jueves, 30 de abril de 2026

    Regeneración de la economía industrial

    Por Mauro Maciel


    Walter Morales
    Foto: Gabriel Reig

    Además, existe un déficit evidente y acumulado en infraestructura que atenta contra los planes de inversión empresarial y responde por sí solo a las dudas del empresario a la hora de analizar un proyecto: ¿Qué va a pasar con la energía eléctrica, el suministro de gas, las rutas, el tendido ferroviario, los puertos? ¿Hay capacidad suficiente para desarrollar un negocio de gran envergadura?
    Las tres observaciones son señaladas con especial cuidado por Walter Morales, doctorado en Economía por la Universidad de Columbia y titular de Walter Morales & Asociados, además de ser uno de los impulsores de la jornada Ecofines, “La Argentina que se viene. Perspectivas y proyecciones macro y microeconómicas”, que tuvo lugar el pasado 8 de mayo.
    Frente a tal mapa de la situación macroeconómica concluye que “de todos modos, si pensamos en el largo plazo debemos ser optimistas, pero en el corto plazo hay que pagar la fiesta de los últimos años”.

    –¿Cuáles son las alternativas para enfrentar la actual situación?
    –Las alternativas deben surgir de la política pública. En lugar de ajustar el tipo de cambio, debería disminuir la presión fiscal. El problema es que con déficit fiscal, no podemos dejar de pagar impuestos. A ello se suma la falta de financiamiento y queda como única alternativa imprimir moneda desde el Central, lo que crea mayor inflación.

    –¿Qué variable hay que atacar con mayor urgencia?
    –El nivel de reservas es lo que hoy está mirando el empresario inversor. Al nivel de reservas actual, si restamos los pagos de la deuda de 2014, 2015 y 2016, al término de ese período las reservas cierran entre cero y U$S 3.000 millones. Eso explica cuánto dependemos del financiamiento externo y que ya no vivimos con lo nuestro, porque nos comimos el stock. No hay más flujo positivo, hay que recrearlo.

    –¿Es decir que el financiamiento externo es la única solución?
    –La Argentina tiene que ir preparando el desembarco en el mercado de capitales. Ya comenzó a blanquear la inflación, porque sabe que se viene la auditoría del FMI y se busca arreglar con el Club de París. Es decir, que se está preparando el escenario para el momento en que tenga que emitirse deuda.

    –¿Es posible recrear ese flujo positivo?
    –El Gobierno dice que este año ya no volverá a emitir deuda y que toda la cuenta energética llegará vía YPF. Pero YPF, igual que todas las empresas, tiene su límite crediticio. Va a llegar un momento en que el mercado le diga a YPF que tiene el porfolio lleno de sus bonos y que no puede comprarle más.

    –¿Existen dificultades serias para lograr con éxito el desembarco en el mercado de capitales?
    –El problema es que hoy tenemos un déficit fiscal que supera los 2 puntos del PBI (contando nada más que a Nación; si sumásemos a las provincias, llegamos a los 4 puntos tranquilamente) y hay una máxima de los inversores institucionales que no financian economías emergentes con déficit fiscal superior a los 2 puntos de su PBI. O sea que la Argentina tiene que hacer un pequeño trabajo en materia fiscal para colocarse en 1,9.
    Por otra parte hay un problema aún mayor: la mala nota que nos otorgan las calificadoras de riesgo crediticio.

    –Lograr acuerdos con los organismos internacionales, ¿reactivaría la confianza de los empresarios en lo inmediato?
    –Que va a aumentar la confianza no tengo dudas, ahora que se vea en forma inmediata, no estoy tan seguro. Creo que el empresario está esperando a ver señales concretas.

