De acuerdo con el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la actividad industrial manufacturera de Argentina registró una fuerte contracción en 2024, seguida de un rebote parcial durante 2025 . El Índice de Producción Industrial manufacturero (IPI) cerró 2024 con una caída acumulada de 9,4% en comparación con 2023 – la contracción más pronunciada en más de dos décadas – y luego mostró una suba del 3,8% interanual en el período enero-septiembre de 2025. Estos datos oficiales reflejan un año de profundo retroceso productivo seguido por una recuperación estadística que, sin embargo, aún no alcanza a compensar totalmente la pérdida previa.
Un retroceso histórico en 2024
El desplome de la producción manufacturera en 2024 sobresale incluso en perspectiva histórica. La caída de 9,4% anual superó la contracción de 7,5% registrada en 2020 –cuando la pandemia paralizó fábricas durante meses– y resultó la más severa desde 2002, cuando la crisis post-convertibilidad provocó un derrumbe del 10,6%. Cabe destacar que 2023 ya había sido un año negativo (–1,8% respecto de 2022 ), por lo que 2024 profundizó una tendencia recesiva acumulando dos años consecutivos de contracción industrial.
Diversos factores macroeconómicos explican este desempeño. Durante 2024 la demanda interna se retrajo drásticamente, golpeada por una inflación anual del 117,8% que erosionó el poder de compra de los hogares. A la escalada de precios se sumó un ajuste fiscal y monetario a fines de 2023 que enfrió aún más la actividad. La industria enfrentó además dificultades para sostener sus exportaciones, afectadas por un tipo de cambio poco competitivo, a la vez que la flexibilización de las importaciones expuso a los productores locales a mayor competencia externa . En conjunto, estas condiciones resultaron en un fuerte descenso de la producción manufacturera, con caídas interanuales del orden del –20% en el segundo trimestre de 2024 .
Hacia la segunda mitad de 2024 se observó una atenuación de la caída, en parte porque la inflación comenzó a desacelerar y ciertas actividades mostraron signos de estabilización. Mes a mes, la comparación interanual de la producción manufacturera fue recortando su brecha negativa: de descensos superiores al 15–20% a mediados de año, se pasó a caídas menores al 2% hacia octubre-noviembre, e incluso un repunte del 8,4% interanual en diciembre . Esta mejora relativa hacia fin de año se explica tanto por una ligera reactivación de la economía como por la baja base de comparación que dejó el crítico final de 2023. No obstante, el balance anual de 2024 fue marcadamente adverso, situando al sector industrial en su nivel más bajo en años y preparando un terreno de comparación más favorable para 2025.
Rebote en 2025 con diferencias sectoriales
En 2025 la industria manufacturera exhibe un rebote estadístico importante en los primeros meses, aunque heterogéneo entre ramas y con señales de estancamiento hacia el tercer trimestre. El promedio de producción de enero a septiembre de 2025 se ubicó un 3,8% por encima del mismo período del año previo , evidenciando una recuperación parcial. Este crecimiento interanual acumulado se concentró sobre todo en la primera mitad del año, cuando la producción registró alzas significativas (entre +5% y +9% interanual) debido a la comparación contra los meses más deprimidos de 2024. Sin embargo, a medida que avanzó 2025, la tasa de crecimiento se fue moderando: en septiembre, el IPI manufacturero volvió a caer –0,7% interanual y también mostró un leve retroceso desestacionalizado (–0,1% respecto de agosto ). Estos datos sugieren que, tras el impulso inicial, la actividad industrial se estancó en el tercer trimestre de 2025, aún navegando dificultades de demanda y costos.
El desempeño por sectores refleja brechas significativas dentro de la recuperación. Según los datos del INDEC, en septiembre de 2025 siete de las dieciséis divisiones manufactureras todavía mostraban caídas interanuales . Las mayores contracciones se registraron en textiles, indumentaria, cuero y calzado (–14,0%), productos de metal (–11,8%), caucho y plástico (–11,1%), productos textiles (–20,5%), minerales no metálicos (–6,0%), vehículos automotores y autopartes (–2,5%) e industrias metálicas básicas (–1,0%) . Estos sectores –varios de ellos ligados al consumo masivo y a la inversión– continúan rezagados, afectados por la débil demanda interna (caso de textiles y calzado, muy sensibles al ingreso de las familias) o por restricciones anteriores que limitaron su producción.
