Diego Gentile reabrió en Liniers la heladería donde empezó a trabajar
Con 25 años, el emprendedor se convirtió en dueño del local que permanecía cerrado desde 2021 y retomó la actividad de una heladería en funcionamiento desde 1983 en el barrio porteño de Liniers, con apertura de lunes a lunes, atención directa en mostrador y una carta que suma nuevos sabores.

Con 25 años, Diego Gentile volvió al lugar donde tuvo su primer trabajo y lo hizo desde otro rol: se convirtió en propietario y reabrió una heladería histórica del barrio porteño de Liniers, que había permanecido cerrada desde 2021. La reapertura implicó retomar la operación de un comercio que funcionaba desde 1983 y que, por su trayectoria, se había convertido en un punto habitual para vecinos y familias de la zona.
El vínculo del joven con el local es previo a esta etapa. Gentile había comenzado a trabajar en esa heladería como delivery cuando era adolescente y, con el tiempo, sumó experiencia en el sector. En particular, acumuló cinco años de trabajo en una de las cadenas de heladerías más importantes de la región, recorrido que luego volcó en la decisión de asumir el desafío de reabrir el local de su barrio.
“Siempre soñé con tener mi propia heladería, nunca imaginé que iba a ser justamente la que me abrió las puertas cuando era adolescente ni en este momento”, dijo Diego Gentile. La oportunidad de hacerse cargo del comercio fue el disparador para concretar un regreso que combina un componente personal con una apuesta por la continuidad de un negocio de cercanía.
El proyecto busca equilibrar preservación y cambio. La nueva etapa conserva parte del mobiliario original como homenaje a la historia del lugar, al tiempo que incorpora una propuesta renovada en sabores. A los clásicos se suman opciones como Chocolate Rasta, Acaí y Ameritella, con la intención de ampliar el alcance de la oferta hacia públicos más jóvenes sin perder a la clientela tradicional.
En la operación cotidiana, el dueño decidió mantenerse en la primera línea. Gentile estará al frente del mostrador todos los días y el local abrirá de lunes a lunes, sin descanso. “Hay que trabajar”, dijo Gentile, al sintetizar su forma de encarar la gestión y la atención.
La reapertura también se apoya en el valor social que el comercio tuvo para el barrio. La heladería es mencionada como un lugar valorado por los vecinos de Liniers, donde muchas personas crecieron, llevaron a sus hijos y hasta a sus nietos a tomar un helado. Gentile se incluye dentro de esa experiencia: creció yendo al local con sus hermanos y amigos.
Con esta nueva etapa, la propuesta apunta a recuperar clientes históricos, atraer nuevos consumidores y volver a convertir al local en un punto de encuentro para los vecinos de Liniers. En paralelo, la historia se inscribe en un contexto en el que emprender representa un desafío para los jóvenes argentinos, con la experiencia acumulada y el conocimiento del oficio como base del proyecto.
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