La trampa que Xi le recordó a Trump
El presidente chino volvió a citar a Tucídides durante su encuentro con Donald Trump en Pekín. La referencia apunta al riesgo histórico de conflicto entre una potencia emergente y otra dominante, en un contexto marcado por la disputa tecnológica, comercial y militar entre Beijing y Washington.

El 14 de mayo, en Pekín, Xi Jinping recibió a Donald Trump en el Gran Salón del Pueblo. Frente a las cámaras, Xi formuló una pregunta: si China y Estados Unidos podrán evitar la “trampa de Tucídides”.
La referencia no fue casual. El presidente chino ya había utilizado ese concepto en reuniones previas con Barack Obama y Joe Biden. Esta vez lo hizo en un escenario más tenso: con la disputa arancelaria abierta, restricciones tecnológicas sobre semiconductores y la cuestión de Taiwán nuevamente en el centro de la agenda bilateral.
La expresión remite al historiador griego Tucídides, quien analizó la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Esparta. Según su interpretación, el ascenso de Atenas generó temor en Esparta, la potencia dominante de la época. Ese desequilibrio terminó empujando a ambas ciudades hacia el conflicto.
El concepto y su actualidad
La idea fue retomada por el politólogo Graham Allison en su libro Destined for War, publicado en 2017. Allison analizó dieciséis casos históricos de transición entre potencias dominantes y emergentes. En doce de ellos, el proceso derivó en guerra.
Entre los casos estudiados aparecen el enfrentamiento entre Alemania y el Reino Unido antes de la Primera Guerra Mundial y la rivalidad entre Japón y Estados Unidos antes de Pearl Harbor. Los ejemplos de transición pacífica son menos numerosos: Reino Unido y Estados Unidos a comienzos del siglo XX, o la relación entre Washington y Moscú durante la Guerra Fría bajo equilibrio nuclear.
La conclusión de Allison no es determinista. La guerra no es inevitable. Pero el riesgo aumenta cuando una potencia consolidada percibe amenazado su liderazgo.
Por qué Xi volvió a citarlo
La utilización del concepto por parte de Xi tiene varias dimensiones. En primer lugar, busca instalar la idea de que China debe ser tratada como un actor equivalente a Estados Unidos y no como una potencia subordinada al orden internacional construido por Washington tras la Segunda Guerra Mundial.
En segundo lugar, funciona como advertencia diplomática. Beijing sostiene que la competencia tecnológica, comercial y militar puede derivar en una dinámica de confrontación difícil de controlar si ambas partes no construyen mecanismos de coordinación estables.
Finalmente, la referencia apunta a cuestiones concretas: Taiwán, restricciones al acceso chino a chips avanzados, control de tierras raras y disputas comerciales.
Según informó la agencia oficial Xinhua, Xi planteó la necesidad de “afrontar juntos desafíos significativos en favor de la estabilidad global”.
El trasfondo económico y tecnológico
China ya superó a Estados Unidos en producción manufacturera y se acercó en términos de producto bruto medido por paridad de poder adquisitivo. También amplió su presencia en inteligencia artificial, telecomunicaciones, vehículos eléctricos y sistemas de pago digital.
La disputa ya no se limita al comercio. Incluye control de cadenas de suministro, propiedad intelectual, infraestructura tecnológica y acceso a minerales estratégicos.
A diferencia del escenario analizado por Tucídides hace veinticinco siglos, las dos potencias actuales mantienen una profunda interdependencia económica y poseen arsenales nucleares capaces de destruirse mutuamente. Esa combinación vuelve más costosa una confrontación abierta, aunque no elimina el riesgo de escaladas parciales.
El impacto sobre la Argentina
La discusión tiene implicancias directas para la Argentina. China es uno de los principales destinos de exportación de soja, carne y litio argentino. También participa en proyectos de infraestructura, minería y energía, además del swap de monedas entre ambos bancos centrales.
Estados Unidos, en paralelo, continúa siendo el principal referente financiero, tecnológico y militar de Occidente para el país.
Una profundización de la rivalidad entre ambas potencias podría reducir el margen de maniobra diplomático argentino y obligar a tomar definiciones más explícitas en temas estratégicos.
La próxima reunión bilateral entre Xi y Trump quedó prevista para fines de 2026 en territorio estadounidense. Hasta entonces, la evolución de la disputa tecnológica y la situación en Taiwán seguirán funcionando como los principales puntos de tensión entre las dos mayores economías del mundo.
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