En contraste, otras ramas lograron importantes aumentos interanuales, apuntalando el índice general. Sobresalieron “otros equipos, aparatos e instrumentos” con +8,8%, refinación de petróleo +7,6%, maquinaria y equipo +4,5%, madera, papel e impresión +3,1%, alimentos y bebidas +0,7%, muebles y otras manufacturas (incluyendo colchones) +3,5%, otro equipo de transporte +16,4%, y productos de tabaco +0,1% . Varios de estos incrementos responden a efectos de base comparativa: por ejemplo, el rubro de otros equipos e instrumentos (que incluye manufacturas tecnológicas y electromecánicas) había sufrido fuertes caídas el año anterior y en 2025 recuperó terreno perdido. De forma similar, el crecimiento de 22% acumulado que exhibe la categoría de muebles y otras industrias hasta septiembre apunta a un rebote tras la paralización previa en ese segmento. También la industria automotriz, aunque mostró una leve caída en septiembre, acumula un +8,2% en nueve meses gracias a una primera mitad de 2025 muy dinámica –impulsada en parte por la demanda de exportación regional– antes de desacelerar en la segunda mitad del año. En cambio, sectores como textil-confecciones permanecen en terreno negativo incluso en el acumulado anual (–0,6% de enero a septiembre) , evidenciando una recuperación incompleta y desafíos estructurales de competitividad.
Contexto macroeconómico y perspectivas
La evolución reciente de la industria no puede desvincularse de la coyuntura macroeconómica. El año 2023 estuvo marcado por la inestabilidad económica: además de la inflación descontrolada, Argentina sufrió la peor sequía en décadas que afectó a la agroindustria y redujo divisas, agravando la escasez de insumos importados para muchas fábricas. Hacia fines de ese año el recambio de gobierno trajo un giro en la política económica, con la implementación de un programa de ajuste fiscal y apertura comercial. Si bien estas medidas buscan corregir desequilibrios de largo plazo, en el corto plazo añadieron presiones sobre el sector productivo. La dirigencia industrial, nucleada en la Unión Industrial Argentina (UIA), ha manifestado su preocupación por el estancamiento de numerosas actividades en este contexto de costos crecientes y competencia externa.
Con el comienzo de 2025, algunas variables comenzaron a mostrar cierta estabilización: la inflación mensual se moderó levemente respecto al pico y el tipo de cambio oficial se unificó, reduciendo distorsiones. Esto, junto con la baja base comparativa, facilitó el rebote técnico de la producción industrial en el primer semestre. Sin embargo, para consolidar una recuperación sostenible la industria enfrenta el desafío de recuperar mercados y rentabilidad. La normalización del acceso a insumos importados podría elevar la capacidad productiva, pero al mismo tiempo la mayor apertura expone a los fabricantes locales a competir con productos extranjeros en un momento de demanda interna débil. Asimismo, un tipo de cambio real más bajo encarece los costos en dólares y resta competitividad exportadora, golpeando a rubros como textiles y metalmecánica que tradicionalmente dependen del mercado externo.
De cara al futuro inmediato, el panorama industrial argentino se mantiene cautelosamente incierto. Por un lado, la confirmación de la desaceleración de la inflación y la estabilización macroeconómica podrían sentar las bases para una reactivación del consumo interno y la inversión, condiciones necesarias para que el sector manufacturero recupere dinamismo. Además, la perspectiva de mayores ingresos por exportaciones agrícolas y los proyectos energéticos en marcha podría derramar beneficios sobre industrias proveedoras de bienes de capital, materiales y químicos. Por otro lado, persisten riesgos significativos: un consumo interno deprimido, la elevada tasa de interés real que encarece el crédito productivo, y la incertidumbre política podrían prolongar el letargo industrial más allá de 2025.
En síntesis, la industria manufacturera argentina transita un período de reacomodamiento luego del profundo bache de 2024. Los datos a septiembre de 2025 confirman una mejora interanual modesta pero desigual, que aún deja la producción por debajo de los niveles prepandemia y de 2023. La capacidad de retomar una senda de crecimiento sólido dependerá de factores macroeconómicos (estabilidad de precios, tipo de cambio competitivo) y microeconómicos (innovación, productividad sectorial) que permitan traducir el rebote estadístico en una recuperación real y sostenida. Los próximos meses serán críticos: marcarán si la industria afianza su incipiente recuperación o si, por el contrario, la inercia recesiva persiste, condicionando las posibilidades de expansión en 2026. En cualquier caso, el desempeño manufacturero continuará siendo un termómetro de la salud económica general y de la eficacia de las políticas implementadas, manteniendo su relevancia estratégica en el desarrollo productivo del país.












