miércoles, 21 de enero de 2026

La era de la competencia redefine el mapa de riesgos globales para 2026

La edición 2026 del Global Risks Report del WEF describe un orden más competitivo, con gobiernos replegados del multilateralismo. El informe advierte que el comercio, las finanzas y la tecnología se usan como instrumentos de influencia, mientras crecen la polarización social y los riesgos tecnológicos.

spot_img

El mundo ingresa a 2026 “en un precipicio”, con guerras activas y un giro hacia herramientas económicas para obtener ventaja estratégica. En ese marco, el WEF define un “age of competition”: la cooperación se vuelve más difícil, y la confianza pierde valor como insumo para acuerdos. 

La base empírica es la Global Risks Perception Survey (GRPS) 2025-2026, con más de 1.300 expertos a nivel global, y un recorte temporal que separa tres horizontes: 2026, 2028 y 2036. 

En ese diagnóstico, el corto plazo se organiza alrededor de dos fuerzas: rivalidad geopolítica y disputa geoeconómica. A diferencia de informes previos donde el clima dominaba la conversación inmediata, en 2026 la agenda de seguridad y de restricciones económicas toma el centro del escenario. 

Publicidad

Geoeconomía como arma

La “confrontación geoeconómica” aparece como el principal riesgo de crisis material global en 2026 (18% de las respuestas), seguida por el conflicto armado entre Estados (14%). En términos operativos, el concepto remite a sanciones, controles de exportación, restricciones de inversión, subsidios selectivos, uso de monedas y sistemas de pagos como palanca, y reconfiguración de cadenas de abastecimiento bajo lógica de bloques. 

El top 10 de riesgos para 2026 completa un retrato de tensión sistémica: eventos climáticos extremos (8%), polarización social (7%), desinformación (7%), recesión (5%), erosión de derechos y libertades cívicas (4%), resultados adversos de tecnologías de IA (4%), inseguridad cibernética (3%) y desigualdad (3%). 

El informe también registra un cambio de clima en el ánimo de los decisores: 50% prevé un escenario “turbulento” o “tormentoso” a dos años, proporción que sube a 57% en el horizonte de diez años; apenas 1% anticipa un contexto “calmo”. 

Tecnología y desinformación

El WEF marca un “repunte” de preocupaciones tecnológicas al entrar a 2026. La desinformación figura dentro del top 5 y se incorporan dos entradas nuevas al top 10: resultados adversos de tecnologías de IA y riesgos cibernéticos. El punto no es solo reputacional: en un entorno de polarización, la manipulación informativa puede acelerar reacciones sociales, decisiones regulatorias y shocks de mercado. 

En paralelo, el reporte describe instituciones “bloqueadas o ineficaces” para procesar turbulencias, con lo cual la gobernanza tecnológica se vuelve más fragmentada. En el tramo final del documento, se plantea la necesidad de coordinar estándares mínimos de seguridad, transparencia y despliegue ético, especialmente en usos militares, biometría y sistemas de decisión a gran escala. 

La otra cara de este proceso es el costo corporativo: más cumplimiento normativo, más auditoría de datos y proveedores, y más exigencia de trazabilidad en software, chips, nube y telecomunicaciones. En un mundo donde “tecnología” también es política industrial, el riesgo de interrupciones por licencias, listas de entidades o vetos se incorpora al tablero de planificación.

2028: riesgos que se acumulan

Al proyectar el horizonte a 2028, el informe sostiene que los riesgos se “componen”: la confrontación geoeconómica no queda circunscripta a 2026, sino que se mantiene como principal riesgo a dos años. 

En ese escenario, el top 10 para 2028 se completa con desinformación, polarización social, contaminación, eventos climáticos extremos, conflicto armado entre Estados, inseguridad cibernética, erosión de derechos y libertades cívicas, migración o desplazamiento involuntario y desigualdad. 

El orden del listado sugiere un mecanismo recurrente: un shock geopolítico o de comercio exterior tiende a amplificarse en el frente doméstico (polarización, derechos) y en el tecnológico (desinformación, ciberataques), con derivaciones sobre flujos migratorios. Para empresas con exposición internacional, el riesgo ya no es un evento único, sino un encadenamiento de decisiones y reacciones.

2036: el clima vuelve al centro

La mirada a 2036 cambia el eje. El WEF ubica a los eventos climáticos extremos como el riesgo más severo a 10 años, seguido por pérdida de biodiversidad y colapso de ecosistemas, y por cambios críticos en los sistemas terrestres. El top 10 incluye, además, escasez de recursos naturales, contaminación, inseguridad cibernética, desigualdad, polarización social, desinformación y resultados adversos de tecnologías de IA. 

En otras palabras: la geoeconomía domina el corto plazo, pero el informe sostiene que el “peso” del clima y de los sistemas naturales se vuelve determinante en el largo plazo. De hecho, la confrontación geoeconómica mejora su posición relativa a diez años y cae a lugares secundarios del ranking de severidad. 

Un matiz relevante aparece en la comparación con el año anterior: en 2026 los riesgos ambientales pierden participación en las nominaciones de corto plazo. Los eventos climáticos extremos bajan del puesto 2 al 3, con una caída de seis puntos porcentuales en menciones, y el “cambio crítico de sistemas terrestres” desciende del 7 al 13. El informe no plantea una mejora objetiva del clima, sino un desplazamiento de prioridades hacia la urgencia geopolítica y económica. 

Lo que cambia para empresas e inversores

El mapa del WEF funciona como una guía de stress test. En 2026, la variable clave es la geoeconomía: costos de financiamiento, acceso a insumos, licencias, mercados y rutas logísticas pueden cambiar por decisiones políticas. El documento menciona, además, preocupaciones por recesión, inflación y burbujas de activos, en un contexto de alta deuda y mercados volátiles. 

La recomendación implícita es abandonar la idea de un “escenario base” único. En una economía internacional fragmentada, el planeamiento tiende a organizarse por contingencias: dobles abastecimientos, coberturas financieras, auditoría de terceros, y capacidades de respuesta cibernética y comunicacional. En ese marco, la desinformación deja de ser un tema de redes sociales y pasa a ser un riesgo operativo.

El reporte, además, dedica un capítulo completo a seis análisis de profundidad que funcionan como agenda de 2026: cambio estructural, multipolaridad sin multilateralismo, conflicto de valores, ajuste económico, infraestructura en riesgo y saltos cuánticos, además del bloque sobre IA. El foco es menos el “cisne negro” y más la persistencia de fricciones que erosionan la coordinación global. 

Para América Latina, la lectura práctica es doble. Por un lado, sube el costo de transaccionar con el mundo: compliance, financiamiento y logística. Por el otro, la región queda más expuesta a volatilidad externa (términos de intercambio, flujos de capital) y a shocks climáticos, que el propio informe vuelve a ubicar como dominantes en el horizonte de diez años.

En suma, el WEF describe una década que se parte en dos: el corto plazo, marcado por competencia estratégica y herramientas económicas; y el largo plazo, dominado por límites ambientales y riesgos tecnológicos que se vuelven estructurales. La incógnita ya no es si habrá turbulencia, sino qué combinación de riesgos se activará primero y qué tan rápido se propagará. 

Publicidad
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

CONTENIDO RELACIONADO