AfD se acerca al 30% y pone a prueba el sistema político alemán
La formación de derecha radical lidera las encuestas en varios estados del este de Alemania y podría convertirse en la primera fuerza de gobierno regional de ese espacio político desde la posguerra. El fenómeno coincide con el estancamiento económico alemán, la pérdida de competitividad industrial y un creciente malestar social.

Alternativa para Alemania (AfD) atraviesa el mejor momento de su historia. A menos de tres meses de las elecciones regionales previstas para septiembre de 2026, la fuerza de derecha radical alcanza cerca del 30% de intención de voto a nivel nacional y supera el 40% en algunos estados del este del país, según los principales sondeos.
El dato adquiere relevancia porque en Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Antepomerania la formación podría convertirse en la principal fuerza política y participar de un gobierno regional. De concretarse, sería la primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial que una fuerza ubicada en la extrema derecha del espectro político gobierna un Land alemán.
El crecimiento de AfD se produce en un contexto de debilitamiento de la coalición encabezada por el canciller Friedrich Merz. La CDU continúa siendo una de las principales fuerzas del país, pero enfrenta una caída de popularidad asociada a la falta de resultados económicos visibles y a las tensiones internas de gobierno.
El trasfondo económico
Más allá del debate migratorio, el avance de AfD tiene raíces económicas profundas. Durante décadas, Alemania sustentó su crecimiento sobre tres pilares: energía de bajo costo proveniente de Rusia, acceso garantizado a mercados globales y protección militar estadounidense dentro del esquema de la OTAN.
Los tres factores comenzaron a deteriorarse simultáneamente.
La invasión rusa de Ucrania alteró el acceso al gas barato que alimentaba buena parte de la industria alemana. Al mismo tiempo, el retorno de políticas más proteccionistas en Estados Unidos y la creciente competencia industrial china modificaron el escenario internacional sobre el que se construyó el modelo exportador alemán.
El sector automotor refleja con claridad esa transformación. Fabricantes chinos de vehículos eléctricos ganaron participación en mercados donde históricamente dominaban las marcas alemanas. Paralelamente, los elevados costos energéticos redujeron la competitividad de numerosas industrias intensivas en consumo de energía.
El resultado es una economía que acumula varios años de crecimiento débil, inversión moderada y pérdida gradual de dinamismo productivo.
El peso del este alemán
La situación es particularmente visible en los estados que integraron la antigua República Democrática Alemana.
Treinta y cinco años después de la reunificación, persisten diferencias económicas significativas entre el este y el oeste. Aunque la infraestructura mejoró y los niveles de vida convergieron parcialmente, amplios sectores de la población mantienen la percepción de haber quedado rezagados frente al desarrollo de las regiones occidentales.
En ese contexto, AfD logró consolidarse como vehículo de expresión de un malestar que combina factores económicos, culturales e identitarios.
La inmigración se convirtió en uno de los ejes centrales de su discurso político. Las llegadas masivas de refugiados durante la crisis migratoria de 2015 y, más recientemente, el ingreso de desplazados ucranianos tras la invasión rusa reforzaron una narrativa que vincula presión sobre los servicios públicos, competencia laboral y pérdida de identidad cultural.
El desafío para los partidos tradicionales
La principal incógnita política gira alrededor del denominado Brandmauer o “muro cortafuegos”, el acuerdo informal mediante el cual los partidos tradicionales se comprometieron a no formar coaliciones con AfD.
Hasta ahora, la CDU mantiene oficialmente esa posición. Sin embargo, el crecimiento sostenido de la fuerza radical complica cada vez más la formación de mayorías parlamentarias en varios estados.
La experiencia de otros países europeos muestra caminos diversos. En Italia, la derecha encabezada por Giorgia Meloni llegó al gobierno tras moderar parte de su discurso. En los Países Bajos y en algunos países nórdicos, partidos de derecha radical participaron en coaliciones gubernamentales. Alemania continúa siendo uno de los principales casos donde el aislamiento político de estas fuerzas permanece formalmente vigente.
No obstante, varios analistas advierten que el endurecimiento de los discursos migratorios por parte de los partidos tradicionales podría terminar legitimando posiciones que originalmente buscaban contener.
Un fenómeno europeo
El ascenso de AfD forma parte de una tendencia más amplia que atraviesa a numerosas democracias occidentales.
La combinación de bajo crecimiento económico, aumento del costo de vida, incertidumbre geopolítica y desconfianza hacia las élites tradicionales alimenta el crecimiento de fuerzas políticas que cuestionan consensos establecidos durante las últimas décadas.
En Alemania, ese proceso adquiere una relevancia especial debido al peso económico del país. La economía alemana representa cerca de una cuarta parte del producto bruto de la Unión Europea y continúa siendo uno de los principales motores industriales del continente.
Por esa razón, el resultado de las elecciones regionales de septiembre será observado con atención más allá de las fronteras alemanas. No solo pondrá a prueba la capacidad de los partidos tradicionales para contener el avance de AfD, sino también la resiliencia de un modelo económico que durante décadas fue considerado una referencia para Europa.
Las encuestas indican que la formación de Alice Weidel y sus aliados regionales podría alcanzar resultados sin precedentes. La magnitud de ese avance determinará si el crecimiento de AfD continúa siendo un fenómeno de oposición o si comienza a transformarse en una experiencia concreta de gobierno.
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