China, primera economía pero no poder hegemónico
Los mismos estadounidenses lo aceptan. En poco más, China desalojará a EE.UU como la principal economía del mundo. Pero el relieve económico no significa, al menos de inmediato, capacidad de dominación mundial.
Además, hay que poner la novedad en contexto. El producto bruto per capita de China en 2011 (última medición completa) era 11% del de EE.UU. El ingreso chino por persona se sitúa en el puesto 99 en el ranking mundial. Pero el gran emergente oriental tiene 1.400 millones de habitantes (contra apenas 312 millones de estadounidenses).
China es una enorme potencia comercial (exporta 14% más que las ventas externas de EE.UU) aunque sus importaciones son 31% menores a las del coloso de este continente. Aunque es probable que en poco tiempo más se convierta también en el primer importador mundial.
Otra dimensión de poderío es el volumen de las reservas en divisas. El gobierno de Beijing acumuló reservas por US$ 4 billones (millones de millones en español). Una poderosa herramienta (puede organizar un festival de compras por todo el mundo), pero también un talón de Aquiles. Sus activos denominados en monedas occidentales puede ser devaluados mediante acciones de los países emisores. Lo que obliga a guardar un difícil equilibrio.
Lo que no ha cambiado es que el sistema financiero estadounidense sigue siendo el centro del sistema financiero global. Y todo indica que lo seguirá siendo por largo tiempo.
Otro enfoque insoslayable a la hora del análisis, es la diferencia tecnológica entre ambas potencias. La productividad de la economía china es la quinta parte de la de EE.UU. No tiene marcas tecnológicas que sean líderes mundiales, a diferencia de su rival que ostenta una miríada de nombres archiconocidos.
Por otra parte, ese potencial tecnológico y un incesante gasto en defensa, confiere a Washington su rango de primera potencia militar mundial. Desde la perspectiva geopolítica, Estados Unidos está rodeado de países amigos. Todo lo contrario vale para China, que no ha logrado crear las alianzas militares que exhibe su rival.
En suma, los próximos años presenciarán el continuo crecimiento de la economía china, su mejoría en la creación y manejo de tecnología, y seguramente un ascenso de su capacidad militar en todos los aspectos. Pero si nada le pasa a esa economía –y pueden sucederle muchas cosas- pasará mucho tiempo antes que pueda mostrar una capacidad similar a la de Estados Unidos para influir sobre hechos y procesos en todo el mundo. Hay una nueva era donde sobresale China, pero habrá todavía muchas transiciones que presenciar.
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