gustado la charla, que vio la seriedad de la firma en la página web y le proponía un nuevo encuentro para tratar la posibilidad de hacer juntos el proyecto. Así fue como, debido a las idas y vueltas con las tasaciones, participaciones, etc., cuatro años después llegaron a un acuerdo.

    Bautec quedó con el management y la gestión, recibió 50% de los terrenos y en lugar de darle el dinero a GCI lo capitalizaron con obras, que formaron gran parte del aporte inicial de una inversión estimada en US$ 103 millones. De ahí en más prevendieron en condiciones favorables, con financiación propia, los lotes con los galpones construidos llave en mano, y asignaron los primeros recursos que consiguieron al armado de la rueda crediticia.

     

    Carambola a varias bandas en Morón

    El proyecto de nueva área central Morón, que implicaba descomprimir el tránsito en la zona neurálgica de la ciudad, por el corte que hacían entre el ferrocarril Sarmiento y el club de fútbol Deportivo Morón, parecía uno de esos juegos de estrategias que implica cambiar todo de lugar: sacar el estadio con las instalaciones deportivas y llevarlos a 20 cuadras, a un predio que perteneciera a Textil Castelar y ahora lo tenía Coto, que a su vez recibiría en canje una porción de los terrenos liberados por el club para levantar ahí un hipermercado cuya construcción estará a cargo de Bautec, toda vez que ya demolió las tribunas y toda la infraestructura circundante para mudar la cancha de Deportivo Morón. Recibió por la transacción una fracción que contiene un proyecto excepcionalmente aprobado por el Concejo Deliberante para levantar 8 torres de 16 pisos, cerca del perímetro de cocheras y 140 locales comerciales.

    “Quedamos a la espera de condiciones favorables para empezar, ya que no es un proyecto de nuestro perfil. Vamos a ver de colocarlo en el mercado a grupos inversores que pueden aprovechar los créditos UVA para comercializar viviendas de 1, 2 y 3 ambientes que se destinen a clase media”, explicó Oyuela.