    Relación win-win

    Hay una cuestión adicional que tiene que ver con la confianza, y que Morales destaca en un contexto en el que las restricciones comerciales en el mercado local entorpecen el clima de negocios de una economía que registra signos de agotamiento en lugar de estímulos al crecimiento. Se trata de las trabas a las importaciones.
    “¿Por qué razón países como Francia, Alemania, Japón o los EE.UU. nos van a dar créditos tan alegremente, vía Banco Mundial, BID, FMI o Club de París? La relación win-win no se acaba simplemente en la devolución de un préstamo con intereses, sino que también implica la compra de productos provenientes de empresas de sus países. No digo que dejemos de ser el país con más trabas en el mundo, pero ganemos 1-0 el partido, en lugar de querer ganarlo siempre por goleada”.
    Recuperar la confianza y restablecer las relaciones con el mundo de los negocios, tiene –según Morales– una contrapartida, en la apertura a las importaciones. “Hoy el nivel de importaciones está en torno a 5%, cuando históricamente fue de 30%; es decir, que a partir del restablecimiento el nivel de producción de la industria local sufrirá una caída inmediata, que significa una pérdida de mano de obra”.

    –¿Esto no se compensa con la importación de maquinarias y equipos, que a la vez incremente la producción y vuelva a hacer crecer el volumen de exportaciones?
    –Las importaciones de maquinarias prácticamente no son trabadas en el país. En cantidad, en 2013 se importó 2% más que en 2012. Las trabas están concentradas principalmente en bienes de consumos y autos.
    En bienes de consumo, que se viene trabando hace cinco años, el margen que queda es mínimo, y ya no se puede trabar más debido a que puede haber un incremento inflacionario atado a problemas en la calidad. Las trabas significan incrementar la producción. ¿Y quién va a hacer la producción? Hoy cuesta conseguir un peón en el país. Ni hablemos de un operario calificado.

    –Cuando las empresas buscan nuevas inversiones, además de mirar el nivel de los recursos humanos, ¿miran también los niveles de corrupción o narcotráfico?
    –Lamentablemente es una situación que se da de manera, más o menos, similar en toda América latina. En cambio, preocupa el deterioro de la calidad educativa en el país.

    –Sin embargo, países como Colombia, Perú o México han combatido la inseguridad o el narcotráfico y han tenido como correlato un incremento de las inversiones. ¿Eso es casualidad o causalidad?
    –Es correcto y no lo discuto, pero todavía eso aparece en un segundo plano para los empresarios extranjeros. Sí puedo decir que les preocupa el deterioro de la calidad educativa en el país, que se ve claramente en un aspecto: en los años 80, 90 y al inicio de 2000, el director para América latina de las empresas multinacionales que estaban en el país, en su mayoría tenía sede en Buenos Aires. Hoy son cada vez más las empresas que a nivel estratégico ya no se manejan desde Buenos Aires. Este punto tiene que ver con el deterioro de la formación en recursos humanos y creo que es el aspecto que más preocupa. Incluso la falta de seguridad jurídica, que no digo que no sea relevante pero en algún aspecto es de índole secundaria.

    –¿No tener un plan estratégico es uno de los puntos por los que los inversores miran al resto de los países de la región y no a la Argentina?
    –Creo que a los inversores externos lo primero que les preocupa es que los déficits fiscales del país son crónicos. Y los déficits fiscales obligan a tomar medidas monetarias y cambiarias, e impiden brindar estabilidad.

    –¿Habrá nuevas inversiones que agreguen valor a la producción, antes de que aparezca la inversión en infraestructura?
    –Salvo algunos segmentos, yo me animo a decir que no. ¿Por qué un empresario debería estar dispuesto a instalar una metalúrgica si no sabe si tendrá gas?

    –El gran error fue haber dejado pasar la oportunidad de invertir en infraestructura, durante los años de crecimiento.
    –El problema es que no hay un plan estratégico, no se sabe adónde vamos; y si se supiera, no se sabe cómo llegar. Todos sabemos que el valor agregado de la Argentina está en la producción de alimentos. Sin embargo, la industria que más golpeamos con presión fiscal es la alimenticia, a través de todas las trabas que tienen los commodities agropecuarios. En los sectores que no somos competitivos se traban las importaciones, y en los que sí lo somos, se los recarga de impuestos.
    Hay algo que no se puede revertir en dos minutos, porque también hay que tener en cuenta el factor social, pero hay industrias que no son eficientes para la Argentina, donde es más barato el producto importado, puesto en el país, y pagando las ganancias al comercializador que comprarlo localmente.
    Para que se entienda más claro, cuando pagamos por un producto local el doble de lo que vale afuera, lo que estamos haciendo es subsidiar el empleo de una persona. La cuestión es responder si no resultaría más beneficioso volcar ese exceso hacia los sectores realmente estratégicos para su desarrollo y que la masa laboral que hoy se ubica en los sectores ineficientes sea localizada en sectores competitivos, donde somos punta de lanza, creamos valor agregado y podemos lograr exportaciones industriales genuinas para generar el ingreso de divisas.

