
Antes, el problema era sencillo. Había países pobres y países ricos. Incluso con un eufemismo muy difundido y comprendido: “países en proceso de desarrollo”, y “países desarrollados”. Hasta el área geográfica de ambos grupos estaba bien definida: los ricos en Europa Occidental, Norteamérica, Japón en Asia, y alguna otra excepción. Los pobres en Africa, América latina, y el resto de Asia.
Pero luego irrumpieron las llamadas “economías emergentes” y vinieron a complicar el panorama. Ya hay expertos y académicos a la búsqueda de nuevas clasificaciones. Es que a la luz de la realidad, la última ya quedó obsoleta. Hay países emergentes que, al menos en varios indicadores, están muy por encima de los desarrollados. Lo que plantea algunas dificultades para explicarlo.
La estadística refleja que la “periferia” aporta mayor sustancia al PBI mundial (usando la medida de paridad de poder de compra) que los tradicionales desarrollados.
Si se echa un vistazo al listado de emergentes se comprueba que engloba enormes y pequeñas economías; industrializadas y agrarias; ricas en productos básicos o con fuerte desarrollo industrial; los que ostentan superávit fiscal y los que intentan disimular el deficit. La cosa se complica todavía más en los mercados de capitales internacionales. Se estima que los emergentes tienen invertidos, en total, nada menos US$ 103 billones (millones de millones) en todo tipo de títulos, bonos de deuda pública, acciones en empresas, etc.
El concepto de emergente, que a todas luces pierde precision y vigencia, se ha usado para organizar bases de datos complejas para los que buscan datos y explicaciones en el orden económico, ambiental, social y demás tendencias que actualmente moldean el mundo. Lo que quiere decir que se pueden extraer –sobre estas bases– conclusions erróneas. Algo que es preciso modificar ya.
Las propuestas para modificar el concepto son varias, pero por ahora ninguna consigue el consenso necesario.
Algunas cifras recientes son reveladoras. Del PBI global de 2014 correspondía solamente 43% a los “desarrollados”. El otro 57% al vasto conglomerado de los emergentes. Si miramos el total de las reservas globales en divisas, el mundo de los países ricos acumula USS$ 3.979 billones (o sea, millones de millones). En tanto, los antiguos pobres guardan en sus arcas US$ 7.525 billones.
El origen del concepto
¿Cómo nació esta categoría de los emergentes. Fue en la década de los años 80, cuando los funcionarios de organismos internacionales comenzaron a detectar el potencial de algunos países para avanzar hacia el otro lado de la frontera. En ese tiempo, era simplemente una aspiración.
Por ese curioso origen se originaron muchas de las diferencias al definir a este conglomerado de países, con las consecuencias que se están viendo. Por si esto fuera poco, el vocablo a veces se usa para definer a un país y un conjunto de rasgos particulares. Pero en muchas otras oportunidades alude a los mercados de bonos y otros instrumentos financieros, generados en esos países.
Para el Fondo Monetario Internacional hay 152 “economías emergentes y en desarrollo”.
Así, con esta mescolanza, aparecen situaciones difíciles de explicar. Arabia Saudita, los países del Golfo y Corea del Sur, por ejemplo, tienen mayor PBI per capita que muchos de los países desarrollados. El criterio clasificatorio es al menos ambiguo.
Unos cuantos países emergentes han acumulado reservas tan importantes, que necesitan invertirlas y en muchos casos lo hacen en la geografía “rica”.
China es un caso excepcional en este particular. Durante los últimos seis años ha sido el principal comprador de deuda emitida por Estados Unidos. Es decir, conntibuyó a la recuperación de la economía estadounidense. Aunque en los últimos tiempos, tanto en Estados Unidos, como en Europa prefiere invertir en empresas u otro tipo de activos físicos, como propiedad inmobiliaria, por ejemplo.
En cualquier nueva clasificación que se intente, el gran problema es China. Es la economía más grande del mundo y sigue siendo “emergente”. La tasa de alfabetización es de 96% y tiene más escolares que cualquier otro país.
