miércoles, 29 de abril de 2026

    El misterioso mundo del bitcoin

    Lo que sigue es un extracto de las opiniones que intercambiaron varios especialistas reunidos por la Escuela de Negocios Wharton. 
    Nadie sabe muy bien cómo tomar el tema del bitcoin. La moneda digital, que fue catapultada por el colapso bancario en Chipre, una gran ola especulativa y una intensa cobertura mediática, pasó de US$ 13 en enero a US$ 237 a mediados de abril para luego caer a US$ 83 en un día. 
    Mientras la criptomoneda experimentaba alguna recuperación –ahora está alrededor de US$ 134– el torbellino de su evolución dejó muchas preguntas. ¿Es el bitcoin una moneda alternativa legítima, un reemplazo online para dólares y euros, como dicen sus defensores? ¿O estamos presenciando una gigantesca burbuja –una corrida especulativa más parecida a la locura por los tulipanes holandeses– esperando el momento de explotar? 
    Para los escépticos como James J. Angel de la Universidad de Georgetown, profesor invitado de finanzas en Wharton, la respuesta es obvia: “el bitcoin tiene todas las características de una burbuja especulativa clásica”, dice. 
    Las advertencias no alcanzaron a disuadir a una colección de creyentes en la moneda digital, incluidos prominentes nombres de Silicon Valley. El 11 de abril, un grupo inversor que incluye a Andreessen Horowitz, la firma de capital de riesgo del fundador de Netscape, Marc Andreessen, aceptó financiar OpenCoin, una firma relacionada con bitcoin. Y a mediados de mayo, el San Jose Convention Center fue el anfitrión de la Conferencia Bitcoin 2013. Hasta los mellizos Winklevoss, famosos por el caso Facebook, dijeron en público que tienen bitcoins por valor de US$ 11 millones. 
    “Algunos dicen que es un esquema Ponzi, una burbuja”, dijo Cameron Winklevoss al diario Times de Londres. “La gente no quiere tomarlo en serio. En algún momento ese relato cambiará y dirán que esta moneda ha llegado para quedarse. Estamos en los primeros días”.
    Defensores como Winklevoss definen el bitcoin como un nuevo tipo de dinero –en palabras de un video promocional en YouTube, es una “moneda electrónica descentralizada que revolucionará las finanzas globales como la Web cambió la edición o Skype permitió la gratuidad de las llamadas telefónicas internacionales”.
    Creada en 2009 por un programador anónimo que responde al pseudónimo de Satoshi Nakamoto, la moneda fue diseñada para facilitar el comercio, garantizar la privacidad de quien la use y, tal vez lo más importante, para estar fuera del alcance de cualquier entidad gubernamental. 
    “Bitcoin es una red de pagos internacional y abierta”, dice Gavin Andreson, el científico jefe de Fundación Bitcoin, que estandariza y promueve la moneda. “Es una manera sencilla de permitir a cualquiera, en cualquier parte del mundo, pagar por productos o servicios, incluso al alcance de personas de países donde las tarjetas de crédito y las cuentas bancarias no estén muy difundidas”. También es muy barato, agrega, porque permite a los usuarios eludir los altos costos de las transacciones con tarjeta de crédito, cajeros automáticos y otros servicios financieros tradicionales. 

