Por Alejandro Gagliano y Hugo Giampaoli (*)

Es un tema que deberá ocupar un lugar destacado en la agenda política de los próximos gobiernos y de toda la sociedad.
La producción de petróleo y gas viene declinando desde hace varios años en el país, lo que llevó a que desde el año 2011 tuviéramos un déficit de la balanza de comercio exterior del sector con un impacto en las cuentas públicas que tiende a aumentar año a año.
Pareciera que los tiempos de altísimos precios de los commodities, incluyendo el petróleo, quedaron atrás. Para los próximos años se esperan valores similares a los actuales y siempre por debajo de los US$ 100. Este nivel de precios si bien alivia las necesidades de divisas para importar hidrocarburos, limita el dinero disponible para atraer inversiones de riesgo, monto estimado entre US$ 100 y 200 mil millones, que permitan explorar y desarrollar el potencial energético argentino.
No sólo se debe pensar en Vaca Muerta, sino también en otros shale/tight plays, en el offshore, en la exploración de cuencas aún no productivas, todo esto sin descuidar la mejora de productividad en los campos maduros.
A partir del 2000 o 2004 según se trate de petróleo o gas, la serie estadística argentina muestra un punto de inflexión. Analizando la evolución del gas se pasó de una producción de 142 millones de m3/d en 2004 a 114 millones de m3/d desde mediados de 2013, durante los primeros meses de 2015 pareciera haberse revertido la declinación con un incremento del 3% en la producción.
Uno de los puntos claves será incentivar la exploración; se observa una mayor actividad por parte de las compañías operadoras, pero aún así es necesario multiplicar los esfuerzos sin olvidar que el capital de riesgo también está siendo atraído por otros países de la región en condiciones ventajosas respecto a la Argentina.
Aspectos contractuales/jurídicos
La nueva ley de hidrocarburos incorpora algunos elementos interesantes que una vez implementados apuntarían en la vía correcta. En particular el extender los plazos de concesión para los desarrollos no convencionales, generará mejores condiciones para proyectos de prolongados tiempos de retorno de la inversión.
Posiblemente se generen algunos conflictos en el futuro al introducir el concepto de desarrollo no convencional coexistiendo geográficamente con el desarrollo convencional. Esto significa que pudiera existir más de un operador en un sitio geográfico determinado. Si bien ocurre en otros lugares del mundo, es una novedad para nuestro país.
Los organismos cedentes provinciales deberán incorporar todos estos nuevos aspectos y realizar los ajustes normativos necesarios.
El precio como guía para la inversión
Los precios del petróleo, y en cierta medida los del gas, aumentaron pasando de los US$ 10 en 1999 hasta el pico de US$ 140 en 2008. Luego de la crisis de 2001 la Argentina generó un marco de precios para el mercado interno que tuvo una primera etapa de US$ 28 y luego una de US$ 42 para posteriormente converger y actualmente superar el precio internacional, impactando esto en los niveles de producción.
En el caso del gas se fijaron precios que durante mucho tiempo se mantuvieron sin variaciones y alejados de los precios de referencia. Al advertir que la producción declinaba se implementaron planes, como Gas Plus, que retribuían al productor con precios “premium” para nuevos proyectos. Los planes se fueron ampliando hasta que hace dos años se anunció un nuevo precio de referencia de US$ 7,5 por BTU para todo nuevo gas incremental. Esto produjo su efecto recién en el año 2015 con una reversión de la tendencia declinante.
Resta resolver como estos mayores precios, indispensables para el desarrollo de los proyectos, se transferirán a las tarifas y por ende a los costos y usuarios para que a mediano plazo se pueda lograr una progresiva atenuación del impacto de los subsidios sobre el tesoro nacional.
La carga fiscal es uno de los elementos de la ecuación económica que es factible modificar para favorecer el proceso de inversión. En general, los proyectos hidrocarburíferos requieren de ingentes inversiones que se desembolsan por uno o más periodos fiscales antes de tener la primera venta, En este caso, el IVA impacta negativamente por el desfasaje entre erogación y recupero del mismo. En proyectos de exploración, donde es posible que no hay un descubrimiento y por ende no hay producción futura, pasan a ser un costo por su no recuperación.
El nuevo gobierno debiera evaluar algún mecanismo para compensar este efecto como la emisión de un bono por el crédito fiscal o la exención del pago de IVA. Para el caso de los campos maduros se podría implementar que mientras dure el período de repago de la inversión, exista un diferimiento total o parcial de ciertos impuestos y tasas. Este tipo de incentivos ha jugado un rol importante en el boom del shale en Estados Unidos por ejemplo.