La capitalización bursátil china es de US$ 8 billones (recordar: millones de millones en español), la segunda del mundo después de EE.UU., y su mercado de bonos internos es tercero en el planeta, tras Estados Unidos y Japón.
Conclusión: así como el concepto de “tercer mundo” terminó en el cesto de los papeles, lo de “emergentes” parece que seguirá pronto por el mismo camino.
Sin embargo, la oportunidad no ayuda a acelerar el proceso. La tasa de crecimiento en los mercados emergentes se ha debilitado; y el retroceso económico en China debilitó el ciclo de auge de los productos básicos.
El gran impacto de las tecnologías disruptivas

La diferencia con los cambios a los que estábamos acostumbrados y esta nueva generación de transformaciones drásticas, es que éstas modifican de modo notable la vida cotidiana de la gente, la misma esencia de los negocios y el escenario de la economía global.
No toda novedad tecnológica de la larga lista de las que se acaban de producir y de la más extensa aún que se espera para los próximos años, tiene el poder de modificar el escenario social y económico de forma súbita, pero muchas de ellas encierran el potencial de hacerlo y de alterar la forma en que la gente trabaja y vive.
Por esa misma razón, los dirigentes –políticos, sociales o del campo de los negocios– tienen la obligación de entender –o de intentar entender– cuáles son las tecnologías a tener más en cuenta y a prepararse para enfrentar sus efectos.
Para lograrlo, hay una ayuda inmejorable: el reciente informe del McKinsey Global Institute (Disruptive technologies: Advances that will transform life, business, and the global economy), que identifica 12 tecnologías que pueden producir transformaciones económicas masivas e importantes disrupciones en el futuro cercano.
Para tener una idea de su importancia, hay que tener en cuenta que la aplicación de estas 12 tecnologías podrían tener un impacto económico, de aquí a 2025, del orden de US$ 14.000 a 33.000 millones. ¿Cuáles son esas tecnologías que tendrán efectos tan relevantes? Veamos algunas de ellas.
Robótica avanzada. El avance será de tal magnitud que estas herramientas adquirirán cierto nivel de destreza e inteligencia que estarán en condiciones de realizar tareas que parecían muy delicadas, o no económicas para automatizarlas. Puede haber aplicaciones de singular importancia en el campo de la medicina, para facilitar operaciones complejas o restaurar funciones vitales.
Genómica de nueva generación. Del mismo modo que aumenta velozmente el conocimiento del genoma humano, también lo hace la capacidad de manipular genes y mejorar la calidad de los diagnósticos y los tratamientos médicos. No solo en el campo humano; también en el de los animales y las plantas (mejorando el rendimiento agrícola).
Almacenaniento de energía. El litio ha permitido el desarrollo de poderosas baterías con carga suficiente para proveer energía elécrica y para que los automóviles eléctricos puedan recorrer distancias más largas (además de los millones de dispositivos móviles que tendrán mayor independencia). En pocos años más podrá llevar electricidad a remotas áreas del territorio mejorando la red de provision eléctrica.
Si los gobiernos y las empresas esperan a que todos estos desarrollos estén en pleno funcionamiento, puede resultar tarde para usufructuar los beneficios o hacer frente a las consecuencias de la nueva situación.
En consecuencia, ¿qué tipos de cosas habría que hacer para estar preparados adecuadamente?
Para los empresarios, este futuro tan desconocido y sin embargo tan cercano, debe ser parte de la estrategia en constante evolución. Las tecnologías disruptivas puede dejar obsoletos algunos modelos de negocio, crear nuevos productos y servicios y transferir poder desde la empresa al consumidor.
Habrá que innovar de modo continuo para captar algunos de los beneficios que prometen estos cambios. En cuanto a los dirigentes politicos, tendrán que repensar todo el proceso de educación y entrenamiento que permitan attender los servicios públicos con mayor eficiencia e incorporando todos los avances que se registren.