    Consecuencia de la cultura libertaria


    En el universo bitcoin, no hay moneda física. Tampoco hay un intermediario. Los bitcoins existen solo como registro electrónico que los usuarios transfieren entre sí a través de una red de computadoras punto a punto. Cada nueva moneda es “acuñada” cuando una computadora adherida a la red resuelve un complejo problema matemático generado por un algoritmo. Complicadas técnicas de encriptado y de criptografía aseguran que solo el dueño pueda tener acceso a bitcoins. 
    La oferta de bitcoins también está fija. De unos nueve millones hace un año, ahora hay en circulación alrededor de 11 millones. A medida que pasa el tiempo, dicen sus fans, el crecimiento será más lento hasta que lleguen a un máximo de 21 millones de bitcoins en el año 2040.
    Esa oferta fija de dinero atrae a muchos de los que, por ejemplo, compran oro por temor a que la flexibilización cuantitativa y las medidas adicionales de la Reserva Federal y otros bancos centrales generen hiperinflación. Ven a los bitcoins como una moneda segura que el Gobierno no puede destruir imprimiendo billetes en exceso o dinero fiduciario. “Confían más en el algoritmo de Satoshi Nakamoto que en Ben Bernanke”, dice.
    Otros se volcaron a los bitcoins por razones de seguridad, según Ethan Mollick, profesor en la Escuela de Negocios Wharton. Todas las transacciones en bitcoins son anónimas y no hay registros centralizados de cuántos bitcoins tiene una persona. Eso, dice Mollick, los convirtió en moneda muy atractiva para personas como traficantes de drogas, apostadores online y gente relacionada con otras actividades ilegales, todos enemigos tradicionales de los recaudadores de impuestos o de la idea del “Gran Hermano” que sigue la pista de las transacciones. 
    “Es una consecuencia natural de la cultura libertaria”, dice Mollick. “Mucha gente que ha invertido en esto lo hace por razones no financieras”.
    Eric T. Bradlow, profesor de Marketing de Wharton, dice que si se dejan de lado los usuarios de nicho, no está claro exactamente qué necesidad de mercado va a resolver el bitcoin. El sistema actual de pagos electrónicos funciona con suficiente eficiencia; hacer pagos, obtener efectivo o transferir dinero son cosas que se realizan con bastante facilidad, dice Bradlow. Si bien muchos agentes se quejan de altas tasas, pocos tendrían razones para usar bitcoins a menos que se volviera muy generalizado. 
    “En este momento, ¿para qué necesita la gente los bitcoins?”, se pregunta Bradlow. El producto no tiene un segmento de clientes evidente, o un punto de diferenciación o una necesidad de consumidor evidente que satisfacer en comparación con otros productos competidores. Por lo tanto, va a tener que luchar para lograr adopción generalizada”. 

    Chipre, la chispa


    Además, las mismas propiedades que sus proponentes valoran hacen de los bitcoins algo muy lejano de la moneda ideal. “Las monedas eficientes tienen una serie de propiedades fundamentales”, dice Steve H. Hanke, profesor de Economía Aplicada en la Johns Hopkins University. “Entre las más importantes: la habilidad de una moneda para ofrecer un almacén estable de valores y servir como medio de cambio”. 
    Los bitcoins no están a la altura en ninguna de esas dos condiciones dicen Hanke y otros. ¿Por qué? En primer lugar porque la moneda digital se ha mostrado extremadamente volátil, precisamente por su oferta limitada. Eso plantea serias dudas sobre su eficacia como lugar seguro para almacenar dinero, como comprobaron los inversores en abril. El pico máximo se produjo cuando el Gobierno chipriota impuso controles al capital. Su intento de resolver la crisis obligando a los depositantes bancarios a aceptar un recorte en sus depósitos también despertó a los ahorristas de todo el globo sobre el riesgo de que sus fondos pudieran ser confiscados en un fracaso bancario. 
    “Chipre fue la chispa”, dice Hanke. “La idea de que los depositantes pudieran escapar a los controles al capital nacional a través del uso de una moneda virtual creó un entusiasmo generalizado”.
    Sin embargo, las compras de bitcoins no despegaron en países al borde de una crisis monetaria, dicen los expertos. La amplia mayoría de las compras tuvieron lugar en Estados Unidos. O sea, que compradores estadounidenses apostaron en grande a que los chipriotas y otros buscarían protegerse en bitcoins, y entonces los compraron antes de esa demanda esperada. Con una oferta limitada en circulación, los precios se dispararon, como ocurrió en la corrida de las puntocom en los 90, con el boom hipotecario unos años más tarde o con los tulipanes holandeses cuatro siglos antes. 
    “Cada burbuja comienza con una historia plausible, algo que es valioso y que probablemente será más valioso en el futuro. La gente lo compra, el precio sube y se retroalimenta, hasta que deja de hacerlo”, dice Angel.
    La volatilidad de precios también convierte a los bitcoins en un abominable medio de cambio, dice Mollick. Sin estabilidad de precios, es difícil saber cuánto estamos pagando por algo. Si uno compró una casa y aceptó pagar por ella con bitcoins a mediados de abril, podría terminar pagando 50% más o menos que el día anterior a valor dólar, según qué día haya firmado el contrato. 