Eficiencias operativas
Uno de nuestros principales recursos está en los denominados reservorios no convencionales donde se han logrado mejoras tecnológicas que permiten su puesta en producción. Sin embargo, nunca dejarán de ser proyectos de baja rentabilidad unitaria, aunque de gran volumen. Para que se superen los retornos mínimos requeridos deberá prestarse atención a aspectos tales como: logística, productividad de la mano de obra, agilidad en trámites aduaneros, etc.
Con el nivel de actividad actual, del orden de los 1.500 pozos anuales perforados, se requiere por ejemplo movilizar diariamente en camiones tubos desde el área de Buenos Aires hasta los yacimientos de Neuquén, Comodoro Rivadavia, etc. Sumado a otros insumos como arena de fractura de uso masivo en el desarrollo de no convencionales, equipos, válvulas, cemento, etc, un sinnúmero de camiones llegan diariamente a las zonas de producción. El volumen transportado y la regularidad de los envíos justifican el incentivo de otras alternativas de transporte como el marítimo o ferroviario. En Neuquén un primer paso ya ha sido dado con la inauguración del tren que transporta arena desde Bahía Blanca hasta General Roca pero debe expandirse rápidamente a otras localidades.
Por diversas razones la productividad de la mano de obra ha disminuido en la Argentina. Se utiliza hoy más personal para realizar la misma tarea, a pesar de los adelantos tecnológicos. Se debe analizar la situación actual vs. estándares exitosos a escala mundial para detectar oportunidades de mejora.
La necesidad de mano de obra calificada sigue siendo un auténtico desafío. Es por ello que las estrategias de reclutamiento y la capacidad para retener a los empleados en el sector cobran cada vez más importancia. El solo desarrollo de Vaca Muerta podría generar al menos 500.000 nuevos puestos de trabajo con alta capacitación técnica.
Infraestructura
La infraestructura de transporte actual de petróleo y gas (oleoductos y gasoductos) será insuficiente para evacuar la producción de concretarse el desarrollo de Vaca Muerta. Es imprescindible construir nuevos ductos Este tipo de proyectos demoran años, en general y requieren de financiamiento internacional, por lo que es necesario tener los anteproyectos y estudios de factibilidad lo antes posible. Sin soslayar los tiempos necesarios para las aprobaciones ambientales.
Se puede mencionar, organismos de control, entes reguladores, generación y distribución de energía electica, refinación y venta de combustibles, regulaciones ambientales, preparación y formación de profesionales, salud, vivienda, escuelas, etc que deberán sí o sí acompañar el desarrollo de la industria para que la misma pueda presentarse como sostenible en el tiempo.
La integración energética con nuestros vecinos (gas de Bolivia, Chile y Uruguay con las nuevas plantas de LNG, hidroelectricidad con Brasil y Paraguay, integración con otros países del cono sur) es otra temática que deberá ser abordada para lo cual será necesaria una política exterior concordante con estos objetivos.
Hemos perdido el autoabastecimiento energético, lo que ocasiona un déficit a las arcas de Estado Nacional que no pude sostenerse indefinidamente. Nuestros yacimientos convencionales están maduros y la producción declina con lo cual debemos explorar y desarrollar nuevas áreas. Esta tarea es imposible de ejecutar si solo pensamos en el capital nacional; por ello debemos atraer inversiones externas en competencia con otros proyectos a escala mundial en un escenario actual de precios bajos del petróleo.
El nuevo gobierno deberá elaborar, promover, comunicar adecuadamente y poner en práctica un plan que genere las condiciones necesarias para revertir el proceso de deterioro de la balanza energética y lograr el autoabastecimiento. Este proceso no será corto y demandará más de un período presidencial.
Esto requiere ser mucho más competitivos que el pasado, diseñar políticas a largo plazo (20-30 años), que den un nuevo impulso a la inversión. Estos planes requieren del apoyo de todas las fuerzas políticas y ser comunicados a la sociedad que deberá finalmente pagar los costos de esta nueva energía.
El sector de hidrocarburos es hoy en día una industria de alta tecnología, con altos estándares técnicos y grandes inversiones, y precisa de un gobierno que promueva su desarrollo por medio de reglas claras y estables.
(*) Directivos de GiGa Consulting, especializada en petróleo y energía.


