Malandra: el abc del bodegón porteño
El nuevo restaurante de Caballito -que hace dos meses abre mediodía y noche a salón lleno- revela cómo se creó el menú, por qué los elige el público y qué detalles sumaron para despachar platos argentinos en clave moderna.

“Si das bien de comer, buenas porciones y a buen precio, la gente viene”, asegura Vanesa Defey Sosa, de 29 años, que hace menos de dos meses abrió Malandra, en una esquina icónica de Caballito. El restaurante de barrio se inserta en el circuito de Pedro Goyena con una cocina sin vueltas que reivindica lo simple de sentarse a comer abundante y accesible. “Desde que abrimos tuvimos una convocatoria muy grande, muy superior a nuestras expectativas. Ya hicimos más de 5.000 cubiertos. Casi a salón lleno todos los días”, revive entusiasmada la emprendedora gastronómica. Con una capacidad de 70 cubiertos y un ticket promedio de $30.000/$40.000 cada dos personas, el público que convoca es muy variado, de los domingos en familia a noches de fútbol en bermudas y grupo de amigos. “La gente está valorando mucho las porciones y los sabores. El más pedido es el pastel de papas, que ya es furor en Caballito. El osobuco braseado también sale muchísimo”. Matambre a la pizza, ravioles de roast beef a la crema de hongos y milanesa napolitana completan el podio.
¿Cómo se cura un menú?
Al diseñar la carta de Malandra, se pensó en la abundancia, lo casero, lo rico y lo rápido de despachar, para un lugar donde las pretensiones quedan relegadas y lo prioritario es que se genere un buen momento en una mesa llena de comida. “Este es un espacio descontracturado y de disfrute. Podés empezar en la barra tomando algo y extenderte en la sobremesa todo el tiempo que quieras,“ asegura Vanesa. Entre las figuritas repetidas de todo restaurante de este estilo, en Malandra tampoco pueden faltar: tortilla babé con alioli de cebollas quemadas, buñuelos con tártara, rabas a la romana, fusilli con bolognesa, lomo a la pimienta con milhojas de papa y un buen flan mixto. Como en todo bodegón porteño, comer en la esquina es el lema, servir sabores del recetario local en un polo gastronómico en auge es la misión que están cumpliendo con creces. Los vecinos, agradecidos: “Están re entusiasmados, ya desde que estábamos en obra nos preguntaban por el nuevo restaurante y estaban ansiosos por conocerlo. Ahora están comiendo acá. Festejando un cumple. Juntándose con amigos. Para fidelizar clientes pensamos en los puntos de valor que nosotros mismos deseamos y que podemos ofrecerles. Un buen servicio, abrir todos los días, brindar un menú ejecutivo, cerrar la cocina a las 12 de la noche”.

¿Siempre hay que innovar? Es la pregunta que se hicieron al concebir esta cantina actual.
Solamente es necesario modernizar procesos para que los platos salgan en su mejor versión es la respuesta de Malandra. Hasta conservaron del antiguo frigorífico que había antes en esta esquina, una gran mesada de corte y la inmensa cámara de frío, dos golazos para la parrilla, la otra gran propuesta. La provoleta sale con miel picante y con nueces; las mollejas se pueden pedir por 300 o 500 gramos, igual que el ojo de bife, el vacío y el bife de chorizo. Hay asado banderita y la pieza de lujo, el t-bone.
Creado por vecinos
La nueva propuesta de Caballito trae la opción que le faltaba a la zona en manos de una pareja de vecinos de la zona que quieren apostar por Caballito. Una pareja que ya tiene su cafetería de especialidad funcionando (y muy bien) en Doblas 690, decidió abrir un restaurante de comida tradicional contiguo a su primer local. Una esquina de buen comer donde puedas encontrar clásicos de la gastronomía argentina. Además de comer buena carne, por supuesto, en honor a la carnicería que funcionaba allí y que luego también supo ser una cervecería. La importancia de la barra sigue: se despachan aperitivos, vermú y vinos. Por supuesto, hay jarra de pingüino y sifón de soda.
En lo que fue el salón de ventas de la carnicería, hoy está el comedor. El menú ejecutivo con panera incluye entrada (empanadas de carne cortada a cuchillo o de la de hongos y queso, salen con yasgua, esa salsita de tomate -picante y fresca-), plato (milanesa, albóndigas, o fusilli) postre (panqueques de dulce de leche) y bebida por menos de $20.000. O alguna opción a la carta como ravioles de pollo a la bechamel de lima.
Como en toda verdadera cantina, el objetivo de Malandra es dar de comer casero y abundante. Con lo que nos gusta comer en casa y con lo que buscamos cuando vamos a comer a la esquina. El barrio los apoya -ya tienen su clientela fiel del café- y ellos están confiados.
Av. Pedro Goyena 199
Lunes a domingos de 12:00 a 16:00 y 20:00 a 01:00 h
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