    ¿Pero al menos es legal?


    La extrema privacidad que atrae a muchos usuarios al bitcoin es otra posible fuente de problemas. En principio, está el riesgo de que se viole la seguridad de la Red. En una zona que está fuera del accionar de cualquier Gobierno, no regulada, ¿quién va a a proteger las transacciones de fraudes o de robos? “Cualquier cibermoneda será un blanco para los hackers”, advierte Bradlow. Es difícil imaginar a las autoridades de algún país entrando a ayudar a las víctimas que eligieron operar en una red armada explícitamente para evadir controles gubernamentales”. 
    El robo no es la única vulnerabilidad. Para explotar nuevos bitcoins, los usuarios conectan sus computadoras a una red punto a punto global. Angel señala que no hay forma de saber qué más podría estar corriendo en esa red. “Podría estar descargando malware, o preparando el próximo gran ataque de hackers”, dice. 
    El bitcoin navega en aguas desconocidas en lo que hace a su situación legal y regulatoria, dice Andrea Matwyshyn, profesor en estudios legales y de ética empresarial. La cuestión más importante es decidir si los bitcoins son legales. En Estados Unidos, como en la mayoría de los países, solo el Gobierno federal puede emitir dinero legalmente reconocido. “Si estos tipos de monedas alternativas pueden coexistir con los modelos tradicionales es una pregunta que todavía no tiene respuesta”, dice. “Es un espacio regulatorio tan nuevo que todavía ni siquiera hay ley”. 
    Hasta ahora, el bitcoin no ha generado mucha atención por parte de Estados Unidos u otros Gobiernos, dado el diminuto tamaño del mercado y su corta edad. Pero el aumento en las valuaciones y la creciente participación de firmas de capital de riesgo podrían generar más escrutinio. “De­sen­cadena algunas de las mismas preocupaciones que vimos con respecto a los securities cuando comenzaron a ser regulados”, dice Matwyshyn.
    Hanke va más allá. Como los Gobiernos generan enormes ganancias con su monopolio de acuñar moneda, sugiere que no van a permitir que el bitcoin surja como rival viable. Si la moneda digital se expande más allá de su nicho, Hanke tiene pocas dudas de que el Gobierno tomará medidas para monitorearlo con intención de impedir fraude impositivo o de securities y evitar la desestabilización del sistema financiero. “Si el bitcoin se convierte en una amenaza comercial a la producción estatal del dinero”, dice Hanke, “habrá millones de razones para restringirlo o prohibirlo”.
    Extrema volatilidad
    De US$ 260 por unidad el 10 de abril, los bitcoins pasaron a valer menos de US$ 100 cada uno en pocas horas. La principal bolsa de bitcoins cerró por 12 horas para instalar hardware capaz de manejar grandes volúmenes.
    Además, ya hay malware que busca vaciar las billeteras virtuales de los propietarios de bitcoins. El jueves 11 de abril MTGox, la bolsa donde se realizan muchas operaciones con bit­coins, fue superada por la cantidad de gente que buscaba operaciones. Hubo problemas de software y los valores se desplomaron. 
    La bolsa operó offline por unas horas mientras reforzaba su hardware para que pudiera manejar enormes volúmenes de operaciones. Sin embargo, cuando se reanudaron las operaciones comenzaron a sufrir ataques de hackers que bombardeaban con datos. Volvió a operar offline para evitar ataques y cuando reinició, los bitcoins seguían perdiendo valor. En la mañana del 12 de abril, cada bitcoin valía US$ 90.
    Los poseedores de bitcoins también están en la mira de los ciberladrones, que buscan sacar provecho del boom en la moneda digital.