    –¿Es racional seguir devaluando para mejorar la competitividad?
    –Para ser más eficientes las empresas necesitan tener costos más bajos, pero el empresario no manda en los salarios, ni la materia prima, ni en los impuestos. Entonces, toda mejora que puede llegar hoy es por medio de la política fiscal y previsional. Esas mejoras el Gobierno no las puede hacer porque es deficitario.

    –¿Cuáles serían los sectores punta de lanza?
    –Todo lo que gira en torno al campo y la industrialización de la materia prima. Cuando hablamos de la soja, no quedarnos solo con la exportación de pellets, sino de ir cada vez más a los biocombustibles, a los productos medicinales que se hacen a partir de la soja, por ejemplo.

    –¿O sea que la variable de la empresa es recortar personal?
    –Es el gasto que más subió desde 2007 a la fecha. Los principales gastos que tiene una empresa son materia prima y personal (más energía, en algunos casos). La materia prima y la energía tienen precios fijados por el mercado internacional. Entonces, por descarte el recorte de personal es la variable sobre la que la empresa tiene algún grado de intervención.

    –¿Qué planes tienen las empresas ante el escenario actual?
    –Creo que hoy el plan de las empresas es defender el margen de rentabilidad. Obviamente que también les interesa el volumen porque si no, deberán reducir la dotación de personal, pero a diferencia de años anteriores están conscientes de que no van a vender más cantidad y por eso tienen que defender el margen. Si los costos aumentan 4% y eso tiene un impacto en los precios de 2,5%, los precios van a aumentar 2,5% y si la demanda cae, que caiga.

    –¿Los negocios orientados a las exportaciones serían los que ofrecen una posible salida con el actual tipo de cambio?
    –No está pasando eso. Si comparamos enero y febrero de 2013 contra el mismo período de este año (donde el dólar pasó de $5 a $8), vemos que las exportaciones, en cantidad, cayeron 5%. Las manufacturas de origen industrial están iguales, a pesar de las ventajas del tipo de cambio.

    –¿Cómo se explica eso?
    –El problema es que seguimos siendo caros. En parte se explica porque hay salarios altos en dólares y componentes de origen importado, pero también hay muchos componentes locales que tienen precios en dólares, como los commodities. Cuando el producto es transable cotiza en la moneda dura, y cuando aumenta el precio de la moneda dura, el costo se traslada al precio del producto.

    –¿Qué pasa con la industria de servicios, como consultoría, por ejemplo?
    –Están en problemas porque son valores intangibles y cuando uno sale a vender los valores intangibles al mercado, en un contexto inflacionario, lo más costoso que hay es marcar precios y defender el ajuste por inflación. Creo que estos sectores van a tener una oportunidad en una segunda instancia.

    –¿Hay sectores que se favorecen con la devaluación? ¿Cuáles?
    –Hasta ahora tuvimos muchos sectores que fueron ganadores en el país; los perdedores eran solo los importadores netos. Ahora que tenemos que empezar a pagar la fiesta van a surgir ganadores y perdedores. Es allí cuando los sectores de servicios tendrán mayor capacidad de marcar precios, porque va a ser más claro el mapa de necesitados.

    –¿Tienen espalda las empresas para enfrentar una coyuntura de esa naturaleza?
    –En 2010, 89% de las empresas ganaron plata en el país, mientras que en 2012 el número bajó a 63%. Es decir, que había 37% de empresas que no podían asumir mayores gastos y solo podían trasladarlos a los precios. Se estima que en 2013 el porcentaje ha sido entre 54 y 58%. En tanto y en cuanto las empresas no trasladen sus nuevos costos a precios, va a seguir cayendo el número de empresas en estas condiciones.