La desigualdad volvió a subir: el Gini cortó la racha de mejora
El coeficiente que mide la concentración del ingreso registró su primer aumento interanual desde que arrancó la desinflación. El décimo más rico se despega, aunque la franja más pobre mejoró su posición relativa frente a la mediana.

El dato central que dejó el INDEC este jueves es incómodo para el relato oficial: en el primer trimestre de 2026, el coeficiente de Gini del ingreso per cápita familiar de las personas subió a 0,442, frente a 0,435 en el mismo trimestre de 2025. Es un retroceso de siete milésimas en la comparación interanual y el primer empeoramiento de la desigualdad desde que la economía entró en el sendero de desinflación. En un índice que va de 0 (igualdad absoluta) a 1 (concentración total), cada décima cuenta: el valor de este arranque de año es el más alto desde el primer trimestre de 2024, cuando la cifra había tocado 0,467 en plena licuación de ingresos.
Una racha de mejora que se interrumpe
Para dimensionar el giro conviene mirar la serie. Después del pico de 0,467 del primer trimestre de 2024, el Gini había descrito un descenso con oscilaciones: 0,435 en el primer trimestre de 2025, 0,424 en el segundo, 0,431 en el tercero y 0,427 en el cuarto. El salto a 0,442 rompe esa tendencia y devuelve la desigualdad a niveles que no se veían en dos años. La comparación más limpia es la interanual, porque tanto el primer como el tercer trimestre de cada año están afectados por la captación del aguinaldo, según aclara el propio informe; medido contra el cuarto trimestre de 2025, sin ese efecto, el aumento es todavía mayor, de quince milésimas.
La brecha entre extremos, en cambio, se mantuvo. El cociente entre la mediana del decil más rico y la del más pobre quedó en 15 veces, igual que un año atrás; calculada por promedios, la distancia es de 19 veces, también sin cambios. La aparente contradicción con la suba del Gini tiene una explicación: la brecha mira solo las puntas, mientras que el Gini sintetiza toda la distribución. Y lo que muestra la foto completa es que el estrato más alto volvió a despegarse. El décimo decil concentró el 33,5% del ingreso per cápita familiar, contra apenas 1,8% del primer decil.
El que sube y el que baja al mismo tiempo
El trimestre dejó una paradoja que merece lectura fina. Mientras el Gini empeoraba, otro indicador de desigualdad mejoró: la población con ingresos inferiores al 50% de la mediana cayó a 16,6%, desde 20,4% un año atrás. Es decir, la franja más rezagada recortó distancia respecto del centro de la distribución, aun cuando la dispersión general se amplió. No es un contrasentido estadístico, sino el reflejo de dos dinámicas simultáneas: un piso que recompone y un techo que se aleja más rápido.
Esa recomposición del piso se ve con nitidez en los salarios. El ingreso promedio de los asalariados con descuento jubilatorio —el empleo registrado— fue de 1.375.143 pesos, con un alza nominal de 35,9% interanual, apenas por encima de la inflación del período, que en el primer trimestre rondó el 32% y cerró mayo en 33,2% anual. Pero el dato más elocuente está en el otro extremo del mercado laboral: los asalariados sin descuento jubilatorio, los informales, promediaron 731.150 pesos con una suba de 51,3% interanual, muy por encima de los precios. El trabajo no registrado, el que más había quedado atrás en la primera etapa del ajuste, recuperó terreno real en este arranque de 2026.
La contracara de esa mejora en la base es la consolidación de la cúpula y un viejo problema que se ensancha: la brecha de género. El ingreso promedio de la ocupación principal de las mujeres fue 29,1% menor al de los varones, una distancia que se amplió respecto del 27,8% de un año atrás y que marca uno de los registros más altos de la serie. En valores absolutos, las mujeres percibieron en promedio 959.030 pesos contra 1.352.247 de los varones.
Más ingreso nominal, recuperación moderada en términos reales
En el agregado, la masa total de ingresos de la población de referencia creció 35,6% nominal interanual. Descontada la inflación del período, el avance real es modesto y consistente con una economía que se recupera sin euforia: el Estimador Mensual de Actividad Económica del INDEC marcó en marzo un alza interanual de 5,5%. El ingreso per cápita promedio del total de la población se ubicó en 728.008 pesos y la mediana, en 500.000; entre la población ocupada, el ingreso promedio fue de 1.104.227 pesos y el mediano, de 900.000.
La estructura de las fuentes apenas se movió: en los hogares, los ingresos laborales explicaron el 77,7% del total y los no laborales —jubilaciones, pensiones, subsidios y rentas—, el 22,3% restante. Como es habitual, ese componente no laboral pesa mucho más en la base que en la cúspide: representó el 61% del ingreso del primer decil de hogares y solo el 15,6% del décimo, lo que confirma el rol amortiguador de las transferencias en los sectores de menores recursos.
Qué mirar de acá en adelante
El Gobierno construyó buena parte de su capital político sobre la idea de que la desinflación, por sí sola, mejora la distribución y reduce la pobreza. El dato de este trimestre matiza ese relato: con la inflación en descenso y la actividad en recuperación, la desigualdad medida por el Gini volvió a subir, empujada por un decil más rico que captura una porción creciente del ingreso. La señal positiva —la mejora de los salarios informales y de la franja más baja frente a la mediana— convive con una dispersión que se ensancha en el conjunto.
La lectura definitiva llegará con los próximos indicadores. Sobre la base de este informe, el Ministerio de Capital Humano suele difundir su proyección de pobreza del trimestre, que el mercado seguirá de cerca para confirmar si la recomposición de ingresos alcanza para sostener la baja. Y el segundo trimestre, ya sin el efecto del aguinaldo, dirá si el repunte del Gini fue un episodio puntual o el inicio de una reversión. Por ahora, el arranque de 2026 deja una certeza estadística y una pregunta abierta: los ingresos crecen, pero no para todos al mismo ritmo.
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